domingo, 24 de enero de 2016

Manos a la obra

Se equivoca Podemos si cree que la profunda transformación que precisa este país tiene que ver esencialmente con la sustitución del PSOE como espacio político más representativo del voto progresista en España. Tal cosa ocurrirá o no, en función de muy diversas circunstancias: los aciertos y los errores de cada cual, reflejados aunque sea de manera aproximada en las opciones de voto que tome la ciudadanía.
Pudiera ser que las múltiples y muy evidentes enfermedades del partido fundado por Pablo Iglesias “el viejo” hayan ido adquiriendo con el paso del tiempo una cierta dimensión estructural (como la aluminosis en algunos edificios o la corrupción en el PP) que haga sumamente complicado su saneamiento: son muchos años de ejercicio del poder, de profesionalización de la tarea de representación política, de abandono en la práctica del papel de mediación entre el Estado y la sociedad, de puertas giratorias y de sometimiento a un falso realismo que ha olvidado que “cada presente se excede radicalmente a sí mismo” (T. Eagleton, Esperanza sin optimismo, Taurus, 2016). Complicado, seguro, pero ¿imposible? Si así fuera, Podemos debería dejar de jugar al mismo tiempo a la deslegitimación (el PSOE como casta, como bunker, etc.) y a la rehabilitación (“Si estamos más fuertes que el PSOE podemos hacer que rectifiquen”).
Salvo que la torpe presentación del vicepresidente Iglesias y sus cuatro ministrables sea, como se ha señalado, una maniobra final para cargarse el ya muy debilitado liderazgo de Pedro Sánchez, impidiendo cualquier movimiento para la conformación de un gobierno de izquierdas y provocando unas nuevas elecciones, el partido fundado por Pablo Iglesias “el nuevo” debe decir con claridad sí o no a un gobierno presidido por Sánchez, y actuar en coherencia. Y para ello, Podemos debería leer con más atención y rigor los posos amargos que deja la historia del socialismo español, pues en ellos se encuentran dibujados también algunos de sus potenciales futuros como organización política.
Se equivoca también el PSOE si, empujado por las estrategias coincidentes de quienes, viviendo la política como ejercicio de hooliganismo, gritan que el partido está por encima de su proyecto transformador, por un lado, y quienes consideran que es su propio futuro personal, ligado a la ocupación de cargos  políticos, el que debe primar sobre cualquier proyecto de cambio, por otro, acaba proclamando algo así como “Fiat PSOE et pereat socialismus”: hágase el PSOE, aunque perezca el socialismo. Y si para que el PSOE dure como organización hay que convertirlo definitivamente en un grupo de poder privado separado de sus bases sociales, en una institución parapública que gestione de manera informal la distribución y el ejercicio de las funciones públicas, en órgano del Estado articulado según la férrea ley de las oligarquías (caracterización tomada de L. Ferrajoli, Poderes salvajes, Trotta, 2011), pues se hace y punto.
Aunque, como ya he indicado más arriba, la forma (y las formas) en que está actuado Podemos tras las elecciones me parece sumamente cuestionable, más cuestionable me parece que en respuesta a estas malas formas el PSOE se ponga ahora a perder el tiempo haciéndose el ofendido, en lugar de convocar a una mesa a, para empezar, Podemos e IU, con el fin de trabajarse en serio las condiciones para un programa de gobierno. No vi tanta indignación entre los dirigentes socialistas cuando se reformó el artículo 135 de la Constitución con agosticidad y alevosía para contentar a “los mercados”, cuyas presiones deberían habernos resultado infinitamente más inaceptables, antidemocráticas e insultantes que las de Pablo Iglesias.
Como señala Zygmunt Bauman en su último libro (Z. Bauman y C. Bordoni, Estado de crisis, Paidós, 2016) al analizar los movimientos de indignación, “hoy parece que se están limpiando solares vacíos, escenarios de futuras obras de construcción, en previsión de un cambio en la gestión del espacio. Pero los edificios futuros destinados a reemplazar a los que  hoy han quedado vacíos o han sido desmantelados se encuentran todavía en fase de diseño, repartidos entre multitud de mesas de delineante privadas, y ninguno de ellos está listo no de lejos para obtener la licencia de obras”. De ahí su conclusión: “La capacidad de despejar y limpiar solares de obras parece haber crecido considerablemente; sin embargo, el sector de la construcción va muy por detrás, y la distancia entre sus capacidades y la grandiosidad del trabajo constructor pendiente no deja de crecer”.

No es este de la construcción el referente más apropiado en un país como Españistán, pero se entiende y personalmente comparto su diagnóstico. Si el PSOE, por sus impresentables pugnas internas, y Podemos, por su enfermiza obsesión hegemonista, hacen imposible un gobierno de cambio, serán otros los que construyan sobre esos solares vacíos. Y lo que construyan no será, me temo, escuelas, parques, hospitales, plazas y viviendas sociales.

