martes, 19 de abril de 2016

SOS Errefuxiatuak: No al acuerdo UE-Turquía



Debemos movilizarnos, mucho más ahora que se plantea la posibilidad de que la UE intente "externalizar" a las refugiadas y refugiados también a Libia.

sábado, 16 de abril de 2016

Compartir el conocimiento tradicional

A finales de febrero me llamó la atención una brevísima noticia en un periódico titulada “La sabiduría indígena mejoraría Europa”. Como he podido averiguar tras buscar más información, en ella se hacía referencia a un estudio desarrollado por un grupo de investigación de la Universidad Autónoma de Barcelona que durante año y medio ha estudiado sobre el terreno la naturaleza adaptativa de la cultura y los beneficios del conocimiento ambiental local de las comunidades de los Punani Tubu (cazadores recolectores de Borneo), los Baka (seminómadas de la cuenca del río Congo) y los Tsimane (recolectores-horticultores de la Amazonía boliviana). Aunque las sociedades estudiadas parezcan muy alejadas de nuestra realidad, los resultados de la investigación apuntan a formas alternativas de producir y usar el conocimiento que podrían tener una profunda relevancia en nuestras sociedades. 

Estos resultados se pueden resumir en dos grandes ideas. La primera, bastante evidente, es que en las sociedades indígenas aún existentes los individuos que gozan de un mayor conocimiento de los recursos naturales, de sus tradiciones y sus creencias milenarias, tienen una mayor capacidad para obtener alimentos y para proteger su salud. En efecto, como cabe esperar, cuanto mejor se conoce el entorno en el que se vive, mejor se aprovechan las oportunidades que este entorno ofrece. Pero el segundo resultado de la investigación sí me parece más destacable: a pesar de su privilegiada situación, estos individuos con mayores conocimientos no gozan de un mejor estado nutricional o de mayor bienestar general que el resto de miembros del grupo, debido a que en esas sociedades predomina el intercambio de información y el reparto general e igualitario de los recursos. Se trata de conocimientos que, a diferencia de lo que ocurre en nuestras sociedades mercantilizadas, no son concebidos como patrimonio eminentemente personal, como un recurso privado que sirve para mejorar mis opciones individuales, sino como un recurso colectivo, patrimonio de la comunidad, que por lo tanto debe ser compartido para que todas las personas se beneficien del mismo.
Cuando leí esta noticia, lo primero que se me ocurrió fue preguntarme si hacía falta ir tan lejos para poder llegar a conclusiones parecidas. Y me parece que no, que también aquí, en España, en Europa, tenemos un importante caudal de “sabiduría indígena”, de conocimiento tradicional, que merece la pena conocer, recuperar y extender. 
Un buen ejemplo lo encontramos en el libro Inventario español de los conocimientos tradicionales relativos a la biodiversidad, publicado en 2014 por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. 
El libro define el conocimiento tradicional como el “conjunto de saberes, valores, creencias y prácticas concebidos a partir de la experiencia de adaptación al entorno local a lo largo del tiempo, compartidos y valorados por una comunidad y transmitidos de generación en generación”. Consecuencia de siglos de adaptación al entorno, estos conocimientos tienen un enorme potencial para afrontar un futuro lleno de incertidumbres, donde la sostenibilidad es el factor clave, por lo que las prácticas tradicionales deberían constituir una referencia clave en la gestión de los territorios donde se han generado y desarrollado. Los autores consideran necesario “documentar estos saberes antes de que desaparezcan para siempre”. Además de esto, yo creo que es necesario también practicar todos estos saberes, valores y creencias. Para que sean futuro, y no sólo pasado.

domingo, 3 de abril de 2016

Naturaleza leída


Mal tiempo en la montaña. Frío, pero sobre todo mucha lluvia. Así y todo, imposible desoír la llamada del bosque. Subiendo hacia Valderinas, rodeado de niebla y acompañado por el silencio del monte nevado, recordaba un fragmento del libro El árbol, de John Fowles, editado por Impedimenta:
"Una de las nociones más antiguas y extendidas de la mitología y el folclore se ha centrado en torno a la imagen del ser que vive en los árboles [...]. Suele ser un personaje esquivo que posee el poder de 'fusionarse con los árboles', y estoy seguro de que si ese mito nos resulta tan atractivo y su influjo sigue siendo tan profundo y universal, se debe a que cada uno de nosotros lo llevamos dentro y lo rescatamos de manera recurrente".

