lunes, 21 de mayo de 2018

La edad de la participación: la participación no tiene edad

Un año más, esta tarde volveré a compartir un buen rato de conversación con las personas que participan en el Instituto de la Experiencia de Durangaldea. Dejo aquí la presentación con la que iniciaremos la conversación:
















sábado, 19 de mayo de 2018

Tierras con alma

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La televisión actual es un buen ejemplo de que la competencia no siempre mejora la calidad de los productos que se nos ofrecen. Siempre se nos dice que los mercados competitivos permiten que aumenten y se diversifiquen las ofertas, y que esta diversificación acaba siempre jugando a favor de las personas consumidoras; pero yo, sinceramente, cada vez me lo creo menos. Cada vez tenemos más compañías de teléfono móvil, más operadores de internet, más marcas de ordenador, pero no sé si todo esto significa mejor servicio. 
Lo mismo pasa con la televisión: sin caer en ninguna añoranza de aquellos tiempos de la televisión única (bueno, de las dos únicas cadenas de mi infancia: TVE1 y TVE2), tiempos de blanco y negro, de lo tomas o lo dejas, lo cierto es que hoy en día, cuando la oferta de canales es infinita, escucho a muchísimas personas quejarse de la baja calidad de los contenidos que nos ofrecen, con unos mismos productos repetidos hasta la saciedad: tertulias a grito pelado, telebasura, concursos más o menos ingeniosos, anuncios a tutiplén…

Pero a veces hay programas que me reconcilian con la televisión y su función pública y formativa. No pude verlo en el momento de su estreno, ni siquiera sabía de su existencia, pero hace unos meses, por casualidad, puede ver la reemisión de un hermoso documental titulado “Las Hurdes, tierra con alma”. Estrenado en La 2 en agosto de 2016, el documental recorre el mismo territorio que en 1933 recorrió el director de cine aragonés Luis Buñuel, y que dio lugar a su impactante cortometraje “Las Hurdes, tierra sin pan”. El mismo territorio, la misma hermosa geografía rural, montañosa, aislada, pero un paisaje humano totalmente transformado.
En el documental puede escucharse la voz de mujeres y hombres mayores, algunas de ochenta y noventa años (una de las personas entrevistadas era una niña cuando Buñuel pasó por allí), que cuentan cómo ha sido su vida, y las dificultades a las que han tenido que enfrentarse para subsistir y sacar adelante a sus familias. Pero también la voz de las nuevas generaciones de hurdanas y hurdanos, muchos de los cuales desean construir su futuro en esas tierras. A pesar de todas las dificultades para hacerlo, que son muchas. Esta comarca cacereña, formada por seis pueblos y 44 alquerías, contaba en 2015 con una población total de sólo 6.338 habitantes repartidos en una superficie de casi 500 kilómetros cuadrados, ha perdido en los últimos 50 años el 43,15 por ciento de su población, frente al 11'25 por ciento que perdió la provincia de Cáceres.
El documental “Las Hurdes, tierra con alma”, puede verse AQUÍ. Merece la pena, de verdad. Ni los sueños ni los relatos cambian por sí mismos la realidad; pero nos permiten mirar de otra manera el presente y el futuro.
Publicado en SEMENTERA, nº 346, Mayo 2018

sábado, 5 de mayo de 2018

Mediadores y otros amigos

[1] Vine Deloria Jr. (1933-2005), escritor y activista de origen sioux, es autor de uno de los libros más interesantes para comprender la realidad de los Indios Americanos y su trágica historia: El General Custer murió por vuestros pecados. En uno de sus capítulos, titulado “Los antropólogos y otros amigos”, Deloria ironiza sobre la fijación de la antropología académica con las comunidades nativas y sus consecuencias para estas mismas comunidades. “Los indios han sido los más malditos de todos en la historia. Los indios tienen antropólogos”, lamenta. Aterrizando durante unas semanas en las reservas, cuando regresan a sus facultades los antropólogos se dedican a producir escritos que explican el “problema indio”.

Lo que ocurre es que, la mayoría de las veces, “ni tan siquiera los indios pueden ver la relación que hay entre ellos y el tipo de criatura que, según los antropólogos, es el indio «real»”. ¿De verdad somos así?, se preguntan al principio con incomodidad. Pues será que somos así, acaban pensando a medida que las “evidencias” se acumulan. De esta manera, “la gente india empieza a sentir que son meras sombras de un super-indio mitológico”. Surge entonces un “sentimiento de inadecuación”: aunque no se reconozcan en las caracterizaciones que hacen de ellas, las comunidades indias acaban por pensarse a sí mismas desde el imaginario que difunden los analistas.
Analistas que, por cierto, funcionan más por deducción que por inducción: “Puede que sintáis curiosidad por saber por qué el antropólogo nunca tiene un instrumento con que escribir. No toma notas porque YA SABE lo que encontrará. No necesita apuntar más que los gastos diarios para el contable, pues el antropólogo ya encontró la respuesta el invierno pasado en los libros que leyó. No, el antropólogo sólo se encuentra en las reservas para VERIFICAR lo que sospecha desde hace tiempo: que los indios son una gente extraña que aguantan que les observen”.
De ahí la amarga conclusión a la que llega Deloria: “Si las tribus hubieran podido escoger el enemigo contra quien luchar, la caballería o los antropólogos, poca duda cabe de a quien hubieran escogido. En toda situación de crisis, los hombres siempre atacan la mayor amenaza a su existencia. Un guerrero muerto en la batalla siempre puede irse a los Felices Parques de Caza. En cambio ¿dónde va un indio tumbado por un antropólogo? ¿A la biblioteca?”.

[2] ¿Dónde va un vasco pacificado por un mediador internacional? Hace ya varios años que, a partir de esta pregunta, comencé a escribir estas líneas. Concretamente, desde que en 2011 leí el artículo “Elegir la paz en el País Vasco”, publicado por Brian Currin en Le Monde Diplomatique. Fue entonces cuando recordé el libro de Vine Deloria. Ahí estaba nuestro particular antropólogo sudafricano, al frente de un autodenominado Grupo Internacional de Contacto que se presentaban como “los nuevos interlocutores en este conflicto”; unos interlocutores supuestamente “imparciales, [que] sólo tienen como objetivo la paz y la normalización política”. Convencidos de esta imparcialidad, Currin se mostraba sorprendido por “la hostilidad que su participación suscita en el proceso entre numerosos constitucionalistas españoles”. Pero, en lugar de reflexionar sobre las posibles limitaciones de su supuesta imparcialidad, el mediador se mostraba convencido de que “la única explicación posible es el temor a una democracia global en el País Vasco, en la cual participaría el conjunto de los nacionalistas favorables a la autodeterminación”. Como el antropólogo en las reservas indias, el mediador venía a Euskadi a VERIFICAR lo que ya sabía: que “lo que estructura el conflicto político vasco” es la oposición entre autodeterministas y constitucionalistas, “y no la violencia de la ETA”. Y quienes peor lo estaban haciendo eran… los constitucionalistas.
Siete años después, en su último aterrizaje en la reserva vasca, los mediadores han confirmado todas sus ideas sobre el problema vasco. Pero ahora, además, nos dejan tarea para el futuro: “Por encima de todo, lo que tenemos por delante es un proceso de reconciliación”, dice la Declaración de Arnaga; porque no lo estamos, según parece. Y para alcanzar ese estado de reconciliación “todas las partes [habrán de ser] honestas sobre el pasado”; porque no lo hemos sido, nos ha faltado honestidad. “Y hará falta un espíritu de generosidad para curar las heridas y reconstruir una comunidad compartida”: ¿porque no hemos sido suficientemente generosos? “Aún queda mucho por realizar por todas las partes”, concluyen. Porque, tal y como declararon en Aiete en 2011 (¡pero qué listos son estos antropólogos, perdón, mediadores!), “la paz no es un juego de suma cero, sino un asunto de voluntad política, donde ambas partes se ponen de acuerdo para alcanzar sus objetivos de forma pacífica, a través de medios políticos y democráticos”. O sea que… ¿aún tenemos que construir la paz?
Los mediadores se han ido. Y este pobre nativo no es capaz de ver la relación que existe entre su propia experiencia y la explicación del “problema vasco” que el Grupo Internacional de Contacto ha querido convertir en relato canónico. No acaba de ver cuáles han sido sus déficits de generosidad, sus faltas de honestidad, su carencia de voluntad reconciliadora. Será que la sombra del “super-vasco mitológico” es muy espesa. Será que nunca he estado a la altura de lo que se esperaba de un vasco: no he sido generoso, ni honesto, ni he hecho lo suficiente para reconstruir una comunidad compartida.
Vine Deloria lamentaba que “muchas de las ideas que pasan por el pensamiento indio son en realidad teorías presentadas originalmente por los antropólogos y que los indios han repetido como un eco en un intento de expresar la situación real”. ¿No será que Deloria era, al igual que yo, un mal indio? Los buenos vascos, los vascos que coinciden milimétricamente con la teorización de los mediadores, ya se han puesto manos a la obra: unos pintan en las paredes su agradecimiento a ETA; otros recuerdan, como indios bien aplicados, la existencia de “un conflicto político anterior a ETA y a Iparretarrak, que se va a mantener después del acto de hoy". Una futura generación, representada en Cambo-les-Bains por una imparcial Irati Agorria Cuevas, se prepara para un futuro luminoso. Pero, ¿a dónde iremos las vascas y los vascos tumbadas por los mediadores?


sábado, 28 de abril de 2018

Conversando con Joan Coscubiela

El pasado día 26, organizado por CCOO de Euskadi, conversé con Joan Coscubiela a propósito de su libro Empantanados: Una alternativa federal al sóviet carlista (Península, Barcelona 2018).
Recojo aquí las cuestiones a partir de las cuales me pareció interesante orientar la conversación. No puedo recoger las respuestas de Joan, y es una pena. Pero creo que con ellas es posible hacerse una idea de la riqueza de contenidos del libro, que va mucho más allá de la ya cuestión del proceso independentista en Cataluña.


