sábado, 27 de septiembre de 2014

La identidad desdichada



Hay lecturas que refuerzan nuestras ideas o confirman nuestras intuiciones, contribuyendo así a delinear nuestra particular visión del mundo. Hay otras que nos lanzan al territorio de la serendipia, de la sorpresa inesperada, descubriéndonos perspectivas inéditas. Y hay también lecturas que nos obligan a reconsiderar nuestras certezas, a repensar nuestras certidumbres.
Alain Finkielkraut es uno de los pocos pensadores capaz de aportarme, en cada una de sus obras, estar tres experiencias lectoras: confirmarme en algunas convicciones, descubrirme nuevas perspectivas y cuestionarme bastantes ideas que consideraba claras.

Su libro más reciente, La identidad desdichada, ha vuelto a reafirmarme en muchas cosas, a sorprenderme en varias, a cuestionarme en algunas y, por primera vez, también a incomodarme en bastantes.

Su adversario, en esta obra, es el bobo, el burgués bohemio, heredero en buena parte del izquierdismo del 68, él mismo uno de ellos (J'en suis un moi-même), "cruce entre la aspiración burguesa a una vida confortable y el abandono bohemio de las exigencias del deber por los impulsos del deseo, de la duración por la intensidad, de los modales y de las posturas rígidas, finalmente, por una relajación ostentatoria". La otra cara de la moneda populista; si la cruz es el Frente Nacional, convertido en "el primer partido obrero de Francia", la cara es el bobismo que ensalza la diversidad pero practica "la evitación mediante la elección de su lugar de residencia y, más aún, la escuela en la que matriculan a sus hijos". Se creen multiculturalistas cuando, en realidad, no son otra cosa que multiculinaristas.

Hace unos días Fernando Savater escribió un comentario al respecto que ahora, tras la lectura del libro, me parece escrito un tanto a la ligera. Escribía el, por otra parte, tantas veces acertado Savater:
El libro es un lamento sobre una cierta identidad francesa que se va perdiendo por falta no se sabe muy bien de quién ni de qué: por desidia, por deseo de tratar al que llega de fuera mejor que al que siempre estuvo aquí, por vergüenza de lo propio ante exotismos prestigiosos sólo por ser diferentes. Tampoco la identidad francesa cuya pérdida se deplora tiene perfiles demasiado claros. Uno de los rasgos que la definen, según Finkielkraut, es la galantería, de cuya desaparición también tienen culpa, por lo visto, ciertos maximalismos feministas. Y el simple paso del tiempo, diría yo, porque hace ya medio siglo que los franceses galantes no lo son como D´Artagnan. En cuanto a echar en falta mayor reconocimiento de nuestras raíces cristianas, no parece conveniente hacer gran énfasis en el asunto toda vez que el autor deplora que quizá pronto ya no haya en Francia ningún partido realmente laico ante el multiculturalismo polieclesial que se nos viene encima...

Bueno... Así presentado, el libro parece poco más que el lamento nostálgico de un abuelo cebolleta. Creo que esta valoración no hace justicia al libro. Por ejemplo, esa referencia a la "galantería francesa" que Savater despacha con gracia, es clave en la particular aproximación que Finkielkraut hace a la cuestión del velo (pp. 59-75) como elemento de desexualización de la mujer cuya única alternativa sería el acoso. Discutible y matizable, claro, pero a mí me ha dado mucho que pensar su reflexión sobre la relación entre la "exclusión de la feminidad" y el "desierto afectivo" que esta exclusión genera entre algunos varones jóvenes de la banlieu y la violencia que se da en estas periferias urbanas.

