lunes, 24 de agosto de 2015

Firma contra el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP)

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Iniciativa Ciudadana Europea (ICE) contra el TTIP y el CETA

¡¡¡ Firma hasta el 6 de octubre !!! 


Hacemos un llamamiento a las instituciones de la Unión Europea y sus estados miembros para detener las negociaciones con los EEUU sobre el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP) y a no ratificar el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) con Canadá.porque incluyen partes tan cuestionables como un mecanismo para solucionar las controversias entre inversores y Estados y normas de cooperación regulatoria que representan una amenaza a la democracia y al Estado de Derecho. Queremos prevenir que la legislación en materia de empleo, asuntos sociales, ambientales, de privacidad y de consumo será recortada y los servicios públicos (como el agua) y los bienes culturales serán desregulados en negociaciones no transparentes. 

>> Más información sobre la iniciativa y firma de la misma AQUÍ.

sábado, 22 de agosto de 2015

Daniel Rabinovich: adiós

Ayer falleció Daniel Rabinovich, Neneco, el más travieso de Les Luthiers. Su complicidad con el público era evidente. En el libro que Daniel Samper Pizano dedica al grupo, el propio Rabinovich se describe así:

"Me casé en 1969 con Susana. Soy porteño. También mis hijos Inés y Fernando y mis nietas, Vera y Eugenia. Estudié derecho en la Universidad de Buenos Aires y me recibí de escribano. Actualmente no ejerzo. Amo a Les Luthiers. Lo que más me gusta es actuar en público. Fui deportista y luego engordé, luego adelgacé y volví a ser deportista; ahora deporté y soy adelgacista. Me gusta cantar. También me gusta viajar con el conjunto, conocer nuevos lugares y divertirme con mis amigos y compañeros".

Con nadie me he reído nunca más que con Les Luthiers. Los he visto en directo en ocho ocasiones, los he escuchado en casette, en DVD, tengo todos sus vídeos. Cuando me encuentro con otros lutherianos intercambiamos frases y juegos de palabras de sus diversos espectáculos. ¿Podrán seguir con su trabajo?



Y por si aún hay alguien que no los conoce, dos recomendaciones: la samba AÑORALGIAS y el bolero PERDONALA.

sábado, 15 de agosto de 2015

Quince días de agosto

Que dan para mucho. Además de las tareas de aprovisionamiento, cocina, limpieza, descanso y socialización (o sea, los sagrados poteos de las 13:00 y las 20:00, salvo causa muy justificada).
Agosto de vacaciones, que es lo mismo que decir agosto de lectura y de montaña.

Empezando por la primera:

En el apartado de ficción, hasta ahora he podido leer las novelas El miedo más profundo y El último detalle, de Harlan Coben, ambas editadas por RBA y con el agente deportivo metido a investigador Myron Bolitar como protagonista. Las de Coben son siempre buenas lecturas, con historias bien construidas, tramas complejas moralmente ambiguas y abundantes apuntes sociológicos, como este:

“Wilston está en Massachusets occidental, más o menos a una hora de las fronteras de New Hampshire y Vermont. Todavía pueden verse los restos del pasado, la frecuente representación artística de las ciudades de Nueva Inglaterra con las aceras de ladrillo en espiga, las casas coloniales de madera, las placas de bronce de la sociedad histórica en las fachadas de muchos de los edificios, la iglesia blanca con el tejado a dos aguas en el centro de la ciudad: toda la escena reclamando a gritos la doradas hojas del otoño o una gran nevada. Pero como en todas las demás partes de Estados Unidos, el boom de los centros comerciales está destrozando lo histórico. Las carreteras entre estos pueblos de postal se habían ensanchado a lo largo de los años, como si fuesen culpables de glotonería, para alimentar kas enormes tiendas que ahora las bordeaban. Los centros comerciales se tragaban el carácter personal, todo lo típico, y dejaban en su estela una blandura universal que asolaba las carreteras y caminos de América. De Maine a Minnesota, de carolina del Norte a Nevada, quedaba muy poca textura e individualidad. No había nada más que Home Depot, Office Max y tiendas de descuento.
Por otro lado, llorar por los cambios que el progreso nos impone y anhelar los viejos tiempos hacía que fuese fácil criticar. Más duro era responder a las preguntas de por qué, si estos cambios eran tan malos, todos los lugares y las personas se apresuraban a darles la bienvenida con tanto entusiasmo”.


