domingo, 22 de abril de 2018

Dia(s) del(los) libro(s)


Una selección de lecturas hechas en las últimas semanas. Empiezo con tres ensayos:

El enemigo interior, de Seumas Milne (Alianza, 2018. Traducción de Manuel Valle Morán).
Publicado originalmente en 1994, recoge la minuciosa investigación de las oscuras actividades desarrolladas por el gobierno de Thatcher para combatir las actividades del National Union of Mineworkers (Sindicato Nacional de Mineros) y, muy particularmente, de su líder más carismático, Arthur Scargill. Servicios secretos, jueces, Scotland Yard, medios de comunicación conservadores, todos siguiendo servilmente la estrategia del gobierno con el fin de acabar con la mayor fuerza de oposición al proyecto neoliberalizador de Thatcher. Como señala al principio del libro Milne, la huelga de los mineros de 1984-1985 fue "un conflicto que enfrentó al sindicato más poderoso y politizado del país contra una administración gobernada por la derecha más dura y conservadora, empeñada en una venganza de clase y dispuesta a arrasar en ella las zonas industriales y el sector de la energía del país, sin reparar en los costes. [...] Aquella huelga [...] planteó la alternativa de una Gran Bretaña distinta, basada en la solidaridad y en la acción colectiva, contra el individualismo y la codicia de los años de Thatcher". Lo más indignante de todo fue el papel de mamporreos de Thatcher que jugaron los dirigentes del Partido Laborista, con Neil Kinnock a la cabeza. Luego vendría, claro, Tony Blair.

Capitalismo Big Tech: ¿Welfare o neofeudalismo digital?, de Evgeny Morozov (Enclave de libros, 2018. Traducción de Giuseppe Maio).
Morozov es un bien conocido crítico del solucionismo tecnológico, esa ideología que despolitiza la tecnología, cuando esta ha sido siempre un hecho político de primer orden. Releamos, si no, a Langdon Winner, o al primer Habermas y su Ciencia y técnica como ideología. El libro es básicamente una recopilación de sus artículos en The Guardian, y en ellos analiza cuestiones como la propuesta de renta básica de Silicon Valley, la economía bajo demanda modelo Uber y sus consecuencias laborales, el uso de robots en sociedades cada vez más envejecidas, el riesgo de que los servicios públicos funcionen según la lógica de las plataformas, etc. Un libro esencial para combatir la hegemonía del discurso solucionista.

Gran Hotel Abismo: Biografía coral de la Escuela de Frankfurt, de Stuart Jeffries (Turner, 2018. Traducción de José Adrián Vitier). Un recorrido fascinante sobre la historia de una de las comunidades de pensamiento más interesantes e influyentes. Adorno, Horkheimer, Benjamin, Marcuse, Fromm, Habermas, Honneth... Desde 1900 hasta 1970, el libro analiza, década a década, la evolución del pensamiento frankfurtiano, entreverado con la peripecia personal de sus componentes y la historia de cada momento. Su énfasis en la necesidad de pensar la emancipación en términos no sólo económicos, sino también culturales y hasta espirituales, tiene hoy más actualidad que nunca. Así lo señala Jeffries al final del libro:
"Lo que Ernst Bloc denominó el espíritu de la utopía ya no logra encontrar un espacio en la industria cultural de la red [...]; una industria que nos ofrece más de los mismo, desarrolla algoritmos para continuar encadenándonos a nuestros gustos, y nos hace desear nuestra propia dominación. En tal cultura a la carta, que elimina el descubrimiento casual, se burla de la dignidad y convierte la liberación humana en una posibilidad aterradora, los mejores escritos de la Escuela de Frankfurt tienen mucho que enseñarnos: como mínimo, sobre la imposibilidad y la necesidad de pensar de una manera diferente".

Continuo con dos libros que comparten estilo (mezcla de crónica periodística y literaria) y ubicación: la ciudad con toda su abigarrada y sorprendente efusión.

La fabulosa taberna de McSorley y otras historias de Nueva York, de Joseph Mitchell (Jus Libreros y Editores, 2017. Traducción de Marcelo Cohen, Alejandro Gibert Abós y Martín Schifino). Joseph Mitchell (1908-1996) comenzó su colaboración con el New Yorker en 1938 y a su muerte seguía figurando como redactor del mismo a pesar de que, según parece, a lo largo de sus últimos treinta años vivió una extraordinaria parálisis creativa que le impidió publicar una sola línea. Sin embargo, leer las crónicas recogidas en este libro, publicado originalmente en 1943, nos sumerge en un mundo plagado de personajes y ambientes extraordinarios: pícaros como el comodoro Dutch, bohemios como el profesos Gaviota, artistas de variedades como la barbuda lady Olga, mujeres de carácter como la taquillera Mazie P. Gordon, o como los indios cauhnawaga, expertos en trabajar en los edificios de mayor altura... Escritos con humor, comprensión y perspicacia etnográfica, es una lectura muy recomendable.

Un andar solitario entre la gente, de Antonio Muñoz Molina (Seix Barral, 2018). A caballo entre el ensayo, el diario y la novela, Muñoz Molina demuestra en este libro sus dotes de flâneur, de paseante sin rumbo fijo, deambulando por la ciudad y observando su agitada vida. En Madrid y en Nueva York. Anuncios publicitarios, viajes en el metro, noticias, conversaciones captadas en un café, todo le sirve para construir un libro construido a partir de fragmentos, donde caben desde relatos cortos excelentes, como el que se puede leer entre las páginas 33-36, hasta un pequeño tratado de Deambulología. Para leer a tragos cortos.

Seguimos con dos novelas policíacas que nos son recientes. Son de esos libros que encuentro, a veces porque los busco, casi siempre por casualidad, en librerías de viejo o en ferias de libro de ocasión, y que voy reservando "para cuando tenga tiempo". Son libros que van siendo relegados por las novedades, pero a los que me gusta regresar en cuanto tengo ocasión.

