domingo, 14 de mayo de 2017

Sobre el futuro del PSOE

Desde EL DIARIO VASCO el jueves me hacían llegar dos preguntas sobre la crisis del PSOE y sus posible evolución futura:
1.- ¿La división que existe actualmente en el PSOE pone en riesgo la propia supervivencia del partido?
2.- ¿En estas circunstancias, el partido está en condiciones de ser alternativa de poder y de pelear por la presidencia del Gobierno?


Esta fue mi respuesta:

1-¿La división que existe actualmente pone en riesgo la propia supervivencia del partido?

No tanto la supervivencia electoral, pero sí la supervivencia política. Tal como funciona el sistema electoral español, y teniendo también en cuenta el peso que la tradición socialista aún tiene en algunas comunidades y en algunos grupos sociales, no creo que el PSOE se enfrente en el corto-medio plazo a un escenario como el griego o el francés, de práctica desaparición electoral. Es probable que el PSOE pueda estabilizarse durante un tiempo en torno al 17-22% de los votos en las elecciones generales, más o menos en función de la evolución de Podemos y de su éxito o fracaso a la hora de estabilizar un espacio de izquierda alternativas, cosa que por ahora no está logrando.
Lo que sí puede provocar la actual división es que ese porcentaje de votos se mantenga en términos relativos, pero con una disminución del número absoluto de sufragios. Dado el clima de “guerracivilismo” en el que se están desarrollando las primarias, si gana Susana Díaz, es probable que afiliados que apoyan a Sánchez decidan marcharse del partido y dejar de votarlo, pero no creo que sean muchos. Tampoco creo que, en este caso, Pedro Sánchez pueda liderar un proyecto escindido del PSOE, ni del tipo Mélenchon (ala izquierda del socialismo francés) ni del tipo Macron (ala social-liberal). Sánchez es un producto típico del aparato partidista, tanto como lo es Díaz. ¿Y si ganara Sánchez? Aunque algún barón ha amagado con irse en tal caso, más bien creo que se produciría una situación parecida a la de Corbyn en Gran Bretaña: apoyado por la militancia, denostado por el aparato laborista, este se sentará a esperar a que las sucesivas derrotas electorales le conviertan en un cadáver político, para volver a tomar las riendas del partido.
La vía de agua por la que el PSOE se va a ir vaciando poco a poco no es tanto consecuencia de la división actual, sino de un conjunto de cambios sociales que afectan al programa socialdemócrata en todo el mundo, y también de un cambio generacional que hace que las y los jóvenes dejen de pensar en los partidos socialistas tradicionales como opción de voto. En este escenario, durante los próximos años podemos asistir a la configuración de un “PSOE zombi”, vivo electoralmente hablando, pero muerto o agonizante desde la perspectiva de su capacidad real de hacer políticas progresistas.

2-¿En estas circunstancias el PSOE está en condiciones de pelear por la presidencia del Gobierno, es decir es capaz de ser alternativa de poder?

Evidentemente, no. Pero, insisto, no tanto por la lucha por el liderazgo entre Susana Díaz y Pedro Sánchez, sino por la ausencia de un proyecto alternativo, que sólo puede sostenerse si se construye combinando dos escalas: la europea, articulando un programa progresista que combata la deriva neoliberal y antidemocrática de la Unión Europea; y la escala local, impulsando liderazgos y prácticas pegadas al terreno (locales, municipalistas) que reconecten la política con las preocupaciones y necesidades de las poblaciones.

Hoy sale en el periódico, algo resumida, junto con las opiniones al respecto de María Silvestre, Luis Castells, Antonio Rivera, Alberto López Basaguren, Luisa Etxenike y Felipe Juaristi. Pueden leerse AQUÍ.

Opiniones ante el riesgo de un PSOE 'zombi'

Cierto, no hago ninguna referencia al tercer candidato. Sin acritud...



sábado, 6 de mayo de 2017

¿Macron para hoy y Le Pen para mañana?