También he leído la novela Calor helado, de M.J. McGrawth en Ediciones B: un thriller ambientado en el Ártico canadiense, con la cultura inuit como telón de fondo. Y, sobre todo, me he metido de lleno en las 700 páginas de Ángulo de reposo, de Wallace Stegner, otra excelente obra editada por Libros del Asteroide. La memorable epopeya de Susan Burling narrada por su nieto en los años Setenta: “Una dama cuáquera de elevados principios, esposa de un ingeniero de no demasiado éxito al que apoyaste durante años de esperanzas postergadas, viviste en el exilio, lo escribiste, lo dibujaste –New Almadén, Santa Cruz, Leadville, Michoacán, el valle del río Snake, las minas profundas de cuarzo justo debajo de esta casa- y seguiste siendo todo el tiempo una esnob cultural. Incluso cuando viviste en un campamento en un cañón, tus hijos tenían una institutriz, nada menos, sin duda alguna la única en todo Idaho. Lo que tú soñabas para tus hijos era un sueño cultivado en el Este”. Una historia de privaciones y de logros, de lealtades y de sacrificios de descubrimientos y de conexiones permanente. Una gran historia.

En cuanto a ensayo, he podido leer estos días En deuda, de David Graeber (Ariel, 2012), pendiente desde hace un tiempo. Aunque tiene cosas interesantes, me ha costado terminarlo. Creo que le sobran bastantes páginas.

También he leído Nacionalismo banal, de Michael Billig (Capitán Swing, 2014). Su tesis fundamental es que las naciones (y los nacionalismos) se construyen en momentos de crisis, apoteosis, conflicto, sí, pero sobre todo se reproducen y sostienen mediante prácticas banales, cotidianas: “El nacionalismo banal opera con palabras [y prácticas] prosaicas y automáticas que dan por sentada la existencia de las naciones y que, al hacerlo, las inhabitúan. Más que las grandilocuentes expresiones memorables, las palabras pequeñas suministran recordatorios constantes, pero apenas conscientes, de la patria, con lo que hacen inolvidable ‘nuestra’ identidad nacional. […] Las palabras esenciales del nacionalismo banal suelen ser las más pequeñas: ‘nosotros’, ‘esto’ y ‘aquí’…”. Leyendo el libro pensaba en cuanto nacionalismo banal hay detrás del actual nacionalismo épico en Cataluña, habiéndolo hecho posible; y me preocupa pensar que mi “nosotros” cívico pueda estar alimentando esos procesos. Pero también pensaba en la banalización nacionalista que se hace pasar por patriotismo español desde el PP.

Muy interesante el libro de Ildefonso Marqués La movilidad social en España (Los libros de la catarata, 2015). Una excelente y fundamentada crítica del mito meritocrático y la ideología liberal de la igualdad simple de oportunidades.

