domingo, 17 de mayo de 2015

Recuperando lecturas

Vamos a tomarnos un breve respiro, que a partir de mañana casi todo va a tener que ser política.
Algunas lecturas recientes, para compartir. Empiezo con cuatro novelas, para terminar con tres ensayos.

Un filo de luz

La primera es Un filo de luz (Salamandra, 2015), la última de Montalbano. Cada vez más viejo, cada vez más frágil, cada vez más sabio, haber acompañado al comisario de Vigàta durante nada menos que 23 historias hace que las novelas firmadas por Camilleri sean menos "historias policíacas" y más prospecciones sobre la compleja naturaleza humana.. La vida sentimental de Montalbano ha estado a punto de dar un giro radical, y uno se alegraba de esa última ocasión para ser feliz representada por Marian, una mujer inteligente y hermosa. Al final, la compasión  y el pasado sufrido en común se impondrán a la posibilidad de un futuro luminoso.

megustaleer - Distintas formas de mirar el agua - Julio Llamazares

Continuamos con otra última novela, en este caso firmada por el escritor leonés Julio Llamazares: Distintas formas de mirar el agua (Alfaguara, 2015). Sorprendentemente, no hay rastro de este libro en la página de la editorial, como si las aguas de los pantanos que cubren tantos pueblos en León y en Palencia hubieran borrado también todo rastro digital del libro de Llamazares.
Dieciséis personas unidas por lazos familiares contemplan las aguas del pantano que anegó las tierras donde se ubicaba, entre otros, el pueblo de Ferreras, lugar de nacimiento de Domingo, de su mujer, Virginia, y de sus hijos más pequeños. Hasta esas aguas se ha acercado toda la familia para arrojar las cenizas del abuelo Domingo y así cumplir su última voluntad de acabar su existencia lo más cerca posible de la tierra, hoy sumergida, donde creció, Cada mirada es distinta: la de la viuda, la de las hijas e hijos, la del hermano, la de la nuera o la del yerno, la de los nietos. Todas juntas construyen un collage que, surgido en un pequeño rincón de la montaña, adquiere rasgos de drama universal.

megustaleer - Sueños de trenes - Denis Johnson

La tercera novela está firmada por el estadounidense Denis Johnson, y se titula Sueños de trenes (Random House, 2015). Una historia que entronca con la tradición de Erskine Caldwell, Johm Steinbeck o Cormac McCarthy. Su protagonista, Robert Grainier, es un jornalero pobre y trabajador, golpeado durisimamente por la vida, que sin embargo continuará su existencia hasta bien pasados los 80 años ligado como si de un árbol se tratara a un reducido trozo de terreno situado en plena naturaleza salvaje.

Portada de El invierno del lobo

Seguimos con los reencuentros: Camilleri, Llamazares y ahora John Connolly. No sé por qué, pero hay ciertos autores a los que sigo en todas y cada una de sus obras. La última de Connolly se titula El invierno del lobo ((Tusquets, 2015), y en ella encontraremos todo lo que esperamos de una de esas historias protagonizadas por el torturado investigador privado Charlie Parker: una historia que parece escrita al alimón por Raymond Chandler y por H.P. Lovecraft, donde el horror cósmico y la pesquisa detectivesca se mezclan con maestría. Y siempre, como marca de la casa, la extraordinaria capacidad de empatía y compasión del tándem Parker-Connolly:

  • "Ser indigente es un trabajo a jornada completa. Ser pobre es un trabajo a jornada completa. Eso es lo que no entienden quienes echan en cara a las personas desfavorecidas que no salgan al mundo y busquen un empleo. Ya tienen un empleo, y ese empleo es la supervivencia".
  • "A veces me pregunto cuánto hemos avanzado como sociedad en lo que ataña a las mujeres. Cada vez que enciendo la tele y oigo a un gilipollas con una americana de sport quejarse de las feministas, me entran ganas de pegarle fuego, y ya ni le cuento lo que pienso de esas taradas que un día se ven en lo alto del montón y rechazan el concepto mismo de feminismo, como si su éxito no se basara en la lucha de generaciones de mujeres. Las reto a pasar un día aquí en compañía de una mujer de cuarenta años cuyo marido lleva tanto tiempo quemándola con un cigarrillo que tiene que buscar un sitio donde aún le duela, o de una chica de diececinueve obligada a llevar pañal por lo que le hizo su padrastro, y que luego me digan que no son feministas".