lunes, 18 de enero de 2016

jueves, 7 de enero de 2016

La insoportable insaciabilidad del ser nacional


http://elpais.com/elpais/2012/11/22/vinetas/1353601036_574882.html

Antonio Baños, una de las caras más visibles de la CUP, ha dimitido. En su carta de explicación indica que él se metió en política con un único objetivo: “El meu pas a la política (tot plegat uns cinc mesos) tenia només un sol sentit i objectiu: Que aquesta legislatura fos la de la ruptura irreversible amb l’Estat Espanyol i que, a més, la construcció de la República es fes des de un procés constituent popular i social”. Y si para ello había que votar a Mas, pues se le vota y punto.
Por su parte, la Asamblea Nacional Catalana se excusa públicamente por haber incluido a la CUP en su petición de voto a fuerzas independentistas. Ahora resulta que por no votar a Mas van a pasar a formar parte de esos "partidos políticos españoles que están en Catalunya, como el PP y Ciudadanos", adversarios según Carme Forcadell del "resto, [que] somos nosotros, el pueblo catalán, y sólo nosotros somos los que lograremos la independencia”.
Los procesos de estatonacionalización exigen de toda la energía política contenida en una sociedad. Hasta el último julio. Son insaciables y, en última instancia, incompatibles con la práctica política. Cuando una sociedad se embarca en la construcción de un Estado-nación cualquier otra cuestión se vuelve irrelevante, inconveniente o inaceptable, al menos hasta el día después de la independencia. Lo mismo ocurre, por cierto, cuando un Estado ya constituido pretende reforzar, por la razón que sea, sus señas de identidad nacional. De manera que si Isaías representaba el futuro mesiánico con la imagen del lobo y el cordero paciendo juntos, el nacionalismo español imagina estos días su propio futuro como la posibilidad de que un indecente, un ruin (o “ruiz”) y un ambicioso inexperto gobiernen juntos para evitar la ruptura de España.
Hace ya tiempo que vengo defendiendo que el lenguaje federal puede ser la lengua franca que abra en España un espacio político liberado del lenguaje tóxico de los nacionalismos. ¿O es que alguien cree de verdad que se puede discutir en serio con quien enarbola una camiseta de la selección de Cataluña o de Euskadi mediante el recurso a agitar, con igual o mayor forofismo, la camiseta de la selección de España? Mejor esta pelea a camisetazos que la lucha a garrotazos que pintara Goya, por supuesto; pero sigue siendo una confrontación intelectualmente absurda y políticamente incapacitante.
Seguramente es cierto, en estrictos términos jurídicos, que “dentro de un Estado sólo puede haber una nación (vinculada a la soberanía), de forma que si se quiere constituir una nueva nación (política) debe pasar a la formación de un nuevo Estado incompatible con el de la nación primera” (Eduardo Vírgala, “Nación y nacionalidades en la Constitución”, p. 173). Sin embargo, desde la perspectiva de la sociología política podemos afirmar que en un mismo Estado caben varias naciones, pero ni varios ni un sólo nacionalismo. El problema de España no es el de la existencia de varias naciones, sino de varios nacionalismos. No se trata de abonar discursos rancios sobre unidades o esencias nacionales, sino de apostar por un proyecto moderno de ciudadanía definida por los derechos y las libertades de todas y cada una de las personas, en un marco de estabilidad jurídica garantizado por las distintas instituciones del Estado.
Como señala Claudio Magris: “Nadie se enamora de un Estado pero hace falta el Estado para que podamos exaltarnos tranquilamente por lo que nos dé la gana y para que nuestra libertad, según la vieja definición liberal, sólo termine donde comienza la libertad del otro” (Utopía y desencanto, Anagrama, Barcelona 2001). O en palabras de Suso de Toro: “La nación contemporánea es la de ciudadanos diversos que conviven en espacios pactados y aceptados. Los afectos nacen después. O no ¿Y qué?” (Españoles todos, Península, Barcelona 2004).
 
> Publicado en EL DIARIO NORTE.

martes, 5 de enero de 2016

Indios y bisontes en la Montaña Palentina



Pahá Sapá, "El Corazón de Todo lo Existente": así era como denominaban los sioux a las Black Hills, el centro espiritual de un extenso territorio que incluía Idaho, Wyoming, Nebraska, Iowa y las dos Dakotas.
Convertidos en población sobrante, molestos residuos de una forma de vida nómada y guerrera ligada a las condiciones naturales de las Altas Llanuras, la expansión de la civilización europea en Norteamérica fue ocupando inexorablemente todos el territorio de los sioux.
El contexto en el que Nube Roja va a enfrentarse a esta expansión queda perfectamente expuesto al principio del libro de Tom Clavin y Bob Drury El Corazón de Todo lo Existente. La historia jamás contada de Nube Roja:
"La última mitad de la década de 1860 supuso un punto de inflexión psicológico en las relaciones entre blancos e indios en la sección central del país. El primer colonialismo europeo había provocado no solo la destrucción de los pueblos nativos, sino también una veneración paternalista -influenciada en parte por James Fenimore Cooper- hacia las culturas de los 'Nobles Salvajes' [...]. Sin embargo, el romanticismo de Cooper había quedado para entonces en un mero recuerdo borroso que unos Estados Unidos recién fortalecidos empezaban a sustituir en la posguerra por la concepción del 'destino manifiesto'. Las viejas actitudes se estaban reconfigurando con una claridad cruel, sobre todo entre los habitantes del Oeste. Incluso blancos que habían considerado en otros tiempos a los indios como el equivalente a unos niños caprichosos [...] a quienes había que 'civilizar' a base de biblias y arados- empezaban a verlos ya como una raza infrahumana que la ola del progreso debía exterminar o recluir en reservas".