A continuación, propongo algunas cuestiones para la conversación. Como se trata de eso, de una conversación, tanto los contenidos como el ritmo de la misma pueden variar. Preferiría fijarme en cuestiones que van más allá de la peripecia concreta del procés, para fijarme en cuestiones de fondo. En todo caso, que Joan se sienta plenamente libre para incorporar cuantas cuestiones considere relevantes o necesarias.

1. Creo que puede ser conveniente comenzar la conversación recordando la vigorosa intervención de Joan en el pleno del Parlament del 7 de septiembre. Una intervención a la que se refiere levemente en el libro (pp. 62-67), pero cuyo contenido literal no se recoge. Además de haberla escuchado en su momento, haber leído su reflejo en la prensa, he vuelto a leerla íntegramente en el diario de sesiones del Parlament (pp. 68-72). Me gustaría que Joan recuerde el contexto en el que tal intervención tiene lugar, los motivos que le impulsan a hacerla…

2. A partir de esta intervención, en la que se incluyen algunas referencias a la historia personal de Joan, me gustaría entrar en algunos aspectos de su biografía política, sin los cuales no se puede entender su posicionamiento ante el procés. En concreto, su militancia en el PSUC y en CCOO. Respecto de la primera, en las pp. 258-259 recuerda que la idea de “Catalunya, un sol poble”, entendiendo por tal la reivindicación de un proyecto de catalanismo popular e inclusivo. Esta cultura política a favor de una identidad incluyente y no etnicista, permitió la incorporación de la migración interior a Cataluña entre 1950 y 1975. En p. 20 reivindica la aportación de CCOO en este mismo sentido, “apostando por la cohesión de la sociedad, situando el conflicto social como eje vertebrador de la política” En el caso de CCOO, ha mantenido este objetivo también durante el procés, buscando mantener “la unidad civil de Cataluña”.

3. Cataluña como indicio de procesos más globales (p. 20): “una globalización económica sin reglas ni contrapoderes, que está erosionando todas las estructuras sociales e institucionales de la sociedad industrialista y del Estado nación” (p. 27). El independentismo como “intento de recuperar la soberanía para la ciudadanía” (29). “Asistimos a la reacción de la sociedad catalana frente a una crisis de época provocada por el impacto de una globalización sin reglas, sin contrapoderes sociales y con una gran capacidad de generar desigualdades sociales” (210). “Quizá el conflicto entre Cataluña y España esté anticipando lo que puede ser en el futuro –ya existen indicios en este sentido- una generalizada crisis de los Estados nación europeos” (217-218). “El movimiento independentista ocupa un espacio social, el de la respuesta a las consecuencias de una crisis de época, que la ciudadanía no va a dejar vacío” (246). La independencia como única “utopía disponible” (221), citando a la socióloga Marina Subirats. Sería muy interesante que pudiera desarrollar esta cuestión. ¿Qué reflexión cabe hacer desde la izquierda política y sindical?

4. No vamos a destripar el libro, un libro que hay que leer no sólo por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. Formalmente, literariamente muy bien escrito. Pero hay una temática que me parece relevante, no tanto mirando al pasado reciente que relata Joan, sino a la propuesta de futuro que también plantea en el libro. Me refiero al papel jugado por la que denomina “Galaxia de los Comunes” (96). La verdad es que los Comunes no salen demasiado bien parados: habla de “tacticismo” (96, 184), “indefinición” (97), “equidistancia” (113), del “alma «cupera» de una buena parte del equipo de Ada Colau” (184). Cuestiona el llamamiento de los Comunes a participar en la votación del 1 de octubre, llamamiento que “ayudó a consolidar el relato de que había sido un referéndum” y con el que se expresó “la gran debilidad de la izquierda catalana […], haber asumido constantemente el marco mental del independentismo y su hegemonía ideológica” (98). También en Euskadi sabemos de las dificultades de construir un discurso de izquierda no nacionalista, pero sí vasquista. Lo intentó Euskadiko Ezkerra, Ezker Batua: sin éxito.
En su opinión, en Cataluña hay que “elegir entre la victoria o la solución. […] Imprescindible hacer emerger un tercer bloque, que hoy existe en Cataluña, pero que está sepultado por el conflicto maniqueo entre independentistas y constitucionalistas” (275). Pero yo pienso que también habría que hacer surgir un tercer bloque en el nivel estatal: “La actual crisis del Estado español es una oportunidad para hacer de nuevo la reflexión de cuál es el ámbito político territorial más adecuado para regular cada una de las realidades económicas y sociales” (301). Propone un horizonte federal (310-312). ¿Quién puede hacer ese papel de tercer bloque en el Estado? ¿Por qué no lo han conseguido los Comunes en Cataluña?

5. Citando a Lluís Rabell: “desde el equipo de Ada, se pretendía hacer política catalana sin implicarse en ella, desde la ciudad-Estado de Barcelona” (187). También quiso hacerlo Maragall, sin éxito. Compartiendo la dificultad de la tarea, a mí sin embargo sí me parece que las ciudades pueden ser el espacio para superar los cierres nacionalistas. Hace unos meses, cuando a propuesta de Elkarrekin-Podemos intervine en la Comisión de Autogobierno del Parlamento Vasco, entre otras cosas yo decía esto:

No se trata de cantar las alabanzas de la ciudad sin más matices: obviamente, la referencia no es una ciudad-Estado como Singapur. Ni tampoco el referéndum independentista de la región del Véneto de 2014 para separarse de Italia. No se trata de reducir la escala de las fronteras, sino de gestionar su complejidad con voluntad de inclusión.
Pensemos en las “ciudades santuario” en Estados Unidos, en la red europea de “ciudades refugio”, de las que Barcelona es pionera, en la red C40 (Cities Climate Leadership Group) de ciudades contra el cambio climático, o en todas esas iniciativas locales de transición que llevan años experimentando alternativas de participación, producción, consumo, lucha contra la exclusión, construcción de la comunidad, etc., haciendo posible lo que los gobiernos estatales nos dicen que es imposible.
Porque lo cierto es que en este mundo en proceso de metamorfosis, caótico y complejo, las ciudades son el lugar donde se producen acontecimientos tan improbables como que a la alcaldía de Yakarta, capital de Indonesia, llegue con un amplísimo apoyo una persona como Basuki Tjahaja Purnama, conocido como Ahok, cristiano y de origen chino, es decir, miembro de dos minorías más que rechazadas en el conjunto de Indonesia. (Aunque ahora juzgado por un supuesto delito de blasfemia y ofensa al Corán, en un juicio alentado por grupos radicales islamistas contrarios a que un no musulmán gobierne la ciudad). También podemos recordar los casos, afortunadamente más pacíficos, del actual alcalde de Londres, Sadiq Khan, musulmán hijo de inmigrantes paquistanís, o de Bill de Blasio, alcalde de Nueva York, y su familia multirracial.
Las ciudades permiten liderazgos políticos que no reproducen miméticamente los estereotipos nacionales, como si ocurre con los gobiernos estatales y hasta autonómicos. Recordemos las abominables declaraciones de Marta Ferrusola hacia el presidente de la Generalitat, José Montilla, al que definió como "un andaluz que tiene el nombre en castellano". La imagen, personalidad y trayectoria de Ada Colau está a años-luz de la imagen de President a la que nos ha acostumbrado la tradición institucional catalana (un varón, catalá de soca-rel, de pura cepa, profesional de la política y bien relacionado con todos los poderes de la comunidad), pero es lo más parecido que podemos soñar a esa ciudadanía abierta, mestiza, crítica, que caracteriza a la ciudad de Barcelona.


6. En el último capítulo del libro recurres a la distinción del politólogo Víctor Lapuente entre chamanes (que ofrecen soluciones simplistas) y exploradores (comprometidos en la búsqueda de soluciones parciales pero factibles y útiles), y te identificas con los segundos frente a los primeros (299). Compartiendo tu elección, sin embargo yo he apuntado en el libro si no serán necesarios, también y sobre todo, tejedoras y tejedores, más Penélopes que Ulises. Porque detectas y señalas rupturas en los afectos y en la confianza muy graves: 1) En el seno de Cataluña: “El procés ha significado la destrucción del capital político del catalanismo popular y su capacidad de inclusión. Y la aparición de síntomas de fractura en la unidad civil catalana” (261); 2) En el conjunto de España: “cultura del agravio comparativo” (312); hooliganismo anti catalán o antiespañol alimentado por las “Brigadas Mediáticas Brunete e Ítaca” (247-254); la “actitud de desprecio a España” generada por el independentismo (243); la “derechización del electorado” español (263). ¿Quién puede hacer esa tarea de recoser los afectos rotos?


viernes, 27 de abril de 2018

Matriarcadia



Hoy he recordado un fragmento de la novela utópica Herland, de la escritora y activista feminista Charlotte Perkins Gilman (1869-1935). Publicada este mismo año por la editorial Akal con el título de Matriarcadia, traducida por Celia Merino Redondo, con un estudio preliminar de Ramón Cotarelo, un fragmento del cual puede leerse AQUÍ.