Visor Literario nº 17

Y pasamos ahora a los ensayos. El primero es Un velero bergantín (Visor, 2014), de Luis García Montero. Subtitulado como "Defensa de la literatura" y dedicado a los profesores de literatura y a los lectores, es una reivindicación de la literatura como medio para edificar la imprescindible imaginación moral sin la cual el mundo se ve reducido a un mero campo de batalla. Un ensayo repleto de invitaciones a reflexionar sobre la  actual situación política:
“Nunca viene mal un poco de escepticismo.[...] Pero una cosa es vigilar, llamar a la conciencia, abrir las ventanas que aseguren el aire libre y la respiración, y otra convertir la sospecha en un mecanismo de paralización completa y de anclaje en el mal. [...] Como el mundo está mal, va a peor y ya no sirve eso de que vivimos en la realidad menos mala de las posibles, me parece un lujo excesivo renunciar a la esperanza (por modesto que sea el valor que queremos darle a esta palabra). La perspectiva del descrédito, que sirvió para ponernos en guardia contra los peligros del futuro perfecto, ha pasado a mayores y quiere acabar también con el futuro imperfecto”.
¡Menos mal que no me toca votar en Madrid!. Qué problema tendría para elegir entre García Montero (a quien tanto admiro como escritor), Gabilondo (con quien tuve oportunidad de compartir política aplicada, él en el ministerio de Educación, yo en la comisión de Educación del Senado) y José Manuel López (buen amigo, siempre comprometido con las mejores causas). ¿Por qué no es posible votar a los tres?


Seguimos con el libro de Jón Gnarr De cómo me convertí en alcalde y cambié el mundo (Capitán Swing, 2015). Hablando de elecciones, municipales por más señas, este libro nos ofrece el relato en primera persona de una ocurrencia provocadora transformada en realidad: la constitución desde la nada de un partido político -el "Partido Mejor"- y su transformación en el partido más votado en la capital de Islandia en las elecciones de 2010, con el 35% de los votos. "Hemos descuidado la democracia", advierte Gnarr. Bueno sería enmendar ese descuido, también por estos lares.



Y termino con La granja urbana, de Novella Carpenter (Capitán Swing, 2015). la autora, bióloga, periodista y, sobre todo, activista, narra con amor y con humos su experiencia como granjera urbana en uno de los barrios más conflictivos y degradados de la ciudad de Oakland, en California. "Plantar en las grietas de la ciudad", para transformarla. Una historia preciosa, excelentemente bien contada.

martes, 12 de mayo de 2015

¿Es Podemos un suflé? Si lo es, es el suflé de toda la izquierda

El relativo descenso en la expectativa de voto hacia Podemos que las últimas encuestas apuntan, además de distintos episodios de conflictividad interna, han llevado a muchos analistas políticos a aplicar al nuevo partido el calificativo de “suflé”. ¿Es realmente Podemos un suflé, un fenómeno puramente coyuntural, fruto de una serie de circunstancias, espectacular en su irrupción inesperada en mayo de 2014, pero que acabará volviéndose relativamente marginal en el medio plazo? Esta es, también, la expectativa de los partidos de izquierda “de siempre”, PSOE e IU, olvidando sus propios orígenes: que, más allá de la incertidumbre en que se celebran las próximas elecciones y una vez amortizada la inercia de su fabulosa arrancada, el electorado progresista optará por la experiencia frente al aventurerismo.
Cualquier cosa puede ocurrir y quien esto firma no es un experto en sociología política, pero tengo la convicción de que el futuro de la izquierda en España va a depender, no tanto de Podemos, cuanto del diagnóstico que hagamos del “fenómeno Podemos”; y si ese diagnóstico va a girar en torno al recetario del suflé, creo que nos estaremos equivocando hoy pero, sobre todo, estaremos cerrando las posibilidades a una alternativa progresista mañana.

Carente de pericias propias a la hora de analizar los procesos políticos, vengo aprendiendo mucho con la lectura de los trabajos de José Fernández-Albertos, investigador del CSIC y habitual analista en las páginas digitales de este diario. En concreto, la reflexión que quiero compartir surge de la lectura de su último libro: Los votantes de Podemos: del partido de los indignados al partido de los excluidos (Los libros de la catarata, 2015). En esta investigación Fernández-Albertos propone y justifica empíricamente una argumentación de gran interés, que con su permiso resumo a continuación. En todo caso, recomiendo a las y los lectores de este comentario que acudan directamente al libro en cuestión.



La crisis de 2008 y las políticas de austeridad aplicadas por los sucesivos gobiernos en España hicieron surgir dos tipos de crítica o descontento: por un lado, sectores relativamente acomodados, políticamente activos, muy críticos con las políticas de austeridad, partidarios de “otra” Europa, pero esencialmente europeístas; por otro, sectores económicamente más vulnerables y hostiles al proyecto europeo y a la moneda única. Como resume el autor: “El descontento era generalizado, sí, pero era un descontento muy difuso, construido a partir de grupos con visiones de la crisis y preferencias políticas muy heterogéneas”. La aparición de una nueva opción electoral con las características de Podemos ha servido para atraer hacia un mismo espacio políticamente organizado a estos dos grandes espacios desarticulados de descontento. Al principio, fueron los primeros (mejor informados, más politizados pero menos afectados por la crisis) quienes se acercaron a Podemos; a medida que el nuevo partido ha ido siendo más conocido, ha empezado a atraer más claramente a personas anteriormente menos politizadas y más vulnerables económicamente. El resultado: “Podemos es hoy un poco menos un movimiento de renovación política y un poco más un partido de clase”.

