sábado, 18 de febrero de 2017

El futuro de Europa se juega en el Mediterráneo

[1] Leo a Alain Finkielkraut desde hace muchos años. Lo leo con interés y dedicación, aunque no comparto muchos de sus juicios; o porque no comparto muchos de sus juicios: de entre las muchas autoras y autores ajenos, en principio, a mi tradición política y filosófica, Finkielkraut es uno de los que más me cuestiona y me hace pensar. Es verdad que me sentía más interpelado por el autor de La humanidad perdida (1998 [1996]) -"Que los hombres sean primero hombres y sólo después miembros de una casta o titulares de una genealogía significa que ya no pertenecen a su pertenencia. Esta irreductibilidad del individuo a su rango, a su estatuto, a su comunidad, a su nación, a su extracción o a su linaje es su libertad"- o de La ingratitud (2001 [1999]) -"Del desarraigo de los apátridas al internamiento concentracionario, la negación de lo humano ha tomado forma de desolación, es decir, de privación de suelo, de experiencia radical y desesperada de una absoluta no pertenencia al mundo"- que el último Finkielkraut de Lo único exacto (Alianza, 2017 [2015]), cada vez más obsesionado con el control de las migraciones por razones que, existiendo ciertamente en la sociedad francesa (y europea) y respondiendo a temores e incertidumbres que deben ser comprendidos antes que estigmatizados, no pueden ser "blanqueados" con la facilidad y ligereza con la que lo hace el pensador francés.
"Luchar contra el islamismo -escribe- es proporcionarse los medios para recuperar los territorios perdidos de la nación, reconstruyendo la escuela republicana entontecida, estropeada e incluso saqueada por medio siglo de reformas demagógicas, y dominando los flujos migratorios, porque cuantos más inmigrantes llegados del mundo árabe-musulmán hay, más se fragmenta la comunidad nacional y más se desarrolla la propaganda radical". ¿De verdad es el combate contra el islamismo el principal motivo para recuperar los territorios perdidos de la nación, en particular la escuela republicana?
"Dejo a los expertos -continua- la tarea de decidir si hay que elegir para los que van llegando la vía de la integración o la vía de la asimilación. Lo único que yo sé es que los habitantes de un mismo territorio no pueden vivir junto si sus relojes no marcan la misma hora. La sincronización se impone. Y es incompatible con seguir buscando, al ritmo actual, la inmigración de poblamiento".  ¡Qué simpleza la referencia al reloj! Por supuesto que la vida en común exige sincronización, pero ¿de qué tipo? ¿La sincronización metálica de un desfile militar? ¿La sinfónica y polifónica de una orquesta de música clásica? ¿La sincronización aparentemente desorganizada pero de un grupo de jazz?
"Nadie es por esencia o por fatalidad extraño a la urbanidad francesa. Para que todos lleguen a ser contemporáneos, sin embargo, no debe seguir aumentando indefinidamente el número de quienes no lo son de partida". Acabáramos. No sé lo que ocurre en Francia, pero si existe algo así como una "urbanidad vasca", quienes la cuestionan en la práctica cada día -con quedadas para enfrentarse con otros hooligans, incumpliendo las normas básicas de la seguridad en la conducción, enguarrando los espacios públicos con todo tipo de residuos, eludiendo la solidaridad fiscal...- son, en su inmensa mayoría, "contemporáneos de partida".
Y así, termina Finkielkraut reprochando al papa Francisco su discurso ante el Parlamento Europeo el 25 de noviembre de 2014 y su advertencia de que, por inacción, Europa pueda permitir que "el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio". Considera Finkielkraut que el discurso del papa contrapone y enfrenta "el corazón y la razón", desconociendo que el deber tiene que nfrentarse muchas veces a encrucijadas."Esgrimiendo la caridad cristina como único viático -escribe-, se niega a pensar en las consecuencias de la inmigración de poblaciones a los pueblos europeos". Leyendo el párrafo que incluye la advertencia del papa contra la transformación del Mare Nostrum en Mare Mortum, creo que la acusación de buenismo irracional no se sostiene:
"No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio. En las barcazas que llegan cotidianamente a las costas europeas hay hombres y mujeres que necesitan acogida y ayuda. La ausencia de un apoyo recíproco dentro de la Unión Europea corre el riesgo de incentivar soluciones particularistas del problema, que no tienen en cuenta la dignidad humana de los inmigrantes, favoreciendo el trabajo esclavo y continuas tensiones sociales. Europa será capaz de hacer frente a las problemáticas asociadas a la inmigración si es capaz de proponer con claridad su propia identidad cultural y poner en práctica legislaciones adecuadas que sean capaces de tutelar los derechos de los ciudadanos europeos y de garantizar al mismo tiempo la acogida a los inmigrantes; si es capaz de adoptar políticas correctas, valientes y concretas que ayuden a los países de origen en su desarrollo sociopolítico y a la superación de sus conflictos internos – causa principal de este fenómeno –, en lugar de políticas de interés, que aumentan y alimentan estos conflictos. Es necesario actuar sobre las causas y no solamente sobre los efectos".