Una tumba en Gaza, de Matt Beynon Rees (Ediciones B, 2009. Traducción de Carlos Gómez). Segunda entrega de las historias protagonizadas por Omar Yusef, profesor de historia y director de una escuela de Naciones Unidas en un campo de refugiados cerca de Belén, presentado como "el primer detective palestino de la historia de la novela negra". En este caso, se verá implicado en la investigación por el arresto en Gaza de otro profesor acusado de colaborar con la CIA tras haber denunciado una trama de corrupción (¡falsificación de títulos!) en la Universidad Al-Azhar. En un ambiente de tensión, violencia e impunidad, destaca la humanidad de Omar Yusef.

El avispón negro, de James Sallis (Poliedro, 2004. Traducción de Elena de Grau). En Nueva Orleans, el investigador (negro) Lew Griffin se ve implicado en el caso de un francotirador que asesina a transeúntes blancos. Novela policiaca afroamericana, en la línea de Chester Himes o Walter Mosley, pero con una intensidad literaria que le permite a Sallis incorporar referencias a El extranjero de Camus, y una profundidad sociológica reflejada en fragmentos como este:
"Cuando miro hacia atrás, esta historia me parece un viaje en autocar a través del país, largos tramos de inactividad interrumpidos por breves descansos, el ajetreo febril de las paradas.
Hubo las comodidades de los primeros años, cuando los muros empezaron a ceder, cuando de pronto pudimos sentarnos a las barras de los bares, entrar en las tiendas, los teatros, los lugares que antes nos estaban prohibidos, cuando empezamos a ser visibles. [...]
Recuerdo que de los aseos desaparecieron los rótulos 'De Color'. recuerdo haber cruzado puertas principales por primera vez en la vida.
Aspiramos el aire intenso y fértil del reto social, de la justicia y la libertad, de los derechos inalienables. Pero entonces descubrimos que aquella carretera penetraba  sólo hasta el yermo. [...]
Luego, la ira profunda. Las llamadas a la revolución. Patrullas errantes de guardias iluminados. [...]
Luego, depende de quien lo relate, una aceptación del trabajo político comunal o un asalto a la política municipal. Algunos concejales, representantes de la ciudad y del estado, uno o dos alcaldes. Incrementos de poder.
Y finalmente, este apartheid silenciado con el que vivimos todavía.
Entretanto, la ira se repliega en sí misma. Se ceba en los individuos, en las familias, en las comunidades, en las ciudades. Los consume".

Y para acabar, seis novelas recientes que me han gustado mucho, algunas muchísimo.

La revolución de la luna, de Andrea Camilleri (Destino, 2018. Traducción de Juan Carlos Gentile Vitale). Otra de las historias sicilianas que el maestro Camilleri rastrea en la historia de su tierra (como La ópera de Vigàta o La concesión del teléfono) y que constituyen una muestra insuperable de realismo mágico. En este caso, se remonta al Palermo de 1667, cuando al repentinamente fallecido virrey don Ángel de Guzmán le sucede en el trono su esposa, la hermosa, inteligente y justa doña Eleonora de Mora. Una mujer gobernando en un mundo corrupto en el que, "dado que ser virrey significaba ser también legado natural del papa y un legado natural del papa no podía ser de ningún modo y por ninguna razón del mundo una mujer", se enfrentará a todo tipo de conspiraciones.

La pirámide de fango, de Andrea Camilleri (Salamandra, 2014. Traducción de Carlos Mayor). La última entrega de la serie del comisario Salvo Montalbano. La número 27. En este caso, Montalbano se enfrenta a una trama de corrupción en las adjudicaciones de obra pública.

Los dieciséis árboles del Somme, de Lars Mytting (Alfaguara, 2017. Traducción de Cristina Gómez Baggerthun). Un joven noruego, huérfano desde que en 1971, cuando él tenía tres años, sus padres murieran al pisar una vieja granada de la Primera Guerra Mundial en los terrenos del Somme. En esta búsqueda descubrirá, además de su propia historia, una parte de la historia más dramática de Europa.
"La batalla del Somme terminó en noviembre de 1916. Las pérdidas en ambos bandos ascendieron a un millón doscientos mil muertos y heridos. Los aliados habían tomado nueve kilómetros de tierra, un territorio atestado de chatarra y pedazos de cadáveres. [...]
Sin embargo, los dieciséis nogales de las viejas posiciones de las ametralladoras no habían caído. Las copas estaban partidas, las cortezas desgarradas y las ramas calcinadas, pero seguían en pie. El terreno estaba tan arrasado que el nogueral se veía a larga distancia. En primavera brotaron pequeñas ramas que se cubrieron de hojas. Además de las amapolas, los árboles eran lo único que seguía vivo a lo largo de la vieja línea del frente y los soldados británicos los conocieron como the sixteen trees of the Somme, 'los dieciséis árboles del Somme'".

Días sin final, de Sebastian Barry (Alianza de Novelas, 2019. Traducción de Susana de la Higuera Glynne-Jones). Una novela preciosa, a pesar de lo terrible de muchos de los acontecimientos que narra: las guerras de exterminio contra las tribus indias o la guerra de Secesión. A lo largo de dos décadas acompañaremos a Thomas y a John, dos jóvenes irlandeses inmigrados a Estados Unidos a mediados de la década de 1850, que trabajarán como artistas de variedades travestidos, se alistarán en el ejército, acogerán como a una hija a la joven india Winona y, sobre todo, vivirán una hermosa historia de amor.

El corazón de los hombres, de Nickolas Butler (Libros del Asteroide, 2017. Traducción de Marta Alcaraz). En 1962, en un campamento de boy scouts, se unirán para siempre las vidas de Nelson, un chico de trece años aislado de sus compañeros y maltratado por estos, y de Jonathan, el chico más popular del campamento. A partir de ahí, seguiremos su historia y la de sus descendientes hasta 2019.  Su anterior novela, Canciones de amor a quemarropa, me pareció excelente, de lo mejor que he leído nunca. En este caso, vuelve a destacar la capacidad de Butler para construir grandes historias a partir de la cotidianeidad.