Y es aquí es donde dejo de referirme al interesante libro de Fernández-Albertos para llevar la reflexión por mis propios derroteros, que me llevan hasta el año 1985, cuando el sociólogo y secretario general del Partido Socialdemócrata Alemán, Peter Glotz, publica su Manifiesto por una nueva izquierda europea, editado dos años más tarde en España con prólogo de Felipe González. En ese libro, escrito en el contexto de una Europa amenazada por la tensión nuclear y la desindustrialización, con el horizonte de unas sociedades de dos tercios y un proyecto neoliberal triunfante, Glotz plantea una fórmula extraordinaria, que desde entonces no he dejado de recordar en múltiples circunstancias: “La izquierda debe poner en pie una coalición del mayor número posible de fuertes con los débiles, en contra de sus propios intereses; para los materialistas estrictos, que consideran que la eficacia de los intereses es mayor que la de los ideales, ésta puede parecer una misión paradójica, pero es la misión que hay que realizar en el presente”.

El espacio de la izquierda siempre ha estado tensionado entre quienes desean la transformación social y quienes la necesitan; entre quienes lamentan solidariamente las crisis y quienes las sufren materialmente. El problema es que quienes optamos ideológicamente por el cambio, que además somos las y los “fuertes” (en mejor posición socioeconómica, con más capital cultural, etc.), podemos sentir que ese cambio, ya sea en sus contenidos o en los procesos para lograrlo, afecta de alguna manera a nuestros intereses, materiales o no: que sintamos que “nos roban” la cartera o el alma, el cómodo bienestar o la pureza de nuestras convicciones.

Puede que el relativo debilitamiento de Podemos tenga que ver con esta tensión entre la aspiración ideológica al cambio y la necesidad material del mismo. Si es así, en Podemos se estaría librando la batalla de la que depende el futuro de la izquierda. Y nadie, desde este espacio ideológico, debería asistir a la misma como si la cosa no fuera con ellos.

>> Publicado en ELDIARIONORTE.ES

Lee y apoya EL DIARIO 

sábado, 9 de mayo de 2015

Guerra fría, espías y casta



He disfrutado mucho con las novelas de Graham Greene, pero no tanto con las de John le Carré, y ello a pesar de que ambos han abordado en varias de sus obras (especialmente en El tercer hombre y en El topo, respectivamente) el tema del espionaje  durante la guerra fría, con su juego cruzado de engaños, astucias y traiciones. La época es sin duda fascinante, y algunos de los episodios ocurridos merecen una aproximación no ya desde la literatura, sino desde la sociología política.
Me refiero a casos como el de "los cinco de Cambridge": que en los años 30 destacados miembros de la élite británica asumieran un compromiso tan fuerte con el comunismo es enormemente interesante.

Sobre esta época y sobre este grupo de espías británicos al servicio de la URSS trata el libro de Ben Macintyre, Un espía entre amigos (Crítica, 2015). Desde su publicación, en marzo, Javi Cámara no hacía más que recomendármelo, pero yo me resistía, y siempre eran otros los libros que se venían conmigo al salir de la librería. Como digo, aunque la época de la guerra fría me parece muy interesante (una gran obra al respecto: Postguerra, de Tony Judt) me daba pereza enfrentarme a "otra de le Carré". Hasta que la semana pasada cuando me iba con mi compra semanal, Javi me prestó el libro de Macintyre en un intento desesperado por hacérmelo leer.
Así lo he hecho, y debo confesar que el libro está muy bien. Se lee como una novela, con el interés añadido de tratarse de una historia real excelentemente documentada. Así pues, a pesar de mis resistencias iniciales, lo recomiendo.
Lo que más me ha interesado del libro es la manera en que en aquella época el clasismo imperante en la sociedad británica (clasismo que hoy sigue muy vivo: en un próximo comentario hablaremos del libro de Owen Jones, The Establisment) hizo que la labor de quienes trabajaban como agentes dobles al servicio de la URSS resultará mucho más sencilla.

Por una parte, se trata de un mundo paralelo, oscuro, cerrado sobre sí mismo, en el que sin embargo la relación continua y cruzada entre las personas que de una forma u otra tienen que ver con el mismo es imprescindible. De manera que: "El intercambio de información interna es uno de los puntos débiles del mundo de la inteligencia; a los espías no se les permite explicar nada de lo que hacen a personas ajenas al oficio, por lo que aprovechan la menor ocasión para discutirlo con sus iguales".
Pero, ¿quiénes son esos "iguales"? ¿Cómo reconocerlos en un mundo de secretos, apariencias y engaños, donde el criterio de funcionamiento más seguro debería ser la sospecha sistemática? En este punto es donde el racismo de clase le jugó una mala pasada al espionaje británico.