En un artículo de 2002, Daniel Cohn-Bendit analizaba el éxito del Frente Nacional, liderado por Le Pen padre, en las elecciones presidenciales celebradas aquel año en Francia, cuando derrotó al candidato y primer ministro socialista, Lionel Jospin; éxito que obligó a muchos votantes de izquierda a apoyar en la segunda vuelta al candidato conservador, Jacques Chirac, para impedir la llegada al Eliseo de la ultraderecha. Esta era la explicación del otrora “Dany el rojo” y por entonces eurodiputado verde: “Una de las razones, entre otras muchas, que explican nuestra derrota, la derrota de la izquierda plural, es que la gente de abajo tiene la impresión de no ser comprendida por la de arriba”. El abandono de la política de defensa práctica de las clases populares por parte de la socialdemocracia ha dejado el terreno libre para los populistas de extrema derecha.
Son muchas las investigaciones y los análisis que permiten sostener la tesis de la correlación entre sentimiento de desamparo (expresado como desasosiego ante el futuro, pérdida de estatus, miedo a perder la capacidad de cuidar de los suyos, sensación de anomia, etc.) y apoyo a los discursos y las organizaciones populistas de extrema derecha; sentimientos de ansiedad que han permitido a estas organizaciones articular un discurso xenófobo que no se apoya ya en el viejo y desprestigiado racismo biológico, facilitando así su “lavado de cara” e incrementando su potencial de penetración social. Estas organizaciones se convierten en refugio de todos esos angry white men que habitan en barrios degradados de antiguas ciudades industriales hoy en declive.
Alimentado por un sentimiento de abandono y por el resentimiento respecto de otros grupos y de sus representantes políticos que obtienen los beneficios del cambio y se desinteresan por la suerte de los perdedores, una de las fuentes del activismo derechista radical as que denominan frustraciones de rango, “esperanzas normativas frustradas” que afectan a determinados grupos que se consideran a sí mismos “desposeídos” como consecuencia del ascenso social de otros colectivos (mujeres, inmigrantes). En el caso francés, mucho del voto al Frente Nacional es una expresión de aquel viejo “poujadisme” que en la década de 1950 movilizó a pequeños comerciantes, artesanos y campesinos que se sentían los perdedores del proceso de modernización económica.
Las transformaciones económicas que vienen experimentando las sociedades más desarrolladas desde los años Ochenta (la transición desde una economía industrial a otra postindustrial, la globalización y fragmentación de los procesos productivos, la desregulación de las dinámicas económicas) ha tenido consecuencias muy distintas sobre los diferentes grupos sociales, generando nuevas dinámicas de ganadores y perdedores que han transformado los sentimientos de privación relativa y, más en general, las “estructuras de comparación social” entre grupos. Estamos hablando de situaciones objetivas de privación o precarización, claro que sí, pero sobre todo estamos hablando de interpretaciones y vivencias subjetivas de esas situaciones. Como se ha dicho con acierto, la acusación de “racismo” es demasiado grave como para asimilarla, sin más, a cualquier expresión de un sentimiento de agravio comparativo en relación a las personas inmigrantes.
Todos los movimientos populistas se declaran defensores de la “gente olvidada” y del “hombre de la calle”; sus líderes se presentan como “uno más” y han sido enormemente hábiles a la hora de presentarse como “campeones de las causas locales” apoyando a la “gente corriente” que habita en barrios degradados, y como partidos que, frente a la forzada corrección política de las grandes fuerzas tradicionales, “hablan claro”, como habla la gente normal. Esta cercanía a los problemas que preocupan y desasosiegan a las poblaciones que se sienten más afectadas por los procesos de cambio social es una de las principales razones de su éxito. Desde esta perspectiva han sido definidos como “buitres que descienden sobre áreas en las que las organizaciones políticas locales han muerto o agonizan” (Wilks-Heeg). La analogía es perfecta: pero el buitre sólo hace lo que sabe, lo que está en su naturaleza. No hay demasiado misterio en su comportamiento. Lo que debemos explicar es el por qué de esa agonía de los lugares sociales por los que transita la mayoría de la sociedad, de su abandono por las fuerzas políticas progresistas.
“¿En qué barrio vive usted? ¿A qué centro educativo van sus hijos? ¿Qué medio de transporte utiliza para moverse en la ciudad? ¿Qué servicios públicos consume?”. Estas son las preguntas que nos van a hacer cuando reivindiquemos la diversidad etnocultural y defendamos la convivencia intercultural. Cuando nos las hagan los populistas profesionales podremos decir con razón que se trata de peguntas tramposas; pero cuando nos las hagan las personas los votan, tendremos que asumirlas como cuestiones a las que debemos responder. Para combatir el auge del populismo, propondría practicar una “democracia del contacto” entre las personas que comparten un mismo territorio, así como entre estas y sus representantes políticos. Volver a localizar la política. Quienes deseen promover la cohesión comunitaria y proteger a las minorías étnicas de la propaganda populista deben, no sólo atender a los miedos y las inseguridades expresados por los sectores sociales potenciales votantes de los partidos populistas, sino compartir con estos sectores los espacios (barrios, escuelas, servicios públicos) donde desarrollan sus vidas. El populismo anti-inmigración se expresa en muchas ocasiones con el lenguaje típico de los movimientos NIMBY (“no en mi patio trasero”). La reacción más habitual frente a los discursos normativos sobre la diversidad y la convivencia es: “¡Llévatelos a tu casa!”.
El populismo encuentra terreno abonado en aquellos países que se han caracterizado históricamente por una promesa fundacional igualitarista que apuntaba a un horizonte de igualdad radical entre todos sus ciudadanos: es el caso de Francia, por supuesto, pero también el de Estados Unidos; lo es también el de los países escandinavos y el de Holanda. Se trata de tradiciones igualitarias distintas, pero en topas ellas encontramos esa promesa originaria tendente a una sociedad sin privilegios de clase. Sólo a modo de hipótesis: ¿puede ser el populismo, o algunas de sus expresiones, consecuencia de una aspiración hacia la igualdad frustrada? Si así fuera, deberíamos ser capaces de volver a poner la igualdad en el centro de la política, reconectándola con las angustias y los miedos de muchas personas en nuestras sociedades.
Macron ha acusado, con razón, a Le Pen de ser “la gran sacerdotisa del miedo”. Pero se equivoca si cree que el miedo que conjura, celebra y cataliza Le Pen es un mero producto de la manipulación política. ¿Será capaz el futuro presidente de Francia de evitar la crisis del paradigma igualitario que el neoliberalismo revanchista viene impulsando desde los años Ochenta, y que se expresa en las principales políticas económicas y sociales de la Unión Europea? Sinceramente, no confío en que un social-liberal como Macron, con su catecismo productivista y meritocrático, se plantee siquiera contener los procesos económicos que alimentan los miedos y las rabias de una parte creciente de la sociedad francesa. Tras Jean-Marie vino Marine; tras Marine ¿será el momento de Marion Maréchal-Le Pen?