http://www.wikiwand.com/en/Red_Cloud's_War

Contra esta civilización se alzó en 1866 Nube Roja, "el único indio capaz de afirmar haber vencido a Estados Unidos". Porque, en efecto, en 1868 el gobierno de Estados Unidos tuvo que admitir su derrota y aceptó firmar un acuerdo de paz, "por primera vez, bajo las condiciones de los indios". La razón de su improbable éxito estriba en su capacidad para introducir en distintas tribus indias -sioux, cheyenes del norte y arapahoes- una cultura militar más cercana a la de sus enemigos blancos que a su propia tradición guerrera
Como escriben los autores de este libro: "el piel roja y el hombre blanco no obedecen al mismo concepto de guerra y, mucho menos, a las mismas normas [...] la guerra como una empresa que lo abarcase todo  era un concepto ajeno a los indios [...] la mayoría no captaba el concepto de batalla del hombre blanco como una industria que funciona todo el año o como lo que ahora se denomina juego de suma cero".
El historiador Victor Davis Hanson ha profundizado extensamente en esta cuestión en su libro Matanza y cultura. Batallas decisivas en el auge de la civilización occidental (Turner/Fondo de Cultura Económica, Madrid/México, 2004). La pregunta central a la que busca dar respuesta Hanson es la siguiente: "por qué los occidentales han sido tan diestros a la hora de aprovechar los valores de su civilización para matar a otros, a la hora de guerrear de manera brutal sin caer ellos mismos en la batalla". Y esta es su respuesta, ilustrada con el análisis de distintas batallas, desde la de Salamina hasta la ofensiva del Tet, pasando por Tenochtitlán, Rock's Drift o Lepanto:
"Ninguna otra cultura que no fuera la occidental podría haber dado muestras de la disciplina, moral y destreza tecnológica en el arte de matar que los europeos pusieron de manifiesto en la locura de Verdún, un enfoque industrial de la matanza distinto incluso a la masacre tribal más horrenda. Ninguna tribu de indios americanos, ningún impi zulú podría haber reunido, asistido, armado -y hecho matar y reemplazado- a tantos cientos de miles de hombres para combatir durante meses y meses por una causa tan políticamente abstracta como la suerte de una nación Estado. Los apaches más aguerridos, protagonistas de las incursiones más audaces y homicidas de las Grandes Llanuras, se habrían marchado a sus poblados tras la primera hora de combates en Gettysburg". Y más adelante: "La forma de hacer la guerra de los occidentales es tan letal precisamente porque es amoral y rara vez se ve constreñida por consideraciones rituales, religiosas, éticas o de tradición. Sólo la guían las necesidades militares".
Pues bien: Nube Roja fue capaz de incorporar esta cultura de la guerra total, convirtiendo a sus guerreros en una exitosa máquina militar moderna. Así lo plantean Clavin y Drury:
"Se trataba de la primera vez que Estados Unidos se había encontrado ante un enemigo que usaba el mismo tipo de tácticas de guerrilla que un siglo antes había ayudado a su país a garantizar su existencia [...]. Los combatientes de Nube Roja habían tendido emboscadas y quemado caravanas de carretas, habían asesinado y mutilado a civiles, y habían superado en inteligencia y fuerza a las tropas del Gobierno en una serie de asaltos sangrientos que sacudieron al alto mando del Ejército de EE.UU. El hecho mismo de que un 'lider' bárbaro hubiese reunido y coordinado una fuerza multitribal tan amplia suponía una sorpresa para los estadounidenses, cuyos prejuicios raciales eran representativos de la época. Pero que Nube Roja hubiese logrado mostrar la suficiente determinación para mantener la autoridad sobre sus guerreros combativos y notablemente faltos de disciplina provocaba un impacto aún mayor".
Pero la misma amoralidad que guiaba a los blancos en la guerra los guiaba en la paz, y el acuerdo suscrito en 1868 entre Nube Roja y el general Philip Sheridan en Fort Laramie pronto fue sistemáticamente incumplido: "El general Sheridan lo entendía de manera distinta y empezó a fraguar un plan a largo plazo que obligaría a los indios, sobre todo a los lakotas, a encerrarse en reservas muy al este del territorio del río Powder. El objetivo era doble: mantener al enemigo vigilado y, poco a poco, hacer que fuese más dependiente de los bienes y servicios del Gobierno".
Aún tendría lugar, en 1876, la última gran batalla india contra el ejército estadounidense: fue en Little Bighorn, donde los sioux liderados por Caballo Loco derrotaron al general Custer. Pero para entonces Nube Roja ya había renunciado a luchar por su futuro, convencido de que tal lucha estaba destinada al fracaso. Como confesó en una conversación con el Secretario del Interior Joseph P. Cox: "Ahora nos estamos derritiendo como la nieve en las laderas, mientras que ustedes están creciendo como la hierbe de primavera".
Otro acierto editorial de Capitán Swing.

Mientras leía el libro me venía a la memoria una curiosa formación rocosa que puede verse si, caminando por las crestas del Alto de los Llanos, nos olvidamos de senderos y caminos y bajamos al valle de Miranda entre peñas y bosques. Siempre me ha recordado la silueta de un indio.



Ya puestos, qué mejor ocasión para seguir manteniendo el eco de la historia de Nube Roja que visitar la Reserva del Bisonte Europeo de San Cebrián de Mudá, iniciativa que demuestra la inmensa voluntad y capacidad de una modesta administración local, liderada por su alcalde Jesús González, para buscar alternativas de vida para las comunidades de la Montaña Palentina.
El destacado politólogo norteamericano Benjamin Barber lleva tiempo explicando por qué los alcaldes deberían gobernar el mundo (aquí y aquí). Barber piensa fundamentalmente en los alcaldes de las grandes ciudades globales; yo pienso también en los alcaldes de estos pequeños enclaves rurales.