Un ejemplo es la fallida operación contra el régimen comunista albanés de Enver Hoxha en 1949. Philby, el más famoso de los cinco de Cambridge, anticipó todos los datos de la operación a sus superiores soviéticos, y estos a sus aliados albaneses. ¿Cómo? Muy fácil: el responsable de inteligencia de la operación "le rebeló a Philby, entre copa y copa, las coordenadas exactas de todos y cada uno de los puntos de entrada de la CIA en Albania". Tras el fracaso de esta operación, estaba claro que alguien estaba pasando información a los rusos. Ese alguien fue denominado "Homero"; había que descubrirlo. Pero el humo del prejuicio de clase nublaba los ojos de los investigadores:
La investigación conjunta del FBI y el MI5 todavía no había logrado identificar al espía llamado 'Homero'. Los investigadores parecían convencidos de que el topo de la embajada británica tenía que se un empleado local, alguno de los conserjes o sirvientes, aun a pesar de que la información enviada por 'Homero' era de alto nivel. Tras su salida de Washington en 1948, Donald Maclean se había trasladado a El Cairo como consejero y canciller de la embajada de Gran Bretaña. Su comportamiento resultaba cada vez más extraño debido a su doble vida, pero lo que nadie imaginaba era que aquel diplomático inglés educado y culto pudiera ser un espía de Rusia. Maclean era hijo de un antiguo miembro del gabinete, un hombre formado en el sistema de las escuelas de élite y en Cambridge, y miembro del Reform Club, y como tal estaba al margen de toda sospecha gracias, en palabras de Philby, a aquel "bloqueo mental que se negaba rotundamente a aceptar que los miembros de la clase dirigente pudieran cometer ese tipo de prácticas".

A lo sumo, comportamientos cuando menos delicados en el ámbito de los servicios secretos, como las borracheras, la promiscuidad sexual o las peleas, eran reducidas a meras "excentricidades":
Al parecer, el que uno se emborrachara y le diera por destrozar pertenencias ajenas no era impedimento para medrar en el servicio diplomático británico, siempre y cuando uno perteneciera a la "clase adecuada".

Finalmente acabó por reproducirse en el seno de los servicios secretos británicos una suerte de lucha de clases, y el desenlace de esta fue el que permitió descubrir la traición de los cinco de Cambridge:
Las actitudes encontradas frente a Philby de los dos servicios de inteligencia británicos eran el reflejo de una falla cultural que antecedía a esa crisis y que la sobreviviría hasta hoy. El MI5 y el MI6 -el Servicio de Seguridad y el Servicio Secreto, equivalentes en líneas generales al FBI y la CIA- se solapaban en muchos aspectos, pero sus puntos de vista eran fundamentalmente distintos. El MI5 tendía a reclutar antiguos agentes de policía y soldados, hombres que en ocasiones hablaban con acento regional y que con frecuencia ni conocían ni les importaba el orden de los cubiertos en una cena formal. Hacían cumplir la ley y defendían el reino, atrapaban a espías y los llevaban a juicio. En el MI6 predominaba un ambiente más cercano a las escuelas privadas y Oxbridge; sus hombres tenían un acento más refinado y vestían mejores ropas. [...] El MI6 era de clase media alta (con algunos aristócratas); el MI5 era de clase media (y en ocasiones trabajadora). Dentro del sistema de gradaciones  y estratificación social tan caro a los británicos, el MI5 era "plebeyo" y popular, mientras que el MI6 era un cuerpo caracterizado por la caballerosidad, el elitismo y la camaradería. Los agentes del MI5 eran cazadores; los del MI& recolectores.

Los cazadores del MI5, insensibles ante los marcadores de la clase, resolvieron finalmente el enigma.

jueves, 7 de mayo de 2015

Del fútbol también se sale



Ánimo, camaradas: ¡que no cunda el pánico!
¿Y si lo de la huelga del fútbol va en serio?
Puede que durante una temporada experimentéis una terrible sensación de ausencia: ocurre con todas las adicciones.
Pero, superada esa fase, os descubriréis más... más libres.
Ánimo, que del fútbol también se sale.



sábado, 2 de mayo de 2015

¿Hasta luego, Pablo? Si sólo fuera eso...



Ayer, mientras recorríamos la Gran Vía de Bilbao conmemorando y actualizando el 1º de Mayo, salió en la conversación, como no podía ser de otra manera, el asunto de Juan Carlos Monedero y su salida "sí-pero no-pero sí" de Podemos, tanto en sus formas como en su fondo. Entre quienes lo comentábamos había de todo, tanto sindical como políticamente. Todas y todos, eso sí, con biografía militante que se remonta a los años Setenta y que ha continuado, con peripecias diversas, hasta hoy. De esa conversación, prolongada tras la manifa en torno a unas cervezas, y de alguna otra cosa que había ido rumiando en los días pasados tras la lectura del libro titulado Hasta luego, Pablo, tiro para escribir este comentario.