Publicado en EL DIARIO NORTE

domingo, 30 de abril de 2017

1º de Mayo: memoria, solidaridad y lucha



De la última y póstuma obra de Zygmunt Bauman, Retrotopía (Paidós, Barcelona 2017):

Actualmente, nos están empujando con insistencia -y sin demasiada resistencia por nuestra parte, la verdad- hacia atrás, de regreso a comienzos del siglo XIX, cuando a los campesinos de muchos países de Europa, y a los oficiales y artesanos de todos ellos, les fueron expropiados aceleradamente sus medios de producción y, con ellos, su estatus y su capital sociales. A partir de ese momento, vivieron hacinados dentro de los márgenes de una "vida desagradable, brutal y corta", característica de un mundo en el que se libraba una "guerra de todos contra todos": un mundo poblado por otros como ellos mismos, los "miserables", que, como ellos, carecían de rostro y no eran plenamente humanos, y, como ellos también, consideraban su nuevo entorno tan alienante como hostil.
Tardaron muchas décadas en descubrir un interés común entre toda aquella multitud anónima que fichaba todos los días, a la entrada y a la salida de las fábricas del capitalismo temprano: esas décadas fueron el tiempo que les llevó coronar aquel hallazgo con la idea de la "solidaridad" que los introdujo en toda una era de experimentos, intentonas abortadas o muertas antes de nacer, salidas nulas, derrotas y triunfos a corto plazo que almacenamos en nuestra memoria colectiva a largo plazo; y todavía paso más tiempo hasta que inventaron, institucionalizaron y practicaron una acción solidaria sistémica y sistemática dirigida a sustituir la esclavitud por la emancipación.
Pues bien, ahora nos encontramos en una era similar en cuanto al clima dominante. Algunos de nosotros sacamos ánimos para mantener la esperanza de que estén pronto por llegar nuevos y más prometedores comienzos para todos...