Las ocho montañas, de Paolo Cognetti (Penguin Random House, 2018. Traducción de César Palma). Otra historia de amistad. En este caso la montaña, escenario de las andanzas de Pietro y Bruno, se convierte en protagonista. Sorprende la capacidad de Cognetti para reflejar las sensaciones que transmite el paisaje de los Alpes italianos. Un libro hermoso, relajante; una historia de aprendizaje y descubrimiento que, al finalizar, nos habrá permitido conocernos mejor a nosotros mismos.

miércoles, 11 de abril de 2018

Memoria y convivencia

Este es el texto a partir del cual he comparecido hoy ante la Ponencia sobre Memoria y Convivencia del Parlamento Vasco.

[1] Agradezco la invitación. Agradezco y valoro su trabajo y preocupación. He acudido a otras comisiones y ponencias de este mi parlamento, y lo haré siempre que se me convoque. Pero permítanme que muestre mis dudas: ¿para quién está pensada esta ponencia? ¿desde dónde nace? ¿qué carencias aspira a cubrir?
No podemos responder diciendo que existe una demanda social al respecto.
·         Cómo es la convivencia en Euskadi entre personas de distintas ideas políticas, en una escala de 0 a 10, en la que 0 indica que es muy mala y 10 que es muy buena  - 6,2
·         ¿Y la convivencia entre personas de distintas culturas? – 5,9
·         Violencia, terrorismo, presos y proceso de paz – Problema social para el 12%
·         Problema personal para el 2%
·         Interés por el proceso de paz: mucho 23%, bastante 31%.
·         Sin, embargo, frecuencia con la que se habla del tema: 49% nunca (¿interés inducido??
·         Momento en el que se encuentra el proceso de paz: 58% estancado
·         Obstáculos principales del proceso de paz: Que el Gobierno Español no dé pasos para mejorar la situación de los presos y presas 44%; Que los partidos políticos no sean capaces de llegar a un acuerdo suficiente en este tema 41%; Que ETA no se haya desarmado ni disuelto 39%.
·         Hechos que permitirían un avance en el proceso: El desarme y disolución de ETA 51%; El acercamiento a cárceles del País Vasco de los presos y presas 34%; El acuerdo de todas las fuerzas políticas en torno a la ponencia de Paz y Convivencia del Parlamento Vasco 33%.
è En cambio: El reconocimiento del daño causado por parte de ETA 12%; El reconocimiento del daño causado por los abusos policiales 7%; Una mayor investigación de los casos de tortura 6%; La condena de la violencia de ETA por parte de la Izquierda Abertzale 6%.
è Las cuestiones que más tendrían que ver con la clarificación/recuperación/reconocimiento del pasado son las que menos parecen preocupar a la sociedad vasca. Son otras las cuestiones que, en su caso, preocupan: de carácter más aplicado.
Por otro lado, mientras en el Parlamento se impulsa esta comisión sobre memoria y convivencia, el pasado 10 de marzo, con motivo del Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo y de acuerdo con el Consejo Vasco de Participación de Víctimas del Terrorismo, el Gobierno Vasco, celebró un acto de solidaridad y reconocimiento a todas las víctimas del terrorismo (ETA, GAL y Batallón Vasco Español, 11M) con el lema: “Bidegabea izan zen / Fue injusto”. En ese acto, el Lehendakari declaró: “No sabemos si alguna vez ETA y el resto de organizaciones terroristas llegarán a hacer una lectura autocrítica sobre lo que hicieron” [pero] “las instituciones vascas y sus representantes sí podemos hacerlo”. Y así lo han hecho.
Sería muy preocupante que cualquier acuerdo que pueda surgir de esta ponencia quedara por debajo de ese BIDEGABEA IZAN ZEN / FUE INJUSTO proclamado hace un mes por el Lehendakari en Bilbao. Y tampoco sé muy bien que más se puede decir a partir de ahí. Sí que se pueden hacer muchas cosas para concretar o aplicar ese principio, pero decir… Al menos, desde el ámbito de la memoria, otra cosa es desde la historia o la sociología. Más adelante volveré a esta cuestión.
Así pues, insisto: si no hay demanda social, si las instituciones vascas ya han dicho y hecho muchas cosas al respecto, ¿qué carencias en el ámbito de la memoria y la convivencia aspira a cubrir esta ponencia parlamentaria?