     Entonces, a la vuelta de una esquina, llegamos a un amplio espacio pavimentado y vimos ante nosotros a un grupo considerable de mujeres juntas, en orden armónico, que, evidentemente, estaban esperándonos.
     Nos detuvimos un momento y miramos hacia atrás. La calle a nuestra espalda estaba cerrada por otro grupo de mujeres que avanzaban con paso regular hombro con hombro. Seguimos adelante, pues no había otro modo de proceder, y enseguida nos encontramos completamente rodeados por esta multitud tupida, todas mujeres, pero . . .
     No eran jóvenes. No eran mayores. Tampoco eran hermosas en el sentido en que lo eran las muchachas. No parecían feroces. […] No eran ancianas. Todas estaban en pleno florecimiento de una salud excelente, erguidas, serenas, a pie firme y ágiles como boxeadores. No llevaban armas como nosotros, aunque no teníamos intención de disparar.
     - Si por lo menos fueran jóvenes. ¿Qué diantres puede uno decir a un regimiento de coronelas como este?
     En todos nuestros debates y especulaciones, siempre habíamos supuesto inconscientemente que, al margen de otros asuntos, las mujeres serían jóvenes. Supongo que la mayoría de los hombres piensa así.
     La mujer en abstracto es joven y, se supone, encantadora. A medida que se hace mayor abandona el escenario y, por así decirlo, pasa a ser propiedad privada en general o lo abandona por entero. Pero aquellas buenas señoras estaban en el escena­rio y cualquiera de ellas podría ser abuela.
     Pensamos que estarían nerviosas. Nada de eso. 
     Quizá aterrorizadas. Menos.
     Quizá estuvieran incómodas, sintieran curiosidad o estuvieran excitadas, pero todo lo que vimos fue lo que podía ser un comité de vigilancia de doctoras, tan frías como pepinos y evidentemente decididas a pedirnos cuentas de nuestra presencia allí.
     Seis de ellas se adelantaron una a cada lado de nosotros y nos indicaron que las acompañáramos. Pensamos que lo mejor era acceder, al menos al principio, y seguimos caminando cada uno con una mujer codo con codo, y las demás, en masa compacta por delante, por detrás y a ambos lados.
     Ante nosotros se erguía un gran edificio, un lugar impresionante de gruesos muros, enorme y antiguo, de piedra gris y nada parecido al resto de la ciudad.
     - Así, no -nos dijo Terry rápidamente-. No podemos dejar que nos encierren ahí, chicos. Los tres juntos ahora...
     Nos detuvimos en seco y empezamos a explicar, haciendo señales que apuntaban al bosque e indicando que queríamos volver a él de inmediato.
     Sabiendo cuanto sé ahora, me río al pensar en nosotros, tres muchachos y nada más. Tres muchachos audaces e impertinentes metidos en un país desconocido sin ningún tipo de protección o defensa. Parecíamos pensar que, si hubiera hombres, combatiríamos con ellos, y si sólo hubiera mujeres ..., no serían obstáculo alguno.
     Jeff con sus nociones románticas y anticuadas acerca de las mujeres como plantas trepadoras. Terry con sus claras y decididas teorías prácticas de que hay dos tipos de mujeres: las que le gustaban y las que no le gustaban. Mujeres deseables o no deseables, tal era su diferenciación. Las últimas eran un grupo muy numeroso, pero prescindible, y nunca se había ocupado de ellas. Pero ahora estaban allí, en grandes cantidades, evidentemente indiferentes respecto a lo que él pudiera pensar y evidentemente también decididas a cumplir el propósito que se habían hecho respecto a él, y aparentemente muy capacitadas para llevarlo a cabo.
     Reflexionamos sobre la situación. No parecía buena táctica poner objeciones a acompañarlas, incluso aunque hubiéramos podido. Nuestra única posibilidad era mostrarnos amistosos, esperar que ambas partes tuviéramos una actitud civilizada.
     Pero una vez dentro del edificio no había modo de determinar qué pudieran hacer con nosotros aquellas decididas damas. No aceptábamos una detención pacífica y, si la llamábamos «prisión», todavía menos.
     Nos plantamos, tratando de hacerles comprender que preferíamos estar al aire libre. […]
     De nuevo nos indicaron que avanzáramos, mientras ellas se concentraban tan cerradamente en torno a la puerta que sólo quedaba un camino recto despejado. Formaban una masa compacta alrededor y detrás de nosotros. No había nada que hacer, salvo seguir de frente... o luchar.
     Deliberamos un momento.
     - No he peleado jamás con mujeres -dijo Terry, muy alterado-, pero no voy a dejar que me encierren, como si fuéramos ganado.
     - No podemos luchar con ellas, desde luego -sostuvo Jeff-. Son mujeres, a pesar de sus vestimentas extrañas, y mujeres agradables, además, de rasgos nobles, fuertes, sensibles. Sospecho que debemos entrar.
     - Puede que no salgamos si lo hacemos -les dije-. Fuertes y sensibles, sí, pero no estoy tan seguro respecto a su bondad. Mirad sus rostros.
     Se habían diseminado, esperando mientras conferenciábamos, pero sin aminorar la vigilancia. […]
     Nunca en mi vida había visto mujeres de este tipo. Las pescaderas y las vendedoras del mercado podían mostrar similar fortaleza, pero ruda y pesada. Estas, en cambio, eran figuras atléticas, ligeras y poderosas. Las profesoras universitarias, las maestras, las escritoras, muchas mujeres prueban una inteligencia análoga pero a menudo dan muestras de un temperamento nervioso, mientras que estas eran tan tranquilas como las vacas, aunque dotadas de un intelecto evidente.
     Nos mantuvimos estrechamente unidos porque los tres sabíamos que se trataba de un momento crucial.
     La dirigente pronunció una orden, nos hizo una seña y la masa en nuestro entorno avanzó un paso más.
     - Hemos de tomar una decisión rápidamente -dijo Terry.
     - Voto por entrar -dijo Jeff. Pero éramos dos contra él y se plegó lealmente a nuestro propósito.  Solicitamos de nuevo que nos dejaran ir, con insistencia, pero sin implorar. Vano empeño.
     - ¡Vamos allá, muchachos! -dijo Terry-. Y si no rompemos el cerco, dispararé al aire.
     Nos encontramos entonces en una posición similar a la de las sufragistas, que trataban de entrar en el edificio del Parlamento atravesando un triple cordón de policías londinenses.
     La fortaleza de aquellas mujeres era algo asombroso. Terry se dio cuenta de que no tenía posibilidades, se zafó por un instante, sacó el revólver y disparó hacia arriba. Cuando se le abalanzaron de nuevo, volvió a disparar, oímos un grito...
     Al instante cada uno de nosotros quedó inmovilizado por cinco mujeres que nos sujetaban por los brazos, las piernas y la cabeza. Nos alzaron como si fuéramos niños, niños indefensos que se resistían y avanzaron mientras nosotros nos retorcíamos, aunque sin ningún efecto.

domingo, 22 de abril de 2018

Dia(s) del(los) libro(s)


Una selección de lecturas hechas en las últimas semanas. Empiezo con tres ensayos:

El enemigo interior, de Seumas Milne (Alianza, 2018. Traducción de Manuel Valle Morán).
Publicado originalmente en 1994, recoge la minuciosa investigación de las oscuras actividades desarrolladas por el gobierno de Thatcher para combatir las actividades del National Union of Mineworkers (Sindicato Nacional de Mineros) y, muy particularmente, de su líder más carismático, Arthur Scargill. Servicios secretos, jueces, Scotland Yard, medios de comunicación conservadores, todos siguiendo servilmente la estrategia del gobierno con el fin de acabar con la mayor fuerza de oposición al proyecto neoliberalizador de Thatcher. Como señala al principio del libro Milne, la huelga de los mineros de 1984-1985 fue "un conflicto que enfrentó al sindicato más poderoso y politizado del país contra una administración gobernada por la derecha más dura y conservadora, empeñada en una venganza de clase y dispuesta a arrasar en ella las zonas industriales y el sector de la energía del país, sin reparar en los costes. [...] Aquella huelga [...] planteó la alternativa de una Gran Bretaña distinta, basada en la solidaridad y en la acción colectiva, contra el individualismo y la codicia de los años de Thatcher". Lo más indignante de todo fue el papel de mamporreos de Thatcher que jugaron los dirigentes del Partido Laborista, con Neil Kinnock a la cabeza. Luego vendría, claro, Tony Blair.