Nos vemos mañana.

miércoles, 26 de abril de 2017

El bosque infinito (y dos viajeros por Italia, separados por un siglo)


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Coincidiendo con su visita a Bilbao para participar en el X Festival Gutun Zuria, recomiendo adentrarse en la selvática historia que se recoge en El bosque infinito, de Annie Proulx [Traducción de Carlos Milla Soler. Tusquets. Barcelona, 2016].
A lo largo de sus 840 páginas, Annie Proulx (autora del relato Brokeback Mountain, que inspiró la exitosa película del mismo título) va desarrollando las historias entrecruzadas de Charles Duquet y René Sel, contratados como peones para cortar madera en la remota Canadá, por entonces conocida como Nueva Francia. La historia comienza en 1693 y llega hasta 2013. Huyendo de una existencia miserable, prácticamente esclava, los dos protagonistas tomaran distintos caminos, aunque siempre con los inmensos bosques como escenario principal de sus vidas.
Mientras el primero (americanizado su apellido como "Duke") se convierte en un importante empresario dedicado a la explotación forestal sin freno (siguiendo fielmente la sentencia pronunciada al principio del libro por el hombre para el que deben trabajar: "Ser un hombre es desboscar. No veo los árboles. Veo las coles. Veo los viñedos"), el segundo formará una familia mestiza con una mujer de la tribu mi'kmaq y vivirá su relación con la naturaleza siguiendo ancestrales formas de pensamiento y de vida que, con el paso del tiempo, germinarán en sus descendientes convertidos en militantes de la causa de los bosques:

"No volverá a haber grandes bosques antiguos hasta dentro de miles de años. Ninguno de los presentes veremos madurar nuestro trabajo, pero debemos intentarlo, aunque seamos sólo una o dos personas con plantones en un cubo dedicadas al esfuerzo de recomponer el bosque. Es de una importancia  extrema para todos nosotros los humanos..., no tengo palabras para decir hasta qué punto es importante..., que ayudemos a la Tierra a recuperar la diversidad vital de la cubierta forestal. Y los bosques nos ayudarán. Tienen mucha experiencia en restaurarse a sí mismos".

Y de los recónditos bosques boreales canadienses a la humanizada Italia.
Resultado de imagen de panzini en la tierra de los santosDos paseantes separados por un siglo, cicloturista el uno, cansasuelos el otro, nos invitan a recorrer unos caminos cargados de historia, pero también de naturaleza.

El italiano Alfredo Panzini (1863-1939) narra en el librito En la tierra de los santos y los poetas [Traducción de Pepa Linares. Ardicia Editorial, Madrid 2017] su recorrido en bicicleta desde Rímini, en la costa adríatica, hasta Las Marcas y Umbría, pasando por las tierras donde vivieron, soñaron y crearon personajes de la talla de Leopardi, Dante o Francisco de Asís. Y donde habitan personas que propician encuentros de lo más pintorescos:

"Entonces, una monjita que escuchaba atentamente, suspiró las siguientes palabras:
- Después de la bicicleta, despés del telégrafo sin hilos, después de la luz eléctrica, ¿a dónde iremos a parar?
Y busca en los ojos de los compañeros una respuesta a la pregunta que angustiaba su alma. Un fraile de la orden de los sevitas, el que parecía más autorizado y había comido en proporción, levantó una mano untuosa y sentenció:
- El cerebro del hombre, hija mía, se reducirá tanto que ya no le quedará nada".