Una Montaña Palentina que, ya por sí misma, nos ofrece estampas y escenas maravillosas.





domingo, 27 de diciembre de 2015

A gobernar, a gobernar, hasta enterrarlos en el mar

Las elecciones del 20D han dibujado un juego partidario complejo, pero un horizonte político clarísimo. ¿Qué es lo que, en mi opinión, ha quedado claro?
1. El PP ha perdido unas elecciones que, por su abusiva manera de utilizar la mayoría absoluta de la que ha disfrutado durante la recién terminada legislatura, había convertido en plebiscitarias. La cultura política del pacto y el acuerdo no es cuestión de aritmética (como no me da con mis votos, habrá que buscar un apoyo) sino de ética, de convicción democrática. Y el PP ha demostrado que carece por completo de esta convicción. A lomos de una mayoría que sólo podría ser coyuntural, ha gobernado como si no existiera un mañana, aplicando sin rubor la política más ideológica, menos compartida en el parlamento y más contestada en la calle que jamás hemos conocido en este país.
El PP ha obtenido 7.204.680 votos, el 28,72% de los sufragios. Son muchos votos, y le convierten en el partido más votado. Aún así, en relación a las anteriores elecciones de 2011 el PP ha perdido 3.681.886 votos y 16 puntos porcentuales (en 2011 logró el 44,63% de todos los sufragios). Siete de cada diez electores le han dicho “no”. Estas han sido unas elecciones de cambio.
2. También ha quedado claro que 11.661.616 electores han optado por las candidaturas de PSOE, Podemos e IU-UP, casi 3 millones más de votos de izquierda que los conseguidos por PSOE e IU en 2011. En conjunto, el 46,29% de las y los votantes han votado en clave de izquierda, a unos partidos que, aunque con muchas y profundas diferencias entre sí, llevaban en sus programas propuestas de cambios normativos más que sustantivas, coincidentes todas ellas en la negación de las principales políticas aplicadas por el gobierno de Rajoy.
3. En estas circunstancias, cualquier posibilidad de que el PP vuelva a gobernar España debería quedar descartada. El cambio reclamado por la ciudadanía sólo puede significar sacar al PP del gobierno. Esta es la condición necesaria, aunque no suficiente, para no traicionar los resultados del 20D. Para ello, cada una de las tres fuerzas de la izquierda tendrá que hacer no sólo lo posible, sino lo necesario para proponer una alternativa de gobierno viable y estable.
4. Los nacionalismos vasco y catalán (PNV, EHB, G-Bai, CiU/DiL, ERC) han obtenido 278.805 votos menos que en 2011. Por ello, aunque las reivindicaciones nacionalistas sean un problema político al que el próximo gobierno de izquierda habrá de dar una respuesta que lo resitúe definitivamente en una clave de solución democrática y consensual (y, por tanto, en una clave no nacionalista), estas reivindicaciones no son la principal demanda a la que tendría que responder.
5. España necesita tres grandes reformas. La primera y fundamental, una reforma productiva que afronte (que empiece a afrontar) los retos de la transición hacia un modelo productivo basado en la sostenibilidad ecológica y en la justicia global.  La segunda, una reforma social que reparta todos los trabajos socialmente necesarios, combata las exclusiones de la ciudadanía por razón de género o de origen y garantice las condiciones materiales para la vida digna. La tercera, una reforma territorial que suture de una vez los rotos que han provocado tanto la histórica construcción imperial de la nación española de ayer como las evanescentes emociones identitarias de hoy.
6. Aunque considero las otras dos reformas más importantes, creo que esta tercera puede dar al traste con la posibilidad misma de constituir una alternativa y un gobierno de cambio. Por ello, apunto una breve reflexión al respecto.
Para encarar esta reforma el PSOE tendrá que abandonar de una vez por todas esa cómoda posición en la que se ha mantenido desde la transición, caracterizada por una ambigüedad ante el nacionalismo que, si al menos hubiera sido calculada, ofrecería hoy una base mínima para  empezar a caminar. Pero no ha sido así.  Salvo excepciones como la de Ramón Jáuregui (que al menos ha intentado armar un discurso argumentado al respecto), el socialismo español ha oscilado entre el negacionismo del problema nacionalista al tiempo que se mercadeaba con nacionalistas vascos y catalanes para apoyarse en el gobierno, y el declaracionismo estéril, como la denominada “Declaración de Granada” de 2013 que, si bien tiene aspectos de interés, ha carecido del más mínimo desarrollo práctico: como si por el hecho de escribir “federalismo”, este se realizara. Por ello, en esto el PSOE debe empezar desde cero, o desde menos cero, a tenor del encendido españolismo que destilan algunas intervenciones recientes de sus barones y baronesas territoriales.
El problema de Podemos es parecido en cuanto a la falta de cálculo, aunque en este caso su punto de partida no esté en el cero, sino en el cien, cada vez más entrampado en una cháchara nacionalista sobre el “derecho a decidir” de la que debería salirse lo antes posible. Para ello, en sintonía con sus alianzas territoriales, particularmente en Cataluña, Podemos tiene la responsabilidad de construir una alternativa a la “economía moral del nacionalismo”, planteando una reforma normativa que posibilite la “secesión bilateralmente pactada”, según el modelo canadiense.
7. Como decía al comienzo de esta reflexión, puede que el escenario postelectoral del 20D dibuje un escenario endemoniado para los partidos de izquierda, especialmente para PSOE y Podemos, que habrán de enfrentarse en primer lugar a sí mismos y a sus respectivos fantasmas ideológicos y estratégicos. Pero todo lo que no sea gobernar desde la izquierda las imprescindibles reformas que este país necesita alimentará una crisis democrática que ni siquiera una posible victoria pírrica de la izquierda emergente en una “segunda vuelta” podrá resolver.

Y para hacerlo más difícil, pero más estable, incorporando en la deliberación a todos, también a los perdedores. “Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie…”.
>> Publicado en EL DIARIO NORTE.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Otra de lecturas variadas... ¡Marchando!