[2] Hace años que vengo denunciando el mortífero Muro de Agua en el que hemos convertido el Mediterráneo. Esta tarde me gustaría poder estar en Barcelona, sumándome a la manifestación que desde las 16:00 reclama vías seguras y legales para que las personas que salen de África huyendo de la guerra, la represión o la necesidad no tengan que jugarse la vida. Desde la distancia, la estoy siguiendo en directo. Muchísima gente. ¡Qué bueno!.
El escritor sueco Henning Mankell solía decir en muchas entrevistas que la solución a la cuestión de la inmigración debería ser construir un puente entre África y Gibraltar, pagado por los europeos. No es esta una propuesta que inmediatamente pueda llevarse a la práctica, no es por tanto una solución. Pero sí es una manera provocadora de reivindicar esa naturaleza profunda de Europa como puente y no como barrera, como proyecto permanentemente abierto y no como constructo definitivamente clausurado, como geografía indecisa e indefinida y no como territorio delimitado, como apertura y no como cierre.
Claudio Magris ha dedicado muchas páginas, sobre todo las de su maravilloso ensayo El Danubio, a recordarnos que fue en sus regiones centrales (Alemania, Austria, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía), regadas por el poderoso río Danubio, donde Europa estuvo muchas veces a punto de perecer, como consecuencia de la confrontación entre religiones, culturas, naciones; y que el futuro de una Europa unida depende de que los recuerdos, las huellas y las raíces de tales confrontaciones, puedan resignificarse en un proyecto compartido.
Yo creo que si el pasado de Europa se jugó en torno a un río, el Danubio, y a su potencial tanto conector como separador, el futuro de Europa se jugará en torno a un mar, el Mediterráneo, igualmente separador o vinculador.

martes, 31 de enero de 2017

La crisis de las izquierdas


A propuesta de Alberto Surio, el pasado miércoles nos juntamos para charlar sobre "la crisis de las izquierdas". Antonio Rivera y yo mismo le dimos unas vueltas a una crisis que es general, estructural.


No sé si avanzamos algo, o si nos quedamos dando vueltas en la noria. Aquí va la conversación, tal como se publicó el domingo en el Diario Vasco:


Imanol Zubero y Antonio Rivera analizan desde el ‘mundo de las ideas’ la crisis que atraviesa la izquierda clásica europea en un contexto paradójico de aumento de la desigualdad en el que emerge el populismo del malestar. Ambos comparten la necesidad de reinventar «un nuevo modelo» que regrese a los orígenes.

–La izquierda europea vive una crisis estructural. ¿Ven luz al final?

–Imanol Zubero: Es complicado. No es una crisis coyuntural, es estructural. Habría que remontarse a los años 70, a la recomposición de la derecha neoliberal, al declive del ecosistema cultural de la izquierda.

–Antonio Rivera: A partir de los 70 comienza a sustituirse una hegemonía cultural progresista por el pensamiento conservador. Después de los felices 90, cuando parecía que se demostraba la incapacidad del capitalismo para controlarse a sí mismo, se ha visto que no ha sido así, sino al revés. Quienes provocaron esa crisis son los que están proporcionando las respuestas y en ese marasmo, quien aparentemente podía estar en condiciones de proporcionar una respuesta, simplemente volviendo a los viejos principios del keynesianismo, no ha sido capaz de hacerlo. Vemos a una izquierda clásica, la socialdemócrata, envejecida e incapacitada para responder incluso volviendo a sus viejas recetas. Pero a la vez hay otra izquierda, aparentemente más nueva, que en buena medida es todavía mucho más vieja porque vuelve a blandir el argumento de la revolución. Y eso genera mucha orfandad en mi generación, huérfana de relato y de compañeros de viaje. Quizá no llegue esa sensación a las generaciones más jóvenes.

–Zubero: No tienen esa sensación de orfandad porque han nacido sin padre, han estado en el hospicio político. En una sociedad que no quiere el asalto al Palacio de Invierno, el problema de la izquierda o del progresismo se va a parecer mucho a lo de enfrentarse a una situación revolucionaria en el sentido de un cambio estructural. La izquierda clásica seguía siendo una izquierda productivista, consumista... Y estos días conviene recordar la frase de Walter Benjamin: «Las revoluciones no son cuando la historia acelera, como pensaban los leninistas, sino cuando la historia echa el freno de emergencia». Estamos en una coyuntura muy complicada para la izquierda. La derecha, incluso la más ultra, pisa el acelerador y piensa: ya saldremos de ésta. La izquierda no puede seguir siendo la izquierda productivista de siempre, tiene que reinventar un modelo. Tenemos que ofrecer una cultura de la suficiencia cuando la izquierda no está acostumbrada a vivir con menos.

–Rivera: Desde el propio Marx se cultivó la idea de vivir con más...

–Zubero: Por eso creo que es necesario reinventar el modelo, no solo el relato.

–Hay más pobreza y más desigualdad, muchos jóvenes se han quedado en la estacada, sin expectativas.

–Zubero: Claro, en el modelo de la izquierda clásica se resolvía siempre por la vía de una mayor producción y, además, en un entorno nacional controlado.

–Rivera: Tú aumentabas la producción y facilitabas el reparto.

–Zubero: Me encanta el documental de Ken Loach ‘El espíritu del 45’ sobre el laborismo histórico después de la Segunda Guerra Mundial. Se ha roto con ese imaginario porque la comunidad de redistribución es el conjunto del planeta. Las condiciones para la izquierda clásica eran el marco de un estado donde se aumentaba esa producción.

–¿El regreso a los orígenes tampoco es entonces la solución?

–Rivera: En una parte sí, como apunta Imanol, ahí está el internacionalismo, que la izquierda siga teniendo como marco de actuación el estadonación cuando el capitalismo tiene otro marco de intervención, la globalización. Habrá que volver al discurso del internacionalismo, no al de la Primera Internacional, pero sí a la idea de que las grandes soluciones requieren grandes acuerdos. Cualquier tipo de enemigo invisible necesita un tipo de solución mundial o no habrá solución. Fijémonos por ejemplo en el control del movimiento de las personas, en el que está de acuerdo toda la derecha y, desgraciadamente, una parte de la izquierda. Tratar las soluciones país a país se está demostrando imposible. Ese regreso a los orígenes puede ser al final lo más nuevo. Porque vivimos con Trump un regreso de los antiilustrados, yo soy un ferviente partidario de la modernidad, sabiendo que no han pasado dos siglos en balde claro. Eso nos va a poner las pilas.