En primer lugar, en lo que la decisión de Monedero pueda tener de hartazgo por una exposición mediática tan extrema e injusta como la que ha venido sufriendo en las últimas semanas, todas y todos comprendíamos perfectamente su reacción."No estoy dispuesto a que me roben el alma", ha dicho, y quienes estábamos ayer en la conversación (casualidad, con experiencia en la política institucional sin haber querido ser políticos "profesionales") nos identificábamos con él. Yo mismo he reflexionado sobre esto al revisar mi paso por el Senado, a partir de un incisivo artículo de Fernando Vallespín. Mi reflexión terminaba así:

Volviendo al artículo de Vallespín con el que hemos abierto esta reflexión: “La cuestión fundamental, por tanto, es saber si quien se dedica a la política puede seguir conservando la identidad de su anterior origen, o si lo político consigue disolverse en sus lógicas propias. Hoy la mayoría de los políticos son ya casi todos «políticos de profesión», no de vocación, por valernos de la distinción weberiana. Y los que sobreviven en la política, sean doctores, intelectuales, juristas o trabajadores del metal, se ven tan fagocitados por ella, que al final su formación anterior queda como mera anécdota curricular”. Mi respuesta personal a esta cuestión es bien clara: no, no puede. Mi experiencia me dice que la política, hoy en día, soporta mal que quienes se dedican a ella quieran mantener aspectos fundamentales de su identidad: como militante ciudadano, como intelectual crítico, como creyente. La política, tal como hoy se vive, obliga a elegir entre todas esas pertenencias hasta dejar prácticamente sólo una: la de político profesional.
Mucho tiene que ver esto con algo que escribe el jurista italiano Luigi Ferrajoli, sometiendo a una severa crítica la actual crisis del reclutamiento el personal político, que contribuye de manera destacada a la quiebra objetiva de la participación de la ciudadanía en la vida pública: “Desvanecida la vida política en las viejas secciones territoriales, desecado el debate de base y los tradicionales canales de selección de grupos dirigentes, el recambio del estamento político queda inevitablemente confiado a las relaciones personales, o, lo que es peor, a las de carácter familiar y clientelar de los dirigentes. El resultado es una caída de la calidad no solo profesional, sino también moral e intelectual de toda la clase política” (Poderes salvajes, Trotta 2011).
“Hemos dado ya por perdido un mecanismo fluido de ida y vuelta entre política y sociedad civil que permita mantener el atractivo del servicio público”, concluye Vallespín.
Yo tenía el billete de vuelta a la sociedad civil desde el mismo momento en que fui elegido. 

Sin embargo, más allá de esta comprensión, la conversación se centró especialmente en la dificultad que hoy tienen las gentes de izquierdas para asumir las exigencias de la práctica política organizada.

En su entrevista en Radiocable, Juan Carlos Monedero indica que la razón de fondo por la que deja Podemos tiene que ver con su desacuerdo con el proceso de institucionalización que : “Desde que nace Podemos tiene dos almas. El alma de donde viene -el del 15M- y la propia conversión en partido político que te sitúa en un ámbito institucional con una serie de reglas. Yo creo que hay que mantener una tensión entre ambos polos, porque el riesgo de que seas rehén de esas exigencias es muy alto”. El riesgo de que esta institucionalización, imprescindible para actuar en el campo de la política electoral, acabe devorando la potencialidad transformadora de la nueva organización está ahí, por supuesto.

El problema es que los diagnósticos certeros sobre la posibilidad de una deriva del proyecto original hacia el terreno castoso de la mera electoralización fracasan cuando de proponer alguna alternativa ser trata. ¿De verdad cabe pensar que esa alternativa a lo existente vamos a encontrarla en Negri?

Un ejemplo de esta asincronía radical entre diagnóstico crítico y propuesta reconstructiva la encontramos en el libro, antes citado, Hasta luego, Pablo, subtitulado "Once ensayos críticos sobre Podemos". El diagnóstico que las autoras y autores de los ensayos hacen sobre Podemos puede resumirse (en mi personal lectura, por supuesto, así):

A)  Batallitas personales, choques de egos que se hacen pasar por críticas políticas:
  • "Salta a la vista que a los responsables presentes de Podemos les importa poco lo que gentes como yo, desde la marginalidad, tengan a bien decir" (p. 179).
  • "No creo que haya engaño alguno en el discurso de Podemos -y eso que lo suyo es recordar, para quienes gustan de la genética, que alguno de sus dirigentes, y esquivaré nombres, era años atrás un estalinista exultante y un socialdemócrata vergonzante, para haberse convertido hoy en un socialdemócrata exultante y un estalinista vergonzante" (p. 195).
B) Rechazo de las siempre imperfectas herramientas políticas realmente existentes (en este caso Podemos) y proclamación de otras supuestamente mejores, o de otras posibilidades de transformación, sin ofrecer ninguna prueba de su existencia:

"La aparición de una nueva válvula de escape sistémica que sustituya a las viejas válvulas obstruidas podría acabar en un simple intercambio de élites al tiempo que se pone fin a un proceso de genuina revuelta popular basada en la autogestión desde abajo. De ser así, tendremos que concluir que se ha dejado pasar, una vez más, la oportunidad de un verdadero cambio político capaz de ofrecer una salida del capitalismo" (p. 65). 

