domingo, 10 de diciembre de 2017

Se atrevieron... ¿y ya está?


Leo en la versión digital de VIENTO SUR un artículo firmado por David Mandel, titulado "Se atrevieron", en el que sostiene que:
[...] el principal legado de la Revolución de Octubre para la izquierda a día de hoy es, en realidad, el menos ambiguo. Puede sintetizarse en dos palabras: "se atrevieron". Con esto quiero decir que los Bolcheviques cumplieron auténticamente con su misión como partido de los trabajadores al organizar tanto la toma revolucionaria del poder político y económico, como su defensa posterior frente a las clases propietarias: proveyeron a los obreros -así como a los campesino- el liderazgo que necesitaban y deseaban.

Considera Mandel que la Revolución de 1917 fue, sobre todo, una respuesta práctica a problemas sociales, políticos y económicos también muy prácticos:
[...] lo que sorprende sobremanera cuando uno estudia la revolución desde abajo es lo poco que los Bolcheviques, y los obreros que les apoyaban, estaban, de hecho, guiados por una ideología, en el sentido de que fuesen una suerte de movimiento milenarista que ambicionase únicamente el socialismo. En realidad y sobre todo, Octubre fue una respuesta práctica a problemas sociales y políticos muy serios y concretos que debían afrontar las clases populares.

Y así, su conclousión:
Este es por tanto el significado del "se atrevieron", como legado de Octubre. Los Bolcheviques, como genuino partido de los trabajadores, actuó de acuerdo a la siguiente máxima: "Fais ce que dois, advienne que pourra" (Haz lo que debas, que acontezca lo que se pueda). Trostky pensaba que esta máxima debía guiar el hacer de todo revolucionario. He tratado de demostrar que este reto no se aceptó a la ligera y que los Bolcheviques no eran aventureros temerarios. Temían la guerra civil, trataron de evitarla, y si ello no fue posible, al menos trataron de limitar su severidad y ganar cierta ventaja en ella.

Todo lo que recuerda Mandel en su artículo (las terribles condiciones históricas en las que se desarrollaron los acontecimientos, el liderazgo de los bolcheviques liderados por Lenin y Trostsky) lo analiza y disecciona Rosa Luxemburgo en La revolución rusa, estudio escrito en 1918, en prisión, meses antes de su asesinato en enero de 1919, y publicado en 1922. Aunque tengo delante la edición que hizo Ayuso en 1978, dentro del volumen II de sus obras escogidas, por comodidad citaré a partir de una de las muchas ediciones digitales que de esta obra existen en internet. Aunque cambia el estilo de la traducción, el contenido no varía.

Comienza Rosa Luxemburgo reconociendo las condiciones históricas particularemente aciagas en las que se afronta la Revolución de Octubre. Aplaude la osadía -"¡Yo osé!"- de sus dirigentes. Pero no se queda en este reconocimiento:

Todos estamos sujetos a las leyes de la historia, y el ordenamiento socialista de la sociedad sólo podrá instaurarse internacionalmente. Los bolcheviques demostraron ser capaces de dar todo lo que se puede pedir a un partido revolucionario genuino dentro de los límites de las posibilidades históricas. No se espera que hagan milagros. Pues una revolución proletaria modelo en un país aislado, agotado por la guerra mundial, estrangulado por el imperialismo, traicionado por el proletariado mundial, sería un milagro. Pero hay que distinguir en la política de los bolcheviques lo esencial de lo no esencial, el meollo de las excrecencias accidentales. En el momento actual, cuando nos esperan luchas decisivas en todo el mundo, la cuestión del socialismo fue y sigue siendo el problema más candente de la época. No se trata de tal o cual cuestión táctica secundaria, sino de la capacidad de acción del proletariado, de su fuerza para actuar, de la voluntad de tomar el poder del socialismo como tal. En esto, Lenin, Trotsky y sus amigos fueron los primeros, los que fueron a la cabeza como ejemplo para el proletariado mundial; son todavía los únicos, hasta ahora, que pueden clamar con Hutten: “¡Yo osé!” Esto es lo esencial y duradero en la política bolchevique. En este sentido, suyo es el inmortal galardón histórico de haber encabezado al proletariado internacional en la conquista del poder político y la ubicación práctica del problema de la realización del socialismo, de haber dado un gran paso adelante en la pugna mundial entre el capital y el trabajo. En Rusia solamente podía plantearse el problema. No podía resolverse. Y en este sentido, el futuro en todas partes pertenece al “bolchevismo”.

Al contrario, considera que, precisamente por las circunstancias en las que se afrontó la revolución, es preciso realizar un análisis en profundidad de la misma, con sus aciertos y errores, sin caer en la mitificación del "se atrevieron":

No caben dudas de que los dirigentes de la Revolución Rusa, Lenin y Trotsky, han dado más de un paso decisivo en su espinoso camino sembrado de toda clase de trampas con grandes vacilaciones interiores y haciéndose una gran violencia. Están actuando en condiciones de amarga compulsión y necesidad, en un torbellino rugiente de acontecimientos. Por lo tanto, nada debe estar más lejos de su pensamiento que la idea de que todo lo que hicieron y dejaron de hacer debe ser considerado por la Internacional como un ejemplo brillante de política socialista que sólo puede despertar admiración acrítica y un fervoroso afán de imitación.