A falta de buenas ocasiones para salir a la montaña dediqué unas cuantas horas más de las previstas a leer. Y entre las lecturas escogidas, varias de ellas tenían la naturaleza como elemento protagonista.

Las riquezas verdaderas, de Jean Giono (Errata naturae, 2016). Reivindicación de otra forma de habitar el mundo, escrita en 1936 resulta, sin embargo, plenamente actual. "La sociedad construida sobre el dinero destruye las cosechas, destruye los animales, destruye a los hombres, destruye la alegría, destruye el mundo auténtico, destruye la paz, destruye las riquezas verdaderas", denuncia Giono desde el comienzo del libro. Elogio de una vida más simple, comunizada y compartida. Bien pudiera leerse como manifiesto fundacional de nuestra actual Vía Campesina:
"Somos un inmenso bosque en movimiento. [...] En los momentos decisivos, cuando ha sido menester luchar contra las fuerzas del mal, la imaginación campesina ha inventado siempre el bosque en movimiento. Está presente en todas las leyendas y en todos los cánticos de batalla. [...]
De pronto, toda la ciudad estalla en árboles. Los árboles se abren paso a través de sus muros, de sus tejados, sus campanarios y sus fábricas. De pronto, lo que parecía tan seco y perdido se descubre, y aquellos que en el fondo de su corazón sólo tenían una minúscula semilla se convierten en admirables alerces, cedros, robles, abetos, olmos. la ciudad, a reventar de árboles, se vuelve bosque".

Los indómitos de la montaña, de Dino Buzzati (Gallo Nero, 2016). No conocía a este Buzzati dolomítico, escalador y montañero. Artículos y relatos publicados en los 40, 50 y 60, reportajes sobre las primeras ascensiones al Cervino o al K2, crónicas vivas, casi sobre el terreno. Una delicia para quienes amamos las montañas y el montañismo.
"Consideremos cómo, poco a poco, la vida moderna acaba por reducir el espacio de la fantasía, de la libertad, de la naturaleza; cómo la alta montaña es uno de los poquísimos rincones que sobreviven a esto y donde el hombre puede verdaderamente respirar. Pensemos lo valiosa que es esa reserva de belleza y de poesía -¿por qué tememos pronunciar esa palabra?- que encierra aquel maravilloso retiro".

El renacido, de Michael Punke (Planeta, Booket 2016). No he visto la película de Iñarritu, pero la novela en la que se inspira me ha parecido muy buena, en la mejor tradición de Jack London o James Oliver Curwood. Relato de aventuras en estado puro.

El silencio de las tierras altas, de Steinar Bragi (Destino, 2016). Dos parejas sufren un accidente mientras recorren las tierras altas de Islandia y quedan atrapados en una geografía irreal, de la que no pueden escapar, cuyo centro es una casa en la que habitan dos extraños ancianos, rodeada por amenazantes signos y seres. A ratos historia de terror psicológico, a ratos crítica social de una Islandia borracha de capitalismo financiero:
"Pero ahora los tiempos eran otros: nunca en la historia del mundo había sido tan sencillo conseguir un préstamo [...]. Y quizá aquello tuviera que ver con esa peculiaridad de la lengua islandesa que es usar una misma palabra para préstamo y regalo. [...]. Invirtieron en los bancos islandeses y en las sociedades de cartera, en bienes raíces en los antiguos países del antiguo bloque oriental, en empresas de comunicaciones, transporte y energía; crearon su propia sociedad de cartera y vieron asomar una débil luz de algo que aún no eran capaces de comprender del todo, pero que hacía que la nueva ideología del mercado pareciera una tostadora de pan en comparación con un cazabombardero furtivo. Por el simple procedimiento de mover el dinero de un lugar a otro, de una cuenta a otra, de una cartera a otra, aprendieron a incrementar su valor; era como amasar dinero, dejarlo reposar y verlo crecer, lo que se podría hacer sin problema, a menos que alguien cerrara dando un portazo".
Y siempre la presencia abrumadora de una naturaleza inhóspita. Desconcertante y adictiva. Para leer otra vez cuando pase un tiempo.