Finkielkraut considera que la crisis de integración en la sociedad francesa tiene que ver, esencialmente, con la progresiva sustitución de la igualdad republicana por la igualdad multuculturalista, reflejada en el fenómeno del comunitarismo, que "concede mayor importancia al vasallaje a un grupo particular que a la pertenencia a la República, y a las convicciones propias de ese grupo que a la regla general". Dado que ninguna definición de la vida buena debe prevalecer sobre otras, lo que llamamos "convivencia" en nuestras sociedades europeas no se asemeja a "vivir con": "No es un vivir al unísono, sino un vivir a distancia, cada uno según sus propias convicciones, sus ganas, sus hábitos, libre de los demás y en paz con ellos".
Son cosas que ya planteó hace tres lustros en La ingratitud, tal vez con más matices -o con menos urgencias- que ahora.

Es verdad que en su último libro Finkielkraut ofrece algunos matices más que en algunas entrevistas. Pero lo cierto es que, como señala Jean Birnbau en Le Monde des Livres, con esta obra "juega con fuego".
Por eso, creo que va a ser ensalzada o rechazada menos por lo que dice que por lo que se dice que dice.
En Francia hay quienes lo consideran nada menos que "portavoz de Marine Le Pen", como un ensayo escrito directamente contra la inmigración. Y en España hay quienes la alaban, como este comentario en La Razón: "El libro, sin pelos en la lengua, presenta un ataque a los occidentales que, por mala conciencia con su pasado, han relegado la defensa natural de su identidad europea para diluirla en una serie de identidades extranjeras a las que quieren dar carta de naturaleza".  


Es un libro que hay que leer para luego discutirlo y discutirnos. Quienes queremos ciudades abiertas y gershwinianas, quienes queremos que las cuestiones de la diversidad, la inmigración y la convivencia se planteen de manera constructiva, tenemos a Finkielkraut esperando.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Ciudad blue



Ayer nos referíamos a la ciudad abierta.
Hoy, recordar el aniversario del nacimiento del gran George Gershwin (Brooklyn, Nueva York, 26 de septiembre de 1898) nos viene al pelo para volver a mirar la ciudad con los ojos del compositor que, seguramente, mejor supo captar todo el ritmo de la ciudad moderna, transformando su aparente (y muchas veces más que real) cacofonía en una de las más hermosas sinfonías: Rapsody in blue.

Cuando mi hija Naia era pequeña, no sé las veces que vimos juntos el vídeo -sí, el vídeo- Fantasía 2000, del que forma parte el fragmento de más arriba.

Aquí puede accederse -espero- a la versión completa.
http://www.dailymotion.com/video/xetg19_fantasia-2000-rhapsody-in-blue_music

Y aqui encontramos la hermosa escena del puente de la película Manhattan: ¡quién no ha soñado xon ser el protagonista de la misma, en esa maravillosa Nueva York filmada en blanco y negro!
https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=3dT0bF9AS90

jueves, 25 de septiembre de 2014

Ciudad abierta



Ciudad abierta contiene una(s) hermosa(s) historia(s) en el marco de una gran urbe como es Nueva York.
Su autor, nacido en Michigan de padres nigerianos, criado en Nigeria, retornado a Estados Unidos en su juventud, mira a la ciudad a veces con distancia, otras con cercanía, pero sin olvidar nunca que la ciudad es fundamentalmente un ecosistema relacional, lo que las personas que la habitan hacen en y con la ciudad.
Hay momentos en los que parece referirse a asuntos como algunos de los que hemos planteado recientemente.

Como esta reflexión:
"Me preguntaba si yo no era ya uno de esos que interpretaban de más. En parte, porque sospechaba que cierto humor social impulsaba cada vez a más personas al juicio instantáneo y la opinión apresurada, a un espíritu anticientífico, y me parecía que al viejo problema de la incompetencia matemática masiva se estaba sumando una incapacidad más general para evaluar pruebas. Era una oportunidad de negocios rápidos para los especialistas en prometer soluciones inmediatas: políticos o sacerdotes de diversas religiones. En particular, muy rentable para los que desearan aglutinar a gente en torno a una causa. Cuál fuese la causa daba casi lo mismo. Lo único que importaba era la militancia".