–Zubero: La izquierda políticamente se ha articulado de una forma muy eficaz y muy exitosa durante un tiempo en torno a la tradición marxista. Pero había otras tradiciones de la izquierda, la libertaria, el socialismo utópico, los movimientos sociales que nacen a partir de los años 50 y 60... ¿Cuál es la tradición más en crisis? Pues es la tradición científica, la que cree que el futuro está escrito en el presente.

–Rivera: Pero, sin embargo, sí que es esperanzador en eso que llamamos, con muchas comillas, ’nueva izquierda’, se haya roto la división que había entre el socialismo marxista y al socialismo libertario. A veces las han roto con mucha confusión, aplicando una mirada libertaria al funcionamiento de la sociedad y una mirada tremendamente jerárquica al funcionamiento interno, lo que ya es la cuadratura del círculo. En el caso de Podemos es evidente y chirría mucho. Pero han tenido la virtud de incorporar lo más sano de los nuevos movimientos sociales. Eso ofrece una oportunidad para que hagamos las cosas de una forma distinta.

–Zubero: El sesentayochismo tiene que ver con todo eso, con la ruptura con la izquierda militar... Un ejército como el de Napoleón es mucho más visible que una guerra de guerrillas o que el ejército de Pancho Villa. El modelo napoleónico o leninista ha hecho quiebra, hay que otras formas de lucha, hacia un modelo más capilar.

–Los perdedores de la globalización encuentran salidas en los populismos y en la extrema derecha.

–Rivera: Era magnífico el mensaje del Papa en una reciente entrevista alertando de los redentores en épocas de crisis. Como si los populismos le fueran a robar el monopolio de la redención. (Risas) No es la primera vez que ocurre en la historia, es un poco el borracho que busca la llave bajo la luz de la farola. El borracho es plenamente consciente, incluso en la estupidez, de que la llave no la perdió ahí, pero al menos hay luz. De alguna forma es lo que viene ocurriendo. Por eso se vuelve de nuevo a las fórmulas proteccionistas, que tienden a las mismas fórmulas o a la ferocidad de Donald Trump o, mutandis mutandi, al nacionalismo en nuestro paisito, el refugio en la aldea. Al cabo de dos siglos vuelve a confrontarse ese pensamiento ilustrado e ingenuo, cosmopolita, frente al viejo pensamiento antiilustrado y romántico. Es lo que vuelve a ocurrir, por desgracia, con la incapacidad de la izquierda para plantear una alternativa, o mucho peor, con la izquierda sumándose a esas tesis, aunque sea de una forma aparentemente tenue.

–Zubero: Es que esa contradicción tiene sus luces y sombras. Hay muchas reivindicaciones de arraigo, que son antiliberales, que son claramente autoritarias, pero hay otras muchas que no tienen ese componente. Un eminente filósofo escribió hace 15 años: «La identidad se muere, por fin podremos vivir como turistas en el mundo». Hay gente que tiene capital para vivir así, pero la mayoría de la gente vive sirviendo a los que se sienten turistas de vacaciones en el mundo. El problema de la izquierda es que está muy desarraigada. Cuando Winston Churchill, que no era de izquierdas precisamente, dijo que solo podía prometer «sangre, sudor y lágrimas», la gente le siguió. Pero cuando alguien nos viene diciendo ahora: las pensiones están en riesgo, la gente le responde: ¿Pero qué pensiones? ¿las tuyas? No, las mías. No hay nadie que venga a decirnos: yo voy a compartir contigo mi destino. ¿Por qué Hillary Clinton no conectó con mucha gente? Porque no le veían como uno de los suyos. Trump tampoco lo es, pero tiene un discurso que se le parece, al menos no es del establishment político.

–Rivera: Hay un asunto que es la confianza, la decisión electoral se ha convertido en algo muy parecido a cuando vamos a comprar al supermercado. En general no leemos la composición de un producto, nos fijamos más en los envases. Con la política ocurre algo parecido. Hay una ruptura de públicos, hay una desconexión de generaciones, y no solo de las más jóvenes, hacia determinadas marcas tradicionales. La izquierda clásica se lo tendría que hace mirar. Hay algo de ruptura con las élites en todo esto.

–Zubero: La izquierda se ha desclasado, nos hemos desclasado, nos hemos convertido en gente del mundo de la élite, del mundo de las ideas, de las grandes afirmaciones. Y eso ha cambiado el paisaje. Si a una persona de la derecha le pillas en falso, se ríe, pero a una persona de la izquierda no la puedes pillar en falso. Por eso la primera pregunta que se hace es: ¿pero tú dónde mandas a tus hijos a estudiar? ¿Dónde compras? ¿Dónde vas de vacaciones?

–Y todo eso con una clase media desplomada.

–Rivera: Sinceramente no creo que la clase media se haya desplomado.

–Zubero: Yo tampoco, quien ha pagado la crisis es la gente más pobre, seguramente hay más una ruptura de expectativas.

–Rivera: Sobre todo para los nuevos.

–Zubero: Las unidades familiares en las que el cabeza de familia tiene menos de 30 años han perdido el 23% de su riqueza.

–En este escenario tan convulso, ¿la narrativa izquierda-derecha tiene vigencia?

–Rivera: Yo creo que sí, que creo que tiene que seguir teniendo vigencia.

–Hay quienes sostienen que es un eje ideológico superado...

–Rivera: Claro, los que viven a cuenta de superar esa barrera, pero tiene que haber un discurso que interprete bien esa vigencia. Hay que seguir manteniendo esa dicotomía porque hay una diferencia clara entre quien tiene y quien no tiene, entre quien manda y es mandado. Otra cosa es si somos capaces de acertar con un relato que dé soluciones a los que nos interesan. Otro tipo de discursos, los populismos, algunos son nuevos y otros llevan toda la vida vendiendo el mismo producto, apelan a valores que trascienden este juego: el lugar, la cercanía, la aldea, la nación, la condición de pueblo, la grandeur o el ‘América primero’ de Trump. Y cuidado, porque después del fracaso del populismo de izquierda, viene la derecha más voraz.