Así y todo, algo más que leer ya pude hacer...



domingo, 20 de marzo de 2016

El nuevo (des)orden fiscal del planeta

El País ha publicado un interesante artículo, acompañado de una clarificadora infografía, sobre la muy desigual fiscalidad en el mundo actual.




domingo, 13 de marzo de 2016

¿Y si los extraños no fueran Ajenos, sino Propios?


"La memoria no cesa. La demolición efectiva de Empiria provoca una huida masiva. Las más ínfimas grietas bastan para la avalancha de la carne. A pesar de las estrictas medidas de bloqueo, cientos de empíreos se lanzan a las aguas en busca de un futuro. Su esperanza de vida es más fuerte que su miedo a perderla. Las islas próximas se ven sometidas a un asedio. Se producen respuestas que van desde la adopción desinteresada hasta el rechazo violento. El mar se cubre de abrazos y se abre como una tumba. También en el seno del Consejo de Estados hay discrepancias. Varias islas, considerando el pasado de Empiria, muestran su disposición a recibir a sus naturales. La línea dura del Sistema apela a un principio no escrito, pero asumido por el archipiélago tras la descomposición de la Historia Moderna: la compasión no tiene cabida en la ordenación territorial del Sistema. Desde el momento en que el Sistema enuncia la división Propio/Ajeno, no cabe consideración de iguales hacia quienes han perdido el rango de pertenencia. El Sistema es teologal: hay luz y tinieblas. Y el Dado, recogiendo el sentir de las potestades, recuerda a los sistémicos que la fortaleza del archipiélago radica en su confianza  en la exclusión. Los refugiados que hayan sido acogidos en alguna de las islas del Sistema tienen noventa y seis horas para regresar a territorio Ajeno. El riesgo que se corre por no plegarse a esa directiva es doble: no está sólo en juego un castigo por su conducta, sino que, por extensión, quienes hayan ayudado, cobijado o asumido a empíreos serán también sancionados con el destierro. La mayoría de las grandes fortunas de Empiria son vistas entre tanto en alguna de las capitales del Sistema. El doble rasero con que se mide a estos expatriados no contradice los dictados del Dado. El dinero es una virtud excluyente".
Ricardo Menéndez Salmón, El Sistema, pp. 84-85.


"Detrás de la cabaña de revelado y diagramación, en un tramo de césped cubierto por margaritas de un color rabioso, yacen tres cuerpos sin nombre. Aunque viajaban sin documentos, el Narrador los consideró siempre una familia. Fueron escupidos por el mar tras una tormenta. No se encontraron restos de la embarcación. Un hombre alto, huesudo, al que los peces había devorado el rostro; una mujer pequeña y frágil, maravillosamente intacta; un niño de apenas tres años, con las piernas quebradas como listones de madera. Las autoridades decidieron que fueran enterrados sin ceremonia, con la eficacia exenta de piedad concedida a los Ajenos. El Narrador pensó en ellos durante semanas. Un día los olvidó. Pero esta tarde algo, un impulso sin nombre, conduce sus pasos hasta donde reposan.
En pie sobre el manto de flores, las manos en los bolsillos y el aire salado en el rostro, piensa, por vez primera durante este tiempo, en una posibilidad no contemplada. ¿Y si los extraños no fueran Ajenos que buscaban su lugar bajo el sol de Realidad, sino Propios que huían de una existencia angosta y desgraciada? La pregunta es como una bandera al viento".
 Ricardo Menéndez Salmón, El Sistema, p. 54.



Presentado como una distopía, en realidad el libro de Menéndez Salmón es crónica profunda de nuestro tiempo. No es preciso pensar demasiado para imaginar que país real puede ser esa Empiria de la que sus habitantes intentan desesperadamente huir; cual esa Realidad archipelágica que, convertida en Sistema, atrae a quienes huyen; qué instituciones son ese Dado que legisla seguridad sin compasión.

¿Y si los extraños no fueran Ajenos que buscaban su lugar bajo el sol de Realidad, sino Propios que huían de una existencia angosta y desgraciada?