Muy sugerente también el libro de Marco Revelli Posizquierda. ¿Qué queda de la política en el mundo globalizado? (Trotta, 2015). No tanto su análisis de los “síntomas” de la crisis de las políticas de izquierdas (con su lectura y excelente síntesis de las aportaciones, bien conocidas, de Beck, Giddens, Bauman o Rosanvallon) cuanto por las breves entrevistas contenidas en el libro realizadas a distintos pensadores y activistas italianos, como Massimo Cacciari, Mario Tronti, Sergio Staino, Ilvo Diamanti o el colectivo Wu Ming, con perspectivas y reflexiones tan distintas como estas:
Wu Ming: “Sin la conciencia sobre el conflicto, la izquierda se convierte en un manual para boy scouts, en un esnobismo propio de quien se siente mejor que los demás porque es abierto de mente, políticamente correcto, en una limpieza de la conciencia con detergentes económicos. […] No basta con el virtuosismo individual, no debes cambiar el cubo de la basura en casa, sino cambiar un mundo reducido a cubo de basura. No salvas el pellejo solo, sino solo actuando colectivamente”.
Staino: “’Izquierda’ es una gran sensibilidad natural, una tendencia del corazón humano. ‘Izquierda’ es una disposición mental y ética que precede a la elección política, es el fundamento, la condición necesaria de la política. Es una actitud de bondad fundamental hacia el hombre y el mundo, un sentimiento íntimo de benevolencia. Cualquier otra consideración es fruto de ello. […] Lamentablemente, la búsqueda de la justicia llevada a cabo sin bondad ya la hemos visto en la historia de la izquierda”.

También he encontrado muchas sugerencias en el libro de Terry Eagleton Por qué Marx tenía razón (Península, 2012). Su objetivo, presentar a un Marx sumamente complejo, más allá de la caricaturización que tan a menudo han hecho de su obra tanto adversarios como partidarios. Escrito con su característico estilo fresco y lleno de humor –“Bien es verdad que, como ya hemos visto, el desarrollo espiritual y el material no siempre van de la mano, ni mucho menos. Dólo hay que mirar a Keith Richards para comprobarlo”; “Sin las clases medias que Marx tanto admiraba no poseeríamos nuestra actual herencia de libertad, democracia, derechos civiles, feminismo, republicanismo, progreso científico y otras muchas bondades en nuestro haber (como tampoco acumularíamos en nuestro debe maldiciones como las depresiones económicas, la mano de obra semiesclava, el fascismo, las guerras imperiales y Mel Gibson)”- Eagleton repasa algunas de estas caricaturizaciones que, en su opinión, no hacen justicia a la aportación del filósofo y activista de Tréveris: el marxismo siempre ha fracasado en su aplicación práctica, es una forma de determinismo económico que anula la libertad del individuo, no es más que un sueño utópico, incurre en un materialismo grosero, glorifica la violencia y rechaza la reforma, defiende un Estado autoritario, etc. Aunque creo que Eagleton se pasa en su empeño de reivindicar a Marx cuando lo presenta como un protoecologista y “adalid de la emancipación de las mujeres, la paz mundial, la lucha contra el fascismo o la libertad anticolonial”, el libro contiene análisis muy interesantes, especialmente los capítulos en los que analiza las cuestiones del materialismo, el determinismo y la libertad del individuo.

Y por último (por ahora), he disfrutado enormemente leyendo La coronación del Everest, la crónica sobre el terreno de la gesta de Edmund Hillary y Tenzing Norgay firmada por el periodista de The Times James Morris (Gallo Nero, 2015).

En cuanto a la montaña, durante la semana pasada he tenido la fortuna de subir al Espigüete (2.450 mts., el día 1), Curavacas (2.450, el día 3, acompañado de Asier, Miren y Luis Mari), Pico Murcia (2.341, el día 5) y Peña Prieta (2.575, el día 7).







El día 9, víspera de San Lorenzo, volvimos a sumarnos a la comitiva que desde Cardaño de Arriba sube hasta el collado de Hontanillas para esperar a las y los romeros que vienen desde Portilla de la Reina, en la vertiente leonesa del puerto, para luego bajar todos juntos hasta Cardaño. Es una fiesta muy especial, a la que no falto desde hace ya tres años. En esta ocasión subimos Maite, Jesús, Sama y yo. Como llegamos a Hontanillas con tiempo, mientras esperábamos al grupo de Portilla subimos hasta la cumbre de Peñas Malas (2.279 mts.), que tiene una de las aristas cimeras más hermosas de la Montaña Palentina.







También ha habido tiempo para dar algunos paseos más relajados, buscando fotografiar alguno de los animales característicos de la zona.