Capitalismo Big Tech: ¿Welfare o neofeudalismo digital?, de Evgeny Morozov (Enclave de libros, 2018. Traducción de Giuseppe Maio).
Morozov es un bien conocido crítico del solucionismo tecnológico, esa ideología que despolitiza la tecnología, cuando esta ha sido siempre un hecho político de primer orden. Releamos, si no, a Langdon Winner, o al primer Habermas y su Ciencia y técnica como ideología. El libro es básicamente una recopilación de sus artículos en The Guardian, y en ellos analiza cuestiones como la propuesta de renta básica de Silicon Valley, la economía bajo demanda modelo Uber y sus consecuencias laborales, el uso de robots en sociedades cada vez más envejecidas, el riesgo de que los servicios públicos funcionen según la lógica de las plataformas, etc. Un libro esencial para combatir la hegemonía del discurso solucionista.

Gran Hotel Abismo: Biografía coral de la Escuela de Frankfurt, de Stuart Jeffries (Turner, 2018. Traducción de José Adrián Vitier). Un recorrido fascinante sobre la historia de una de las comunidades de pensamiento más interesantes e influyentes. Adorno, Horkheimer, Benjamin, Marcuse, Fromm, Habermas, Honneth... Desde 1900 hasta 1970, el libro analiza, década a década, la evolución del pensamiento frankfurtiano, entreverado con la peripecia personal de sus componentes y la historia de cada momento. Su énfasis en la necesidad de pensar la emancipación en términos no sólo económicos, sino también culturales y hasta espirituales, tiene hoy más actualidad que nunca. Así lo señala Jeffries al final del libro:
"Lo que Ernst Bloc denominó el espíritu de la utopía ya no logra encontrar un espacio en la industria cultural de la red [...]; una industria que nos ofrece más de los mismo, desarrolla algoritmos para continuar encadenándonos a nuestros gustos, y nos hace desear nuestra propia dominación. En tal cultura a la carta, que elimina el descubrimiento casual, se burla de la dignidad y convierte la liberación humana en una posibilidad aterradora, los mejores escritos de la Escuela de Frankfurt tienen mucho que enseñarnos: como mínimo, sobre la imposibilidad y la necesidad de pensar de una manera diferente".

Continuo con dos libros que comparten estilo (mezcla de crónica periodística y literaria) y ubicación: la ciudad con toda su abigarrada y sorprendente efusión.

La fabulosa taberna de McSorley y otras historias de Nueva York, de Joseph Mitchell (Jus Libreros y Editores, 2017. Traducción de Marcelo Cohen, Alejandro Gibert Abós y Martín Schifino). Joseph Mitchell (1908-1996) comenzó su colaboración con el New Yorker en 1938 y a su muerte seguía figurando como redactor del mismo a pesar de que, según parece, a lo largo de sus últimos treinta años vivió una extraordinaria parálisis creativa que le impidió publicar una sola línea. Sin embargo, leer las crónicas recogidas en este libro, publicado originalmente en 1943, nos sumerge en un mundo plagado de personajes y ambientes extraordinarios: pícaros como el comodoro Dutch, bohemios como el profesos Gaviota, artistas de variedades como la barbuda lady Olga, mujeres de carácter como la taquillera Mazie P. Gordon, o como los indios cauhnawaga, expertos en trabajar en los edificios de mayor altura... Escritos con humor, comprensión y perspicacia etnográfica, es una lectura muy recomendable.

Un andar solitario entre la gente, de Antonio Muñoz Molina (Seix Barral, 2018). A caballo entre el ensayo, el diario y la novela, Muñoz Molina demuestra en este libro sus dotes de flâneur, de paseante sin rumbo fijo, deambulando por la ciudad y observando su agitada vida. En Madrid y en Nueva York. Anuncios publicitarios, viajes en el metro, noticias, conversaciones captadas en un café, todo le sirve para construir un libro construido a partir de fragmentos, donde caben desde relatos cortos excelentes, como el que se puede leer entre las páginas 33-36, hasta un pequeño tratado de Deambulología. Para leer a tragos cortos.

Seguimos con dos novelas policíacas que nos son recientes. Son de esos libros que encuentro, a veces porque los busco, casi siempre por casualidad, en librerías de viejo o en ferias de libro de ocasión, y que voy reservando "para cuando tenga tiempo". Son libros que van siendo relegados por las novedades, pero a los que me gusta regresar en cuanto tengo ocasión.

Una tumba en Gaza, de Matt Beynon Rees (Ediciones B, 2009. Traducción de Carlos Gómez). Segunda entrega de las historias protagonizadas por Omar Yusef, profesor de historia y director de una escuela de Naciones Unidas en un campo de refugiados cerca de Belén, presentado como "el primer detective palestino de la historia de la novela negra". En este caso, se verá implicado en la investigación por el arresto en Gaza de otro profesor acusado de colaborar con la CIA tras haber denunciado una trama de corrupción (¡falsificación de títulos!) en la Universidad Al-Azhar. En un ambiente de tensión, violencia e impunidad, destaca la humanidad de Omar Yusef.

El avispón negro, de James Sallis (Poliedro, 2004. Traducción de Elena de Grau). En Nueva Orleans, el investigador (negro) Lew Griffin se ve implicado en el caso de un francotirador que asesina a transeúntes blancos. Novela policiaca afroamericana, en la línea de Chester Himes o Walter Mosley, pero con una intensidad literaria que le permite a Sallis incorporar referencias a El extranjero de Camus, y una profundidad sociológica reflejada en fragmentos como este:
"Cuando miro hacia atrás, esta historia me parece un viaje en autocar a través del país, largos tramos de inactividad interrumpidos por breves descansos, el ajetreo febril de las paradas.
Hubo las comodidades de los primeros años, cuando los muros empezaron a ceder, cuando de pronto pudimos sentarnos a las barras de los bares, entrar en las tiendas, los teatros, los lugares que antes nos estaban prohibidos, cuando empezamos a ser visibles. [...]
Recuerdo que de los aseos desaparecieron los rótulos 'De Color'. recuerdo haber cruzado puertas principales por primera vez en la vida.
Aspiramos el aire intenso y fértil del reto social, de la justicia y la libertad, de los derechos inalienables. Pero entonces descubrimos que aquella carretera penetraba  sólo hasta el yermo. [...]
Luego, la ira profunda. Las llamadas a la revolución. Patrullas errantes de guardias iluminados. [...]
Luego, depende de quien lo relate, una aceptación del trabajo político comunal o un asalto a la política municipal. Algunos concejales, representantes de la ciudad y del estado, uno o dos alcaldes. Incrementos de poder.
Y finalmente, este apartheid silenciado con el que vivimos todavía.
Entretanto, la ira se repliega en sí misma. Se ceba en los individuos, en las familias, en las comunidades, en las ciudades. Los consume".

Y para acabar, seis novelas recientes que me han gustado mucho, algunas muchísimo.

La revolución de la luna, de Andrea Camilleri (Destino, 2018. Traducción de Juan Carlos Gentile Vitale). Otra de las historias sicilianas que el maestro Camilleri rastrea en la historia de su tierra (como La ópera de Vigàta o La concesión del teléfono) y que constituyen una muestra insuperable de realismo mágico. En este caso, se remonta al Palermo de 1667, cuando al repentinamente fallecido virrey don Ángel de Guzmán le sucede en el trono su esposa, la hermosa, inteligente y justa doña Eleonora de Mora. Una mujer gobernando en un mundo corrupto en el que, "dado que ser virrey significaba ser también legado natural del papa y un legado natural del papa no podía ser de ningún modo y por ninguna razón del mundo una mujer", se enfrentará a todo tipo de conspiraciones.

La pirámide de fango, de Andrea Camilleri (Salamandra, 2014. Traducción de Carlos Mayor). La última entrega de la serie del comisario Salvo Montalbano. La número 27. En este caso, Montalbano se enfrenta a una trama de corrupción en las adjudicaciones de obra pública.

Los dieciséis árboles del Somme, de Lars Mytting (Alfaguara, 2017. Traducción de Cristina Gómez Baggerthun). Un joven noruego, huérfano desde que en 1971, cuando él tenía tres años, sus padres murieran al pisar una vieja granada de la Primera Guerra Mundial en los terrenos del Somme. En esta búsqueda descubrirá, además de su propia historia, una parte de la historia más dramática de Europa.
"La batalla del Somme terminó en noviembre de 1916. Las pérdidas en ambos bandos ascendieron a un millón doscientos mil muertos y heridos. Los aliados habían tomado nueve kilómetros de tierra, un territorio atestado de chatarra y pedazos de cadáveres. [...]
Sin embargo, los dieciséis nogales de las viejas posiciones de las ametralladoras no habían caído. Las copas estaban partidas, las cortezas desgarradas y las ramas calcinadas, pero seguían en pie. El terreno estaba tan arrasado que el nogueral se veía a larga distancia. En primavera brotaron pequeñas ramas que se cubrieron de hojas. Además de las amapolas, los árboles eran lo único que seguía vivo a lo largo de la vieja línea del frente y los soldados británicos los conocieron como the sixteen trees of the Somme, 'los dieciséis árboles del Somme'".