El miércoles, nos encontramos.

viernes, 11 de marzo de 2016

Contra el acuerdo UE-Turquía ante la crisis de las personas refugiadas

 
UN ACUERDO ILEGAL E INMORAL QUE ATENTA CONTRA LOS DERECHOS HUMANOS

Las organizaciones firmantes denuncian que la UE trata a los refugiados como moneda de cambio con el Gobierno de Turquía y señala que el proyecto europeo muestra de nuevo su deterioro con un acuerdo que traslada la crisis de los refugiados fuera de sus fronteras
El preacuerdo adoptado el 7 de marzo por el Consejo de Europa con Turquía evidencia la absoluta insensibilidad de la UE y los Estados miembros ante la crisis humanitaria de los refugiados que arriesgan su vida huyendo de la guerra.
La UE, además de incumplir la legalidad internacional, elude su responsabilidad de dar respuesta a los miles de refugiados que se agolpan en sus fronteras mediante un acuerdo con Turquía para deportar a ese país a todos los inmigrantes, económicos y también demandantes de asilo, que lleguen a la UE a través de este país, a cambio de que los Estados miembros reubiquen al mismo número de refugiados asentados en territorio turco.
La UE ha urdido un plan que vulnera la especial protección que el derecho internacional reconoce a los demandantes de asilo mediante la asimilación de inmigrantes económicos y refugiados, todos ellos considerados “ilegales”. Se expulsará a Turquía a los refugiados que han llegado a Europa por esta vía.
La UE ha “comprado” las devoluciones a Turquía por 3.000 millones de euros por los costes de gestión y 3.000 millones adicionales en 2018, sin ningún mecanismo de control del destino del presupuesto; además de la eliminación del requisito de visado para los ciudadanos turcos en Europa a partir de junio de 2016 y la agilización de la entrada de Turquía a la UE. Se ha obviado, curiosamente, que el gobierno de Erdogan viola de forma reiterada derechos fundamentales como la libertad sindical, el derecho laboral, la libertad de prensa y expresión --como el reciente caso del diario Zanan, cercano a la oposición al Gobierno turco--, o el exterminio del pueblo kurdo.
Los refugiados son seres humanos que huyen de la guerra y buscan la protección internacional, hacer de ellos una mercancía para el intercambio económico es inhumano y no dará lugar a una respuesta más humanitaria: pagar a Turquía no eliminará el peligro al que los sirios, iraquíes y otros están expuestos en sus propios países.
El sistema uno-por-uno (intercambio de refugiados sirios) no tiene sentido y es una violación del derecho internacional y de los tratados de la UE.
Los firmantes coinciden en que la UE no debería ni siquiera contemplar el pagar a Turquía para mantener a los refugiados en campamentos inhumanos sin ninguna perspectiva, y no debería haber ningún intercambio entre el mantenimiento de los refugiados fuera de Europa y la aceleración de las negociaciones de adhesión a la UE.
Asimismo, los firmantes llevan mucho tiempo defendiendo que la comunidad internacional debería invertir tiempo y recursos para restablecer la paz en Oriente Medio, y los Estados miembros de la UE deberían trabajar para la integración de los refugiados.
Las organizaciones firmantes manifiestan su más absoluto rechazo a la política de la UE y la complicidad de sus Estados miembros ante la crisis humanitaria de los refugiados en Europa. Europa tiene capacidad de respuesta pero no tiene voluntad.
En consecuencia, el Gobierno español debe instar a la reconsideración del principio de acuerdo con Turquía en el próximo Consejo Europeo de 17 de marzo.
Por su parte, las organizaciones firmantes emplazarán a las fuerzas políticas y sociales a convocar una movilización de la ciudadanía en España para el 16 de marzo, para denunciar la actitud de Gobiernos e instituciones europeas y para exigir medidas urgentes ante la mayor crisis humanitaria a la que se ha enfrentado Europa.
Madrid, 10 de marzo de 2016
Han participado en la reunión preparatoria PSOE, Podemos, Ciudadanos, IU, Equo, CCOO, UGT, Médicos del Mundo, HOAC, Cáritas, MPDL-Moviento Por la Paz, Federación de Derechos Humanos de España, Consejo General de la Abogacía, Coordinadora de ONG para el desarrollo, EAPN, ACCEM, CEAR y UNICEF.