Aún quedan unos pocos días, casi hasta que las golondrinas que me saludan cada mañana se preparen para su migración.


miércoles, 29 de julio de 2015

Una diputada foral que no banaliza ni simplifica la cuestión del empleo

Teresa Laespada posa en la ribera de Zorrozaurre.

Excelente la entrevista a Teresa Laespada, diputada foral de Empleo, Inserción Social e Igualdad, que hoy publica EL CORREO. Reproduzco aquí el grueso de sus declaraciones, sobre empleo e inclusión social, en respuesta a las preguntas del periodista Jesús J. Hernández. Pero otros apartados abordados, como la igualdad de género o la inmigración, son también de mucho interés.

- Acaba de llegar y ha comenzado una ronda con agentes sociales.
- Sí, ya hemos estado con CCOO y LAB y nos veremos con los demás sindicatos y la patronal. Se trata de abrir una vía de comunicación para escuchar, sobre todo, a quienes están todos los días en la pelea de la empleabilidad. Les he prometido que tendrán siempre la puerta abierta.
- El empleo sigue siendo una de las mayores preocupaciones de los vizcaínos.
- Sí, es verdad. Lo expresó el propio Unai Rementeria en su investidura: no podemos decir que la economía mejora mientras la gente no tenga trabajo. El empleo, y de calidad, es prioritario para nosotros.
- ¿Qué lectura hace de esa última EPA que apunta una mejoría?
- Hay voces autorizadas que están diciendo que no ha habido tanto una creación del empleo como una distribución. Debemos ir hacia una creación neta, real; no vale con repartir ni dividir las jornadas. Igual hay que replantearse, como en Suecia, pasar de las ocho horas diarias a seis, y los suecos lo plantean sin merma de sueldo. No podemos organizar el empleo como en el siglo XX.
- ¿Porqué?
- Porque decirnos una cosa y la contraria. Apoyamos la automatización y la tecnificación de las empresas y eso evidentemente suprime puestos de trabajo. Es muy posible que de aquí a unos cuantos años no haya empleo para todos. Y hay que ponerse en ese escenario y hacer una reflexión serena. La realidad es muy clara: no va a haber empleo para todos. Por eso es tan importante que los mecanismos de inserción estén vinculados al trabajo. Deben ir en paralelo para fomentar su inclusión y para garantizar la dignidad de todos. ¿Esto supone conformarse con la tasa de paro? No, por Dios. Hay que bajarla como sea.
- ¿Qué planes concretos baraja?
- Me preocupan los mayores de 50 años, los jóvenes, y no es lo mismo uno de 18 que uno de 2S, y las mujeres, que tenemos unas cifras que mejoran menos que las generales.
- «No hay mejor política social que crear empleo». ¿Comparte esa máxima?
- En parte es verdad, pero no completamente. Ojalá fuera así. Desde la revolución industrial, el trabajo es el elemento central de inserción social. Y eso comienza a quebrarse a finales del siglo XX, cuando se nos caen las fábricas de la Margen Izquierda y la tarea de 50.000 la hacen 500. La productividad se dispara, pero nuestra gente se queda en casa. Hay que darle una vuelta a esa idea. ¿El empleo es la mejor inserción social? Estamos todavía en esa ola, pero vamos seguramente hacia una sociedad donde no seguirá siendo así. Por lo que decíamos antes, que no va a haber empleo para todos, lo que no quiere decir que no haya recursos económicos. La presión fiscal y la progresivídad deberán tener en cuenta a esos que entran y salen habitualmente del mercado laboral. Habrá que proteger a esos colectivos.
- ¿Hablamos de subir impuestos?
- Sí. Es que yo no entiendo que se pida bajarlos cuando queremos cada vez mayores cotas de bienestar. Yo quiero una sanidad, una educación y un sistema de protección social magnífico.