Lecturas variadas, muy variadas, de las últimas semanas. Por comentar...
Empezamos por la ficción:

Andrea Camilleri. La banda de los Sacco. Destino, Barcelona 2015.
Recreación de una historia real, la de la familia Sacco (Luigi y Antonina, y sus hijos Vincenzo, Salvatore, Giovanni, Girolamo, Filomena y Alfonso) enfrentados en la mafia siciliana desde mediados del siglo XIX hasta la época de la Italia fascista. Una familia honrada y trabajadora, de raíces socialistas, que se niega a plegarse al chantaje mafioso y a sus conexiones con el poder político.Un ejemplo tan incómodo para esos poderes político-mafiosos como iluminados para el pueblo llano:
"Pero la orden es que hay que coger a los Sacco, vivos o muertos. También porque ahora hay quien sostiene que, si en la época de la marcha sobre Roma todos los socialistas hubieran actuado como están haciendo ahora los Sacco, el fascismo nunca habría alcanzado el poder".
Se lee de un tirón. Hace que sintamos la impotencia inicial de los Sacco, amenazados por la mafia y abandonados por el Estado, luego su indignación, y que los acompañemos en su empecinada resistencia.

Hugo Bettauer. La ciudad sin judíos. Periférica, Cáceres 2015.
Tras la Primera Guerra Mundial la ciudad de Viena decide cambiar sus leyes para poder expulsar a todos los judíos que viven en ella. Al principio todo es alegría: ya no tienen que repartir lo suyo con nadie, y menos aún con esos judíos que, incansables, abren negocios, crean fábricas, construyen viviendas, compran todo tipo de productos. A partir de ahora todo será para los auténticos vieneses:
"La policía ha infiltrado a cien hábiles agentes en las multitudes para que recojan impresiones. Sus informes coinciden en que la población cristiana se encuentra francamente presa de un delirio de alegría y espera el pronto arreglo de la situación, un abaratamiento de los alimentos y una distribución más igualitaria del bienestar. También en el colectivo obrero, todavía de afiliación socialdemócrata, la satisfacción por la marcha de los judíos es mayúscula".
Pero las cosas cambiarán, vaya si cambiarán
Publicara originalmente en 1922, esta novela anticipa lo que luego ocurrirá en toda Europa. Desgraciadamente, la historia real tendrá un final muy distinto del de la novela.

Éric Vuillard. Tristeza de la tierra. La otra historia de Buffalo Bill. Errata Naturae, Madrid 2015.
Es un relato hermosísimo. Crítica del exterminismo asociado al progresismo de la Revolución industrial, Buffalo Bill cruza su camino con la Exposición Universal de 1893:
"Vemos, pues, que el espectáculo y las ciencias humanas se iniciaron en los mismos expositores, con curiosidades arrebatadas a los muertos. Hoy en día, en las estanterías de los museos de todo el mundo no se encuentran más que despojos, trofeos. Y los objetos negros, indios o asiáticos que en ellos admiramos fueron sustraídos a cadáveres".
Crítica también de una forma "buffalo-billesca" de entender la historia como espectáculo comercial, anticipo de Hollywood y de los partes temáticos; caricatura y burla de las víctimas:
"Unos cuantos indios dan vueltas en torno a los rangers gritando como Buffalo Bill les ha enseñado. Se dan palmadas contra la boca y: ¡auu, auu, auu! Brota una especie de grito salvaje, inhumano. Pero ese grito de guerra no se ha emitido ni en las Grandes Llanuras, ni en Canadá, ni en ninguna otra parte: es pura invención de Buffalo Bill. Y ellos aún no saben que tendrán que lanzar sin cesar ese grito teatral, ese formidable hallazgo de titiritero, en todas las puestas en escena donde los contraten para que hagan de figurantes de su propia desgracia. Sí, aún ignoran la suerte que correrá el truco inventado por Buffalo Bill; no pueden ni imaginarse que todos los niños del mundo occidental, a partir de entonces, harán vibrar la palma contra la boca, en corro alrededor del fuego, para "gritar como los siux" ".
Reivindicación conmovida de los parias, los pobres, los perdedores de la historia oficial y del Progreso:
"En todos los cementerios hay una división para los pobres, una parcelita mal cuidada, recubierta de una pesada trampilla, sin cruz, sin nombre, sin nada. A veces reposa sobre la tierra un guijarro, un ramillete seco, alguien escribe con tiza una fecha o un nombre en el suelo. Eso es todo. No existe nada más conmovedor que esas tumbas. Son quizá las tumbas de la humanidad. Hay que quererlas mucho".

Peter Zuckerman y Amanda Padoan. K2. Enterrados en el cielo. Capitán Swing, Madrid 2015.
Imprescindible para quienes sentimos pasión por la montaña. Con su parte de crítica a la banalización comercial de la alta montaña y a la degeneración del espíritu del montañismo provocada en parte por esta comercialización:
"La muerte de David Sharp en el año 2006 representó el paradigma de esta degeneración. Sharp, un profesor de matemáticas, de treinta y cuatro años, estaba descendiendo de la cumbre del Everest cuando cayó, todavía atado a la cuerda fija, a menos de doscientos metros por encima del campamento más alto. Durante las doce horas siguientes, mientras él yacía moribundo, al parecer pasaron por su lado nada menos que cuarenta escaladores ansiosos de cumbre. Algunos testigos afirman que creyeron que Sharp estaba simplemente descansando. Otros dijeron que se advertía que corría grave peligro y que podría haber sido rescatado si cualquiera se hubiera propuesto ayudarlo. Nadie hizo el menor esfuerzo hasta después de haber descendido de la cumbre, pero para entonces ya era demasiado tarde. Se había dejado morir a Sharp: la fiebre de cumbre había ganado la baza al mero sentimiento de humanidad".
Pero, sobre todo, aventura en estado puro y cercanía etnográfica a una cultura y una forma de vida, la del pueblo Sherpa.