[2] Esta Ponencia sobre Memoria y Convivencia es consecuencia de la proposición no de ley suscrita en diciembre de 2016 por los grupos parlamentarios Nacionalistas Vascos y Socialistas Vascos. Su justificación era, si me lo permiten, un tanto sorprendente.
·         Por un lado, se afirmaba con razón que “a lo largo de las últimas legislaturas se ha desarrollado en el seno del Parlamento Vasco un intenso trabajo dirigido al reconocimiento y a la reparación de las víctimas”.
En efecto, se han hecho y se hacen ya muchas cosas en el campo de las cuestiones recogidas.
En el ámbito institucional, contamos con iniciativas previas como:
·         En los años 2001 y 2002, la Asociación de Municipios Vascos, EUDEL, adoptó el Manifiesto Institucional en Defensa de la Vida y de la Libertad, el Manifiesto Ético en Defensa del Derecho a la Vida, la Libertad y la Seguridad de todas las personas y la Carta abierta a los alcaldes vascos para impulsar la defensa de la pluralidad en el ámbito municipal.
·         Plan de Paz y Convivencia del año 2006, el Plan Vasco de Educación para la Paz y los Derechos Humanos en el año 2007 o el Plan de Convivencia Democrática y Deslegitimación de la Violencia de 2010.
·         La Ley 4/2008, de 19 de junio, de Reconocimiento y Reparación a las Víctimas del Terrorismo del País Vasco.
·         El Pleno del Parlamento Vasco aprobó, el 31 de marzo de 2011, la Proposición no de Ley 61/2011, sobre víctimas de violaciones de derechos humanos y otros sufrimientos injustos producidos en un contexto de violencia de motivación política. Esta proposición se materializó en el Decreto 107/2012, de 12 de junio, de declaración y reparación de las víctimas de sufrimientos injustos como consecuencia de la vulneración de sus derechos humanos, producida entre los años 1960 y 1978, en el contexto de la violencia de motivación política, vivida en la Comunidad Autónoma del País Vasco durante la dictadura franquista.
·         El Pleno del Parlamento Vasco, en la sesión celebrada el 11 de junio de 2015, aprobó la Proposición no de Ley 70/2015, cuyos puntos primero y tercero (el segundo es una invitación al Gobierno español “a sumarse a las políticas de reparación a las víctimas de violaciones de derechos humanos no reconocidas, como es el caso de las víctimas de abuso policial del periodo 1960-1978”), dicen así:
“1. El Parlamento Vasco reitera que ninguna causa política puede situarse por encima de los derechos humanos, y que la convivencia futura requiere el reconocimiento de la injusticia de la violencia y del daño causado, así como el reconocimiento de la dignidad de las víctimas, todas ellas merecedoras del derecho a la verdad, la justicia y la reparación”.
è ¿Se puede ir más lejos que esta declaración?
“3. El Parlamento Vasco insta al Gobierno Vasco a continuar desarrollando las políticas de reconocimiento y reparación a las víctimas de violaciones de derechos humanos provocadas por abuso de poder o uso ilegítimo de la violencia policial que se vienen impulsando desde la anterior legislatura. En este sentido, y dando continuidad a esta línea, insta a que el anunciado proyecto de ley de reconocimiento y reparación a estas víctimas que va a presentar a esta Cámara busque desde el inicio el máximo consenso social, político e institucional.”
·       Consecuencia: la Ley 12/2016, de 28 de julio, de reconocimiento y reparación de víctimas de vulneraciones de derechos humanos en el contexto de la violencia de motivación política en la Comunidad Autónoma del País Vasco entre 1978 y 1999.
·        También contamos con el denominado Mapa de la Memoria y la instauración del Día de la Memoria
·         La Dirección de Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco.
·         El Consejo Vasco de Participación de las Víctimas del Terrorismo, órgano colegiado de participación, cooperación y asesoramiento en las políticas públicas que se lleven a cabo en materia de víctimas del terrorismo.
·         Gogora, el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos nace con la misión de preservar y transmitir la memoria democrática de este país. Según establece la ley de creación de Gogora, su función será “preservar y transmitir la memoria de las experiencias traumáticas marcadas por la violencia durante los últimos cien años”.
·         Multitud de Planes Locales o Municipales para la convivencia, Casas, Foros o Centros de la paz dependientes de los ayuntamientos.
·         Y hubo una anterior Ponencia del Parlamento vasco para la Paz y la Convivencia en la pasada legislatura.
En el ámbito de competencia del Gobierno central:
·         Tenemos también el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo.
·         Ley de Memoria Histórica, aprobada por las Cortes Generales como Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura.
·         Por último señalar la Ley, aprobada por las Cortes Generales, 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección integral a las Víctimas del Terrorismo.
Además, contamos con una miríada de iniciativas sociales y académicas:
·         Fundaciones, como la Fernando Buesa, cuya actividad merece el máximo apoyo de todas las instituciones de este país. De sus muchas publicaciones, yo destacaría en este foro tres, fruto de sus Seminarios: Políticas de memoria. Qué, cómo y para qué recordar, La paz era esto. Sociedades después del trauma colectivo, y Víctimas: ¿Todas iguales o todas diferentes? Caracterización y respuestas ante un fenómeno complejo. Todas ellas accesibles en la excelente página web de la Fundación.
·         Iniciativas como Gogoan-por una memoria digna.
·         Investigaciones académicas como las recientes:
o   El informe sobre tortura y malos tratos en el País Vasco entre 1960 y 2014, dirigido por Paco Etxeberria.
o   El Informe sobre la desaparición en 1973 de José Humberto Fouz, Jorge Juan García y Fernando Quiroga, dirigido por Jon Landa y Bertha Gaztelumendi. 
o   Los estudios Misivas del terror, análisis ético-político de la extorsión y violencia de ETA contra el mundo empresarial, dirigido por Izaskun Sáenz de la Fuente, y La bolsa y la vida. La extorsión y la violencia de ETA contra el mundo empresarial, dirigido por Josu Ugarte.
o   El estudio El derecho a la memoria de lasvíctimas del terrorismo, dirigido por José Luis de la Cuesta y Gema Varona.
o   El Informe Foronda. Los contextos históricos del terrorismo en el País Vasco y la consideración social de sus víctimas, de Raúl López Romo.
·         Diversos Foros sociales locales por la paz, la convivencia, la memoria, etc. Destacar especialmente el trabajo desarrollado por Argituz, a partir de su documento El tiempo es ahora ¿Es posible una memoria incluyente de las víctimas en el ámbito local? Experiencias y desafíos.
·         Últimamente, con mucha actividad, el denominado Foro Social para impulsar el Proceso de Paz. Muy ligado a los también denominados Artesanos de la Paz. Cuya última iniciativa, la escultura “Arbolaren Egia”, inaugurada el pasado domingo en la explanada Roland Barthes de Baiona para conmemorar el primer aniversario del desarme de ETA, ha causado gran polémica y rechazo por parte de algunos colectivos de víctimas.