En su libro, recientemente publicado, Bandera roja. Historia política y cultural del comunismo (Crítica 2017), el historiador David Priestland considera que más que hablar de una "revolución bolchevique" es más correcto hacerlo de una "insurrección bolchevique en en seno de una revolución populista radical, cuyos valores fueron respaldados durante un breve periodo de tiempo por los bolcheviques". En efecto, el régimen zarista estaba sometido a un cuestionamiento generalizado. Rosa Luxemburgo lo refleja así:

En el estallido de marzo de 1917, los “cadetes”, es decir la burguesía liberal, estaban a la cabeza de la revolución. La primera oleada ascendente de la marea revolucionaria arrasó con todos y con todo. La Cuarta Duma, producto ultrarreccionario del ultrarreaccionario derecho al sufragio de las cuatro clases, que fue una consecuencia del golpe de Estado, se convirtió súbitamente en un organismo revolucionario. Todos los partidos burgueses, incluyendo los de la derecha nacionalista, de pronto formaron un frente contra el absolutismo. Este calló al primer golpe, casi sin lucha, como un organismo muerto que sólo necesita que se lo toque para caerse. También se liquidó en pocas horas el breve intento de la burguesía liberal de salvar al menos el trono y la dinastía. La arrolladora marcha de los acontecimientos saltó en días y horas distancias que anteriormente, en Francia, llevó décadas atravesar.

En este contexto potencialmente revolucionario, continua Rosa Luxemburgo,
El partido de Lenin fue el único que asumió el mandato y el deber de un verdadero partido revolucionario garantizando el desarrollo continuado de la revolución con la consigna “Todo el poder al proletariado y al campesinado”. De esta manera resolvieron los bolcheviques el famoso problema de “ganar a la mayoría del pueblo”, problema que siempre atormentó como una pesadilla a la socialdemocracia alemana. Como discípulos de carne y hueso del cretinismo parlamentario, estos socialdemócratas alemanes han tratado de aplicar a las revoluciones la sabiduría doméstica de la nursery parlamentaria: para largarse a hacer algo primero hay que contar con la mayoría. Lo mismo, dicen, se aplica a la revolución: primero seamos “mayoría”. La verdadera dialéctica de las revoluciones, sin embargo, da la espalda a esta sabiduría de topos parlamentarios. El camino no va de la mayoría a la táctica revolucionaria, sino de la táctica revolucionaria a la mayoría.

Queda claro el apoyo de la autora a la decisión tomada por Lenin y Trotsky:
La Revolución Rusa no hizo más que confirmar lo que constituye la lección básica de toda gran revolución, la ley de su existencia: o la revolución avanza a un ritmo rápido, tempestuoso y decidido, derriba todos los obstáculos con mano de hierro y se da objetivos cada vez más avanzados, o pronto retrocede de su débil punto de partida y resulta liquidada por la contrarrevolución.

Sin embargo, Rosa Luxemburgo (a quien habría que volver a leer con mucha atención), critica que a esa primera decisión "atrevida" no le acompañara un adecuado diagnóstico de los medios a través de los cuales hacer avanzar la revolución. En concreto, considera que la disolución de la Asamblea Constituyente en noviembre de 1917 es el principio de una deriva que ahora llamaríamos totalitaria. Preistland señala que en las elecciones a dicha Asamblea los bolcheviques obtuvieron 19,9 millones de votos (casi todo el voto obrero y casi la mitad del de los soldados) sobre un total de 48,4 millones. Pero la inmensa mayoría del voto campesino fue para otras fuerzas políticas. Como escribe Rosa Luxemburgo:
Las masas campesinas, votaban por ‘Tierra y libertad’ y elegían como representantes a los comités locales a los que permanecían bajo la bandera de los narodniki [populistas impulsores de una democracia campesina].

El error de Trotsky (auténtico protagonista de la disolución de la Asamblea) fue no darse cuenta de que hacía falta tiempo para que esas masas campesinas conocieran e hicieran suya la propuesta bolchevique, absolutamente ajena a sus existencia hasta ese momento. Y en lugar de trabajar por cambiar su mentalidad en y desde la Asamblea, decidió disolverla:

En lugar de esto, Trotsky extrae de las características específicas de la Asamblea Constituyente que existía en octubre una conclusión general respecto a la inutilidad, durante la revolución, de cualquier representación surgida de elecciones populares universales. [...]
Aquí nos encontramos con un cuestionamiento al “mecanismo de las instituciones democráticas” como tal. A esto debemos objetar inmediatamente que en esa estimación de las instituciones representativas subyace una concepción algo rígida y esquemática a la que la experiencia histórica de toda época revolucionaria contradice expresamente. Según la teoría de Trotsky, toda asamblea electa refleja de una vez y para siempre sólo la mentalidad, madurez política y ánimo propios del electorado justo en el momento en que éste concurre a las urnas [...] Se niega aquí toda relación espiritual viva, toda interacción permanente entre los representantes, una vez que han sido electos, y el electorado. Sin embargo, ¡hasta qué punto lo contradice toda la experiencia histórica! La experiencia demuestra exactamente lo contrario; es decir, que el fluido vivo del ánimo popular se vuelca continuamente en los organismos representativos, los penetra, los guía [...]. ¿Y habrá que renunciar, en medio de la revolución, a esta influencia siempre viva del ánimo y nivel de madurez política de las masas sobre los organismos electos, en favor de un rígido esquema de emblemas y rótulos partidarios? ¡Todo lo contrario! Es precisamente la revolución la que crea, con su hálito ardiente, esa atmósfera política delicada, vibrante, sensible, en la que las olas del sentimiento popular, el pulso de la vida popular, obran en el momento sobre los organismos representativos del modo más maravilloso.