–Zubero: Sí, pero hay que recordar que el populismo de izquierda viene también por el fracaso previo de la socialdemocracia. Durante muchos años para ser de izquierda bastaba con ubicarse en la izquierda, con apelar a la tradición familiar o si habías nacido en la Margen Derecha o en la Margen Izquierda. Salvo que tengamos una alternativa, y no la veo, me parece un error renunciar a esa dicotomía. Como decía ‘El Roto’ en una viñeta, la izquierda y la derecha parecen iguales hasta que las ves de cerca. Llamémoslo como queramos, pero hay políticas que nos llevan a un lado y otras a otro. Obama era de izquierdas o de derechas? Pues lo no sé, pero sé a dónde vamos con Trump.

–Rivera: Lo peor es que la izquierda no espabiló con Reagan y con Thatcher y se comió parte del discurso conservador. La tercera vía de Tony Blair fue el principio de nuestros males. Se están pagando ahora los platos rotos de aquello. Fue Blair, Clinton, Schröeder, los últimos años de Felipe González o de Zapatero... se compró la mercancía ideológica de la derecha para hacer más suave la revolución conservadora. Y el discurso hegemónico conservador se instaló entre nosotros y aquí sigue. Acaba de morir Bauman con el discurso de la Ilustración y el progresismo sin necesidad de ir con la bandera roja por la calle.

–¿Cómo ven la relación entre el PSOE y Podemos?

–Rivera: Como decía aquel chino, es temprano. Hay que esperar y ver con la perplejidad qué pasa con el se ve amenazado por el sorpasso y con la extraña de ambición de quien cree que todo su objetivo pasa por matar al padre o al hermano mayor. Cuando pase el tiempo habrá que ver cómo se pone en relación lo que es una izquierda más clásica con una que aparece como más moderna. Ya ocurrió con los verdes alemanes y eso ha obligado a la socialdemocracia a establecer nuevas relaciones. Que van a tener que entenderse es inevitable, aunque se estanquen. Si no, va a ser una bicoca para Mariano. Si esas izquierdas no entran en una relación más llevadera, seguirá la derecha por muchos años en el poder.

–Zubero: Me da la impresión de que entre las bases no se va a producir ese acercamiento. Hay dos culturas. Hay gente que cuando compra el producto ya ni mira la marca PSOE en el supermercado. Eso pasó en un tiempo en Euskadi con mucha gente de izquierda que pasábamos del socialismo. Eso se rompió con el Gobierno de Patxi. Pero la gente más joven no ve al Partido Socialista como una opción. Pongo el caso de mi hija de 18 años. Errejón le gusta porque le parece ‘cuqui’, pero a la hora de votar se plantea hacerlo al Partido Animalista. Ni siquiera Podemos es consciente de lo que está pasando.

–Rivera: Ahí se plantea una fractura generacional. Yo tengo un hijo de casi 30 años, que habitualmente ha votado al Partido Socialista, que en las últimas veces votó a Podemos con el argumento tan sólido, y él es sólido, de que «es que soy joven». La izquierda que se percibe como viejuna se lo tiene que hacer mirar. Pero luego esa aparente nueva izquierda vuelve a principios típicamente revolucionarios y eso me llena de perplejidad. Me altera cómo se instalado esa visión de la política como querencia cuando sabemos que la política consiste en la gestión de la distancia de un deseo y la dificultad para hacerlo posible, en la gestión del ‘mientras tanto’. En el PSOE el debate de fondo es de ideas, pero creo que Patxi López, dentro de la provisionalidad, es las mejores soluciones para suturar las heridas.

–También se presenta Pedro Sánchez.

–Rivera: Puede incluso ganar y meter al PSOE en un nuevo callejón sin salida.

–Zubero: El problema no es tanto de Patxi o no, es más profundo, tiene que ver con la necesidad de una mirada más a largo plazo. Siempre les digo a los líderes del PSE que hay más socialistas vascos fuera que dentro. En los partidos pasa como en el Vaticano, se sabe que el problema no es el Papa, está más en la Curia. Pues eso.
 

lunes, 9 de enero de 2017

De olvidos, recuerdos y memorias

Cinco libros que, desde perspectivas muy diversas, coinciden en la temática del recuerdo y del olvido.

[1] El primero es El gigante enterrado, del escritor nacido en Nagasaki pero afincado desde niño en Inglaterra Kazuo Ishiguro (Anagrama, 2016). Un libro hermoso y complejo, que exige ser leído y releído.
En una Inglaterra medieval, habitada por sajones y britanos mutuamente recelosos, en cuyos páramos aún acechan los ogros, dos ancianos, una pareja de ancianos, Axl y Beatrice, se obsesionan con la idea de que existe un pasado que han olvidado, del que sólo recuerdan retazos. Como el resto de sus vecinos sufren una extraña amnesia -"Resulta raro el modo en que el mundo olvida a las personas y las cosas de ayer mismo y del día anterior a ése. Como si una enfermedad se cerniera sobre nosotros"- pero, a diferencia del ellos, Beatrice y Axl empiezan a tomar conciencia de esta situación. Impulsados por estos retazos de recuerdos y aún dudando de su realidad, parten a la búsqueda de un hijo que, creen recordar, vive en un pueblo a unos días de camino. En su viaje se encontrarán con Wistan, un misterioso guerrero sajón, y con Sir Gawain, sobrino del rey Arturo y único superviviente de sus míticos caballeros, ambos vinculados por la misión que deben cumplir en relación a Querig, la última de los dragones, a la que se achacan todos los males que los amenazan, incluida la niebla que debilita sus recuerdos. Pero esa misma niebla puede ser lo único que permita que los viejos agravios permanezcan atemperados y que una frágil paz reine entre antiguos enemigos: "Sin el aliento de este dragón hembra, hubiese llegado alguna vez la paz? [...] Pensadlo, señor, cuando este aliento cese, ¡qué despertará a lo largo de estas tierras aunque hayan pasado tantos años!".
Se encontrarán también, al principio y al final de la historia, con un barquero que transporta a los viajeros hasta una isla de extrañas cualidades, en la que las personas que la habitan vagan por sus prados y bosques en completa soledad, intuyendo apenas la presencia de otros moradores. Aunque hay excepciones: "Alguna que otra vez se puede permitir a una pareja cruzar a la isla juntos, pero es algo muy poco habitual. Requiere que exista entre ellos un fuerte lazo de amor. Sucede algunas veces, no voy a negarlo; por eso cuando nos encontramos con marido y mujer, o incluso con unos amantes no desposados, esperando a cruzar, es nuestra obligación interrogarlos escrupulosamente. Porque nos permite valorar si su lazo es lo bastante fuerte para poder cruzar juntos". Y en la anciana pareja surgirá el temor de que su amor actual se vea afectado afectado en el caso de que, con la recuperación de sus recuerdos, regresen también agravios y peleas que debiliten sus sentimientos mutuos. "Princesa -Axl siempre se refiere así a su esposa, Beatrice-, podemos lograr que todos estos recuerdos vuelvan. Además, lo que mi corazón siente por ti seguirá estando ahí, da igual lo que recuerde y lo que haya olvidado. ¿No sientes tú lo mismo, princesa?".
Al final la niebla se disipará. Y Axl y Beatrice sabrán por fin si su amor sobrevivirá a la lucidez recién recobrada.