[3] Pero a pesar de todo ese intenso trabajo ya hecho, parece ser insuficiente: aunque no se especifica por qué.
·         “Hoy sigue siendo necesario continuar trabajando por la búsqueda tanto de una convivencia conciliada, en la que todas las víctimas reciban el reconocimiento y la reparación que merecen, como de un conjunto de compromisos vinculados a los principios democráticos y los derechos humanos, aceptando para ello como punto de partida los consensos que con mayor alcance de pluralidad han sido logrados en los últimos años”.
·         Pero además se añadía: “Así mismo, y junto al objetivo de consolidar sólidamente la paz y la normalización de la convivencia, contribuyendo también a la materialización del fin definitivo de ETA, es necesario afrontar a su vez las nuevas realidades del siglo XXI, relacionados con la gestión de valores como la diversidad y la solidaridad  en la convivencia o la educación, así como las nuevas formas de exclusión e injusticia o las respuestas a la amenaza del terrorismo internacional o la guerra”.
Ya les advierto, desde el respeto y el aprecio, que este tipo de lenguaje, “convivencia conciliada”, “consolidar sólidamente”, parece denotar una exigencia que va más allá de la realidad de cada momento: no basta con convivir, no basta con consolidar. Es como volver a confrontar paz negativa (“simple” ausencia deviolencia) y paz positiva.
También me parece que mezclar tantas cuestiones –el fin de ETA, la paz y la normalización, el reconocimiento y reparación a las víctimas, la cuestión de la diversidad, las nuevas formas de exclusión o el terrorismo internacional y la guerra- es, cuando menos, imposible de gestionar en una ponencia como esta.
Sea como sea, los demás grupos parlamentarios presentaron sendas enmiendas a la totalidad a la propuesta original:
GRUPO PARLAMENTARIO ELKARREKIN PODEMOS. "La ponencia tomará como principios rectores de su actividad:
·         La defensa de los derechos humanos como un absoluto ético irrenunciable de todo proyecto político democrático, así como del pluralismo identitario y político como elemento consustancial a la propia sociedad vasca.
·         La deslegitimación social del uso de la violencia, como garantía de no repetición en el futuro de ningún tipo de violación o vulneración de los derechos humanos, partiendo para ello de la revisión crítica de los actos y actitudes -tanto individuales como colectivas- que posibilitaron, ampararon o justificaron las múltiples formas de violencia de las últimas décadas.
·         El reconocimiento de todas las víctimas y de todos los sufrimientos injustos y la promoción de la verdad, de la justicia y de la reparación para todas ellas.
·         La apuesta por una convivencia democrática entre diferentes sobre la base de una memoria inclusiva que parta del testimonio del injusto sufrimiento que padecen todas las víctimas y cada una de ellas de forma particular.
·         La promoción de un estado de derecho democrático conforme a los más exigentes estándares internacionales en la materia".
GRUPO PARLAMENTARIO EH BILDU. "El Pleno del Parlamento Vasco acuerda la constitución en el seno de la comisión correspondiente en materia de derechos humanos de una ponencia sobre memoria, paz y convivencia en Euskadi".
  • EH Bildu, pese a apoyar la creación de la ponencia, se ha mostrado crítico con el hecho de que, a diferencia de lo que ocurrió en la legislatura pasada, su denominación no incluya el término 'paz', algo que considera "incomprensible", porque la "única violencia que persiste en la actualidad es la política penitenciaria". Es decir, no estaríamos aún en paz.
GRUPO PARLAMENTARIO POPULAR VASCO. "El Pleno del Parlamento Vasco acuerda la constitución, en el seno de la comisión correspondiente en materia de derechos humanos, de una ponencia sobre libertad y convivencia en Euskadi, que tenga como objetivo la deslegitimación social y política del terrorismo".
  • El PP no interviene esta ponencia al considerar que este órgano "no busca la deslegitimación del terrorismo".
Finalmente PNV, PSE-EE, Elkarrekin Podemos y EH Bildu han transaccionado el siguiente texto: "Su misión se concentrará en la búsqueda de amplios consensos en torno a todas las cuestiones que planteen los grupos parlamentarios en la misma, en relación con la memoria, la convivencia, las víctimas, la deslegitimación del terrorismo y la violencia, la política penitenciaria, la libertad, la paz y los derechos humanos".
·         Un planteamiento más tentativo o más humilde que el original. Sin ninguna referencia a principios o criterios normativos como los propuestos por Elkarrekin Podemos:  una forma de evitar la cuestión del “suelo ético” en la que encalló la iniciativa anterior.
Y como metodología de trabajo se ha optado por diferenciar cuatro áreas: -Víctimas, -Memoria, -Política penitenciaria y -Convivencia y Derechos Humanos
·         Una distinción que puede ser útil metodológicamente, pero muy difícil de sostener en la práctica. Por ejemplo, y en el ámbito que me toca: ¿de qué podemos hacer memoria si no es de la victimización injusta, el encarnizamiento penal, la ruptura de la convivencia o la violación de derechos humanos’