Hace doce años, otro 11 de marzo

El horror, el horror
El País, 12 marzo 2004
http://elpais.com/diario/2004/03/12/paisvasco/1079124001_850215.html

"Madrid es una ciudad con más de un millón de cadáveres". Ese primer verso terrible con el que Dámaso Alonso inicia su poemario Hijos de la ira fue ayer verdad. Eran decenas los asesinados en Madrid a lo largo de los años y ayer, de un día para otro, fueron ya centenares. Madrid es, después de tantas discusiones al respecto, el destino, trágicamente adecuado, para el Guernica de Picasso. Madrid es, y será ya para siempre, una ciudad-mártir, ensangrentada por la acción brutal de otros legionarios igualmente buitrescos.
¿Legionarios vascos, en esta ocasión? Vascos, sí, lehendakari, no se engañe. Vascos son (o podrían serlo, si nos sometemos a la cautela disciplinaria de la presunción previa a la reivindicación) los autores de la matanza. No serán (no serían), nadie puede decirlo, asesinos por el hecho de ser vascos; pero no por ser asesinos dejan de ser lo que son. Alimañas, dice usted; se lo acepto, pero a condición de recordar el viejo dicho: cría cuervos, y te sacarán los ojos.
Trece explosiones, ciento noventa muertos (por ahora) y más de mil doscientos heridos. Otro día 11, esta vez de marzo, quedará señalado para siempre en el calendario universal de la infamia. Nos resistimos a asumirlo como un hecho, como un signo transparente, diáfano y unívoco en su brutal sencillez.
Bien está que nos rebelemos contra la inmediatez del horror; bien está que no nos entreguemos, sin lucha, al asco y a la pena. Pero no caigamos en el error de transformar en metarrelato un vil asesinato en masa. No enturbiemos la nitidez de este hecho procediendo a hacer lecturas más o menos complejas de lo que no es más que un atentado criminal, salvajemente simple: por qué en este momento, por qué en ese lugar, por qué a esas personas.
Hermeneutas voluntarios de un monstruo que sólo habla por sus actos, hay quienes distinguen entre el impacto electoral de las posibles autorías (si ETA o si Al Qaeda) de esta masacre. Hay otros que, asumiendo como probable que sea obra de ETA, intentan escuchar, tras el estruendo de la explosión, otro mensaje, otras palabras: palabras de consuelo (es el Omagh de ETA), palabras de disculpa (no tienen nada que ver con nosotros), palabras.
Sobre todo, por encima de todo, no sucumbamos a la indignidad de plantear, ni siquiera como hipótesis, que hay modus operandi y modus operandi, que la masacre de Madrid es cualitativamente distinta de la masacre de Hipercor. Si finalmente no fuera obra de ETA (escribo a las 12.30 horas del mismo día 11), lo sería sólo porque de hecho no lo ha sido, no porque no pudiera serlo.
La novela de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas finaliza cuando la prometida del protagonista, el desequilibrado y oscuro Kurtz, pregunta a la persona que le acompañó hasta el momento de su muerte cuáles fueron sus últimas palabras:
"Repítalas -murmuró en un tono acongojado-. Quiero..., quiero... algo..., algo... con... con lo que vivir".
Estuve a punto de gritarle: "¿No las oye?" El crepúsculo las estaba repitiendo en un persistente susurro a nuestro alrededor, en un susurro que parecía hincharse amenazadoramente, como el primer susurro de un viento que se levanta. "¡El horror! ¡El horror!".
"Su última palabra... con la que vivir -insistió-. ¿No comprende usted que yo le amaba?... Le amaba. ¡Le amaba!".
Reuní todas mis fuerzas y hablé despacio. "La última palabra que pronunció fue... su nombre".
Hay quienes han creído, durante mucho tiempo, que había un nombre tras el horror de ETA: Euskal Herria, autodeterminación, conflicto político, contencioso histórico. Confiaban en que dicho nombre les permitiría mitigar la bárbara dimensión de todas y cada una de sus acciones. Algo con lo que vivir. ¿Seguirán creyéndolo hoy?
El horror, el horror. Estas son las últimas palabras de ETA. Fueron también las primeras. Muchos no las escucharon entonces. Tal vez ahora...