Días sin final, de Sebastian Barry (Alianza de Novelas, 2019. Traducción de Susana de la Higuera Glynne-Jones). Una novela preciosa, a pesar de lo terrible de muchos de los acontecimientos que narra: las guerras de exterminio contra las tribus indias o la guerra de Secesión. A lo largo de dos décadas acompañaremos a Thomas y a John, dos jóvenes irlandeses inmigrados a Estados Unidos a mediados de la década de 1850, que trabajarán como artistas de variedades travestidos, se alistarán en el ejército, acogerán como a una hija a la joven india Winona y, sobre todo, vivirán una hermosa historia de amor.

El corazón de los hombres, de Nickolas Butler (Libros del Asteroide, 2017. Traducción de Marta Alcaraz). En 1962, en un campamento de boy scouts, se unirán para siempre las vidas de Nelson, un chico de trece años aislado de sus compañeros y maltratado por estos, y de Jonathan, el chico más popular del campamento. A partir de ahí, seguiremos su historia y la de sus descendientes hasta 2019.  Su anterior novela, Canciones de amor a quemarropa, me pareció excelente, de lo mejor que he leído nunca. En este caso, vuelve a destacar la capacidad de Butler para construir grandes historias a partir de la cotidianeidad.

Las ocho montañas, de Paolo Cognetti (Penguin Random House, 2018. Traducción de César Palma). Otra historia de amistad. En este caso la montaña, escenario de las andanzas de Pietro y Bruno, se convierte en protagonista. Sorprende la capacidad de Cognetti para reflejar las sensaciones que transmite el paisaje de los Alpes italianos. Un libro hermoso, relajante; una historia de aprendizaje y descubrimiento que, al finalizar, nos habrá permitido conocernos mejor a nosotros mismos.

miércoles, 11 de abril de 2018

Memoria y convivencia

Este es el texto a partir del cual he comparecido hoy ante la Ponencia sobre Memoria y Convivencia del Parlamento Vasco.

[1] Agradezco la invitación. Agradezco y valoro su trabajo y preocupación. He acudido a otras comisiones y ponencias de este mi parlamento, y lo haré siempre que se me convoque. Pero permítanme que muestre mis dudas: ¿para quién está pensada esta ponencia? ¿desde dónde nace? ¿qué carencias aspira a cubrir?
No podemos responder diciendo que existe una demanda social al respecto.
·         Cómo es la convivencia en Euskadi entre personas de distintas ideas políticas, en una escala de 0 a 10, en la que 0 indica que es muy mala y 10 que es muy buena  - 6,2
·         ¿Y la convivencia entre personas de distintas culturas? – 5,9
·         Violencia, terrorismo, presos y proceso de paz – Problema social para el 12%
·         Problema personal para el 2%
·         Interés por el proceso de paz: mucho 23%, bastante 31%.
·         Sin, embargo, frecuencia con la que se habla del tema: 49% nunca (¿interés inducido??
·         Momento en el que se encuentra el proceso de paz: 58% estancado
·         Obstáculos principales del proceso de paz: Que el Gobierno Español no dé pasos para mejorar la situación de los presos y presas 44%; Que los partidos políticos no sean capaces de llegar a un acuerdo suficiente en este tema 41%; Que ETA no se haya desarmado ni disuelto 39%.
·         Hechos que permitirían un avance en el proceso: El desarme y disolución de ETA 51%; El acercamiento a cárceles del País Vasco de los presos y presas 34%; El acuerdo de todas las fuerzas políticas en torno a la ponencia de Paz y Convivencia del Parlamento Vasco 33%.
è En cambio: El reconocimiento del daño causado por parte de ETA 12%; El reconocimiento del daño causado por los abusos policiales 7%; Una mayor investigación de los casos de tortura 6%; La condena de la violencia de ETA por parte de la Izquierda Abertzale 6%.
è Las cuestiones que más tendrían que ver con la clarificación/recuperación/reconocimiento del pasado son las que menos parecen preocupar a la sociedad vasca. Son otras las cuestiones que, en su caso, preocupan: de carácter más aplicado.
Por otro lado, mientras en el Parlamento se impulsa esta comisión sobre memoria y convivencia, el pasado 10 de marzo, con motivo del Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo y de acuerdo con el Consejo Vasco de Participación de Víctimas del Terrorismo, el Gobierno Vasco, celebró un acto de solidaridad y reconocimiento a todas las víctimas del terrorismo (ETA, GAL y Batallón Vasco Español, 11M) con el lema: “Bidegabea izan zen / Fue injusto”. En ese acto, el Lehendakari declaró: “No sabemos si alguna vez ETA y el resto de organizaciones terroristas llegarán a hacer una lectura autocrítica sobre lo que hicieron” [pero] “las instituciones vascas y sus representantes sí podemos hacerlo”. Y así lo han hecho.
Sería muy preocupante que cualquier acuerdo que pueda surgir de esta ponencia quedara por debajo de ese BIDEGABEA IZAN ZEN / FUE INJUSTO proclamado hace un mes por el Lehendakari en Bilbao. Y tampoco sé muy bien que más se puede decir a partir de ahí. Sí que se pueden hacer muchas cosas para concretar o aplicar ese principio, pero decir… Al menos, desde el ámbito de la memoria, otra cosa es desde la historia o la sociología. Más adelante volveré a esta cuestión.
Así pues, insisto: si no hay demanda social, si las instituciones vascas ya han dicho y hecho muchas cosas al respecto, ¿qué carencias en el ámbito de la memoria y la convivencia aspira a cubrir esta ponencia parlamentaria?

[2] Esta Ponencia sobre Memoria y Convivencia es consecuencia de la proposición no de ley suscrita en diciembre de 2016 por los grupos parlamentarios Nacionalistas Vascos y Socialistas Vascos. Su justificación era, si me lo permiten, un tanto sorprendente.
·         Por un lado, se afirmaba con razón que “a lo largo de las últimas legislaturas se ha desarrollado en el seno del Parlamento Vasco un intenso trabajo dirigido al reconocimiento y a la reparación de las víctimas”.
En efecto, se han hecho y se hacen ya muchas cosas en el campo de las cuestiones recogidas.
En el ámbito institucional, contamos con iniciativas previas como:
·         En los años 2001 y 2002, la Asociación de Municipios Vascos, EUDEL, adoptó el Manifiesto Institucional en Defensa de la Vida y de la Libertad, el Manifiesto Ético en Defensa del Derecho a la Vida, la Libertad y la Seguridad de todas las personas y la Carta abierta a los alcaldes vascos para impulsar la defensa de la pluralidad en el ámbito municipal.
·         Plan de Paz y Convivencia del año 2006, el Plan Vasco de Educación para la Paz y los Derechos Humanos en el año 2007 o el Plan de Convivencia Democrática y Deslegitimación de la Violencia de 2010.
·         La Ley 4/2008, de 19 de junio, de Reconocimiento y Reparación a las Víctimas del Terrorismo del País Vasco.
·         El Pleno del Parlamento Vasco aprobó, el 31 de marzo de 2011, la Proposición no de Ley 61/2011, sobre víctimas de violaciones de derechos humanos y otros sufrimientos injustos producidos en un contexto de violencia de motivación política. Esta proposición se materializó en el Decreto 107/2012, de 12 de junio, de declaración y reparación de las víctimas de sufrimientos injustos como consecuencia de la vulneración de sus derechos humanos, producida entre los años 1960 y 1978, en el contexto de la violencia de motivación política, vivida en la Comunidad Autónoma del País Vasco durante la dictadura franquista.
·         El Pleno del Parlamento Vasco, en la sesión celebrada el 11 de junio de 2015, aprobó la Proposición no de Ley 70/2015, cuyos puntos primero y tercero (el segundo es una invitación al Gobierno español “a sumarse a las políticas de reparación a las víctimas de violaciones de derechos humanos no reconocidas, como es el caso de las víctimas de abuso policial del periodo 1960-1978”), dicen así:
“1. El Parlamento Vasco reitera que ninguna causa política puede situarse por encima de los derechos humanos, y que la convivencia futura requiere el reconocimiento de la injusticia de la violencia y del daño causado, así como el reconocimiento de la dignidad de las víctimas, todas ellas merecedoras del derecho a la verdad, la justicia y la reparación”.
è ¿Se puede ir más lejos que esta declaración?
“3. El Parlamento Vasco insta al Gobierno Vasco a continuar desarrollando las políticas de reconocimiento y reparación a las víctimas de violaciones de derechos humanos provocadas por abuso de poder o uso ilegítimo de la violencia policial que se vienen impulsando desde la anterior legislatura. En este sentido, y dando continuidad a esta línea, insta a que el anunciado proyecto de ley de reconocimiento y reparación a estas víctimas que va a presentar a esta Cámara busque desde el inicio el máximo consenso social, político e institucional.”
·       Consecuencia: la Ley 12/2016, de 28 de julio, de reconocimiento y reparación de víctimas de vulneraciones de derechos humanos en el contexto de la violencia de motivación política en la Comunidad Autónoma del País Vasco entre 1978 y 1999.
·        También contamos con el denominado Mapa de la Memoria y la instauración del Día de la Memoria
·         La Dirección de Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco.
·         El Consejo Vasco de Participación de las Víctimas del Terrorismo, órgano colegiado de participación, cooperación y asesoramiento en las políticas públicas que se lleven a cabo en materia de víctimas del terrorismo.
·         Gogora, el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos nace con la misión de preservar y transmitir la memoria democrática de este país. Según establece la ley de creación de Gogora, su función será “preservar y transmitir la memoria de las experiencias traumáticas marcadas por la violencia durante los últimos cien años”.
·         Multitud de Planes Locales o Municipales para la convivencia, Casas, Foros o Centros de la paz dependientes de los ayuntamientos.
·         Y hubo una anterior Ponencia del Parlamento vasco para la Paz y la Convivencia en la pasada legislatura.
En el ámbito de competencia del Gobierno central:
·         Tenemos también el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo.
·         Ley de Memoria Histórica, aprobada por las Cortes Generales como Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura.
·         Por último señalar la Ley, aprobada por las Cortes Generales, 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección integral a las Víctimas del Terrorismo.
Además, contamos con una miríada de iniciativas sociales y académicas:
·         Fundaciones, como la Fernando Buesa, cuya actividad merece el máximo apoyo de todas las instituciones de este país. De sus muchas publicaciones, yo destacaría en este foro tres, fruto de sus Seminarios: Políticas de memoria. Qué, cómo y para qué recordar, La paz era esto. Sociedades después del trauma colectivo, y Víctimas: ¿Todas iguales o todas diferentes? Caracterización y respuestas ante un fenómeno complejo. Todas ellas accesibles en la excelente página web de la Fundación.
·         Iniciativas como Gogoan-por una memoria digna.
·         Investigaciones académicas como las recientes:
o   El informe sobre tortura y malos tratos en el País Vasco entre 1960 y 2014, dirigido por Paco Etxeberria.
o   El Informe sobre la desaparición en 1973 de José Humberto Fouz, Jorge Juan García y Fernando Quiroga, dirigido por Jon Landa y Bertha Gaztelumendi. 
o   Los estudios Misivas del terror, análisis ético-político de la extorsión y violencia de ETA contra el mundo empresarial, dirigido por Izaskun Sáenz de la Fuente, y La bolsa y la vida. La extorsión y la violencia de ETA contra el mundo empresarial, dirigido por Josu Ugarte.
o   El estudio El derecho a la memoria de lasvíctimas del terrorismo, dirigido por José Luis de la Cuesta y Gema Varona.
o   El Informe Foronda. Los contextos históricos del terrorismo en el País Vasco y la consideración social de sus víctimas, de Raúl López Romo.
·         Diversos Foros sociales locales por la paz, la convivencia, la memoria, etc. Destacar especialmente el trabajo desarrollado por Argituz, a partir de su documento El tiempo es ahora ¿Es posible una memoria incluyente de las víctimas en el ámbito local? Experiencias y desafíos.
·         Últimamente, con mucha actividad, el denominado Foro Social para impulsar el Proceso de Paz. Muy ligado a los también denominados Artesanos de la Paz. Cuya última iniciativa, la escultura “Arbolaren Egia”, inaugurada el pasado domingo en la explanada Roland Barthes de Baiona para conmemorar el primer aniversario del desarme de ETA, ha causado gran polémica y rechazo por parte de algunos colectivos de víctimas.