Lee Child. Zona peligrosa. RBA, Barcelona 2015.
Primera novela de la serie protagonizada por el nómada ex policía militar Jack Reacher. Empecé la serie por la última de las historia publicadas en España, la titulada Personal. Me gusto bastante más que esta primera. Pero se lee bien, la trama está bien construida y el personaje ya empieza a coger peso.

Don Winslow. En lo más profundo de la meseta solitaria. Penguin Random House, Barcelona 2015.
Tercera entrega de las peripecias del extraño detective Neal Carey, a sueldo de Amigos de la Familia, "unidad secreta del Banco para resolver problemas difíciles para sus mejores clientes", aunque lo que a él le gustaría realmente es investigar en su tesis doctoral "Tobias Smollett, el marginado de la literatura inglesa del dieciocho", matriculada en el departamento de lengua inglesa de la Universidad de Columbia. En esta aventura, la búsqueda del hijo de una conocida actriz de Hollywood, desaparecido junto con su ex marido mientras el niño lo visitaba, lo lleva hasta Nevada. Allí sus pasos se cruzarán con una organización neonazi... No es ni El poder del perro ni El cártel, es una serie mucho más ligera, pero el pulso de Winslow está presente en cada página. Muy entretenida.

Craig Johnson. Los mocasines de otro hombre. Siruela, Madrid 2015.
El cuarto relato de las historias en las que se ve envuelto el sheriff Walt Longmire, del condado de Absaroka, en Wyoming. Un territorio despoblado y salvaje, con una amplia comunidad de indios (su mejor amigo, Henry Oso en Pie, es un personaje logradísimo) y una cierta presencia vasca, como el sheriff de Powder Junction Santiago Saizarbitoria. El pasado de Longmire como investigador del Cuerpo de Marines durante la guerra de Vietnam retorna con motivo de la aparición del cadáver de una joven asiática. La principal característica de Longmire, su  humanidad, su capacidad de ponerse en el lugar de los otros, es la seña más identificable de las novelas de Johnson. Como dice Oso en un momento de la novela: "Como decimos los indios, no es la primera vez que te calzas los mocasines de otro hombre". Ya tengo ganas de leer la quinta.

Continuamos con el ensayo y la no-ficción:

Petra Hartlieb. Mi maravillosa librería. Periférica, Cáceres 2015.
En alguna reseña decían que tras su lectura te entraban unas ganas incontenibles de montar una librería. Es verdad. La historia de esta librería de Viena y las peripecias de su propietaria constituyen una lectura agradabilísima.Y su crítica de Amazon explica en muchos aspectos el retrato del "cliente infiel" que dibujaban las libreras de Negra & Criminal cuando anunciaron el cierre definitivo de su librería. Escribe Hartlieb:
"La competencia ya no está en los grandes centros comerciales; la competencia de todas las librerías, da igual que sean grandes o pequeñas, está en internet y se llama Amazon. La alimenta la comodidad y la irreflexión de quienes llenan su cesta de la compra con unos cuantos clicks en vez de a la vez que vacían su cuenta corriente, de quienes no salen de casa o de la oficina porque ya no tienen tiempo o porque se imaginan que ya no lo tienen. Uno o dos días después del pedido, tres a lo sumo, un mensajero les trate hasta la puerta de su vivienda libros, prendas de vestir, zapatos, cedés, tostadoras, lo que sea".
¡Vivan las maravillosas librerías!

Alfonso Armada. Sarajevo. Diarios de la guerra de Bosnia. Malpaso, Barcelona 2015.
Alfonso Rojo cubrió como enviado especial de El País la guerra de Bosnia entre agosto de 1992 y julio de 1993. Este libro recoge las crónicas escritas durante ese tiempo, acompañadas de apuntes de su diario personal. Para quienes en aquellos años nos habíamos socializado en las luchas contra el servicio militar obligatorio, la entrada de España en la OTAN o el despliegue de misiles nucleares en Europa, la guerra de Bosnia y, sobre todo, el sitio de Sarajevo, resultaron ser una experiencia dramática. El libro de Rojo es un testimonio imprescindible para combatir el olvido de unos acontecimientos que ocurrieron aquí y ahora, en esta Europa, hace apenas unos años, y que puede volver a ocurrir. Como señala en el prólogo la novelista Clara Usón:
"Europa parece haberlo olvidado o ha elegido olvidarlo, porque la mala conciencia es incómoda: en el año 2012 la Unión Europea aceptó, sin ningún escrúpulo y aplaudiéndose a sí misma, el Premio Nobel de la Paz, por haber pasado de ser un continente en guerra a un continente de paz, tras la Segunda Guerra Mundial. ¿Y la guerra de Bosnia? ¿Y las 100.000 personas muertas durante el conflicto, la mayoría civiles, las 50.000 mujeres violadas, los millones de desplazados, no cuentan? ¿Acaso Bosnia no es Europa?".
Las fotografías de Gervasio Sánchez, uno de los fotoperiodistas más importantes de España, y la cuidada edición característica de Malpaso, hace de este libro un objeto a la vez bello y terrible.

Leslie Jamison. El anzuelo del diablo. Sobre la empatía y el dolor de los otros. Anagrama, Barcelona 2015.
Creo que esperaba otra cosa al leer este libro, más bien encontrarme con Susan Sontag que con Oliver Sacks, y por eso me ha decepcionado un tanto. Me quedo con una idea fundamental: "La empatía no es tan sólo algo que nos ocurre -un aluvión de sinapsis que surcan el cerebro como una lluvia de estrellas-, sino que también interviene nuestra voluntad: de prestar atención, de prolongarnos. Es fruto del esfuerzo, ese pariente menos agraciado del impulso". Me lo apunto.