[2] El segundo libro es Nosotros en la noche, del norteamericano Kent Haruf (Random House, 2016).
Con enorme sencillez, narra una de las historias que más me han emocionado en los últimos años.
Resultado de imagen de haruf nosotros en la noche"Me preguntaba si querrías venir alguna vez a casa a dormir conmigo. [...] Me refiero a que los dos estamos solos. Llevamos solos demasiado tiempo. Años. Me siento sola. Creo que quizá tú también. Me pregunto si vendrías a dormir por la noche conmigo. Y a hablar. [...] No estoy hablando de sexo. [...] Yo hablo de pasar la noche. de acostarse calentitos, acompañados. Meterse juntos en la cama y que te quedes toda la noche. Las noches son lo peor, ¿no crees?". La novela comienza cuando Addie se presenta en la puerta de su vecino Louis con esta sorprendente propuesta.
Vecinos durante cuarenta años, viudos ambos, noche tras noche se irá desarrollando una delicadísima historia de amor y descubrimiento, sometida al implacable escrutinio de su entorno social y familiar.
No digo más. Recomiendo sin duda su lectura. Como digo, me ha emocionado y me ha hecho reflexionar.

[3] Cambiando totalmente de temática y de estilo narrativo, pero también situado en el ámbito de la memoria, en este caso colectiva, está el libro del novelista sueco Per Olov Enquist La partida de los músicos (Nórdica, 2016).
El libro nos sitúa en la Suecia de principios del siglo XX, y en los baldíos intentos por impulsar en las zonas rurales del norte del país la conciencia socialista y sindicalista. "Uno se olvida a veces de que la situación antes era otra". En efecto, hubo un tiempo en que la ejemplarmente socialdemocrática Suecia fue, con la excepción de la capital, Estocolmo, un territorio abiertamente hostil al mensaje modernizador y progresista de la socialdemocracia. La novela de Enquist refleja a la perfección unas comunidades campesinas, dominadas por la iglesia y los patronos, visceralmente enfrentadas al "repugnante enemigo del sur de Suecia, es decir el de Estocolmo", con quien ni siquiera comparten idioma. En este sentido, es de destacar el esfuerzo realizado en la traducción castellana para reflejar la distancia lingüística entre el sueco culto y urbano y el dialecto hablado en el norte, para lo que han recurrido a una variante del aragonés pirenaico: "A él l'heban clamau amarillo y esquirol y l'heban apaliau aunque lo único qu'heba feito yera... triballar".
Una historia que contrasta con la posterior evolución de Sueciay que, por eso mismo, resulta tan interesante:
"Sin embargo, fue así como empezó. O mejor dicho: lo extraordinario fue que pese a todo empezase. En esta calma blanca, casta".