C) Aristocratismo: en el fondo para esta izquierda post-Podemista o au-delà de Podemos el pueblo, la gente, es una masa consumidora de emociones, experiencias y mitos, que se deja engañar con pasmosa facilidad:
  • "El discurso de Podemos no deja de ser retórica producida por élites para consumo masivo del pueblo" (p. 64).
  • "El gran logro de Podemos radica en un acto confiscatorio, extractivo, avalado como autoridad moral por el tirón de las audiencias televisivas: saca el voto público de la movilización de las calles para recepcionarlo como voto particular bajo su marca" (p. 26). 
  • "Estamos, pues, ante una elites culturales que dirigen al pueblo y no, en ningún caso, ante el pueblo que se organiza a sí mismo para alcanzar sus intereses objetivos" (p. 60).
  • [Analizando la asamblea de Vistalegre] "Todo [...] estaba cuidadosamente preparado para inducir al público al fervor de lo espectacular, para dejar en segundo plano los contenidos que se iban a tratar y para centrar el encuentro en la representación. [...] El primero en entrar en escena, como no podía ser de otro modo, fue Pablo Iglesias; literalmente, la cara del partido. Antes siquiera de que se pronunciase, antes incluso de que subiera al estrado, las gradas ya habían estallado en júbilo. Sólo por verle aparecer" (pp. 71-72).
  • "Con la ventaja de ser las caras reconocibles de Podemos, gracias a su cobertura mediática, no tuvieron más que aparecer sobre el escenario para empezar a recibir aplausos. Con sólo elevar un poco el tono de voz hacían estallar las gradas de emoción" (p. 76).
D) Críticas que nacen de la convicción de que la visión del mundo de quien las formula es tan correcta que se olvida de que la tiene. Es, por ejemplo, el caso de quien critica a Podemos por su posición (o ausencia de esta, en según que casos) ante el soberanismo, particularmente el catalán. La cita es larga, pero necesaria:

"Día 5 de febrero de 2015. Una clase de primero de la ESO en un centro de secundaria de enseñanza pública de El Vendrell, la pequeña comarca del Baix Penedès en los Països Catalans. Cuatro niños acaban un trabajo de la asignatura optativa de introducción al periodismo. Consiste en crear en grupo un periódico completo con su portada, sus noticias, secciones, etc. En la portada de su periódico, que lleva por nombre Demà (Mañana), una noticia destaca por encima del resto. El titular dice: 'Pablo Iglesias gana las elecciones al PP y al PSOE e impide la independencia de Catalunya'. Preguntados, como el resto de alumnos, sobre por qué han creado o inventado tal noticia, los cuatro responden al unísono: 'Es el único que puede hacerlo'.
Es sólo una anécdota sin más importancia, y evidentemente sin ningún valor estadístico, pero tiene relación con lo real sin recoger por ello las intenciones reales de Podemos (hasta el nombre del partido ha desaparecido). Nos indica, con todo, que hay parte del mensaje de Podemos que escapa de las manos de los que diseñaron o diseñan las formas del programa y, seguramente, de los miembros de la organización. ¿Qué habrá llegado a esos cuatro niños de El Vendrell, desde la televisión o desde sus familias, para que atribuyan la característica de antiindependentista a Pablo Iglesias y piensen que es él -y su fuerza política, añadimos nosotros- el único que puede parar con éxito la independencia de Catalunya?" (pp. 154-155).

Está claro lo que les ha llegado a esos cuatro niños: nacionalismo (catalán, en este caso) por un tubo.

E) Sorprendentes teorías que explican la existencia de Podemos en función de los intereses ¡del PP!

"[Muchas explicaciones del sorprendente ascenso de Podemos] remite[n] a los intereses electorales  de un partido, el Popular, que en la trastienda estaría moviendo, con algún riesgo pero innegable inteligencia, sus peones. Necesitado de movilizar a un electorado cuya confianza ha ido perdiendo, el PP no habría hecho ascos al ascenso de Podemos por cuanto entendería que éste es un rival interesante a efectos de poner en marcha la estrategia del miedo. [...] Y es que, y a la postre, si una sociedad conservadora acaba por tolerar el ascenso de Podemos, ¿no será porque este último es la última vuelta de tuerca de un proyecto conservador? Las cosas como fueren, bien pudiera ser que quienes -los responsables de Podemos- creen dirigir audazmente un proceso sean rehenes de los designios de otros" (pp. 201-202). 

F) Críticas ciertas, pero injustas, en la medida en que desde una mirada específica sobre la realidad (la feminista, la antimilitarista, la ecologista o la del sindicalismo anarquista) se descubren las carencias o ambigüedades de Podemos en estos campos, que son muchas, sin duda, pero porque no son un movimiento social, sino un partido:
  • "'¿Vosotros creéis que Podemos puede presentarse a unas elecciones planteando el decrecimiento cuando los demás van a ofrecer lo contrario? Nosotros creemos que no´, ha afirmado Juan Carlos Monedero" (p. 93).
  • "Tenemos que aprender que estatalizar una parte de la economía y/o gestionarla con otra racionalidad (nacionalizaciones) [tal como plantea Podemos, sin romper con el 'régimen de la ganancia y las desigualdades', no es sino un engaño" (p. 111). 
  • "Podemos no es mínimamente feminista" (p.123).
  • "¿Puede permitirse Podemos un rechazo del antimilitarismo y pacifismo arraigado en este pequeño punto del imperio? Podemos aspira en su mensaje táctico a cierto eclecticismo que permita aglutinar gentes de todos los espectros. Por eso tal vez renuncia a una definición cerrada, que impida la adhesión de quienes pertenecen a alguna orientación más o menos definida, pues quiere ganar las mayorías, y las mayorías, en una cultura pluralista y posmoderna como la nuestra, huyen, se supone, de etiquetas indelebles y de lo que llaman 'radicalismos'. No vamos a entrar en la discusión de si esto es más o menos acertado desde el punto de vista estratégico: nos limitamos a constatar este juego táctico" (p. 150).
G) Y también hay en el libro muchos buenos análisis, que dan en el clavo cuando plantean el difícil reto al que se enfrenta Podemos al querer construirse en organización política. Pero acertar en este diagnóstico es lo más fácil, y la historia de las izquierdas abunda en casos a partir de los cuales reflexionar al respecto.