O como esta otra:
"Esto está muy concurrido, ya ves. No sólo de gente que envía saludos de Año Nuevo, muchos llaman a sus casa por el Eid. Hizo un gesto hacia la pantalla que tenía detrás, con el registros de las llamadas de las doce cabinas en aquel momento: Colombia, Egipto, Senegal, Brasil, Francia, Alemania. Parecía de novela que un grupo de gente tan pequeño pudiera llamar a un espectro de países tan amplio. Viene siendo así desde hace dos días, dijo Faruk, y es una de las cosas que me gustan de trabajar aquí. Es una prueba de lo que creo: la gente puede vivir junta si dejar de mantener intactos sus propios valores. Ver tal cantidad de individuos de sitios diferentes me toca la fibra humana y la intelectual.
[...] Creo a rajatabla en eso, que la gente puede vivir junta, y quiero entender cómo hacerlo posible. Pasa aquí, en esta tienda, a pequeña escala, y lo que quiero es entender cómo puede pasar a una escala mayor".

Una excelente lectura.




sábado, 20 de septiembre de 2014

Perder la discusión, aunque se gane

Leo en EL CORREO que el Partido Popular del País Vasco acusa al Gobierno Vasco de utilizar su reciente campaña contra discriminación de las personas inmigrantes para «atacar» al alcalde de Vitoria, Javier Maroto, y al diputado general de Álava, Javier de Andrés. Recordemos que en varias ocasiones a lo largo de este verano ambos dirigentes políticos han realizado polémicas declaraciones relativas a la inimigración y las ayudas sociales:

- Maroto: "Los inmigrantes magrebíes vienen a vivir de las ayudas sociales" (16 julio).
- Maroto: un alcalde en el ojo del huracán por sus pulsos con los inmigrantes (17 julio)
- De Andrés denuncia que 'hay colonias enteras de inmigrantes' disfrutando de las ayudas sociales (23 julio)
- Javier Maroto: "Marroquíes y argelinos viven de ayudas que pagamos todos" (5 agosto).
- De Andrés apuesta por "replantearse la RGI" porque "no está logrando" la "integración" de los inmigrantes (1 septiembre).

Considero que estas y otras declaraciones son absolutamente inconvenientes e impropias de un dirigente político. Siempre he criticado esta forma de hacer política, mala política, con relación a la cuestión migratoria. Siempre, también cuando esta mala política la ha impulsado el PSOEIncluso cuando me ha tocado estar en la política institucional. Siempre me ha incomodado la doble moral de quienes sólo son sensibles hacia unas exclusiones del espacio de los derechos humanos, pero no hacia otras, a pesar de que unas y otras respondan a las mismas dinámicas. Perdón por estas (auto)referencias: sólo intento expresar que lo que escribo en el día de hoy no responde a ningún factor coyuntural, ni a querencia o malquerencia política ninguna. Equivocado o acertado, lo que ahora expreso lo llevo diciendo desde hace mucho tiempo.
Y no me sirve eso de que el alcalde de Vitoria o el diputado general de Álava "no dicen más que lo que piensan miles de personas". La representación política debe cumplir también una función pedagógica: reconocer y acompañar las demandas sociales, todas las demandas sociales, claro que sí, pero trabajar por su depuración, buscar que su expresión se realice de la manera más respetuosa posible. Por cierto, esta función pedagógica era reivindicada en la Declaración institucional del Parlamento Vasco con motivo del Día Internacional contra el Racismo y la Xenofobia el 17 de marzo de 2011:

Somos conscientes de la responsabilidad de los partidos políticos en la generación de discursos y climas sociales. Queremos hacer uso de esa capacidad para alentar la convivencia y la inclusión, y para rechazar con contundencia el racismo y la xenofobia. Deseamos ejercer una labor de pedagogía ciudadana sobre las transformaciones sociales a las que asistimos. Por esta razón, y muy especialmente de cara al periodo previo a las elecciones municipales y forales, nos comprometemos a que por encima de nuestras legítimas diferencias políticas, conduciremos con la máxima responsabilidad los discursos públicos, orientándolos a la creación de un clima de igualdad, convivencia y respeto entre todas las personas que compartimos la condición de vecinos y vecinas de los barrios, pueblos y ciudades de Euskadi.