[4] Abandonamos el terreno de la ficción, pero no el de la memoria. Hace tiempo que decidí, por muchas razones, tomar la mayor distancia posible de todas las publicaciones, análisis e iniciativas relacionadas con la "cuestión vasca" que proliferan tras anunciar ETA el final de su actividad terrorista. Por eso, cuando apareció el libro de Edurne Portela El eco de los disparos (Galaxia Gutenmebrg, 2016), no hice otra cosa que hojearlo con escepticismo en los estantes de Cámara y dejarlo a un lado. Pero han sido muchos años de pensar, escribir, leer y actuar sobre el tema como para poder quitarme del mismo sin recaídas. De manera que acabé comprándolo y leyéndolo.
Resultado de imagen de portela el eco de los disparos
No me arrepiento; es un libro serio. A pesar de que no puedo estar más alejado de la experiencia y del punto de vista de la autora. Nacida en 1974 en Santurce, en las primeras páginas del libro escribe que en los conciertos del rock radical vasco a los que acudía (supongamos que con 16 años, es decir, allá por 1990) "coreábamos, aunque no nos lo creyéramos gora ETA militarra", o que en aquellos tiempos "la sociedad en general no se inmutaba ante el asesinato"; mi experiencia es muy otra: en aquellos tiempos ya había quienes coreábamos NO a ETA y nos movilizábamos contra los asesinatos. Lo hacían también jóvenes de la edad que por entonces tendría Edurne Portela (yo ya era más viejo); lo hacían también en su localidad de origen. Me extraña la escasa presencia que en su reflexión tiene la experiencia de esos "otros pocos [que] han sido testigos comprometidos en denunciar la violencia" ausencia que en mi opinión debilita su pretensión de contar el "conflicto vasco" desde la perspectiva del "testigo".
En cualquier caso se trata de un libro comprometido cuyo punto de partida, aunque parcial por la ausencia referida, resulta analítica y normativamente esencial: "El punto de partida desde el que me he situado es el de una imaginación contaminada, dañada y disminuida por décadas de violencia, silencio e indiferencia, limitada a la hora de pensar al otro, lo cual ha supuesto un abandono de las víctimas de la violencia, una incapacidad para imaginar el dolor ajeno, una aceptación de las normas de 'convivencia' impuestas por los más violentos". Desde esta perspectiva el libro, excelentemente bien escrito, indaga sobre la posibilidad de "ampliar esa imaginación contaminada para espacio a la representación, desde los matices y la complejidad, de víctimas y perpetradores", a partir del análisis de diversas creaciones literarias y audiovisuales.
Es en este análisis donde la autora se la juega, con su crítica a Ocho apellidos vascos (ver comentario al respecto en El País) y su escaso aprecio por la obra de Kirmen Uribe y de Fernando Aramburu. (En una crítica del libro en El Cultural, realizada con desgana, se sale del paso con fórmulas como esta: "En cuanto a los relatos, la autora destaca los de Jokin Muñoz, Iban Zaldua y por supuesto Fernando Aramburu"; en realidad, lo que Portela escribe  respecto de la obra de Aramburu es que esta no ha sido "ni la única ni la más comprometida").
Frente a estas producciones literarias y audiovisuales elevadas al Olimpo de la nueva narrativa post-ETA, Edurne Portela opta por otras menos conocidas, menos valoradas y, en algún caso, directamente tachadas de equidistantes, como los documentales Asier eta Biok (Aitor Merino, 2013) y Echevarriatik Etxeberriara. Oiartzun: Indarkeriarekin bizi izan den herri baten kronikak (Ander Iriarte, 2014), las novelas y relatos Letargo, de Jokin Muñoz (Alberdania, 2014; originalmente en euskera, Bizia Lo, Alberdania, 2013) y Twist, de Harkaitz Cano (Seix Barral, 2013; originalmente en euskera, Susa, 2011) o las fotografías de Clemente Bernard.
Nada más lejos de ser la "intelectual de moda del PP", como regurgitaba un euskotroll en el blog de Iñaki Anasagasti.

megustaleer - Born to Run (edición en lengua española) - Bruce Springsteen[5] Y termino con las memorias de Bruce Springsteen, Born to Run (Random House, 2016). Un luminoso ejercicio de honestidad a lo largo del cual el que el mito se desnuda absolutamente para compartir su infancia, sus tensas relaciones familiares y amorosas, su insólito empeño de obrero de la música, su aventura musical y humana con la E Street Band (conmovedor su relato de la muerte del icónico saxofonista Clarence Clemons), su combate permanente por no perder sus raíces de clase trabajadora. Y el abismo de la depresión, que le ha obligado a vivir bajo tratamiento durante una quincena de años: "No podía vivir así, no para siempre. Por vez primera, sentí que comprendía lo que impulsaba a algunas personas al abismo. El hecho de entenderlo, de poder sentirlo, me vaciaba el corazón y me dejaba aterrado. Aquí no había vida, tan sólo una irritante angustia existencial incrustada en mis huesos". Algunas perlas:

  • "Acerca de mi voz. En primer lugar, no tengo demasiada. Dispongo de la potencia, registro y durabilidad de un hombre que toca en los bares, pero no demasiada finura ni belleza tonal. [...] Mi voz hace bien su trabajo. Pero es el instrumento de un currante y, por sí sola, no va a propulsarte más arriba. Debo usar todas mis habilidades para tirar adelante y poder comunicar con hondura".
  • "Somos una nación de inmigrantes y nadie sabe quién está entrando por nuestras fronteras hoy en día, pero su historia podría añadir una página significativa a la historia de nuestro país".
  • "Para cuando cumplí los cincuenta ya había conocido a muchos de mis héroes (Sinatra, Dylan, Morrison, McCartney, Orbison) y lo había disfrutado, aunque seguía considerándoles muy alejados de mi persona. Seguían significando tanto para mí que no podía refrenar mis sentimientos de fan alucinado".
  • Refiriéndose a la canción "Worlds Apart", del disco The Rising, y a la participación en la misma de los paquistaníes Asif Ali Khan: "El 11-S había sido una tragedia a nivel mundial. Quise voces orientales, la presencia de Alá. Quise hallar un lugar donde los mundos chocase y se encontrasen".
  • "Tras la quiebra de 2008, me sentía furioso por lo que habían hecho algunas empresas financieras de Wall Street. Wrecking Ball era un disparo rabioso contra una injusticia que aún continúa y se ha extendido con la desregularización, las agencias reguladoras disfuncionales y el capitalismo salvaje [...]. Había estado siguiendo el trauma de la Norteamérica postindustrial, el aniquilamiento de nuestra fuerza industrial y de la clase trabajadora, y había escrito sobre ello durante treinta y cinco años. Así que me puse manos a la obra. [...] Si se puede hacer tanto daño a los ciudadanos de a pie sin asumir básicamente ninguna responsabilidad, entonces el juego ha terminado y el fino velo de la democracia se rebela como lo que es, un disfraz superficial para una creciente plutocracia que se ha instalado aquí y ahora de modo permanente".

miércoles, 4 de enero de 2017

John Berger: ha muerto un resistente

[...] hoy en día no sólo están desapareciendo y extinguiéndose especies animales y vegetales, sino prioridades humanas que, una tras otra, están siendo sistemáticamente rociadas, no de pesticidas, sino de eticidas: agentes que matan la ética y, por consiguiente, cualquier idea de historia y de justicia.
Especialmente atacadas se ven aquellas de nuestras prioridades que proceden de la necesidad humana de compartir, legar, consolar, condolerse y tener esperanza. Y los medios informativos de masas nos rocían día y noche con eticidas.
John Berger, "El coro que llevamos en la cabeza"El País, 26 agosto 2006.