Por cierto: Podemos nació de este espacio izquierdista que tiene una inmensa capacidad de descubrir las carencias de cualquier proyecto político institucionalizado, pero que presenta una inmensa debilidad a la hora de construir alternativas. Tal vez ahora sean más conscientes de la injusticia que encerraban algunas de sus críticas.  

Miles de personas salen a la calle en Donostia, Bilbao y Gasteiz a celebrar el 1 de mayo

Ayer, 1 de Mayo, mientras nos manifestábamos en Bilbao, se me ocurrió pensar que la mayoría de quienes estamos en las izquierdas, en realidad no necesitamos que nuestra sociedad cambie. Lo deseamos, queremos que cambie, pero aunque no cambie la vida ya nos va bien. Es la ideología la que nos lleva a proponer el cambio, no la necesidad material. Por eso podemos permitirnos el lujo de abandonar las instituciones o las organizaciones cuando estas ponen en jaque nuestras convicciones, nuestros valores, nuestra conciencia.
Y claro que tiene que haber límites: ¿pero tantos, y tan pronto? 
En esto, como en tantas cosas, me quedo siempre con Camus: "Entre la locura de quienes no quieren nada de lo que es y la sinrazón de quienes quieren todo lo que debería ser, los que quieren realmente algo, y están dispuestos a pagar su precio, serán los únicos en conseguirlo".

"Hasta luego, Pablo", dicen. Y se van de Podemos, o del PSOE ("hasta luego, Pedro"), o de Izquierda Unida ("hasta luego, Alberto"), o del PSE ("agur, Idoia"). Se van para que no les roben el alma, para salvaguardar sus principios éticos y morales... Lo comprendo. El problema es que el mundo sigue igual.

jueves, 23 de abril de 2015

¡Grande, Goytisolo! Muy grande



Maravilloso el discurso de Juan Goytisolo. Hay que escucharlo.
Y hay que leerlo y releerlo... y practicarlo.

A la llana y sin rodeos

En términos generales, los escritores se dividen en dos esferas o clases: la de quienes conciben su tarea como una carrera y la de quienes la viven como una adicción. El encasillado en las primeras cuida de su promoción y visibilidad mediática, aspira a triunfar. El de las segundas, no. El cumplir consigo mismo le basta y si, como sucede a veces, la adicción le procura beneficios materiales, pasa de la categoría de adicto a la de camello o revendedor. Llamaré a los del primer apartado, literatos y a los del segundo, escritores a secas o más modestamente incurables aprendices de escribidor.

A comienzos de mi larga trayectoria, primero de literato, luego de aprendiz de escribidor, incurrí en la vanagloria de la búsqueda del éxito -atraer la luz de los focos, ser noticia”, como dicen obscenamente los parásitos de la literatura- sin parar mientes en que, como vio muy bien Manuel Azaña, una cosa es la actualidad efímera y otra muy distinta la modernidad atemporal de las obras destinadas a perdurar pese al ostracismo que a menudo sufrieron cuando fueron escritas. La vejez de lo nuevo se reitera a lo largo del tiempo con su ilusión de frescura marchita. El dulce señuelo de la fama sería patético si no fuera simplemente absurdo. Ajena a toda manipulación y teatro de títeres, la verdadera obra de arte no tiene prisas: puede dormir durante décadas como La regenta o durante siglos como La lozana andaluza. Quienes adensaron el silencio en torno a nuestro primer escritor y lo condenaron al anonimato en el que vivía hasta la publicación del Quijote no podían imaginar siquiera que la fuerza genésica de su novela les sobreviviría y alcanzaría una dimensión sin fronteras ni épocas.

“Llevo en mí la conciencia de la derrota como un pendón de victoria”, escribe Fernando Pessoa, y coincido enteramente con él. Ser objeto de halagos por la institución literaria me lleva a dudar de mí mismo, ser persona non grata a ojos de ella me reconforta en mi conducta y labor. Desde la altura de la edad, siento la
aceptación del reconocimiento como un golpe de espada en el agua, como una inútil celebración. 

Mi condición de hombre libre conquistada a duras penas invita a la modestia. La mirada desde la periferia al centro es más lúcida que a la inversa y al evocar la lista de mis maestros condenados al exilio y silencio por los centinelas del canon nacionalcatólico no puedo menos que rememorar con melancolía la verdad de sus críticas y ejemplar honradez. La luz brota del subsuelo cuando menos se la espera. Como dijo con ironía Dámaso Alonso tras el logro de su laborioso rescate del hasta entonces ninguneado Góngora, ¡quién pudiera estar aún en la oposición!