Josep Maria Esquirol. La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad. Acantilado, Barcelona 2015.
Este libro tiene más de un punto de contacto con el anterior. Reflexión sobre la proximidad como projimidad. "La proximidad a las cosas y a los otros no se aviene con las abstracciones". La experiencia de la proximidad implica una metanoia, "un cambio en la manera de estar en el mundo y de sentir la vida". La proximidad nos sujeta, y es en el reconocimiento de esta sujeción cuando surge realmente el sujeto: "El sujeto reconoce su condición de sujetado". Reconocimiento radical de nuestra condición de seres sociales, afirmación de la falacia del individuo liberal, liberado de toda relación social que no sea contractual:
"Los otros, en vez de ser una restricción de mi querer, se revelan ahora como la condición de este querer; soy con los otros y los otros posibilitan mi libertad. En este registro se ve, también, que los otros no son para mí un medio para conseguir un objetivo, sino que yo son con y para los otros; que la mía es una condición social. Vivo con los otros de la misma manera que vivo respirando. Vista así, la dimensión social no es ni obstáculo ni límite de mi libertad, sino su condición".

Raúl Fernández Vítores. Tanatopolítica. Opúsculo sobre los dispositivos humanos posmodernos. Páginas de Espuma, Madrid 2015.
Un dispositivo tanatopolítico es "cualquier mecanismo destructor de la vida humana consentido o arbitrado por el Estado que la tiene bajo su jurisdicción". Su modelo más acabado lo encontramos en los campos de exterminio nazis o estalinistas. ¿Puede este modelo replicarse de alguna manera en la actualidad, en formas aparentemente muy alejadas de la práctica militar o policial genocida? Según Fernández Vítores, "el capitalismo está en condiciones de iniciar una tendencia tanatopolítica normalizada. Cuenta para ello con un modelo, el modelo nazi, que no por terrible deja de representar una 'solución' a los ojos de un sistema productivo que cada vez necesita menos del hombre". Y más adelante: "En las sociedades capitalistas más desarrolladas, progresivamente despobladas y envejecidas, la mayoría de los dispositivos humanos son biopolíticos, es decir, no matan, aunque sirven para realizar ajustes demográficos a largo plazo. El modelo tanatopolítico permanece dormido, como a la espera, en la agenda del Estado que las rige".

Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee. La carrera contra la máquina. Antoni Bosch, Barcelona 2013.
Hablando de un sistema productivo que cada vez necesita menos de los seres humanos, este libro, firmado por dos investigadores del MIT, recuperan y actualizan la tesis del paro tecnológico. Consideran que nos enfrentamos a una "Gran Reestructuración" provocada por la tecnología digital, que volverá obsoletas cada vez más competencias y capacidades laborales. Dibujan un mundo cada vez más desigual, de muchos perdedores y pocos ganadores, socialmente insostenible: "Cuando un número significativo de personas ve caer sus niveles de vida a pesar de que el tamaño del pastel económico está en continuo crecimiento, el contrato social de una economía e incluso el tejido social de una sociedad se ven amenazados". Pero su propuesta es tan sistémica como ingenua: acelerar la innovación de las organizaciones (según ellos, "no hay límite al número de mercados diferentes que se pueden crear": ¿y los límites ecológicos?) y aumentar el capital humano para mantenerlo al mismo ritmo de avance de la tecnología. Un excelente ejemplo de análisis carente de toda perspectiva estructural. Pero es lo que hay.

Alberto Garzón y Adoración Guzmán (coords.). El trabajo garantizado. Una propuesta necesaria frente al desempleo y la precarización. Akal, Madrid 2015.
Una propuesta bien distinta para combatir la crisis del empleo es la que ha llevado Izquierda Unida a estas pasadas elecciones, basada en los trabajos recogidos en este libro. De lo que se trata es de que el Estado se convierta en generador directo de empleo digno para todas aquellas personas en disposición de trabajar que no encuentran un puesto de trabajo en el mercado. Dada la importancia de esta cuestión, y reconociendo el esfuerzo realizado por los autores, en un próximo comentario presentaré en detalle mi opinión ante esta propuesta; opinión que, ya lo adelanto, es fundamentalmente crítica.

Thomas Piketty. La crisis del capital en el siglo XXI. Crónicas de los años en que el capitalismo se volvió loco. Anagrama, Barcelona 2015.
Este libro se sube a la ola del exitoso economista francés y su best seller El capital en el siglo XXI para ofrecernos una recopilación de sus artículos publicados en la prensa gala entre 2004 y 2012. En conjunto se trata de una obra excesivamente idiosincrática, en la que se abordan cuestiones que, si bien pueden tener una lectura europea, se apoyan en debates demasiado específicamente franceses. Hay algunas ideas interesantes, pero nada comparable a la lectura de su obra de referencia.

Philip Hoare. Leviatán o la ballena. Ático de los Libros, Barcelona 2014 (4ª).
Desde su primera edición en 2010 no sé en cuántas ocasiones he tenido este libro entre mis manos, dudando si comprarlo o no. Me atraía poderosamente su temática, esa mezcla de tratado zoológico, relato de aventuras y revisión literaria. Me atraía su protagonista: la ballena, animal de resonancias míticas. Al final caí en la tentación. Su lectura no me ha defraudado. Un excelente libro para revisar uno de los episodios más oscuros de nuestra historia económica, la caza industrial de ballenas: "Dicen que si las ballenas fueran capaces de gritar, nadie hubiera podido soportar su trabajo". Por cierto: las refinerías de a bordo, que permitían aumentar sensiblemente las capturas y el negocio, fueron un invento de los balleneros vascos en 1750.