[3] Pero a pesar de todo ese intenso trabajo ya hecho, parece ser insuficiente: aunque no se especifica por qué.
·         “Hoy sigue siendo necesario continuar trabajando por la búsqueda tanto de una convivencia conciliada, en la que todas las víctimas reciban el reconocimiento y la reparación que merecen, como de un conjunto de compromisos vinculados a los principios democráticos y los derechos humanos, aceptando para ello como punto de partida los consensos que con mayor alcance de pluralidad han sido logrados en los últimos años”.
·         Pero además se añadía: “Así mismo, y junto al objetivo de consolidar sólidamente la paz y la normalización de la convivencia, contribuyendo también a la materialización del fin definitivo de ETA, es necesario afrontar a su vez las nuevas realidades del siglo XXI, relacionados con la gestión de valores como la diversidad y la solidaridad  en la convivencia o la educación, así como las nuevas formas de exclusión e injusticia o las respuestas a la amenaza del terrorismo internacional o la guerra”.
Ya les advierto, desde el respeto y el aprecio, que este tipo de lenguaje, “convivencia conciliada”, “consolidar sólidamente”, parece denotar una exigencia que va más allá de la realidad de cada momento: no basta con convivir, no basta con consolidar. Es como volver a confrontar paz negativa (“simple” ausencia deviolencia) y paz positiva.
También me parece que mezclar tantas cuestiones –el fin de ETA, la paz y la normalización, el reconocimiento y reparación a las víctimas, la cuestión de la diversidad, las nuevas formas de exclusión o el terrorismo internacional y la guerra- es, cuando menos, imposible de gestionar en una ponencia como esta.
Sea como sea, los demás grupos parlamentarios presentaron sendas enmiendas a la totalidad a la propuesta original:
GRUPO PARLAMENTARIO ELKARREKIN PODEMOS. "La ponencia tomará como principios rectores de su actividad:
·         La defensa de los derechos humanos como un absoluto ético irrenunciable de todo proyecto político democrático, así como del pluralismo identitario y político como elemento consustancial a la propia sociedad vasca.
·         La deslegitimación social del uso de la violencia, como garantía de no repetición en el futuro de ningún tipo de violación o vulneración de los derechos humanos, partiendo para ello de la revisión crítica de los actos y actitudes -tanto individuales como colectivas- que posibilitaron, ampararon o justificaron las múltiples formas de violencia de las últimas décadas.
·         El reconocimiento de todas las víctimas y de todos los sufrimientos injustos y la promoción de la verdad, de la justicia y de la reparación para todas ellas.
·         La apuesta por una convivencia democrática entre diferentes sobre la base de una memoria inclusiva que parta del testimonio del injusto sufrimiento que padecen todas las víctimas y cada una de ellas de forma particular.
·         La promoción de un estado de derecho democrático conforme a los más exigentes estándares internacionales en la materia".
GRUPO PARLAMENTARIO EH BILDU. "El Pleno del Parlamento Vasco acuerda la constitución en el seno de la comisión correspondiente en materia de derechos humanos de una ponencia sobre memoria, paz y convivencia en Euskadi".
  • EH Bildu, pese a apoyar la creación de la ponencia, se ha mostrado crítico con el hecho de que, a diferencia de lo que ocurrió en la legislatura pasada, su denominación no incluya el término 'paz', algo que considera "incomprensible", porque la "única violencia que persiste en la actualidad es la política penitenciaria". Es decir, no estaríamos aún en paz.
GRUPO PARLAMENTARIO POPULAR VASCO. "El Pleno del Parlamento Vasco acuerda la constitución, en el seno de la comisión correspondiente en materia de derechos humanos, de una ponencia sobre libertad y convivencia en Euskadi, que tenga como objetivo la deslegitimación social y política del terrorismo".
  • El PP no interviene esta ponencia al considerar que este órgano "no busca la deslegitimación del terrorismo".
Finalmente PNV, PSE-EE, Elkarrekin Podemos y EH Bildu han transaccionado el siguiente texto: "Su misión se concentrará en la búsqueda de amplios consensos en torno a todas las cuestiones que planteen los grupos parlamentarios en la misma, en relación con la memoria, la convivencia, las víctimas, la deslegitimación del terrorismo y la violencia, la política penitenciaria, la libertad, la paz y los derechos humanos".
·         Un planteamiento más tentativo o más humilde que el original. Sin ninguna referencia a principios o criterios normativos como los propuestos por Elkarrekin Podemos:  una forma de evitar la cuestión del “suelo ético” en la que encalló la iniciativa anterior.
Y como metodología de trabajo se ha optado por diferenciar cuatro áreas: -Víctimas, -Memoria, -Política penitenciaria y -Convivencia y Derechos Humanos
·         Una distinción que puede ser útil metodológicamente, pero muy difícil de sostener en la práctica. Por ejemplo, y en el ámbito que me toca: ¿de qué podemos hacer memoria si no es de la victimización injusta, el encarnizamiento penal, la ruptura de la convivencia o la violación de derechos humanos’