Además del muy limitado "se atrevieron", encontramos aquí un importante legado para quien se plantee transformar la realidad: la valoración que hace Rosa Luxemburgo de las instituciones democráticas, a pesar de todas sus carencias:
Con toda seguridad, toda institución democrática tiene sus límites e inconvenientes, lo que indudablemente sucede con todas las instituciones humanas. Pero el remedio que encontraron Lenin y Trotsky, la eliminación de la democracia como tal, es peor que la enfermedad que se supone va a curar; pues detiene la única fuente viva de la cual puede surgir el correctivo a todos los males innatos de las instituciones sociales. Esa fuente es la vida política activa, sin trabas, enérgica, de las más amplias masas populares.[...]
“Como marxistas —escribe Trotsky— nunca fuimos adoradores fetichistas de la democracia formal.” Es cierto que nunca fuimos adoradores fetichistas de la democracia formal Ni tampoco fuimos nunca adoradores fetichistas del socialismo ni tampoco del marxismo. ¿Se desprende de esto que también debemos tirar el socialismo por la borda...si nos resulta incómodo? ...“Nunca fuimos adoradores fetichistas de la democracia formal.” Lo que realmente quiere decir es: siempre hemos diferenciado el contenido social de la forma política de la democracia burguesa; siempre hemos denunciado el duro contenido de desigualdad social y falta de libertad que se esconde bajo la dulce cobertura de la igualdad y la libertad formales. Y no lo hicimos para repudiar a éstas sino para impulsar a la clase obrera a no contentarse con la cobertura sino a conquistar el poder político, para crear una democracia socialista en reemplazo de la democracia burguesa, no para eliminar la democracia.

Y, sobre todo, el legado de por qué esa valoración de la democracia y sus instituciones:
La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que este sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. No a causa de ningún concepto fanático de la “justicia”, sino porque todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad política depende de esta característica esencial, y su efectividad desaparece tan pronto como la “libertad” se convierte en un privilegio especial.


domingo, 3 de diciembre de 2017

Pensar el futuro demográfico y territorial de España

[1] Según las proyecciones de población publicadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE), de aquí a 50 años España será un país envejecido y lleno de hogares unipersonales, que habrá perdido casi 5,4 millones de habitantes sobre los 46,4 millones actuales. Imagino que las alarmas habrán saltado: seremos más viejos, luego necesitaremos más servicios de atención a la dependencia, luego… La buena noticia es que la esperanza de vida en 2065 ascenderá de los actuales 80,26 años actuales en los hombres y los 85,71 años en las mujeres a los 88,60 años para los primeros y los 91,64 para las segundas.
El informe del INE dice también que estos cambios demográficos van a afectar de manera distinta a unas regiones que a otras, y a las zonas urbanas que a las rurales. Si todo sigue igual, el del mundo rural se va a acelerar en los próximos años. Los descensos de población hasta 2031 serán especialmente fuertes en las comunidades autónomas más rurales: Castilla y León, perderá en los próximos tres lustros 262.068 habitantes, uno de cada diez residentes; Galicia registrará un descenso de 230.722 habitantes; Asturias experimentará la mayor caída poblacional, con una reducción de su población en un 11,1%. Por el contrario la Comunidad de Madrid ganará 331.453 habitantes hasta 2031, un 5,2% más. De hecho, entre 2006 y 2015 el 65,57% de los municipios españoles perdió población, y de estos la mayoría fueron localidades con menos de 20.000 vecinas y vecinos empadronados. Como cabía esperar, los movimientos migratorios internos favorecen a los núcleos urbanos y semiurbanos, mejor comunicados y con mayor oferta de servicios públicos, en detrimento de las localidades rurales.


Leo estos informes y me pregunto si, además de alarmas, se habrán encendido algunos cerebros en algún lugar con capacidad de decisión, con el fin de proponer respuestas innovadoras y positivas a estas situaciones. Porque el futuro no está escrito: lo que tenemos son tendencias probables, que debemos gestionar de la manera más inteligente y justa posible. Y yo me pregunto: ¿no habrá nadie pensando que actuar para mantener la población en las zonas rurales puede ser una excelente política para afrontar el envejecimiento de nuestra sociedad?
Un estudio realizado en Irlanda sobre envejecimiento saludable en las comunidades rurales concluye que hay aspectos positivos y negativos en el hecho de envejecer en entornos rurales: entre los positivos señala la existencia de un fuerte sentido de comunidad, de familiaridad y conexión con el territorio, así como la existencia de fuertes redes sociales y familiares; entre los negativos, el déficit de servicios públicos y de opciones de ocio y formación. De hecho, un estudio del IMSERSO titulado "Envejecer en entornos rurales" señalaba hace unos años que prácticamente todas las personas entrevistadas decían mantener contacto diario con sus vecinos y/o amigos.
Lo peor de envejecer es hacerlo en soledad. Lo segundo peor es hacerlo sin servicios sociales esenciales. Lo primero lo combate, en buena medida, el entorno rural, que permite un envejecimiento en relación; lo segundo debería combatirlo la administración, garantizando iguales coberturas básicas en toda la geografía española.

[2] España es un territorio desequilibrado, con algunas pocas ciudades cada vez más grandes en la costa y en el centro, y con un interior afectado por procesos de despoblamiento. ¿Cómo resolver esta situación?
No es fácil, casi parece imposible. Las grandes ciudades acumulan población, pero también servicios públicos, empleos, comunicaciones, oportunidades, y cuanto más grandes se hacen más ventajas acumulan. Por el contrario, las poblaciones más pequeñas van perdiendo población, servicios, oportunidades vitales y económicas, como si de un juego de suma cero se tratara: lo que ganan unas, lo pierden otras. Y no parece muy realista pensar en que este flujo hacia las ciudades pueda revertirse, al menos no de manera significativa. Entre la gran ciudad y el pueblo, este parece condenado a perder siempre.


