domingo, 6 de enero de 2013

La memoria de los vencidos

"Basta con unos pocos para que la memoria de los vencidos no se hunda en la nada".

Lo tenía entre mis "reservas" desde hace más de un año; creo recordar que fue una de mis últimas compras en La buena vida. Lecturas más recientes, más urgentes o más fáciles iban relegándolo, hasta que en estos días he podido disponer del tiempo y la calma necesarios para acometer su lectura.
Publicado por primera vez en Francia en 1990, en La memoria de los vencidos acompañamos a su protagonista, Alfred Barthélemy, entre los años 1899 y 1985. Huérfano, niño de la calle, acogido por una joven comunidad de militantes anarcosindicalistas, educado a través de las lecturas realizadas en una vieja librería de la Rue Monsieur-le-Prince (su primer libro será Los Miserables), por sus páginas transitan Lenin, Trotsky, Bujarin y Stalin, Alexandra Kollontai y La Pasionaria, Kropotkin, Durruti, Andreu Nin y Federica Montseny, Jaurès y Sorel. Pero también Péguy, Gorki, Berdiaev, Aragon y Malraux.

Siguiendo los pasos de Fred asistiremos en primera persona a la Revolución Rusa y a la Guerra Civil española, escenario de una lucha feroz entre dos maneras de concebir y practicar la revolución: el comunismo y el anarquismo.La victoria de los primeros significará la derrota de los segundos, esos vencidos a cuya memoria se consagra la novela de Michel Ragon; y significará, sobre todo, la derrota de la posibilidad misma de una revolución libertaria en Europa. Fred será testigo de esta derrota y cronista temprano de la deriva saturniana del bolchevismo soviético, cáncer del proyecto emancipador:
"Ahora, cada noche, una vez acostada Mariette, Fred ponía un cuaderno en un rincón de la mesa y escribía; describía todo lo que había vivido en Rusia, el entusiasmo de los primeros años de la revolución, el desencanto que le sucedió, la instalación del habitual aparato de Estado, la burocratización, la militarización, el universo carcelario, las rivalidades entre los jefes del Politburó, la marginación de la oposición... Recordaba lo que  Vergniaud, el líder de los girondinos, había dicho de la Revolución Francesa cuando llegó el Terror: 'Saturno devorando a sus hijos'. Quería titular así su libro. La revolución rusa también era como Saturno  devorando a sus hijos. El ogro bolchevique, después de haber engullido voraz a todos sus adversarios, devoraba ahora a quienes le habían hecho ogro. El ogro se devoraba a sí mismo".

La novela contiene una segunda línea argumental, una historia de amor fou que vincula a lo largo de todos los años en los que transcurre el relato a Fred y a Flora.
Y contiene, también, un mensaje de esperanza que surge entre tanta derrota y tanta traición a los ideales revolucionarios: "Habría que esperar todavía mucho para que naciera una nouvelle gauche, una nueva izquierda en los años 60, pero ahí estaba la brecha".

Recomiendo su lectura. No es una lectura sencilla, pero se trata de un ejercicio de memoria que une, a su calidad literaria, una reivindicación apasionada de la libertad y la moral como señas de identidad de cualquier proyecto de transformación de la realidad.  


La memoria de los vencidos, de Michel Ragon

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