[4] En este marco de dudas, afrontaré propiamente el contenido de mi reflexión. ¿Qué relación existe entre memoria y convivencia?
Punto de partida. David Rieff en Contra la memoria: “La convicción de que la memoria es un género de la moralidad es una de las beaterías más inexpugnables de nuestra época”. Se refiere a esa famosa sentencia de George Santayana según la cual “aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo.
Es la idea del “nunca más”, fundamento de todas las comisiones de la verdad surgidas a partir de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) creada por el Gobierno argentino en 1983. Versión laica del evangélico “la verdad os hará libres”.
Pero conocer no es lo mismo que recordar.
A este respecto, un destacado historiador vasco, que en los últimos años viene desarrollando una intensa labor de investigación y divulgación sobre ETA y las víctimas del terrorismo, señala lo siguiente:
Desentrañar y explicar el pasado es cosa de los profesionales que utilizan el método histórico de conocimiento […] Esto parece evidente, pero no lo es tanto. El conocimiento del pasado se ha poblado de nuevos profesionales que nos han devuelto al fetichismo de antaño, bien aceptado en una sociedad de conocimiento epidérmico y efímero, y que privilegia lo visual. […] Por no hablar de los diversos moralistas que, muchas veces sin razón, nos advierten de los males de la cosificación histórica, de la frialdad del dato histórico frente a la potencialidad y riqueza –e imprecisión, añadiría– de otras miradas menos científicas. Aparece ahí de nuevo una de nuestras competidoras: la hermanastra memoria, a la que todos prefieren frente a la historia, casquivana aquella y rigorista esta. Efectivamente, ¡cuánto mejor que cada cual o cada grupo tengan su memoria, a su gusto y acomodo, ajenos todos a las exigencias de una historia probada, o por lo menos plausible en sus conclusiones, que nos obliga a tomar medidas, que nos hace ciudadanamente responsables!
La memoria contra la historia. De ser así, es un planteamiento que va más allá del debate académico; tiene importantes repercusiones sociales y políticas, incluso morales. ¿Nos lo hemos planteado? ¿hemos reflexionado sobre esta cuestión previa, antes de embarcarnos en la tarea de “hacer memoria” de nuestro pasado?
¿Y por qué hacer historia –que no memoria- de nuestro pasado de violencias? Esta es la respuesta que ofrece el referido historiador:
Historizando el terrorismo producido en el País Vasco en el último medio siglo, combatiríamos la ignorancia buscada por algunos poderes y bien recibida por una mayoría social vasca que prefiere olvidar, pasar página sin conocer lo ocurrido; sabríamos a ciencia cierta cómo, cuánto y en qué parte ha afectado a nuestra sociedad pasada y cómo puede estar haciéndolo a la presente y futura; nos explicaríamos lo ocurrido en sus contextos precisos, que son los que permiten conocer adecuadamente, a la vez que por eso son los que otorgan a los ciudadanos responsabilidad por lo hecho y no hecho, y sentido histórico, esto es, consideración de lo que debe cambiarse para que en el futuro no vuelva a ocurrir; y recuperaríamos y podríamos reivindicar la significación política de cada víctima para así poder protegernos de ideologías que se nutren o que utilizan procedimientos u objetivos totalitarios rechazables.
Pienso que este planteamiento combativo, militante, aunque nacido de la distinción –que comparto- entre historia y memoria, no resuelve aún la dialéctica planteada: nos sitúa en un terreno mestizo -¿pudiera ser que en la práctica  no haya otro?-, el de la historia-memorial… o el de la memoria histórica. Todavía más memoria que historia.
En todo caso, la profesional y el profesional de la ciencia social perfectamente puede, diría que hasta debe, combatir la ignorancia buscada y querida, en su caso, por los poderes políticos y hasta por la sociedad. Es su función: “Fiat sapientia (diríamos, en lugar de “justitia”) et ruat caelum”; hágase el conocimiento, aunque se derrumben los cielos. 
Pero, ¿es esta la función de un parlamento? ¿combatir la ignorancia preferida, es decir, elegida, de la sociedad?
Recientementeescribía un relevante expolítico vasco, él mismo víctima de un atentado de ETA:
Y hoy, seis años después [del anuncio del final de la actividad de ETA], el debate principal comienza a ser otro. Se observa, entre nosotros, una disyuntiva nítida en la deliberación política e institucional vasca; una vocación de memoria frente a una tentación de olvido. La comunidad vasca, a la hora de constituirse como tal, debe inspirarse, al menos en parte, en la memoria […] de las víctimas de un terrorismo que no llegó de fuera, sino que fue incubado dentro de la propia sociedad vasca. […] Así es como tiene que protegerse a sí misma, haciéndose cargo del significado y naturaleza de su pasado de sangre para establecerlo como mecanismo preventivo de repetición futura. Y desde ahí, apostar por la implementación de más medidas en el campo de la educación obligatoria y de políticas públicas transversales para que las generaciones jóvenes crezcan con consciencia plena de todo lo que su sociedad incubó y durante tanto tiempo sufrió. El riesgo de olvido es un precio que la sociedad vasca no puede pagar, que no debe pagar.
¿De verdad se puede educar “obligatoriamente” la memoria y la consciencia?
Me impresionó mucho leer una entrevista con Primo Levi, realizada por dos historiadores de la Universidad de Turín en 1983 y publicada, curiosamente, con el título de Deber de memoria. En ella, Levi hace dos confesiones que me han hecho reflexionar mucho.
La primera tiene que ver con el contenido mismo de aquello que debe ser recordado:
Tal vez sea un error mío no ir de buena gana a las escuelas. Por un lado, confieso que estoy harto de escuchar siempre las mismas preguntas. Por otro, tengo la impresión de que mi lenguaje se volvió insuficiente, que hablo una lengua diferente. Y además, debo admitir que me conmovió mucho la experiencia que tuve en una escuela en la que dos hermanos me dijeron con un tono categórico: “¿Por qué viene a contarnos su historia cuarenta años más tarde, después de Vietnam, después de los campos de Stalin, Corea, todo eso, por qué? […] Temo caer en el panegírico, como suele ocurrir. Es decir, privilegiar mi propia experiencia frente a la de los demás, aún siendo consciente de que vivo en un mundo cambiante, que progresa en un sentido pero retrocede en otro.
La segunda, con la forma en que sus dos hijos vivieron la experiencia de su padre. Levi responde a la pregunta: “Cuando se ha estado en un campo de concentración, en un lager, en qué cambia la educación que se imparte a los hijos? La deportación no sólo es una enseñanza para quien la padece, sino también para las futuras generaciones”. Esta es su respuesta:
Con mis hijos se produjo algo particular: durante quince años, ambos, con nueve años de distancia, tuvieron una reacción de rechazo. Pero pienso que se negaron a escucharme porque ya habían percibido todo. Mi casa está llena de Lager, seguramente ellos han visto los libros, las fotos, han escuchado conversaciones; los niños son muy sensibles a este tipo de cosas, ya deben de estar consciente o inconscientemente llenos de miedo y repulsión y por eso rechazaban mi discurso. Leyeron mis libros, pero no lo admiten. No les gusta escucharlo.
¡Sus propios hijos! Yo pienso en la mía…
¿Cómo actuar desde una institución como este Parlamento para hacer que las hijas e hijos de Primo Levi escuchen lo ocurrido? ¿Debe hacerlo? ¿Se puede legislar sobre esta cuestión? ¿Hacerlo no nos sitúa en la lógica propia de las instituciones democráticas representativas, que es la lógica de la mayoría/minoría? ¿No estaremos así abriendo necesariamente el conflicto entre memoria mayoritaria y memorias minoritarias? Una memoria construida sobre “la búsqueda de amplios consensos” va a ser, necesariamente, una memoria insuficiente, insatisfactoria, desencarnada… inútil. Y una memoria afirmada por mayoría será, en todo caso, la memoria de quienes la sostienen, pero no de quienes no la apoyan.
Creo que la tarea de hacer memoria corresponde a cada persona y a cada sector o grupo social.
Yo tengo mi propia memoria, que comparto en mayor o menor medida con aquellas otras personas con las que he vivido todos estos años pasados:
·       Con toda la buena gente que desde 1986 fue construyendo y sosteniendo la Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria.
·       Con todas las personas que han tenido que vivir años con protección o escolta.
·       Con quienes han sido víctimas del terrorismo de ETA, los GAL o los Grupos Armados Españoles, que asesinaron a cuatro personas en mi pueblo. A muchas he conocido personalmente.
·         También con quienes fueron acusados en el proceso 18/98, de algunos de los cuales actué como perito de la defensa.
·         O con las personas torturadas en cuarteles y comisarías, el testimonio de algunas de las cuales pude conocer de primera mano.
También tengo, claro, mis propios olvidos: todas aquellas ocasiones en las que no estuve a la altura de mis convicciones o mis discursos…
Esta es mi memoria. No me gustaría tener que consensuarla con nadie. Sí compartirla, dialogarla, contrastarla con otras, pero consensuarla o acordarla por votación, no. No creo que pueda hacerse una media aritmética entre las distintas memorias. Pueden, sí, encontrarse mínimos comunes: la pérdida del ser querido, la carne dolorida, la identidad dañada, el miedo sentido, la dignidad pisoteada, la incomprensión sufrida…