Una posible solución puede estar en la consolidación de ciudades intermedias que actúen como puentes de conexión entre las zonas rurales y las urbanas, permitiendo a la población rural la oportunidad de acceder a servicios básicos (escuelas, hospitales, administración, mercados). Eso es lo que plantea en su último informe anual el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI, por sus siglas en inglés).
Uno de los autores del informe, José Graziano da Silva, director general de la FAO (agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura), lo explicaba así: "Normalmente, cuando miras un mapa, todo está polarizado: están las grandes metrópolis, que organizan el resto. Todo, desde carreteras, trenes y aeropuertos, pasa por un punto central, la metrópoli. Pero entre esta y las zonas rurales hay ciudades intermedias que no reciben mucha atención". Por el contrario, si en estas localidades se desarrollan los mismos servicios educativos, sanitarios y de comunicación que hay en las capitales y otras grandes urbes, se pueden generar nuevos focos de desarrollo que se extiendan alrededor.
De lo que se trata es de no tener que elegir obligatoriamente entre vivir en una ciudad con todas las oportunidades y servicios o en un pueblo sin nada de esto. De lo que se trata es de coser un territorio tanto tiempo desgarrado.

[3] El 27 de enero de 2017, el Consejo de Ministros del Gobierno de España, aprobó un Real Decreto por el que se crea el "Comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico". La responsabilidad de dirigir esta comisión ha recaído en la persona de Edelmira Barreira, nacida en Verín (Ourense) en 1978, licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad de Santiago de Compostela, y senadora del PP por su provincia natal.
En este blog hemos hecho referencia, en numerosas ocasiones, a la injusticia histórica que supone el olvido al que la sociedad y las instituciones políticas y económicas han condenado al mundo rural español. Un olvido secular, que ha vuelto casi imposible construirse una vida plena en esa inmensa "España vacía" (como la llama Santiago del Molino) habitada por menos personas que en la misma Laponia ártica (Paco Cerdá). ¿Significa la creación del Comisionado frente al Reto Demográfico que el Estado va a asumir, de una vez por todas, la crisis terminal del mundo rural, despoblado y envejecido, carente de servicios básicos, como si sus habitantes fueran ciudadanas y ciudadanos de segunda? Si así fueran nos encontraríamos ante una excelente noticia.
En colaboración con las distintas Administraciones Públicas, el Comisionado tiene como principal objetivo la elaboración de una Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico de naturaleza global y transversal, con especial atención a la situación que sufren "algunas partes del territorio del Estado, donde factores como el mayor grado de envejecimiento, la ruralidad, la dispersión o la insularidad agravan notablemente los desequilibrios demográficos".
Según he podido conocer por la prensa, la comisionada para el Reto Demográfico, Edelmira Barreira, junto con el Secretario de Estado para las Administraciones Territoriales, Roberto Bermúdez de Castro, se han reunido con representantes de la Red de Áreas Escasamente Pobladas del Sur de Europa (SSPA, siglas de su denominación en inglés: Southern Sparsely Populated Areas) para compartir preocupaciones y experiencias relativas a la lucha contra la despoblación rural. Hay ejemplos a seguir, como el que se ha puesto en marcha en las regiones del norte de Suecia y Finlandia y, especialmente, en las Tierras Altas e Islas de Escocia, donde gracias a su apuesta permanente y decidida por el desarrollo rural (Scottish Rural Development Programme) han conseguido invertir un largo proceso de despoblación y deterioro económico.
Es verdad que, en la cultura política española, se lleva mucho eso que se atribuye a Napoleón: "Si quieres solucionar un problema, nombra un responsable; si quieres que el problema perdure, nombra una comisión". No es buena señal que la creación de este Comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico deba evitar, por norma, cualquier incremento del gasto público. Habrá que estar atentos a su desarrollo. Críticamente atentos.

Estas reflexiones han sido publicadas anteriormente y por separado en la revista SEMENTERA


sábado, 2 de diciembre de 2017

Oda al gato


Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.


No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.



Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.



Pablo Neruda, Navegaciones y regresos, Losada, Buenos Aires 1959

jueves, 30 de noviembre de 2017

¿Aprenderemos?

En la última Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Bilbao encontré una joya: La igualdad, de R.H. Tawney, publicado en 1945 por Fondo de Cultura Económica y traducido al español por Francisco Giner de los Ríos. En sus páginas 320-321 podemos leer lo siguiente:

Se admite hoy generalmente que la crisis financiera  británica de 1931 se debió de modo principal a causas con las cuales tenían poco que ver los gastos públicos en la Gran Bretaña. La City, que había recibido préstamos a corto plazo y los había concedido a largo plazo, no pudo hacer frente a la situación surgida cuando los rumores premonitorios del colapso en la Europa Central hicieron que los saldos extranjeros en Londres volvieran a su lugar de origen. Sin embargo, era evidentemente atractivo adscribir a los gastos exagerados de un gobierno que disgustaba al mundo de los negocios las dificultades resultantes resultantes de las equivocaciones en ese mismo mundo. Viéndose amenazados con el grito de que el país estaba en peligro a consecuencia de una temeraria expansión de los servicios sociales, el gobierno laborista fue incapaz de desafiar la hostilidad de la City o de tomar, sin que se le denunciara como asesino del crédito británico, la medida de abandonar el patrón oro, como hizo su sucesor con el resultado inmediato de ser aclamado como salvador de ese mismo crédito.