Pero si las declaraciones de Maroto y de Andrés son criticables, la petición de SOS Racismo de que la oposición en el ayuntamiento de Vitoria declare persona non grata al alcalde de la ciudad es una astracanada que puede dejar íntimamente satisfechas a las personas que la han promovido, pero que no hace otra cosa que alimentar, seguro que inconscientemente, la cultura del "nongratismo", es decir, de la exclusión de unas u otras personas por las razones que sean. ¿Y qué decir de la desafortunada comparación de Maroto con Hitler, irresponsablemente lanzada por el presidente del Araba Buru Batzar, bien es cierto que prontamente rectificada? Más leña al fuego de la estereotipización, de la simplificación abusiva, de la comparación odiosa.

En este ambiente enrarecido, con la Fiscalía Superior del País Vasco abriendo diligencias contra el alcalde de Vitoria, la oposición en el consistorio vitoriano reprobando las declaraciones del alcalde, la opinión pública dividida y el lado oscuro de la fuerza digital derramando terabytes de abyecta inhumanidad, el portavoz del PP en el Parlamento vasco, Borja Sémper, ha pedido explicaciones al lehendakari Urkullu sobre la citada campaña. Me consta que la campaña objeto de la polémica estaba pensada, al menos el texto de la misma, allá por el mes de mayo o junio. Puedo decirlo porque uno de sus creadores tuvo a bien compartir conmigo las primeras versiones del texto. Pondría, pues, la mano en el fuego para sostener que nada tiene que ver su lanzamiento hace unos días con la polémica a la que vengo haciendo referencia. Pero el caso es que, entre unas cosas y otras, llevamos tres meses de ruido y furia que, lejos de permitir un debate argumentado y constructivo sobre cualesquiera cuestiones que puedan preocupar a quien sea, no han hecho otra cosa que enlodazar la política vasca. Y mucho me temo que, si no somos capaces todas y todos, cada uno desde nuestra responsabilidad, de volver a situar la discusión en el espacio de la sensatez, su abordaje en sede parlamentaria no va a servir más que para reproducir lo visto hasta ahora, sólo que en un escenario todavía más visible.

Cuando se discutió en el ayuntamiento de Vitoria el comportamiento de su alcalde, la portavoz del PP, Ainhoa Domaica, criticó la moción aprobada por los grupos de la oposición, en la que se pedía excluir del debate público la inmigración, con estas palabras: "Lo que proponen los grupos es que no se puede hablar de todo en Vitoria. Sólo se va a poder hablar de lo que ellos dicen que se pueden hablar". Creo que la posición expresada por la edil popular abre una puerta para reconducir la situación. 
En efecto, sería un error pretender impedir que un grupo de vecinas y vecinos, un medio de comunicación o un representante político plantee abiertamente la necesidad de abordar cualquier cuestión, también las relacionadas con la inmigración, si consideran que algo no se está haciendo bien. ¡Faltaría más! Pero la cuestión no es esa. la cuestión, en mi opinión, es acertar desde el principio en la forma en que tales cuestiones son planteadas. No se puede discutir de cualquier manera, especialmente cuando tocamos cuestiones sensibles que tienen que ver con la dignidad y los derechos de las personas. Como dice Xabier Aierdi, en relación a la cuestión de la inmigración, como en tantas otras, "sobran tanto los discursos implacables como los impecables". .