- La precariedad hace que, para algunos, trabajar ya no baste.
- Aproximadamente una tercera parte de la RGI en Euskadi se destina a complementar sueldos que no llegan al Salario Mínimo Interprofesional. Más claro no se puede decir. Tenemos trabajadores que se esfuerzan y que no llegan a esos 648 euros. Eso es tremebundo. Gente que trabaja y no puede vivir de su empleo. Hay que presionar para que todo el que trabaje tenga un sueldo digno y viva de él.
- Y eso, ¿cómo se hace?
- Pues supongo que la patronal tendrá algo que decir en esto. No se pueden rebajar más algunos niveles salariales. Para nada. Ni ofrecer trabajos como el que vi el otro día, de un colegio profesional, buscando un profesional cualificado, licenciado, pagando 400 euros por seis horas. Eso no se puede consentir.
- Precisamente en Empleo hemos visto una imagen muy llamativa la semana pasada en Balmaseda y Zalla. ¿Le gusta el sistema del bombo para repartir trabajos?
- No me gusta. Hay que pensar un poco este tipo de sistemas. Aunque se guardaron cuotas de proporcionalidad entre hombres y mujeres, perceptores de la RGI y mayores, hay que perfilar también a las personas. Porque, de lo contrario, parece que tener un empleo es un chollo. No podemos llevar las cosas a esa banalidad. A mí no me gusta. Respeto lo que hizo el concejal de
Balmaseda, que supongo que se encontró con un montón de expedientes, pero creo que era necesaria una actuación más precisa. Si hay varios con el perfil necesario, hay otros criterios  válidos, como que todos los miembros del hogar estén en paro o que alguno tenga  posibilidades de encontrar otro empleo.
- El alcalde de Zalla llegó a asegurar que así se evitaban suspicacias.
- Es que nos ponemos la venda antes que la herida. Como queremos, y es natural, que toda actuación sea transparente, algo que era necesario y que debió llegar antes, pues ahora nos pasamos en transparencia en cosas sin sentido. Esta es una de ellas. No se puede repartir los empleos como churros, porque no lo son. Son el sustento de una familia. Con sinceridad, no me gusta.
- Empleo, Inserción Social e Igualdad. ¿Cuál será su bandera?
- Los derechos de la ciudadanía, el derecho de todos a vivir en plenitud y con calidad de vida. Con un empleo, con apoyos cuando no lo hay, en igualdad desde un concepto de diversidad al que debemos dar el salto, incluyendo la inmigración, la discriminación racial, las diferentes orientaciones sexuales y sin perder de vista la solidaridad con el tercer y cuarto mundo. Un conjunto que habla de la dignidad de las personas. Y sin olvidar que hay casos en que todos esos factores se suman: mujer, inmigrante, sin empleo y en un colectivo desfavorecido.
-También es dramática la imagen de los 'sin techo'.
- Sí. En Inserción Social vamos a buscar pisos, albergues, soluciones para esa gente que está en una grave situación de exclusión social. ¿Seremos capaces de terminar con el 'sinhogarismo' en Bizkaia? Pues a mí me encantaría. Una sociedad avanzada no se puede permitir que la gente viva en la calle. Hay que encontrar la solución y sabemos que no es fácil. Porque no se trata de abrir más albergues. Las condiciones psiquiátricas de algunos hacen difícil trabajar con ellos, la convivencia exige que haya una serie de normas y muchos no logran adaptarse... todo eso sucede pero hay que darles una solución. Como escenario, quizá como sueño, me gustaría que al acabar esta legislatura todas las personas residentes en Bizkaia tuviesen un hogar.