¿No nos suena a lo ocurrido en la última crisis de 2008? El marco (ideo)lógico de la derecha es singularmente estrecho, reducido y reiterativo. Tal vez por eso resulta tan exitoso.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Sobre centros de interpretación ambiental y desarrollo

Mesa 1. LOS CENTROS DE INTERPRETACIÓN AMBIENTAL Y RECUPERACIÓN DE LA FAUNA: HACIA UNA EDUCACIÓN AMBIENTAL TRANSFORMADORA
ÉTICA DEL DESARROLLO
Imanol Zubero
Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea
Bilbao, 28 de noviembre de 2017


IMPORTANCIA DEL DIAGNÓSTICO
Al finalizar su libro El optimista racional, Matt Ridley escribe: “El experimento seguirá su camino. Mientras se permita, en algún lugar, que florezcan el intercambio y la especialización humanos, la cultura evoluciona independientemente de la ayuda o los obstáculos de los líderes, y el resultado es que la prosperidad  se expande, la tecnología progresa, la pobreza declina, la enfermedad se reduce, le fecundidad cae, la felicidad se eleva, la violencia se atrofia, la libertad crece, el conocimiento florece, el medio ambiente mejora y la naturaleza se extiende” [1]. Es la apoteosis de la catalaxia, ese concepto propuesto por Ludwig von Mises para describir el beneficioso orden espontáneo creado por el intercambio y la especialización[2].
Frente a la perspectiva cataláctica, muchas personas piensan y trabajan desde el paradigma del colapso [3].  “Estamos viviendo un momento de cambio de la civilización”, sostiene Chris Hedges. “Cuando se agote el crédito para el ciudadano medio, cuando un paro masivo cree una clase marginal permanente y enrabietada, cuando desaparezcan los productos fabriles baratos que son el opio de nuestra cultura consumista, cuando el agua y el suelo estén tan contaminados o degradados que no puedan mantener bolsas de vida humana, probablemente evolucionaremos hacia un sistema muy parecido al totalitarismo clásico, caracterizado por despóticos reinos de taifas” [4].
En principio, situados entre la catalaxia y el colapso diríamos que “la virtud está en el medio”, que ni una cosa ni la contraria. Sin embargo, se trata de perspectivas inconmensurables, entre las que no cabe hacer una media.
Es probable que la perspectiva “colapsista” nos resulte tan impensable que inmediatamente quede fuera de nuestra consideración. No sólo en el caso de que seamos economistas neoclásicos. Como analiza Robert Nisbet en un libro convertido en clásico, la idea de progreso, es decir, la creencia en que “la humanidad ha avanzado en el pasado […] y que sigue y seguirá avanzando en el futuro”, es la “fe” moderna por excelencia, “tan evidente como cualquiera de los postulados de Euclides al menos hasta comienzos de nuestro siglo [XX]” [5]. Por su parte, Gilbert Rist considera que el desarrollo “forma parte de nuestra religión moderna”, conformando “una creencia y una serie de prácticas que forman un todo  a pesar de sus contradicciones” [6]. La fe en el progreso y el desarrollo continuos es nuestro marco interpretativo por excelencia.
La pregunta inicial es evidente: ¿desde qué perspectiva nos aproximamos a la gestión de los espacios naturales?
Si estamos en la era de la sexta extinción, hay que coincidir con Edward O. Wilson cuando en su último libro escribe que “el mundo decadente de la biodiversidad no puede salvarse sólo con las operaciones fragmentadas que se están llevando  a cabo en la actualidad” [7].
EL TAMAÑO IMPORTA
El pasado domingo, la organización World Wildlife Found junto con la Fundación Lurgaia organizó la "Plantación en Red", acción reivindicativa con la que se quiere concienciar sobre la necesidad de mantener conectados los bosques. Para ello, es plantaron en la Reserva de Urdaibai 600 ejemplares de robles, abedules o serbales, que en el futuro se convertirán en un bosque de casi una hectárea (lo que equivale a dos campos de fútbol), y poder así "juntar los espacios que están aislados creando pasadizos que posibiliten a la flora y fauna esparcirse" [8].
Un cambio en el área del hábitat conlleva un cambio en el número sostenible de especies, cercano a la raíz cuarta: según esto, una eliminación del 90% del área hace descender hasta el 50% el número de especies que puede sobrevivir de manera sostenible (Wilson, p. 251).
Por eso, su propuesta es destinar a la naturaleza la mitad del planeta, como única forma de salvar la biodiversidad del mismo y, de esta manera, “conseguir la estabilidad necesaria para nuestra propia supervivencia” (p. 14). Según los cálculos que expone, de esta manera se podría garantizar la estabilidad del 80% de las especies. Hay que tener en cuenta que, en la actualidad (datos de 2015), el total de las reservas naturales del mundo ocupan poco menos del 15% del área terrestre y del 2,8% del área marítima del planeta (p. 251).