En mayo de 2012, en una situación que empezó igual que ahora aunque, afortunadamente, no llegó tan lejos, escribí en este mismo blog lo siguiente

Primero los de casa: este ha de ser, parece, el principio fundador de un ejercicio eficiente de la política, frente al buenismo hueco de quienes enarbolan el lenguaje universal de los derechos humanos. Pero fue el buenismo el que a mediados de los 80 nos llevó a denunciar el terrorismo de ETA y a defender en la calle la vida y la libertad de todas y cada una de las personas frente a un discurso y una práctica que definían como población sobrante a una parte de la sociedad vasca. ¿No hemos aprendido nada de estos años pasados en Euskadi? ¿De verdad no nos estremece escuchar apelaciones a identificar a los “auténticos vascos” y a tratarlos de manera distinta a otras personas que, aún viviendo a nuestro lado, son definidas como extrañas?La política de inmigración no puede reducirse a entonar el Imagine de Lennon, pero tampoco puede fundarse en la suspensión del valor universal de los derechos inviolables e inalienables de la persona en función de coyunturas políticas o económicas. Se puede discutir sobre la inmigración, claro que sí. Se pueden proponer diagnósticos y políticas diversas, por supuesto. Lo que no se puede es confundir política y testosterona. No alimentemos la fiera. El daño está hecho, pero no es irreversible. Urge dialogar sobre la inmigración, sí, pero necesitamos hacerlo sin vernos obligados a elegir entre ser buenos o ser eficaces. Necesitamos pactar un marco que nos permita discutir con libertad, pero sin causar daño. A nadie. Tampoco a nosotros mismos.

Que cada cual ponga sobre la mesa del espacio público aquellos temas que le preocupen, le incomoden o le interesen. Pero hagámoslo con cabeza y con corazón, con inteligencia y con empatía, con firmeza pero con respeto. Para salir del debate un poco mejores de lo que habíamos entrado. Para no perder la discusión, aunque pensemos que la hemos ganado.

ACTUALIZACIÓN (lunes 22, 17:40).

Esta mañana he escuchado en la SER una breve referencia a una entrevista  a Borja Semper: lo poco que he escuchado me ha sonado muy bien. Ahora acabo de escuchar la entrevista completa, y aún me ha sonado mejor. Puede escucharse aquí, la referencia a la polémica inmigracion/ayudas sociales a partir del minuto 3:07. Creo que Semper contribuye a encauzar la polémica. Ójala ese sea el tono que utilicemos todas y todos.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

¿Qué utopía hay detrás de una Escocia independiente?

En su Historia de las utopias Lewis Mumford diferencia entre dos grandes tipos de utopías, las utopías de escape y las utopías de reconstrucción, que caracteriza así:

La primera deja el mundo tal como es; la segunda trata de cambiarlo, de forma que podamos interactuar con él en nuestro propios términos. En un caso, construimos castillos imposibles en el aire; en el otro, consultamos al agrimensor, al arquitecto y al albañil y procedemos a la construcción de una casa que satisfaga nuestras necesidades básicas, hasta el punto -claro está- en que las casas hechas de piedra y argamasa puedan lograr tal fin.


http://www.bbc.com/news/uk-scotland-scotland-politics-25144351

¿Qué tipo de utopía hay detrás de la Escocia independiente que mañana se somete a referéndum?
Confieso no haber dedicado demasiado tiempo a informarme, y por ello asumo que todo lo que diga podrá ser utilizado en mi contra, pero me ha interesado mucho el artículo del enviado de EL PAÍS, Pablo Guimón, titulado "No es William Wallace, es Karl Marx", cuya lectura íntegra recomiendo -pues también recoge importantes matices a la idea que se expresa en el título del artículo-, en el que presenta así a la sociedad escocesa más favorable a la independencia:

Jóvenes, universitarios y de clase trabajadora, Calum y Chris representan al bastión del sí a la independencia. Los jóvenes de 25 a 34 años constituyen, según la encuesta publicada el pasado sábado por The Guardian, el grupo de edad más inclinado hacia el sí: un 57% elegiría la separación. Su voto tiene que ver con el rechazo, compartido en otros países de Europa a la clase política tradicional. “Yo no podría haber ido a la universidad si no fuera porque el SNP eliminó las tasas” explica Calum. “Ahora tengo un buen empleo y no puedo comprar una casa. Si quisiéramos tener hijos, mi pareja o yo tendríamos que dejar de trabajar. Los bancos de alimentos están llenos de gente que trabaja y no puede dar de comer a sus hijos. El ‘éxito de 300 años de unión’, con el que se llenan la boca los de Westminster, no permite a la gente alimentar a sus hijos”..Para estas personas, “La independencia es la única manera de asegurarnos el ser gobernados por aquellos a los que hemos votado. No se trata solo de echar a este Gobierno tory. Se trata de no someternos a ningún Gobierno al que no hayamos votado”.