domingo, 26 de julio de 2015

Después de matar a un ruiseñor


"En Maycomb existía ciertamente un sistema de castas..." (Harper Lee, Matar a un ruiseñor).

Ayer leí de una sentada Ven y pon un centinela, la muy discutida novela de Harper Lee. Abrí el libro con muchas reservas, con temor incluso. Todo en la peripecia que hay tras su edición me sonaba extraño. Se trataba, según parece, de una primera versión que, tras ser revisaba por un editor fue devuelta a Harper Lee para que la reescribiera, centrándose en los pasajes en los que Scout recuerda su infancia (que también aquí son memorables), reescritura de la que saldría Matar a un ruiseñor. Desaparecida su autora de la vida pública desde 1964, el manuscrito de aquella primera novela estuvo olvidado en un cajón hasta que lo descubrió una abogada, que convenció a una muy anciana y enferma Harper Lee de que merecía la pena publicarlo ahora ... Todo me sonaba a montaje para sacar un buen dinero jugando con la fama de Matar a un ruiseñor.
Y luego estaba el tema de Atticus: ¿cómo se le podía presentar como un sureño prejuicioso y racista? Pese a todo, empecé y terminé la novela y me emocioné con ella, no tanto como con su hermana mayor, pero sí lo suficiente como para recomendar su lectura.

Me ha gustado mucho la interpretación que de esta obra hace el historiador Joseph Crespino en un artículo publicado hoy por EL PAÍS con el título "Atticus Finch da clases de historia": "El Atticus Finch de Matar a un ruiseñor siempre fue un personaje abrumado. En 1960, cuando se publicó la novela, el Sur acababa de poner fin a una década de reacciones feroces. ¿Dónde estaban los sureños blancos decentes, se preguntaba mucha gente, capaces de dirigir la región en esos tiempos de crisis? Atticus Finch, estoico y con conciencia cívica, dio esperanza a los estadounidenses. Pero el precio de ese consuelo fue dar respuestas fáciles a problemas complejos. Independientemente de sus fallos como obra de ficción, ampliamente afeados por la crítica, Ve y pon un centinela aporta a Atticus Finch una complejidad moral y política que era muy necesaria".

Creo que Crespino da en el clavo. Atticus parece haber cambiado hasta traicionarse, pero tal vez no sea así. Tal vez, simplemente, sea imposible ser un Atticus a lo largo de toda una vida."¿Quieres que tus hijos vayan a una escuela que haya bajado el nivel para integrar a niños negros?". Atticus no es un racista del Klan, a quienes por otra parte rechaza. Atticus no acepta que se use la violencia contra los negros. Pero, como les ocurre a tanto multiculturalistas de clase media, prefiere mantener las distancias.

La que no ha cambiado es la maravillosa Scout. Su alegato contra el racismo paternalista de su hasta ese momento venerado padre ("Han progresado muchísimo en lo que respecta a adaptarse a las costumbres de los blancos, pero aún les falta mucho camino por recorrer. Iban bien, avanzando a un ritmo que eran capaces de asimilar, y nunca había habido tantos que pudieran votar. Entonces llegó la NAACP con sus exigencias estrafalarias y sus lamentables ideas de gobierno...", se defiende un acobardado y desconocido Atticus) alcanza dimensiones dramáticas:

"Estamos de acuerdo en que están atrasados, en que son analfabetos, en que son sucios y ridículos y vagos y unos inútiles, en que son como niños, en que son estúpidos, algunos de ellos, pero no estamos de acuerdo en una cosa y nunca lo estaremos. Tú niegas que sean humanos. [...] Tú les niegas la esperanza. Cualquier hombre en este mundo, Atticus, cualquier hombre que tenga cabeza, brazos y piernas, nació con esperanza en el corazón. Eso no vas a encontrarlo en la Constitución, yo lo aprendí en la iglesia, en alguna parte. Son personas sencillas, la mayoría de ellos, pero eso no les hace menos humanos. Tú les estás diciendo que Jesús los ama, pero no mucho. Estás utilizando medios perversos para justificar unos fines que, según tú, redundan en el bien de la mayoría. Tus fines bien pueden ser correctos (me parece que yo también creo en ellos, pero no puedes usar a las personas como si fueran peones, Atticus. No puedes. Hitler y toda esa panda de rusos han hecho algunas cosas buenas por su países, pero de paso han masacrado a decenas de millones de personas... [...] Tú no eres mejor que él. Maldita sea, no lo eres. Solo intentas aniquilar sus almas, en lugar de sus cuerpos".