Erle C. Ellis, científico medioambiental de la Universidad de Maryland que investiga la cuantificación del Antropoceno identificando aquellas formas naturales y ecosistemas que se han visto transformados o desplazados fuera de su hábitat original por la acción humana [9], nos conmina provocadoramente a asumir que habitamos irreversiblemente en la “Edad de los Humanos”: “Dejad de intentar salvar el planeta”, escribe: “La naturaleza ha desaparecido. […] Estáis viviendo en un planeta gastado. Si eso os molesta, intentad asumirlo. Ahora vivimos en el Antropoceno –una época geológica en la que la atmósfera, la litósfera y la biosfera de la Tierra están determinadas por fuerzas humanas” [10].
En esta línea, los científicos que defienden el paradigma de la “nueva conservación” rechazan la idea de que exista algo así como una “naturaleza prístina”, considerando que “nature can prosper so long as people see conservation as something that sustains and enriches their own lives. In summary, we are advocating conservation for people rather than from people” [11].
Mi temor, el expresado por Bernard Charbonneau, geógrafo e historiador francés, fundador con Jacques Ellul del Comité de Defensa de la Costa de Aquitania: que después de haber arrasado la naturaleza, la sociedad industrial termine de aniquilarla “protegiéndola”, organizándola [12]. “El parque nacional es un absoluto artificio […] no es naturaleza. Es un parque, un producto de la organización social: el parque público de la ciudad total”, sostiene (p. 230)
NO SE PUEDE ECHAR LA BRONCA POR LA FALTA DE PUNTUALIDAD A QUIENES ESTÁN PRESENTES, PERO…
“La denominación centro de interpretación no es la mejor, pero en Aragón también ha calado Al igual que en otros lugares, en Aragón han proliferado los denominados centros de interpretación de medio ambiente y sostenibilidad. ¿Nos ponemos de acuerdo en el nombre? ¿Centro de visitantes de…? ¿Centros de acogida de visitantes…? ¿Centro de interpretación de…? ¿Ecomuseo de…? ¿Museo de …? ¿Casa de…? ¿Un nombre propio y original? Demasiado tarde y demasiado difícil” [13].
En efecto, la tarea de los centros de interpretación y recuperación medioambiental resulta complicada en extremo, complicación que no sólo se refleja en sus problemas de denominación.
Cometido complejo. Mezcla de objetivos y lógicas. Los centros de interpretación como herramientas de conservación y de desarrollo. ¿Es posible lograr ambos objetivos? ¿Con este modelo de desarrollo?
EL PAPEL DE LA ÉTICA DEL DESARROLLO
“La clave para salvar la mitad del planeta es la huella ecológica” (Wilson, p. 255). Frente a la tentación neomaltusiana, con su corolario perverso de condenar la superpoblación de los pobres al tiempo que se salva el sobreconsumo de los ricos [14], Wilson considera que “la humanidad parece haber ganado la partida demográfica” (p. 256). Lo llamativo es que también parece considerar que igualmente está ganada la batalla del consumo: “la huella ecológica va a evolucionar, no para demandar cada vez más espacio, como podría pensarse en un principio, sino cada vez menos” (p. 257-258). ¿La razón de este optimismo?
La razón está en la evolución del sistema de libre mercado y en la forma en que está influido por la alta tecnología. Los productos más competitivos en estos momentos y en el futuro son aquellos cuya fabricación y publicidad resultan menos costosas, cuya reparación es menos frecuente y cuyas prestaciones don más altas empleando el mínimo de energía. […] En pocas palabras, tanto la reducción de la huella ecológica como su consiguiente mejora en la conservación de la biodiversidad se ven beneficiadas por la sustitución acelerada del crecimiento económico extensivo a favor del crecimiento económico intensivo (p. 258-259).
De nuevo, la catalaxia.
Frente al solucionismo tecnológico, la propuesta ética. Una ética ecosocialista “que se oponga radicalmente a la lógica destructiva […] de la rentabilidad del capital y del mercado total” [15].
Una ética fundada sobre la conciencia del límite [16], la cultura y la práctica de la suficiencia [17] y la consideración del Planeta como un común [18], o, en la expresión de François Houtart, como el Bien Común de la Humanidad [19].
Relevancia de las comunidades locales.
De forma paradójica, recrear los límites y las fronteras es necesario no sólo para conjurar el colapso, sino también para reencontrar un mundo común. Los hombres no forman en verdad comunidad más que en la proximidad y al percibir su diferencia con los demás. El sin-frontera, de moda entre los bobós [bourgeois-bohème, burgués-bohemio] destruye el común y el mundo (Latouche, p. 135-136).
“El verdadero parque europeo es el campo, que sin el trabajo del hombre vuelve, no a la naturaleza, sino a la condición de terreno baldío”, escribe Charbonneau; y continua: “Pero la sociedad que habla de la conservación de los lugares es la misma que los destruye”. Citando un artículo de Le Monde en 1966: “Los verdaderos conservadores de los lugares son los campesinos. […] ¿Cómo mantener los valores rurales y la agricultura en zonas que las leyes de la economía tienden a despoblar?” (p. 306-307).