Mi instintiva reserva a los nacionalismos de toda índole y sus identidades totémicas, incapaces de abarcar la riqueza y diversidad de su propio contenido, me ha llevado a abrazar como un salvavidas la reivindicada por Carlos Fuentes nacionalidad cervantina. Me reconozco plenamente en ella. Cervantear es aventurarse en el
territorio incierto de lo desconocido con la cabeza cubierta con un frágil yelmo bacía. Dudar de los dogmas y supuestas verdades como puños nos ayuda a eludir el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnociencia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las identidades religiosas o ideológicas que sienten amenazados sus credos y esencias.

En vez de empecinarse en desenterrar los pobres huesos de Cervantes y comercializarlos tal vez de cara al turismo como santas reliquias fabricadas probablemente en China, ¿no sería mejor sacar a la luz los episodios oscuros de su vida tras su rescate laborioso de Argel? ¿Cuántos lectores del Quijote conocen las
estrecheces y miseria que padeció, su denegada solicitud de emigrar a América, sus negocios fracasados, estancia en la cárcel sevillana por deudas, difícil acomodo en el barrio malfamado del Rastro de Valladolid con su esposa, hija, hermana y sobrina en 1605, año de la Primera Parte de su novela, en los márgenes más promiscuos y bajos de la sociedad?

Hace ya algún tiempo, dedique unas páginas a los titulados Documentos cervantinos hasta ahora inéditos del presbítero Cristóbal Pérez Pastor, impresos en 1902 con el propósito, dice, de que “reine la verdad y desaparezcan las sombras”, obra cuya lectura me impresionó en la medida en que, pese a sus pruebas fehacientes y a otras indagaciones posteriores, la verdad no se ha impuesto fuera de un puñado de eruditos,
y más de un siglo después las sombras permanecen. Sí, mientras se suceden las conferencias, homenajes, celebraciones y otros actos oficiales que engordan a la burocracia oficial y sus vientres sentados, (la expresión es de Luis Cernuda) pocos, muy pocos se esfuerzan en evocar sin anteojeras su carrera teatral frustrada, los tantos años en los que, dice en el prólogo del Quijote, “duermo en el silencio del olvido”: ese “poetón ya viejo” (más versado en desdichas que en versos) que aguarda en silencio el referendo del falible legislador que es el vulgo.

Alcanzar la vejez es comprobar la vacuidad y lo ilusorio de nuestras vidas, esa “exquisita mierda de la gloria” de la que habla Gabriel García Márquez al referirse a las hazañas inútiles del coronel Aureliano Buendía y de los sufridos luchadores de Macondo. El ameno jardín en el que transcurre la existencia de los menos, no debe distraernos de la suerte de los más en un mundo en el que el portentoso progreso de las nuevas tecnologías corre parejo a la proliferación de las guerras y luchas mortíferas, el radio infinito de la injusticia, la pobreza y el hambre.

Es empresa de los caballeros andantes, decía don Quijote, “deshacer tuertos y socorrer y acudir a los miserables” e imagino al hidalgo manchego montado a lomos de Rocinante acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la Santa Hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma
por encantados castillos con puentes levadizos y torres almenadas socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad.

Sí, al héroe de Cervantes y a los lectores tocados por la gracia de su novela nos resulta difícil resignarnos a la existencia de un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes como en el que actualmente vivimos. Si ello es locura, aceptémosla. El buen Sancho encontrará siempre un refrán para defenderla.

El panorama a nuestro alcance es sombrío: crisis económica, crisis política, crisis social. Según las estadísticas que tengo a mano, más del 20% de los niños de nuestra Marca España vive hoy bajo el umbral de la pobreza, una cifra con todo inferior a la del nivel del paro. Las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo. No se trata de poner la pluma al servicio de una causa, por justa que sea, sino de introducir el fermento contestatario de esta en el ámbito de la escritura. Encajar la trama novelesca en el molde de unas formas reiteradas hasta la saciedad condena la obra a la irrelevancia y una vez más, en la encrucijada, Cervantes nos muestra el camino. Su conciencia del tiempo “devorador y consumidor de las cosas” del que habla en el magistral capítulo IX de la Primera Parte del libro le indujo a adelantarse a él y a servirse de los géneros literarios en boga como material de derribo para construir un portentoso relato de relatos que se despliega hasta el infinito. Como dije hace ya bastantes años, la locura de Alonso Quijano trastornado por sus lecturas se contagia a su creador enloquecido por los
poderes de la literatura. Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote. Al hacerlo no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés los pies en ella. Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia.

Discurso de Juan Goytisolo
Ceremonia de entrega del Premio Cervantes 2014

miércoles, 22 de abril de 2015

Je suis 700 Lampedusa



Mañana, jueves 23, a las 7:00, nos encontramos en la Plaza Moyua de Bilbao.
Y en muchas otras plazas mas.