[4] En este marco de dudas, afrontaré propiamente el contenido de mi reflexión. ¿Qué relación existe entre memoria y convivencia?
Punto de partida. David Rieff en Contra la memoria: “La convicción de que la memoria es un género de la moralidad es una de las beaterías más inexpugnables de nuestra época”. Se refiere a esa famosa sentencia de George Santayana según la cual “aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo.
Es la idea del “nunca más”, fundamento de todas las comisiones de la verdad surgidas a partir de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) creada por el Gobierno argentino en 1983. Versión laica del evangélico “la verdad os hará libres”.
Pero conocer no es lo mismo que recordar.
A este respecto, un destacado historiador vasco, que en los últimos años viene desarrollando una intensa labor de investigación y divulgación sobre ETA y las víctimas del terrorismo, señala lo siguiente:
Desentrañar y explicar el pasado es cosa de los profesionales que utilizan el método histórico de conocimiento […] Esto parece evidente, pero no lo es tanto. El conocimiento del pasado se ha poblado de nuevos profesionales que nos han devuelto al fetichismo de antaño, bien aceptado en una sociedad de conocimiento epidérmico y efímero, y que privilegia lo visual. […] Por no hablar de los diversos moralistas que, muchas veces sin razón, nos advierten de los males de la cosificación histórica, de la frialdad del dato histórico frente a la potencialidad y riqueza –e imprecisión, añadiría– de otras miradas menos científicas. Aparece ahí de nuevo una de nuestras competidoras: la hermanastra memoria, a la que todos prefieren frente a la historia, casquivana aquella y rigorista esta. Efectivamente, ¡cuánto mejor que cada cual o cada grupo tengan su memoria, a su gusto y acomodo, ajenos todos a las exigencias de una historia probada, o por lo menos plausible en sus conclusiones, que nos obliga a tomar medidas, que nos hace ciudadanamente responsables!
La memoria contra la historia. De ser así, es un planteamiento que va más allá del debate académico; tiene importantes repercusiones sociales y políticas, incluso morales. ¿Nos lo hemos planteado? ¿hemos reflexionado sobre esta cuestión previa, antes de embarcarnos en la tarea de “hacer memoria” de nuestro pasado?
¿Y por qué hacer historia –que no memoria- de nuestro pasado de violencias? Esta es la respuesta que ofrece el referido historiador:
Historizando el terrorismo producido en el País Vasco en el último medio siglo, combatiríamos la ignorancia buscada por algunos poderes y bien recibida por una mayoría social vasca que prefiere olvidar, pasar página sin conocer lo ocurrido; sabríamos a ciencia cierta cómo, cuánto y en qué parte ha afectado a nuestra sociedad pasada y cómo puede estar haciéndolo a la presente y futura; nos explicaríamos lo ocurrido en sus contextos precisos, que son los que permiten conocer adecuadamente, a la vez que por eso son los que otorgan a los ciudadanos responsabilidad por lo hecho y no hecho, y sentido histórico, esto es, consideración de lo que debe cambiarse para que en el futuro no vuelva a ocurrir; y recuperaríamos y podríamos reivindicar la significación política de cada víctima para así poder protegernos de ideologías que se nutren o que utilizan procedimientos u objetivos totalitarios rechazables.
Pienso que este planteamiento combativo, militante, aunque nacido de la distinción –que comparto- entre historia y memoria, no resuelve aún la dialéctica planteada: nos sitúa en un terreno mestizo -¿pudiera ser que en la práctica  no haya otro?-, el de la historia-memorial… o el de la memoria histórica. Todavía más memoria que historia.
En todo caso, la profesional y el profesional de la ciencia social perfectamente puede, diría que hasta debe, combatir la ignorancia buscada y querida, en su caso, por los poderes políticos y hasta por la sociedad. Es su función: “Fiat sapientia (diríamos, en lugar de “justitia”) et ruat caelum”; hágase el conocimiento, aunque se derrumben los cielos. 
Pero, ¿es esta la función de un parlamento? ¿combatir la ignorancia preferida, es decir, elegida, de la sociedad?
Recientementeescribía un relevante expolítico vasco, él mismo víctima de un atentado de ETA:
Y hoy, seis años después [del anuncio del final de la actividad de ETA], el debate principal comienza a ser otro. Se observa, entre nosotros, una disyuntiva nítida en la deliberación política e institucional vasca; una vocación de memoria frente a una tentación de olvido. La comunidad vasca, a la hora de constituirse como tal, debe inspirarse, al menos en parte, en la memoria […] de las víctimas de un terrorismo que no llegó de fuera, sino que fue incubado dentro de la propia sociedad vasca. […] Así es como tiene que protegerse a sí misma, haciéndose cargo del significado y naturaleza de su pasado de sangre para establecerlo como mecanismo preventivo de repetición futura. Y desde ahí, apostar por la implementación de más medidas en el campo de la educación obligatoria y de políticas públicas transversales para que las generaciones jóvenes crezcan con consciencia plena de todo lo que su sociedad incubó y durante tanto tiempo sufrió. El riesgo de olvido es un precio que la sociedad vasca no puede pagar, que no debe pagar.
¿De verdad se puede educar “obligatoriamente” la memoria y la consciencia?
Me impresionó mucho leer una entrevista con Primo Levi, realizada por dos historiadores de la Universidad de Turín en 1983 y publicada, curiosamente, con el título de Deber de memoria. En ella, Levi hace dos confesiones que me han hecho reflexionar mucho.
La primera tiene que ver con el contenido mismo de aquello que debe ser recordado:
Tal vez sea un error mío no ir de buena gana a las escuelas. Por un lado, confieso que estoy harto de escuchar siempre las mismas preguntas. Por otro, tengo la impresión de que mi lenguaje se volvió insuficiente, que hablo una lengua diferente. Y además, debo admitir que me conmovió mucho la experiencia que tuve en una escuela en la que dos hermanos me dijeron con un tono categórico: “¿Por qué viene a contarnos su historia cuarenta años más tarde, después de Vietnam, después de los campos de Stalin, Corea, todo eso, por qué? […] Temo caer en el panegírico, como suele ocurrir. Es decir, privilegiar mi propia experiencia frente a la de los demás, aún siendo consciente de que vivo en un mundo cambiante, que progresa en un sentido pero retrocede en otro.
La segunda, con la forma en que sus dos hijos vivieron la experiencia de su padre. Levi responde a la pregunta: “Cuando se ha estado en un campo de concentración, en un lager, en qué cambia la educación que se imparte a los hijos? La deportación no sólo es una enseñanza para quien la padece, sino también para las futuras generaciones”. Esta es su respuesta:
Con mis hijos se produjo algo particular: durante quince años, ambos, con nueve años de distancia, tuvieron una reacción de rechazo. Pero pienso que se negaron a escucharme porque ya habían percibido todo. Mi casa está llena de Lager, seguramente ellos han visto los libros, las fotos, han escuchado conversaciones; los niños son muy sensibles a este tipo de cosas, ya deben de estar consciente o inconscientemente llenos de miedo y repulsión y por eso rechazaban mi discurso. Leyeron mis libros, pero no lo admiten. No les gusta escucharlo.
¡Sus propios hijos! Yo pienso en la mía…
¿Cómo actuar desde una institución como este Parlamento para hacer que las hijas e hijos de Primo Levi escuchen lo ocurrido? ¿Debe hacerlo? ¿Se puede legislar sobre esta cuestión? ¿Hacerlo no nos sitúa en la lógica propia de las instituciones democráticas representativas, que es la lógica de la mayoría/minoría? ¿No estaremos así abriendo necesariamente el conflicto entre memoria mayoritaria y memorias minoritarias? Una memoria construida sobre “la búsqueda de amplios consensos” va a ser, necesariamente, una memoria insuficiente, insatisfactoria, desencarnada… inútil. Y una memoria afirmada por mayoría será, en todo caso, la memoria de quienes la sostienen, pero no de quienes no la apoyan.
Creo que la tarea de hacer memoria corresponde a cada persona y a cada sector o grupo social.
Yo tengo mi propia memoria, que comparto en mayor o menor medida con aquellas otras personas con las que he vivido todos estos años pasados:
·       Con toda la buena gente que desde 1986 fue construyendo y sosteniendo la Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria.
·       Con todas las personas que han tenido que vivir años con protección o escolta.
·       Con quienes han sido víctimas del terrorismo de ETA, los GAL o los Grupos Armados Españoles, que asesinaron a cuatro personas en mi pueblo. A muchas he conocido personalmente.
·         También con quienes fueron acusados en el proceso 18/98, de algunos de los cuales actué como perito de la defensa.
·         O con las personas torturadas en cuarteles y comisarías, el testimonio de algunas de las cuales pude conocer de primera mano.
También tengo, claro, mis propios olvidos: todas aquellas ocasiones en las que no estuve a la altura de mis convicciones o mis discursos…
Esta es mi memoria. No me gustaría tener que consensuarla con nadie. Sí compartirla, dialogarla, contrastarla con otras, pero consensuarla o acordarla por votación, no. No creo que pueda hacerse una media aritmética entre las distintas memorias. Pueden, sí, encontrarse mínimos comunes: la pérdida del ser querido, la carne dolorida, la identidad dañada, el miedo sentido, la dignidad pisoteada, la incomprensión sufrida…