¿Alivio de qué?
El País, 16 marzo 2004
http://elpais.com/diario/2004/03/16/paisvasco/1079469603_850215.html

El terrorismo y su inmensa capacidad de convertir en verosímil hasta lo más inverosímil. Si hace unos días alguien hubiese pronosticado un atentado como el de Madrid, nadie lo hubiera considerado creíble. Pero se produjo, y durante unas horas todos -todos- pensamos que ETA había logrado, después de tantos intentos frustrados, hacerse presente antes de las elecciones con su mensaje de muerte. Un pensamiento, por lo demás, muy lógico: es ETA quien suministra implacablemente a esta sociedad su dosis de terror, desde hace años en régimen de exclusividad.
Nadie hubiese pensado, unos días antes, que ETA podía cometer una matanza como esa. Pero, una vez reventados los trenes, el recurso al "salto cualitativo", cuando no al más pedestre "esta vez sí que se han pasado", lo hizo verosímil. Todo eso de que ETA siempre avisa, de que no comete atentados indiscriminados, todo eso del modus operandi no eran sino aberrantes frivolidades de quienes pretenden encubrir su déficit de humanidad con una endeble capa de etología. Luego se empezó a decir que podía ser obra de Al Qaeda. De nuevo, lo que un momento antes hubiera resultado inverosímil se tornó verosímil. Es, como decía, lo que tiene el terrorismo: que vuelve creíble lo increíble mediante el simple y expeditivo recurso de hacerlo realidad. Y en esas estamos: sabiendo que es posible -lo hemos visto- cometer una masacre y esperando sólo a conocer con certeza la identidad de los masacradores. Ahora bien: ¿importa mucho la identidad del carnicero? Un momento: no digo que no sea importante conocer, tan pronto como sea posible, todos los datos sobre el quién y el cómo (el por qué es, en cualquier caso, irrelevante) de la matanza. Debe aclararse la autoría para no hundirnos definitivamente en este caldero de brujas, en esta olla podrida en que el Gobierno del PP ha convertido la política antiterrorista.
Pero no amorticemos tan pronto la angustia, la tensión, la vergüenza incluso que tanto sentimos el jueves por la mañana. No nos quitemos el peso de encima con tanta facilidad, todavía no. Aun si finalmente resultara que sólo Al Qaeda sea responsable directo de la matanza (y subrayo lo de sólo y lo de directo, pues el terrorismo es ya un hecho global, un rizoma monstruoso en el que las partes acaban siendo indistinguibles del todo). Por favor, no permitamos que lo único bueno que podemos sacar de esta terrible tragedia se pierda.
En ese 11-M que ya nunca olvidaremos, nos dimos de cara con el monstruo. Horrorizados, contemplamos de lo que es capaz. Tal vez porque, como escribiera Albert Camus, la humanidad nos gusta sangrante, como los chuletones, por unas horas nos sentimos, en cuanto vascos, radical y personalmente implicados en la tragedia. Esto es enormemente significativo: creo que por primera vez nos sentimos, de alguna manera, corresponsables de un atentado cometido por ETA. Nos avergonzó que tanta gente fuera asesinada en nuestro nombre. Fue tan grande el impacto que, a diferencia de otras ocasiones, imposibilitó cualquier distanciamiento.
¿Por qué antes sí fue posible este distanciamiento? ¿Volverá a serlo si ETA comete otro atentado? Son preguntas que nunca dejarán de atormentarnos. En cualquier caso, el que no sean terroristas vascos los autores del atentado nos hace sentirnos aliviados. No nos abandonemos a esta agradable sensación. Si ETA no lo ha hecho, podría haberlo hecho. Si no lo ha hecho ayer, podría hacerlo mañana. Si no lo ha hecho así, de un solo golpe, lo ha hecho ya día a día, año a año, superando con mucho las cifras de muertos, heridos, huérfanos, viudas, provocados por la masacre de Madrid.
El jueves nos encontramos cara a cara, algunos por primera vez, con la verdadera faz del monstruo.