1.       M. Ridley, El optimismo racional, Taurus, Madrid 2011, p. 346.
2.      L von Mises, Human Action. A treatise on Economics. Ludvig von Mises Institute, Auburn, Alabama 1998.
3.       C. Taibo, Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo, Los libros de la catarata, Madrid 2016; E. Santiago Muiño, Rutas sin mapa. Horizontes de transición ecosocial, Los libros de la catarata, Madrid 2016; M. Casal, La izquierda ante el colpaso de la civilización industrial, La oveja roja, Madrid 2016; G.M. Turner, “Is Global Collapse Imminent? An Updated Comparison of The Limits to Growth with Historical Data”, Melbourne Sustainable Society Institute, Research Paper 4, August 2014; S. López Arnal, “Entrevista a Jorge Riechmann”, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, 119, 2012, pp. 175-190; R. Heinberg, Searching for a Miracle: ‘Net Energy’ Limits & the Fate of Industrial Society, Post Carbon Institute & International Forum on Globalization, September 2009.     
4.    Ch. Hedges, La muerte de la clase liberal, Capitán Swing, Madrid 2015, pp. 270-271.
5.     R. Nisbet, Historia de la idea de progreso, Gedisa, Buenos Aires 1981, p. 19 y 23.
6.      G. Rist, El desarrollo: historia de una creencia occidental, Los libros de la catarata, Madrid 2002, p. 32 y 36.
7.     E. O. Wilson, Medio planeta, Errata Naturae, Madrid 2017, p. 251
9.    E. C. Ellis, “Anthropogenic transformation of the terrestrial biosphere”, Phil. Trans. R. Soc. A, 369, 2011, pp. 1010–1035.
10.   E. Ellis, “Stop Trying save the Planet”, Wired, 05.06.09.
11.  P. Kareiva, M. Marvier, “What Is Conservation Science?”, BioScience 62(11), 1 November 2012, pp. 962–969.
12.   B. Charbonneau, El Jardín de Babilonia, Ediciones El Salmón, 2016.
13.    J. de la Osa, P. Eito, I. Benedí, H. Bourrut, J. Barranco , S. Alberto, “Los museos y centros de interpretación de medio ambiente en Aragón: entre el impulso institucional, la inspiración crítica y la supervivencia”,   Heramus II(3), 2011, pp. 78-87.
14.   I. Zubero, “¿Superpoblación o sobreconsumo? Malthusianismo práctico, exclusión global y población sobrante”, Scripta Nova,  19, 2015. http://revistes.ub.edu/index.php/ScriptaNova/article/view/15111/18314
15.  J. Riechmann, El socialismo puede llegar sólo en bicicleta, Los libros de la catarata, Madrid 2012, p. 251.
16.   S. Latouche, Límite, Adriana Hidalgo, Buenos Aires 2014.
17.    R. Skidelsky y E. Skidelsky, ¿Cuánto es suficiente?, Crítica, Barcelona 2012.
18. I. Zubero, “De los «comunales» a los «commons»: la peripecia teórica de una práctica ancestral cargada de futuro”, Documentación Social, 165, 2012, pp. 15-48. http://www.caritas.es/imagesrepository/CapitulosPublicaciones/4563/02%20-%20DE%20LOS%20COMUNALES%20A%20LOS%20COMMONS.%20LA%20PERIPECIA%20TE%C3%93RICA%20DE%20UNA%20PR%C3%81CTICA%20ANCESTRAL%20CARGADA%20DE%20FUTURO.pdf
19. F. Houtart, De los bienes comunes al Bien Común de la Humanidad, Ruth Casa Editorial, Panamá 2012.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Lecturas variadas

Margaret Atwood, Resurgir (Traducción de Gabriela Bustelo), Alianza, Madrid 2008 (primera reimpresión).

La canadiense Margaret Atwood está de actualidad por la serie El cuento de la criada, basada en su obra homónima. Yo también recupero a Atwood, de la mano de uno libro publicado originalmente en 1972, pero tan intemporal que puede compararse con novelas de temática similar, pero mucho más recientes, como Sukkwan Island (Alfabia, Barcelona 2010) o Caribou Island (Mondadori, Barcelona 2011), ambas de David Vann, o Héroes de la frontera, de Dave Eggers (Random House, 2017).
En compañía de su amante y de una pareja de amigos, la protagonista viaja a una isla lacustre en el norte canadiense, para intentar encontrar a su padre, un viudo solitario que ha desaparecido. Durante siete días, se replanteará radicalmente su vida y experimentará un doloroso pero auténtico resurgir.

Pero traigo conmigo del pasado lejano de hace cinco noches al viajero del tiempo, el ser primitivo que tendrá que aprender, con forma de pez de colores ahora en mi tripa, experimentando sus acuosos cambios. La palabra hace surcos potenciales en su protocerebro, desconocidos. No un dios y quizá no real, hasta eso es incierto; no puedo saberlo aún, es demasiado pronto. Pero lo asumo: sí yo muero, muere; si paso hambre, pasa hambre conmigo. Puede que sea el primero, el primer humano verdadero; debe nacer, permitírsele.

Louise Penny, El juego de la luz (Traducción de Maia Figueroa), Salamandra, Barcelona 2017.

Ya nos hemos referido aquí a las anteriores novelas de esta autora, también canadiense, protagonizadas por el inspector jefe Armand Gamache y por la peculiar fauna humana que habita la pequeña localidad de Three Pines, en las afueras de Montreal. En este caso, la trama gira en torno a un asesinato ocurrido en el mundillo del arte de Quebec. Pero esto no deja de ser una disculpa para construir un libro donde lo más importante son sus personajes, complejos y absolutamente creibles, y las relaciones que se establecen entre ellos en ese microcosmos que es Three Pines.Como señala la autora en los agradecimientos que cierran el libro:

... ahora estoy totalmente convencida de que a veces los hombres y las mujeres que están ahogándose pueden salvarse. Y cuando la muerte los escupe, pueden encontrar cierta paz en un pueblo pequeño. Al sol.

Ana Paula Maia, De ganados y hombres (Traducción de Cristian De Nápoli), Siruela, Madrid 2017.