El mundo ha cambiado. La información se comunica de manera diferente. La desinformación desarrolla sus técnicas. Migrar se volvió el principal medio de supervivencia, a escala mundial. Militarmente hablando, el Estado nacional de quienes sufrieran el peor genocidio en la historia se volvió fascista. Los Estados nacionales se han reducido en lo general y, políticamente, su papel se minimizó a uno de vasallos al servicio del nuevo orden económico. El visionario léxico político de tres siglos se tiró a la basura. El Fin de la Historia, lema global de las corporaciones, no es un vaticinio: es una orden para borrar el pasado y lo que nos legó en todas partes. En suma, ya quedó establecida la tiranía global, económica y militar de hoy. 
Al mismo tiempo se descubren nuevos métodos de resistencia ante esta tiranía. Al interior de la oposición creciente, la cooperación natural reemplaza la autoridad centralizada. En vez de obedecer, los rebeldes deben confiar más en sí mismos. Las alianzas urgentes en asuntos específicos sustituyen los programas de largo plazo. La sociedad civil aprende las tácticas de guerrilla de la resistencia política y comienza a practicarlas. 
Hoy el deseo de justicia es multitudinario. Esto significa que las luchas contra la iniquidad, las luchas por la supervivencia y la dignidad propias, en pos de los derechos humanos, no deben nunca considerarse en términos de sus demandas inmediatas, de la organización que las haga posibles o de sus consecuencias históricas. Ya no pueden reducirse a «movimientos». Un movimiento describe un gran grupo de personas que colectivamente se mueven hacia un objetivo definido, el cual logran o no pueden lograr. Pero dicha descripción ignora, o no tiene en cuenta, las innumerables decisiones personales, los encuentros, las iluminaciones, los sacrificios, los nuevos deseos, los pesares y, finalmente, las memorias que ese movimiento hace emerger y que, en sentido estricto, serían incidentales. 
La promesa de un movimiento es su victoria futura, mientras que las promesas de esos momentos incidentales tienen un efecto instantáneo. En su intensidad vital o su tragedia, tales momentos incluyen aquellas experiencias de una libertad en la acción. (La libertad sin acciones no existe.) Momentos así son trascendentales, como ningún «resultado» histórico puede serlo. Son lo que Spinoza denominaba lo eterno, y son tan multitudinarios como las estrellas en un universo en expansión. 
No todos los deseos conducen a la libertad, pero la libertad es la experiencia de un deseo que se reconoce, se asume y se busca. El deseo no implica nunca la mera posesión de algo, sino la transformación de ese algo. El deseo es una demanda: la exigencia de lo eterno, ahora. La libertad no constituye el cumplimiento de ese deseo, sino el reconocimiento de su suprema importancia. 
Hoy, el infinito está del lado de los pobres.
John Berger, "El infinito, ahora", Con la esperanza entre los dientes, Alfaguara, 2010 

domingo, 1 de enero de 2017

Invierno extraño y dos lecturas sobre pastores y lobos en el Distrito de los Lagos (y un apunte personal sobre Beatrix Potter)

[1] Otra vez "invierano" en la Montaña. Amaneceres helados (10 grados bajo cero marcaba por las mañanas el termómetro junto a la Olma) que dan paso a días luminosos. El monte está seco, y por los valles y camperas corren las ciervas, en un paisaje casi veraniego. Pero la cara norte de los montes está helada, con el riesgo que ello supone. Es el reino de los rebecos.



Curavacas
De izquierda a derecha: Tres Provincias, Peña Prieta y Pico del Infierno, desde el Collado del Arra


 
Cara norte del Espigüete



[2] En los últimos años parece haber un renovado interés por las cuestiones relacionadas con la vida y las tradiciones del mundo rural. Al menos en el ámbito editorial. Pero si se publica sobre estas cuestiones será porque también se lee. Creo que el éxito de estos libros indica la existencia permanente en nuestras sociedades de un profundo deseo de vivir vidas más sencillas, más cercanas a los ritmos de la naturaleza y más respetuosas con esta. 
Resultado de imagen de rebanks el libro del pastorUno de los libros que mejor reflejan esta aspiración a una vida más sencilla es La vida del pastor, de James Rebanks (Debate, 2016).
El autor es aún joven (nació en 1974). Estudiante desmotivado en su infancia, descubrió la lectura gracias a su madre y ya de mayor estudió en la Universidad de Oxford, pero siempre con el objetivo de continuar con el oficio de su familia: “Los individuos viven y mueren, pero las granjas, los rebaños y las viejas familias permanecen”. El libro es un canto de amor y compromiso hacia su tierra, el Distrito de los Lagos, en el noroeste de Gran Bretaña, muy cerca ya de la frontera escocesa, hacia sus gentes y hacia sus modos de vida y tradiciones: “Si soltaras a un vikingo aquí conmigo sobre esta colina, entendería perfectamente cómo funciona lo que estamos haciendo y cuál es el patrón básico que sigue nuestro año agrario”.
Entre estas tradiciones destaca la propiedad y gestión comunal de una buena parte de las tierras (el autor dice que en los Lagos existe la mayor concentración de tierra comunal que queda en toda Europa occidental). Unas tierras y unos modos de vida que sólo se mantienen gracias a las personas que, como James Rebanks, su familia y sus vecinos, se han comprometido absolutamente con ellos. Convencidos de que estos modos de vivir y de producir no sólo encierran pasado sino que también están cargados de futuro: “Nuestro sistema agrario no trata de maximizar la productividad, sino de producir aquello que este paraje permite de forma sostenible. A las comunidades tradicionales les llevó miles de años aprender, por el método de ensayo y error, cómo vivir y trabajar el campo con las limitaciones de entornos difíciles como el nuestro. Olvidar sus lecciones o permitir que esos saberes quedaran en desuso sería una idiotez. En un futuro sin combustibles fósiles y en el que nos amenaza el cambio climático, es posible que vayamos a necesitar todos esos saberes de nuevo”.
Aunque repleto de hermosas descripciones de los paisajes y las formas de vida del Distrito de los Lagos, su relato está muy alejado de cualquier visión romántica de la vida rural: en sus páginas hay mucho y muy duro trabajo, olor a estiércol, sangre de animal enfermo o parturiento, frío invernal, dificultades económicas . También encontramos interesantes reflexiones sobre las colisiones que se dan entre los autóctonos y las personas que acuden a la zona por su belleza, como turistas o construyendo nuevas residencias para el verano: “Siempre puedes saber cómo de ajeno a nuestro mundo es alguien por el nivel de terror que le produce el estiércol”.