[5] También el historiador Santos Juliá distingue claramente entre memoria e historia. Aunque en este caso incorpora algunos matices de mucha relevancia. Según Juliá la memoria histórica no es más que:
una metáfora para designar un relato sobre el pasado que, a diferencia de la historia, no está construido sobre el conocimiento o la búsqueda de la verdad, sino sobre la voluntad de honrar a una persona, proponer como modélica una conducta, reparar moralmente una injusticia. La memoria histórica se plasma en relatos construidos con el propósito de reforzar la vinculación afectiva de la persona o grupo que rememora con hechos del pasado que mantienen algún significado para su vida presente.
No hay memoria que no se (re)construya desde los afectos, las emociones, las simpatías y las antipatías. Por eso no hay, no puede haber, una misma y sola memoria, sino memorias significativas para cada grupo social.
Rieff: “A esto se reduce exactamente la esencia de la memoria histórica: identificación y proximidad psicológica, en lugar de precisión histórica, y menos aún hondura política”.
La memoria es el material a partir del cual se constituyen distintas “comunidades de recuerdo” (Avishai Margalit) de muy difícil, no me atrevo a decir imposible, universalización.
Entre la memoria anémica y la memoria saturada.  ¿Puede ser cierto que, como ha señalado el historiador Santos Juliá, "un exceso de memoria produce una saturación que puede obstaculizar el juicio"? (Rieff habla de lo mismo, denominándolo "hipertimesia"). Ha escrito Juliá:
“Entre el recuerdo privado y espontáneo y la memoria como deber colectivo existe un espacio que no deberían traspasar quienes han sufrido un atentado que los convierte en víctimas […] Nadie puede actuar sobre el presente si por una saturación de memoria queda aprisionado, bloqueado, en lo ocurrido en un momento de su existencia, por muy doloroso e inhumano que el acontecimiento haya sido. En tal caso podríamos encontrarnos atrapados por una memoria que impide percibir las novedades que el tiempo se encarga de echar sobre nuestras espaldas. Atados por el pasado, seríamos entonces incapaces de afrontar el presente y abrir nuevos caminos al futuro: ése es el problema de las memorias saturadas, el problema al que un día habrán de enfrentarse las asociaciones de víctimas del terrorismo”.
Evidentemente, no sólo ellas.
¿Se ha planteado esta comisión parlamentaria si su función debe ser, puede ser realmente, la de hacer memoria, en el sentido señalado? ¿No nos sitúa esta pretensión en el terreno, delicadísimo, de la batalla por el relato? Que es batalla por los afectos, las emociones…
Batalla que, de darse, debería en mi opinión hacerse en otros ámbitos, no en este.
En este caso, tal vez sólo nos queda esforzarnos en lograr aquel ideal propuesto por Albert Camus en 1944: “Pues aunque jamás sea posible fundir en un mismo espíritu a hombres cuyos sufrimientos son diferentes, no hagamos nada al menos que pueda enfrentarlos”.

[6] Me gustaría hacer una breve consideración respecto a la supuesta necesidad de recordar para no repetir el pasado.
“Bastan unas gotas de sangre para contener en su interior toda la memoria del mundo”, escribe Ismail Kadaré en su libro Tres cantos fúnebres por Kosovo.
Rieff: “¿Y si la memoria de un caso de mal radical –incluso si se trata de la misma Shoáh- de nada sirve para proteger a la sociedad de los casos posteriores de mal radical?”. Recordemos en este sentido que los palestinos tienen su Nakba, la Catástrofe, de la que acusan precisamente a quienes fueron víctimas del Holocausto.
En la anterior Ponencia de Paz y Convivencia se incluían unos “compromisos para la garantía de no repetición”. A este respecto, tengo una buena y una mala noticia:
·         La buena: ETA no va a volver. Igual que decidió empezar, ha decidido terminar. Unilateralmente y sin contrapartidas. Se podrá decir que demasiado tarde, que aún debe representarse su disolución definitiva, lo que se quiera; pero el hecho es que ETA, como organización influyente en nuestra vida, ya no existe.

·         Ampliando esta buena noticia: Nadie va a reflotar a ETA. No ya por algo sorprendente que leíamos este pasado fin de semana: que “ETA se plantea crear una 'comisión' especial antes de su inminente disolución con el objetivo de controlar un hipotético uso de sus siglas que puedan realizar grupos disidentes”. Como si de “comisión liquidadora” de una empresa se tratara. No se va a repetir porque la fuerza política que históricamente ha legitimado a ETA ha dejado de hacerlo. Incluso participa en multitud de actos de reconocimiento a las víctimas del terrorismo: desde la alcaldía de Iruña se ponen placas a las 27 víctimas de ETA en la ciudad; en Rentería se honra a las víctimas de la localidad; se participa en el homenaje a Fernando Buesa y a Jorge Díez… Si alguien volviera a asesinar, sería como si lo hicieran los Grapo: una tragedia para las víctimas, pero irrelevante políticamente.
·         ¿La mala noticia? Que si estoy equivocado y ETA (o su reencarnación) retornara, nada de lo que hagamos ahora podría evitarlo. Porque nada hicimos para que en su momento se desencadenara, si en el futuro volviera a hacerlo tampoco sería por algo que hayamos hecho o dejado de hacer. ¿Han consultado el primero de losdenominados “Cuadernos Zutik”, editado en Venezuela en 1963 y firmado por ETA – Euzkadi ta Aszkatasuna? Su título es “Nuestra responsabilidad”. Y es que, en efecto, la violencia de ETA no se explica necesariamente por su relación con ningún problema político, ni siquiera con el problema político derivado de la siempre abierta cuestión de las relaciones: a) entre los habitantes de ese territorio, plural como pocos, que es Euskal Herria o los Países Vasco-Navarros; y b) entre estos, sea cual sea el sistema de relación que finalmente escojan, y los Estados-nación español y francés. En este sentido, el franquismo fue más una condición que una causa de la violencia. En efecto, la decisión de recurrir a la violencia no fue vivida, ni siquiera por sus protagonistas, como algo natural, espontáneo o puramente reflejo. En contra de la mayoría de las interpretaciones al uso, la violencia no apareció como “consecuencia lógica” de un estado de cosas, sino como fruto de la decisión de unas pocas personas Una decisión, por lo demás, fuertemente debatida y contestada tras la I Asamblea de ETA, cuando se discutió sobre el recurso a la violencia o a la resistencia no violenta. En el Zutik 7 se habla incluso del ejemplo de Gandhi.

[7] Albert Camus en 1946 escribió: “Un mundo donde se legitima el homicidio y donde la vida humana se considera una futilidad. Este es el primer problema político de hoy. Y antes de seguir adelante es necesario tomar posiciones con respecto a este problema. Previamente a toda realización es preciso formular, hoy, dos preguntas: «Sí o no, directa o indirectamente, ¿quiere usted que lo maten o lo violenten? Sí o no, directa o indirectamente, ¿quiere usted matar o violentar?». Todos los que contesten no a estas dos preguntas quedan automáticamente embarcados en una serie de consecuencias que deben modificar su manera de plantear el problema”.
Hoy, por primera vez en muchas décadas, en Euskadi hemos respondido que no a ambas preguntas. No queremos matar ni que nos maten; no queremos violentar ni ser violentados. Ni directa ni indirectamente.
¿Una nadería? A mí me parece que no. Que es muy importante. Y que deberíamos construir nuestro futuro a partir de esta realidad y de sus muchas posibilidades, sin sobrecargarla con demasiadas otras exigencias o aspiraciones (como la de una “convivencia conciliada”), por más legítimas o deseables que estas sean.

Miren, humildemente yo les haría una propuesta. Que cada una y cada uno, primero de manera personal, y luego como miembro de cada fuerza política, hagan memoria de su propia actuación. En privado, internamente. Profundizar en el reconocimiento del daño causado a las distintas víctimas, sin mezclarlos. Cada cual del suyo: algunas y algunos tendrán que hacerlo respecto de las víctimas de ETA, y sólo de estas; otras y otras de las del GAL, de las torturadas…
Y para no terminar así esta comparecencia, yo propondría modestamente que en los trabajos de esta ponencia intenten no caer en generalidades, que acoten muy bien aquello que en su opinión deben y pueden hacer en este preciso marco parlamentario.
Vuelvo a las dudas que planteaba al principio: ¿para quién está pensada esta ponencia? ¿desde dónde nace? ¿qué carencias aspira a cubrir?
Creo que estaremos de acuerdo en que la tarea de hacer memoria no le corresponde directamente a un parlamento, que necesariamente tiene que funcionar por consensos o mayorías. Eso le corresponde a la sociedad: a través de fundaciones como la Fernando Buesa (cuya aportación a este respecto es, vuelvo a indicar, digna de elogio y de apoyo), de iniciativas sociales, con su diversidad y hasta sus discrepancias.
En mi opinión, lo que este Parlamento podría hacer o instar a hacer es:
·         Mantener como marco ético innegociable lo declarado por el Lehendakari el 10 de marzo: BIDEGABEA IZAN ZEN / FUE INJUSTO. Radical, absoluta e injustificablemente injusto. La violencia de ETA, de los GAL y los GAE, las torturas… No hay causa ninguna que lo explique o contextualice, mucho menos que lo justifique.

·         Revisar y evaluar todo lo hecho hasta ahora por las instituciones vascas: los diversos manifiestos adoptados por EUDEL; los distintos planes de paz o convivencia; la aplicación de las leyes de reconocimiento y reparación a las víctimas; el desarrollo y efectos de las celebraciones y memoriales; el funcionamiento del Consejo Vasco de Participación de las Víctimas del Terrorismo y de Gogora… Seguro que de esa evaluación surgen abundantes buenas prácticas que apoyar y extender, así como errores de los que aprender y carencias que subsanar.

·         Impulsar y apoyar la investigación científica que ya se está haciendo sobre nuestro pasado y presente.

·         Apoyar y respaldar, como máxima institución representativa pero también a través de las distintas fuerzas políticas que lo constituyen, las iniciativas locales dirigidas a recuperar la historia, compartir memoria y consolidar convivencia. El espacio local es el más adecuado para hacer memoria. Nadie va hacer memoria por decreto o proposición de ley. La memoria eficaz será aquella que se haga en los espacios convivenciales más cercanos. En estos espacios es donde puede funcionar sinérgica y positivamente la relación entre memoria y convivencia. Pues se hará memoria cuando sea necesario y posible. En esta materia, la política institucionalizada tiene que aprender a dejar espacio a la sociedad civil.