Yo me confieso incapaz de verlo, pero debería ser obligatorio su visionado para hacernos conscientes, como escribe la autora, del "horror desmedido" que se oculta tras algo tan delicado y sabroso como una hamburguesa o un solomillo. Me refiero al documental Matadero. Nos alimentamos de animales que, antes de llegar a nuestro plato, estaban vivos, y que han sido criados, gestionados industrialmente, transportados y matados. De eso trata el libro.Sin escenas o imágenes particularmente crueles, con un protagonista que ha decidido asumir, desde una particular ética profesional y personal, hasta las últimas consecuencias su trabajo de aturdidor en un matadero. Asume su función de matarife, pero rechaza -¡y de qué manera!- provocar sufrimiento añadido a los animales sacrificados.

- Trabajo no va a faltar. Como dice la gente por aquí: mientras exista una vaca en este mundo, siempre habrá alguien que quiera matarla.
- Y alguien que quiera comerla -concluye Edgar Wilson.
- Que quieran comerla habrá muchos. Pero matarla, eso sí que no. Matarla, solo los tipos como usted, amigo. Sólo gente así.
Nunca nadie va a pedirle que sea otra cosa, porque hay pocos hombres como él, hombres que viven para matar. Los que viven para comer son muchos y comen sin saciarse nunca. Todos son hombres de sangre, los que matan y los que comen. Nadie queda impune.

Philipp Meyer, El valle del óxido (Traducción de Eduardo Iriarte), Random House, Barcelona 2017.

Tras el éxito de El hijo, convertida en serie de televisión, se publica la primera novela de Meyer, editada originalmente en 2009. Es la historia de dos amigos atrapados en una comunidad industrial del norte de Pennsilvania, agonizante como consecuencia de la crisis de la industria del acero. Ambos sueñan con escapar, pero precisamente cuando emprenden su escapada un inesperado y terrible incidente altera radicalmente su existencia. En sus páginas nos encontramos con la América trabajadora, cantada por Woody Guthrie, que ahora vota a Trump:

El señor Painter, el profesor de historia del instituto Buell que le había escrito la carta de recomendación a Lee, le contó que se había mudado al valle para llevar el socialismo a las fábricas, había sido trabajador siderúrgico durante diez años, había perdido el empleo y se había hecho profesor. Un licenciado en Cornell trabajando de obrero. "Éramos muchos -le contó-. Rojos trabajando codo a codo con los muchachotes sureños". Pero no había llegado a haber  ninguna revolución, nada que se pareciera siquiera, ciento cincuenta mil  personas perdieron su empleo, pero todos se fueron sin armar revuelo. Era evidente que había responsables, hombres de carne y hueso que habían tomado la decisión de dejar al valle entero sin trabajo, tenían casas para pasar las vacaciones en Aspen, enviaban a sus hijos a Yale, sus carteras de inversiones subían cuando cerraban las fábricas. Pero, aparte de unos pocos sacerdotes que se hicieron famoso por colarse en una iglesia de guante blanco y tirarle aceite de mofeta al acaudalado pastor, nadie levantó un dedo para protestar. Había algo particularmente americano en ello: culparte por la mala suerte, esa resistencia a aceptar  que tu vida se veía afectada por fuerzas sociales, una tendencia a atribuir los problemas más importantes al comportamiento individual. El desagradable revés del Sueño Americano.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Mujeres maduras y libres

A veces me pregunto en qué lugar encajamos las mujeres maduras en el diseño de las cosas, una vez que la construcción del nido ha perdido su encanto. Hace una generación, Margaret Mead, que tenía una respuesta bastante buena para esa cuestión, se preguntaba lo mismo, y apuntaba que en otras épocas y otras culturas habíamos tenido nuestro papel
Somos tantas que resulta tentador concebirnos como una clase. hemos dejado atrás nuestros años fértiles; los hombres no nos quieren, prefieren a las mujeres más jóvenes. Tiene sentido biológico que los hombres se sientan atraídos por mujeres en una etapa más temprana de su vida reproductiva, que aún quieren construir nidos; y si eso nos lleva a perdernos los placeres y la intimidad de la pareja, bueno, al menos nos hemos ganado a nosotras mismas. También tenemos otra cosa muy valiosa: tenemos tiempo, o al menos la conciencia de su paso. Hemos vivido y hemos visto lo suficiente para comprender, en un sentido que trasciende el concepto intelectual, que vamos a morir, de manera que hemos aprendido a vivir como si fuésemos mortales, tomando las decisiones con cuidado y reflexión, pues no podremos volver a tomarlas. para nosotras el tiempo tiene un final; es precioso y hemos aprendido su valor.
Sí, somos muchas, pero todas tan diferentes que no estoy cómoda con un análisis sociobiológico, y sospecho, como Margaret Mead, que la solución es personal e individual. Como nuestra cultura no nos ha asignado ningún papel real, podemos crearlo nosotras mismas. Ésta es una buena época para ser una mujer madura con personalidad, fuerza y agallas. Somos increíblemente libres. Vivimos mucho tiempo. Nuestro hijos son ya los adultos independientes en los que los ayudamos a convertirse, y aunque puede que sigan queriendo nuestro amor, no necesitan nuestros cuidados. Las normas sociales son tan flexibles hoy en día que nada de lo que hagamos resulta chocante. Ya no tenemos barreras políticas. Siempre y cuando conservemos la salud y dispongamos de los medios para tirar adelante, podemos hacer cualquier cosa, tener cualquier cosa e invertir nuestro talento como nos plazca.

Es otra forma de verlo. Con sus aspectos discutibles. Pero quería compartirlo hoy, 25 de noviembre.