Un Atticus humanizado y una Scout superlativa: es lo que cabía esperar a partir de su relación paterno-filial en Matar a un ruiseñor. Una esplendorosa y esperanzadora evolución de Atticus, que tal vez fuera un humanista racional, pero que ahora se ve superado por su hija, humanista visceral, ciega para los colores: "Eres daltónica, Jean Louise -le dice su tío Jack al final del libro-. Siempre lo has sido y siempre lo serás. Las únicas diferencias que ves entre un ser humano y otro son diferencias de aspecto, de inteligencia, de carácter y esas cosas. Nunca te han empujado a mirar a la gente como raza, y ahora que la raza es el tema candente, sigues siendo incapaz de pensar en términos de raza. Tú solo ves personas". Un daltonismo que es lo opuesto al racismo color-blind de su padre, construido sobre las supuestas limitaciones culturales de la población negra.

Mientras escribo este comentario escucho la música compuesta por Elmer Bernstein para la película dirigida por Robert Mulligan. ¡Qué maravilla de música, de película y de novelas! ¡Quién pudiera descubrirlas por primera vez este verano, como cuando Jean Louise Finch conoció Maycomb, esa "población antigua y fatigada", por primera vez ... Así que he decidido volver a leer Matar un ruiseñor, más que nada para volver a vacunarme contra ese Atticus ambiguo que yo también llevo dentro.






sábado, 25 de julio de 2015

De parásitos, usura, tamaños incomprensibles y bañadores amarillos



"Muchos autores aciertan al destacar que la crisis financiera y los subsiguientes rescates son la prueba de que estamos operando en una economía que socializa los riesgos y privatiza los beneficios, de tal forma que enriquece a las élites a expensas de todos los demás. Los rescates pusieron de manifiesto que el sector financiero actúa sobre la economía como una sangría potencialmente parasitaria que estamos obligados a aceptar. [...] Las empresas financieras han crecido hasta alcanzar tamaños absolutamente incomprensibles y se han insertado de manera tan profunda en la economía global que se consideran 'demasiado grandes para caer'; a muchos les inquieta que, con independencia de su temeridad, el hecho de que su supervivencia sea esencial les asegura que la próxima vez que colapsen el Estado este las rescatará (lo que provocará la quiebra del Estado en el proceso). Ya sea justo o no, están situadas para ganar cuando la tendencia es alcista, pero también cuando las cosas van mal. Debería revisarse el hecho de que los tipos de interés se contabilicen en el PIB como 'servicios' proporcionados por el sector de intermediación del riesgo, ahora que sabemos quién asume el riesgo real. Los intereses son, en este sentido, una mera renta. Usura".

Mariana Mazzucato, El Estado emprendedor, RBA, Barcelona 2014, p. 296.

jueves, 23 de julio de 2015

¿Dejarías de trabajar si existiera una renta básica?

"La renta básica es un ingreso de 650 € mensuales que recibiría toda la población como derecho de ciudadanía, que sería financiada mediante una reforma fiscal que supondría una redistribución de la renta del 20% de la gente más rica al resto de la población. ¿Estaría más bien de acuerdo o más bien en desacuerdo que se implantara en nuestro país?". Esta es la pregunta que el GESOP (Gabinete de Estudios Sociales y Opinión Pública) ha hecho hace pocos días, del 13 al 17 de julio, a 1.600 personas en Cataluña. El informe puede leerse aquí.
Dos datos bien interesantes:
El primero, el alto nivel de apoyo con que cuenta esta medida entre la población encuestada: un 72,3% está más bien de acuerdo, un 20,1% está más bien en desacuerdo y un 7,6% NS / NC.
El segundo, frente a la socorrida idea de que una medida de este tipo haría que la gente dejara de trabajar (ya se sabe, todas y todos llevamos un parásito dentro): 
  • En caso de cobrar la renta básica seguiría trabajando igual que ahora un 86,2% de las personas encuestadas; y entre quienes están en paro, un 84,4% "seguiría buscando trabajo como hasta ahora".
  • Sólo dejaría de trabajar el 2,9%, y sólo un 2,2% de los parados dejarían de buscar trabajo.