Veo al independentismo-wallaciano como una utopía de escape, y al independentismo-marxiano como una posible utopía de reconstrucción.
Sin duda hay mucho de Wallace en el nacionalismo escocés, especialmente en su núcleo dirigente más institucionalizado (el SNP), pero resulta plausible detectar la presencia también de "Marx", de una sociedad indignada con la tradicional y castosa/casposa política británica en la que tras la penosa etapa de Blair el perfil del laborismo como partido de izquierda se desvaneció de tal manera que ni tan siquiera un Miliband -¡un Miliband!- ha conseguido recuperarlo.


http://shaunynews.com/2014/07/29/the-truth-on-why-you-must-vote-yes-for-scotland-please-read/

En más de una ocasión, hablando con Joan Subirats sobre el ascenso del independentismo en Cataluña, ha planteado que también en este fenómeno actúa, junto a la tradicional dinámica nacionalista identitaria, una fuerte dinámica independentista indignada [leer aquíaquíaquí]..
Que no garantiza nada, por supuesto, que no asegura que la proyectada casa de piedra y argamasa resulte mejor, más acogedora y más sólida, que el soñado e imposible castillo en el aire. Pero que sí obliga a pensar desde claves nuevas el fenómeno de las reivindicaciones soberanistas en este siglo XXI.

El artículo de EL PAÍS se abría con la música de Billy Bragg y su combativa Waiting for the great leap forward (Esperando el gran salto adelante):

Un paso adelante, dos pasos atrás
¿Será la política lo que me  hunda?
Aquí viene el futuro y no puedes huir de él
Si hay  una lista negra yo quiero estar en ella


Con Billy Bragg nos quedamos por ahora. Mañana ya veremos...

domingo, 7 de septiembre de 2014

Lástima que terminó...

Ahora sí: aunque desde hace dos semanas ya habito en esa zona gris que no es todavía trabajo -el curso empieza oficialmente mañana- pero tampoco vacaciones -hay que preparar las clases, tutorizar trabajos de fin de grado, etc.-, hoy termina el periodo de lectura gozadosa, salvaje, descontrolada y libérrima, y a partir de mañana toca controlarse y adoptar una perspectiva lectora más instrumental. Aunque no abandonaremos la ficción, hasta el próximo agosto ya nada será lo mismo en el mundo del librívoro, que aquí deja, por si a alguien le sirven de referencia,  breve nota de sus últimas lecturas estivales.

Portada de Liquidación final

Liquidación final, de Petros Markaris, con la que cierra su "Trilogía de la crisis". El estilo de Markaris no ha conseguido llegarme, y ninguna de las novelas protagonizadas por el comisario Jaritos que he leído me ha enganchado. En todo caso, es de agradecer que un autor del género policíaco haya escogido como escenario de sus novelas el austericidio impulsado desde 2008 y sus consecuencias sociales. Sólo por eso, merece la pena leer las tres últimas novelas de Markaris.



1356, de Bernard Cornwell. Trasfondo histórico, generalmente bien documentado, para una novela de acción que se lee con facilidad. Pero no me parece lo mejor de este autor. Sin duda, me quedo con sus 20 (si no me equivoco) novelas protagonizadas por el fusilero Sharpe, y con la trilogía artúrica "Crónicas del señor de la guerra".



Sangre dorada, de Stephen Woddworth. Me prestaron hace un tiempo el que creo es el primer libro de la serie protagonizada por la medium Natalie Lindstrom, Ojos violeta, y me dejó más bien frío. Este último libro me parece flojísimo, pero para gustos...