Una delicia.

Portada Cansasuelos, Ander Izagirre
Y de un italiano de principios de siglo a un donostiarra de ahora mismo. Ander Izagirre, "periodista con botas", nos regala el libro Cansasuelos. Seis días a pie por los Apeninos [Libros del K.O., Madrid 2015], en el que con tanto humor como sensibilidad nos cuenta su viaje a pie por los Apeninos, entre Bolonia y Florencia.
Abundan las observaciones divertidas, como la reflexión inicial sobre el "pene cacahuetesco" de la musculada estatua de Neptuno en la plaza mayor de Bolonia (y la importancia de la perspectiva) o la historia de la hostería canibal. Pero, sobre todo, encontramos un profundo y emocionado sentimiento de estar caminando sobre las huellas de otras y otros:

"Sin los pasos de los antiguos, que marcaron la primera senda, ahora no sabríamos en qué dirección caminar, por dónde atravesar el bosque, a qué collado subir, a qué río bajar.
En el pórtico de la catedral de Jaca, que tiene mil años, hay una columna con un hueco de medio metro en el fuste. Es un hueco vertical, suavemente curvado y profundo, como si a la columna le hubieran extirpado un riñón enorme. Hace mil años un peregrino acarició la columna y erosionó los primeros átomos de la piedra. Otros lo imitaron. Suelo pensar en el segundo peregrino que acarició la columna: el que repitió el gesto. La repetición de un gesto consolida una huella, confirma un camino. [...]
En la montaña también me gustan los montoncitos de piedras que alguien ha ido apilando, para marcar la dirección correcta en los lugares donde la senda es dudosa. Son señales de desconocidos: y me fío. Me gusta añadir una piedra a esos montones".

Y esto vale, en general, para cualquier circunstancia de la vida.









miércoles, 19 de abril de 2017

El zorro

Unos días (pocos) de montaña y naturaleza.
Además de otras cumbres más modestas, he vuelto a subir al Alto del Tejo (1998 mts.), aunque en esta ocasión desde Triollo. Una ascensión sencilla, sin complicaciones, por un valle hermosísimo, que aún no conocía. Desde la cumbre, el Espigüete se muestra imponente.


También he repetido una de las rutas que más me gustan: la travesía circular que, empezando y terminando en Cardaño de Arriba (1.440 mts.), asciende por el valle de Hontanillas hasta el Alto del Camino a Cardaño (2.115 mts.), pasa por las cumbres de los picos Las Guadañas (2.200 mts.), Cebolleda (2.244 mts.), Las Cuartas (2.451 mts.) y Las Lomas (2.438 mts.), para descender desde aquí hasta Cardaño siguiendo el camino al Pozo Las Lomas.

El camino de Hontanillas, el mismo que hacemos en agosto en la romería de San Lorenzo

Mirando hacia atrás, desde el Pico Cuartas.

Sin que sirva de precedente, autorretrato en la cumbre del Cuartas.

La travesía completa.


En una de las salidas, por fin, he conseguido fotografiar al esquivo zorro.



Vimos Cantábrico y, precisamente, echamos en falta la presencia del raposo. Lo mismo me señaló Paula, allá en Camporredondo. Pero nada que objetar a un documental extraordinario.

Resultado de imagen de Cantábrico joaquin gutierrez
http://www.filmaffinity.com/es/film503745.html 

En otros paseos me he cruzado con los ya familiares ciervos. También he podido sacar algunas hermosas imágenes de una montaña que, más que primaveral, parecía estival.






Y nada más por ahora. Del Tejo al "tajo". Vuelta a la normalidad.

jueves, 30 de marzo de 2017

Luces y sombras del desarraigo

Acabo de recibir el último número de la revista GALDE. Como siempre, lleno de artículos interesantes. Merece la pena apoyarla. Si puedes, suscríbete.