Doug Peacock. Mis años grizzly. En busca de la naturaleza salvaje. Errata Naturae, Madrid 2015.
Y para terminar por hoy, uno de los libros con los que más he disfrutado en mucho tiempo. El autor, que inspiró al eco-guerrero protagonista de la novela de Edward Abbey La banda de la tenaza, transmite tanto amor, respeto y conocimiento por la naturaleza salvaje de Norteamérica como rechazo de una civilización que rechaza como "sifilización". Sus descripciones de los paisajes de Yosemite son hermosísimas. Sus andanzas entre los osos espeluznantes. Un libro para leer con delectación, buscando en algún mapa los lugares por los que el autor se mueve. Para soñar.

lunes, 21 de diciembre de 2015

¿Llenando el vacío?

En 2006 el politólogo irlandés Peter Mair publicaba en la revista New Left Review (publicado en castellano en febrero de 2007) un artículo titulado “¿Gobernar el vacío?”, en el que analizaba el surgimiento en los estados occidentales de una idea y una práctica de la democracia de las que estaría ausente su componente popular (una “democracia sin el pueblo”). Aunque Mair falleció en agosto de 2011, dos años más tarde se publicó un libro póstumo que desarrolla estos análisis, libro que en España ha publicado hace unas semanas por Alianza Editorial con el título: Gobernando el vacío. La banalización de la democracia occidental.
Mair considera que el vaciamiento de la dimensión popular de las democracias liberales tiene que ver en gran medida con el fracaso de los partidos políticos a la hora de seguir cumpliendo su función original de ser organizaciones de masas sostenidas por bases electorales esencialmente homogéneas, con una fuerte identidad política y unas estructuras organizativas fuertes. Los partidos de masas, especialmente los partidos de izquierda, conseguían ganarse la fidelidad de sus votantes “construyendo fuertes redes organizativas sobre la base de sus experiencias sociales comunes”: comunidades humanas localizadas en determinados barrios y regiones, con similares características, compartiendo condiciones de vida y de trabajo, participando en las mismas instituciones (sindicatos, iglesias, ateneos, clubes sociales). Cada partido desarrollaba un programa político distintivo, directamente dirigido a su propia clientela, por lo que “su integridad representativa era prioritaria”.
Pero todo esto comenzó a disolverse a partir de los años Setenta. Las identidades políticas se han debilitado, las condiciones de vida y de trabajo se han diversificado hasta el infinito, los electorados se han fragmentado… La ciudadanía se aleja del compromiso político convencional, votando cada vez en menor número y con menor sentido de coherencia partidista; también se muestra reacia a comprometerse políticamente en términos de identificación o militancia. “La competición política se caracteriza por la pugna por eslóganes socialmente inclusivos a fin de obtener el apoyo de electorados socialmente amorfos”. Surgen así los partidos-atrapalotodo y se entroniza la idea de que las elecciones se ganan en el centro. “Cada partido –subraya Mair- tiende a distanciarse más de los votantes, a los que supuestamente representa, al tiempo que se asocia más estrechamente con los protagonistas rivales con los que supuestamente compite. Las distancias partido-votantes se han ampliado, mientras que las diferencias partido-partido se han reducido”.
 
Se acaba produciéndose una doble retirada: “Los ciudadanos se retiran hacia su vida privada o hacia formas más especializadas de representación y los dirigentes de los partidos se retiran hacia las instituciones, presentando sus términos de referencia más fácilmente desde su papel de gobernantes o titulares de cargos públicos”. La ciudadanía se aparta de los partidos y de la política convencional, deja de ser protagonista y se convierte en espectadora. “Cuando la competición entre los partidos mayoritarios apenas tiene consecuencias para la toma de decisiones, solo cabe esperar que derive hacia el teatro y el espectáculo”, advierte Mair. De una democracia de partidos se pasa a una “democracia de audiencia”.
Por su parte, los partidos se alejan de la calle y de la gente y conceden una prioridad creciente a su papel como organismos de gobierno en contraposición al papel de organismos de representación: “buscan más el despacho”, se orientan esencialmente hacia el gobierno, convertido en un fin en sí mismo. Se convierten en parte del Estado a la misma velocidad con la que reducen su presencia en la sociedad. Incluso los partidos de oposición orientan toda su actividad hacia el gobierno y las instituciones parlamentarias, degradando su papel de organización “sobre el terreno”. De esta manera, los partidos políticos se convierten en “equipos de dirigentes compitiendo” y su organización, al margen de las instituciones políticas, se desvanece. Lo único que permanece es una clase gobernante o aspirante a gobernar.
“El terreno tradicional de la democracia de partidos, considerado como la zona de encuentro de los ciudadanos con sus dirigentes políticos, está quedando abandonado”, concluye Mair.
Releo las páginas subrayadas del libro de Peter Mair mientras el porcentaje de voto escrutado va subiendo poco a poco y, situado en el 49,71% en el momento en que redacto estas líneas, ofrece los siguientes resultados: PP, 124 escaños; PSOE, 96; Podemos, 70; y Ciudadanos, 31. Creo que los partidos emergentes, muy especialmente Podemos, han sabido reconstruir esa zona de encuentro con la ciudadanía sin la cual la política democrática se banaliza y se vacía de sus componentes más esenciales: la participación, la crítica, la rendición de cuentas, la ilusión, el compromiso… Si así fuera, me parece la mejor noticia de esta noche.
 
>> Publicado en EL DIARIO NORTE.