[5] También el historiador Santos Juliá distingue claramente entre memoria e historia. Aunque en este caso incorpora algunos matices de mucha relevancia. Según Juliá la memoria histórica no es más que:
una metáfora para designar un relato sobre el pasado que, a diferencia de la historia, no está construido sobre el conocimiento o la búsqueda de la verdad, sino sobre la voluntad de honrar a una persona, proponer como modélica una conducta, reparar moralmente una injusticia. La memoria histórica se plasma en relatos construidos con el propósito de reforzar la vinculación afectiva de la persona o grupo que rememora con hechos del pasado que mantienen algún significado para su vida presente.
No hay memoria que no se (re)construya desde los afectos, las emociones, las simpatías y las antipatías. Por eso no hay, no puede haber, una misma y sola memoria, sino memorias significativas para cada grupo social.
Rieff: “A esto se reduce exactamente la esencia de la memoria histórica: identificación y proximidad psicológica, en lugar de precisión histórica, y menos aún hondura política”.
La memoria es el material a partir del cual se constituyen distintas “comunidades de recuerdo” (Avishai Margalit) de muy difícil, no me atrevo a decir imposible, universalización.
Entre la memoria anémica y la memoria saturada.  ¿Puede ser cierto que, como ha señalado el historiador Santos Juliá, "un exceso de memoria produce una saturación que puede obstaculizar el juicio"? (Rieff habla de lo mismo, denominándolo "hipertimesia"). Ha escrito Juliá:
“Entre el recuerdo privado y espontáneo y la memoria como deber colectivo existe un espacio que no deberían traspasar quienes han sufrido un atentado que los convierte en víctimas […] Nadie puede actuar sobre el presente si por una saturación de memoria queda aprisionado, bloqueado, en lo ocurrido en un momento de su existencia, por muy doloroso e inhumano que el acontecimiento haya sido. En tal caso podríamos encontrarnos atrapados por una memoria que impide percibir las novedades que el tiempo se encarga de echar sobre nuestras espaldas. Atados por el pasado, seríamos entonces incapaces de afrontar el presente y abrir nuevos caminos al futuro: ése es el problema de las memorias saturadas, el problema al que un día habrán de enfrentarse las asociaciones de víctimas del terrorismo”.
Evidentemente, no sólo ellas.
¿Se ha planteado esta comisión parlamentaria si su función debe ser, puede ser realmente, la de hacer memoria, en el sentido señalado? ¿No nos sitúa esta pretensión en el terreno, delicadísimo, de la batalla por el relato? Que es batalla por los afectos, las emociones…
Batalla que, de darse, debería en mi opinión hacerse en otros ámbitos, no en este.
En este caso, tal vez sólo nos queda esforzarnos en lograr aquel ideal propuesto por Albert Camus en 1944: “Pues aunque jamás sea posible fundir en un mismo espíritu a hombres cuyos sufrimientos son diferentes, no hagamos nada al menos que pueda enfrentarlos”.

[6] Me gustaría hacer una breve consideración respecto a la supuesta necesidad de recordar para no repetir el pasado.
“Bastan unas gotas de sangre para contener en su interior toda la memoria del mundo”, escribe Ismail Kadaré en su libro Tres cantos fúnebres por Kosovo.
Rieff: “¿Y si la memoria de un caso de mal radical –incluso si se trata de la misma Shoáh- de nada sirve para proteger a la sociedad de los casos posteriores de mal radical?”. Recordemos en este sentido que los palestinos tienen su Nakba, la Catástrofe, de la que acusan precisamente a quienes fueron víctimas del Holocausto.
En la anterior Ponencia de Paz y Convivencia se incluían unos “compromisos para la garantía de no repetición”. A este respecto, tengo una buena y una mala noticia:
·         La buena: ETA no va a volver. Igual que decidió empezar, ha decidido terminar. Unilateralmente y sin contrapartidas. Se podrá decir que demasiado tarde, que aún debe representarse su disolución definitiva, lo que se quiera; pero el hecho es que ETA, como organización influyente en nuestra vida, ya no existe.