Por casualidad le había echado el ojo a otro libro, en este caso una novela: La frontera del lobo, de Sarah Hall, cuya historia transcurre también en el Distrito de los Lagos. Casi puede leerse como una especie de envés del libro de Rebanks: la trama central gira en torno al proyecto de un excéntrico duque, propietario de grandes extensiones de terreno, de reintroducir al lobo en los campos y los bosques británicos, tarea para la que contrata a Rachel Caine, oriunda de la zona, pero que lleva una década estudiando a los lobos en Idaho. Sobre esta trama encontramos otras subtramas, excelentemente entreveradas: la maternidad en solitario, las relaciones familiares y hasta el proceso independentista escocés (que juega un papel esencial en el desenlace de la historia). Lo he disfrutado muchísimo. Tanto que ya estoy a la caza de algún otro libro de esta autora, que según creo no tiene nada más publicado en castellano: lo que es una lástima. Empezaré por The Carhullan Army, una distopía que parece de lo más atractiva.

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[3] Por cierto, desde hace años mantengo una vinculación emocional muy particular con el Distrito de los Lagos a través de los hermosos cuentos escritos e ilustrados por Beatrix Potter, y que fueron los favoritos de mi hija en sus primeros años de vida. Especialmente la historia de Peio Untxia (Peter Rabbit, en el original inglés, Perico el conejo travieso en su traducción castellana), librito que siempre llevaba consigo cuando salíamos a la calle. Y que conserva las huellas de sus deditos (y de sus primeros dientes).



Beatrix Potter (1866-1943) fue una mujer enormemente interesante, inconformista, que se rebeló contra las convenciones sociales de la estirada, clasista y patriarcal Inglaterra Victoriana. Hay una película sobre ella muy recomendable, Miss Potter (Chris Nonan, 2006). Potter vivió desde 1905 en el Distrito de los Lagos y, enamorada de esas tierras y de sus modos de vida, dedicó su fortuna a adquirir granjas y terrenos que cedió a la National Trust for Places of Historic Interest or Natural Beauty. James Rebanks lo recuerda en su libro: "El territorio que vamos a recoger hoy no nos pertenece a nosotros, sino a la Fundación Nacional para Lugares de Interés Histórico o de Belleza Natural. Otras colinas tienen otros propietarios, pero disfrutamos de un antiguo derecho legal que permite que un número determinado de ovejas pasten en ellas. Gran parte de estas extensiones de tierra montañosa fueron adquiridas por acaudalados benefactores, como Beatrix Potter, y cedidas después a la Fundación Nacional, en la confianza de que aseguraría la protección tanto del paisaje como de la forma de vida única que este alberga".
Para empezar a disfrutar de sus historias, Las aventuras de Perico y Benjamín, con la evocadora intro de Miriam Stockley, "Perfect Day"

lunes, 14 de noviembre de 2016

Abstención y edad

Sondeo electoral de Celeste Tel para EL DIARIO.
Aunque no es nuevo, llama mucho la atención el distinto comportamiento del voto en función de la edad. Sobre todo la marcada tendencia a la abstención entre el electorado más joven.
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sábado, 12 de noviembre de 2016

En el Mirador de San Nicolás, cuando Leonard Cohen ya se había ido

Casi un mes sin poder acercarme hasta aquí. Literalmente: no he tenido tiempo material para hacerlo, aunque ganas y temas no me han faltado. Pero me ha tocado, además de las clases en la UPV/EHU, desplazarme como un animoso feriante a Osorno, Tarragona, Vitoria, Madrid, Donostia, Zaragoza o Granada.
Precisamente este pasado lunes me encontraba en Granada para impartir clases en un máster. Tenía la tarde libre, una tarde luminosamente soleada, aunque fría. Y aproveché para cumplir con uno de mis más queridos rituales: ascender las callejuelas del Albayzín hasta el Mirador de San Nicolás para desde ahí, contemplar la Sierra Nevada (claro), admirar la Alhambra (¡cómo no!) y, sobre todo, dejarme sugerir por la leyenda que que aparece en la fachada del Restaurante "Estrellas de San Nicolás", a la izquierda según miramos hacia la Alhambra: "Casa de la tradición y la traducción". Un detalle cuya historia y significado nadie me ha sabido explicar y, lo que es más curioso, pasa desapercibido para la mayoría de la gente que sube hasta el Mirador. El caso es que a mí me fascina: traducir la tradición. Casi mejor me quedo sin saber la historia de este letrero, no sea que la explicación resulte tan banal que me desilusione.


El caso es que yo estaba en San Nicolás el lunes. El mismo día que, según parece, falleció Leonard Cohen, aunque no supimos de su muerte hasta el miércoles. Leonard Cohen: poeta y cantatutor esencial, enamorado de Lorca y de Granada, contemplativo también en el Mirador de San Nicolás.

Fuente: Ideal

Ahí grabó el vídeo de su canción "Take This Waltz". Ahí estaba yo, el lunes, sin saber que Leonard Cohen ya nos había dejado.