Portada de Elvis o la virtud

Elvis o la virtud, de Frantz Delplanque, es la segunda historia protagonizada por el inverosimil killer Jon Ayaramandi, sexagenario y vascofrancés. Pero, precisamente por esa inverosimilitud que convierte el libro en simpática gamberrada a ritmo de rock, habrá que leer la primera novela.
Tanto el personaje como el estilo narrativo me han recordado las novelas de Josh Bazell, aunque sin  llegar a su altura.

RETORNAMOS COMO SOMBRAS

Retornamos como sombras, de Paco Ignacio Taibo II. Hitler se inyecta cafeína mexicana y le da al peyote para combatir algunas de sus muchas dolencias; nazis alemanes y mexicanos actúan en las selvas de Chiapas buscando ruinas mayas y masacrando campesinos mientras un chino-mexicano, wagneriano militante y apodado "la iguana" los combate sin tregua; Hemingway bebe y juega y busca submarinos alemanes ocultos en el Caribe; un periodista conocido como "el Poeta" y un policía manco y villista..Taibo II en estado puro. Muy buena.

"Tengo la sensación de que dios sigue sin existir, pero que el diablo ha llegado a tomar forma y está entre nosotros. Ha tomado forma en lo cotidiano. ¿Diría usted que ese es el pensamiento de un ateo tradicional? ¿Diría usted que se puede seguir llamando raciocinio y salud mental y mesa y taza de café a esas cosas que así llamábamos antes? -le preguntó Bodo a Manterola.

Black and blue - IAN RANKIN

Black and Blue, de Ian Rankin. Ya tiene unos años, pero aunque no sea uno de mis autores favoritos de vez en cuando me gusta acompañar al inspector Rebus por la Escocia más oscura. Nunca defrauda.

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De otras lecturas hablaremos a partir de mañana.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Shakespeare and Company, o la utopía de leer un libro al día mientras se intenta cambiar el mundo



El verano se acaba y yo aprovecho para continuar con la lectura más gratuita y disfrutona, que ya llegará el momento de tener que privilegiar un criterio más instrumental: informes de investigación, ensayos de ciencias sociales, artículos científicos, trabajos de alumnas y alumnos...


Otra lectura maravillosa: el libro de Jeremy Mercer La librería más famosa del mundo, publicado por esa delicatessen que es la editorial Malpaso (libros que da gusto tener entre las manos y que son, también, una delicia visual).
El libro narra los meses que Mercier -periodista de sucesos canadiense forzado a salir de su país ante el temor de que un antiguo caso le complicara la vida- pasó en la librería Shakespeare and Company
destacada como una de esas librerías míticas para las y los librívoros.


"Ahora casi cumplía con el precepto de George de un libro por día...", escribe Mercier, y a mí se me saltan las lágrimas de emoción y rechino los dientes de envidia. ¡Un libro al día! Además de picnics junto al Sena, tertulias literarias en los cafés a la sombra de Notre Dame, personajes pintorescos provenientes de todos los rincones del mundo...

"- Mira, eso es lo que siempre he querido que fuese este sitio -reflexiona el fundador de la actual librería, George Whitman. A veces miro a Notre Dame ahí enfrente y me digo que Shakespeare & Company es un anexo de la iglesia. Un lugar para la gente que no encaja del todo en ningún otro sitio". Mercier recuerda esta reflexión al final del libro y escribe:
"Al rememorar aquellos meses me doy cuenta de que todos los que vivíamos en la librería arrastrábamos un fantasma de un modo u otro. Tal vez por eso permanecimos durante tanto tiempo allí. Pienso en lo que dijo George sobre la librería como anexo de Notre Dame y creo que es muy cierto. En puridad, sí, se trata de una célebre librería, sí, y su importancia literaria no es poca. Pero por encima de todo, Shakespeare & Company es un refugio, igual que la iglesia situada al otro lado del río. Un lugar cuyo dueño permite a todo el que lo desee que tome lo que necesite y dé lo que pueda".



 Absolutamente recomendable.