·         Ampliando esta buena noticia: Nadie va a reflotar a ETA. No ya por algo sorprendente que leíamos este pasado fin de semana: que “ETA se plantea crear una 'comisión' especial antes de su inminente disolución con el objetivo de controlar un hipotético uso de sus siglas que puedan realizar grupos disidentes”. Como si de “comisión liquidadora” de una empresa se tratara. No se va a repetir porque la fuerza política que históricamente ha legitimado a ETA ha dejado de hacerlo. Incluso participa en multitud de actos de reconocimiento a las víctimas del terrorismo: desde la alcaldía de Iruña se ponen placas a las 27 víctimas de ETA en la ciudad; en Rentería se honra a las víctimas de la localidad; se participa en el homenaje a Fernando Buesa y a Jorge Díez… Si alguien volviera a asesinar, sería como si lo hicieran los Grapo: una tragedia para las víctimas, pero irrelevante políticamente.
·         ¿La mala noticia? Que si estoy equivocado y ETA (o su reencarnación) retornara, nada de lo que hagamos ahora podría evitarlo. Porque nada hicimos para que en su momento se desencadenara, si en el futuro volviera a hacerlo tampoco sería por algo que hayamos hecho o dejado de hacer. ¿Han consultado el primero de losdenominados “Cuadernos Zutik”, editado en Venezuela en 1963 y firmado por ETA – Euzkadi ta Aszkatasuna? Su título es “Nuestra responsabilidad”. Y es que, en efecto, la violencia de ETA no se explica necesariamente por su relación con ningún problema político, ni siquiera con el problema político derivado de la siempre abierta cuestión de las relaciones: a) entre los habitantes de ese territorio, plural como pocos, que es Euskal Herria o los Países Vasco-Navarros; y b) entre estos, sea cual sea el sistema de relación que finalmente escojan, y los Estados-nación español y francés. En este sentido, el franquismo fue más una condición que una causa de la violencia. En efecto, la decisión de recurrir a la violencia no fue vivida, ni siquiera por sus protagonistas, como algo natural, espontáneo o puramente reflejo. En contra de la mayoría de las interpretaciones al uso, la violencia no apareció como “consecuencia lógica” de un estado de cosas, sino como fruto de la decisión de unas pocas personas Una decisión, por lo demás, fuertemente debatida y contestada tras la I Asamblea de ETA, cuando se discutió sobre el recurso a la violencia o a la resistencia no violenta. En el Zutik 7 se habla incluso del ejemplo de Gandhi.

[7] Albert Camus en 1946 escribió: “Un mundo donde se legitima el homicidio y donde la vida humana se considera una futilidad. Este es el primer problema político de hoy. Y antes de seguir adelante es necesario tomar posiciones con respecto a este problema. Previamente a toda realización es preciso formular, hoy, dos preguntas: «Sí o no, directa o indirectamente, ¿quiere usted que lo maten o lo violenten? Sí o no, directa o indirectamente, ¿quiere usted matar o violentar?». Todos los que contesten no a estas dos preguntas quedan automáticamente embarcados en una serie de consecuencias que deben modificar su manera de plantear el problema”.
Hoy, por primera vez en muchas décadas, en Euskadi hemos respondido que no a ambas preguntas. No queremos matar ni que nos maten; no queremos violentar ni ser violentados. Ni directa ni indirectamente.
¿Una nadería? A mí me parece que no. Que es muy importante. Y que deberíamos construir nuestro futuro a partir de esta realidad y de sus muchas posibilidades, sin sobrecargarla con demasiadas otras exigencias o aspiraciones (como la de una “convivencia conciliada”), por más legítimas o deseables que estas sean.

Miren, humildemente yo les haría una propuesta. Que cada una y cada uno, primero de manera personal, y luego como miembro de cada fuerza política, hagan memoria de su propia actuación. En privado, internamente. Profundizar en el reconocimiento del daño causado a las distintas víctimas, sin mezclarlos. Cada cual del suyo: algunas y algunos tendrán que hacerlo respecto de las víctimas de ETA, y sólo de estas; otras y otras de las del GAL, de las torturadas…
Y para no terminar así esta comparecencia, yo propondría modestamente que en los trabajos de esta ponencia intenten no caer en generalidades, que acoten muy bien aquello que en su opinión deben y pueden hacer en este preciso marco parlamentario.
Vuelvo a las dudas que planteaba al principio: ¿para quién está pensada esta ponencia? ¿desde dónde nace? ¿qué carencias aspira a cubrir?
Creo que estaremos de acuerdo en que la tarea de hacer memoria no le corresponde directamente a un parlamento, que necesariamente tiene que funcionar por consensos o mayorías. Eso le corresponde a la sociedad: a través de fundaciones como la Fernando Buesa (cuya aportación a este respecto es, vuelvo a indicar, digna de elogio y de apoyo), de iniciativas sociales, con su diversidad y hasta sus discrepancias.
En mi opinión, lo que este Parlamento podría hacer o instar a hacer es:
·         Mantener como marco ético innegociable lo declarado por el Lehendakari el 10 de marzo: BIDEGABEA IZAN ZEN / FUE INJUSTO. Radical, absoluta e injustificablemente injusto. La violencia de ETA, de los GAL y los GAE, las torturas… No hay causa ninguna que lo explique o contextualice, mucho menos que lo justifique.

·         Revisar y evaluar todo lo hecho hasta ahora por las instituciones vascas: los diversos manifiestos adoptados por EUDEL; los distintos planes de paz o convivencia; la aplicación de las leyes de reconocimiento y reparación a las víctimas; el desarrollo y efectos de las celebraciones y memoriales; el funcionamiento del Consejo Vasco de Participación de las Víctimas del Terrorismo y de Gogora… Seguro que de esa evaluación surgen abundantes buenas prácticas que apoyar y extender, así como errores de los que aprender y carencias que subsanar.

·         Impulsar y apoyar la investigación científica que ya se está haciendo sobre nuestro pasado y presente.

·         Apoyar y respaldar, como máxima institución representativa pero también a través de las distintas fuerzas políticas que lo constituyen, las iniciativas locales dirigidas a recuperar la historia, compartir memoria y consolidar convivencia. El espacio local es el más adecuado para hacer memoria. Nadie va hacer memoria por decreto o proposición de ley. La memoria eficaz será aquella que se haga en los espacios convivenciales más cercanos. En estos espacios es donde puede funcionar sinérgica y positivamente la relación entre memoria y convivencia. Pues se hará memoria cuando sea necesario y posible. En esta materia, la política institucionalizada tiene que aprender a dejar espacio a la sociedad civil.