jueves, 26 de febrero de 2015

Por qué sí hay que apagar el móvil en clase

 
El titular que aparecía en la primera página de El País el pasado lunes no podía llamar más la atención: "Por qué no hay que apagar el móvil en clase". El subtítulo no aclaraba mucho más, aunque remarcaba el carácter imperativo del titular: "La digitalización masiva es el mayor reto del futuro de la educación". Y este tono imperativo se veía fuertemente reforzado con la primera frase del artículo en cuestión: "En el mundo actual, plenamente digitalizado, la entrada de la tecnología en el ámbito educativo es irreversible".
Perdón por la autocita, pero en 1996 publiqué un artículo titulado Participación y democracia ante las nuevas tecnologías (Telos: Cuadernos de Comunicación, Tecnología y Sociedad, nº 45, 1996, pp. 26-35. Puede leerse aquí.) en el que criticaba el determinismo práctico que caracteriza a la mayoría de la información, básicamente promocional, sobre nuevas tecnologías presentada por los grandes medios de comunicación. El artículo al que me estoy refiriendo es un ejemplo canónico de este tipo de información.
Estas eran las siete supuestas razones por las que se debería encender el móvil en clase:

1. El alumno lleva toda la información encima. La mueve, la intercambia, la comparte en red, fuera y dentro de clase. De esta forma, aprende de forma intuitiva, incluso sin ser consciente de ello. El móvil es clave para los estudiantes.
2. La clase ya no es el único lugar donde se aprende. El uso de apps educativas como complemento de los temarios empieza a ser una realidad. Y las iniciativas de emprendedores para crearlas son cada vez más numerosas. El sector calcula que en la actualidad existen más de 80.000 apps educativas. Son gratuitas y ayudan a que aumente la motivación del alumno. Muchos docentes y expertos insisten en su utilidad en el aula. Los contenidos vienen de fuera del aula y entran por la tecnología a través de los móviles o de otros soportes.
3. El profesor sabe usar la tecnología como el alumno. Todo el mundo usa la tecnología en su vida cotidiana y profesional, sea para mandar correos, navegar, jugar, oír música o, sí, algunos incluso para enseñar. Y ya sin mencionar que muchos de los profesores que ejercen ahora en la educación no universitaria pertenecen ya a generaciones que nacieron en la era tecnológica.
4. La transformación de la educación con la tecnología tiene tres patas: los recursos digitales con los que se dota al aula y a los alumnos (desde las pizarras digitales a los ordenadores), el seguimiento del profesorado y un currículo digitalizado. Y los recursos ya no son la asignatura pendiente, resaltan los expertos. De hecho, el 85% de los centros de secundaria de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ya en 2012 estaba dotado de ordenadores de mesa; el 41%, de portátiles, y el 11%, de tabletas, según datos de esta organización. Los siguientes pasos a dar son extender el currículo digitalizado, así como el seguimiento y apoyo del profesorado en la enseñanza con esos materiales.
5. Los profesores ya no van a cursillos para que les enseñen a usar la tecnología. No son la solución. Está más que comprobado. Hoy en día el seguimiento del docente ya se hace por expertos en tecnología en los propios centros. Se les da apoyo sobre el terreno en el uso de todas las herramientas que integran el currículo digitalizado (que tiene múltiples recursos, como ilustraciones animadas, vídeos, visitas virtuales, foros…).
6. El gasto público en tecnología crece en los países más avanzados, a pesar de que baja el gasto en educación. Países como Estados Unidos o Inglaterra han seguido esta línea en plena crisis. Pero no siempre la inversión en tecnología para la educación se ha traducido en una mejora de los resultados de los estudiantes. De hecho, algunos de los países que menos invierten en ella (como Finlandia, Japón o Corea del Sur) salen en los primeros puestos de las pruebas Pisa de la OCDE, al igual que otros que, por el contrario, invierten mucho en ella (como Singapur, los Países Bajos o Estonia).
7. En los últimos años, se ha creado la figura del “Coordinador Tec” en los centros. Precisamente por la razón anterior. Para facilitar su buena utilización con el fin de que se traduzca en un mejor y más eficaz sistema de aprendizaje para los alumnos. Numerosos centros españoles ya cuentan con ellos. El “Coordinador Tec” es el responsable y supervisor de uso de la tecnología en las aulas. Hace un seguimiento del profesorado y de la adaptación del currículo del centro a ella.

¿Razones?  Veamos:
1. Se dice que el alumno lleva toda la información encima. En primer lugar, no escierto: el alumno lleva consigo sólo la información a la que puede acceder vía internet, que es mucha, muchísima, sí, pero ni es toda ni es siempre la más relevante. Por otro lado, un artículo publicado hoy por la misma informadora en el mismo diario señala que "sólo el 2% de los alumnos distingue la información relevante en Internet". ¿De qué sirve, entonces, llevar toda la información encima?

2. Se dice a continuación que la clase ya no es el único lugar donde se aprende. No lo ha sido nunca. Antes de internet también se aprendía a través del diario, de la radio, la televisión o el cine (además de en la familia, el grupo de iguales, las asociaciones intermedias o la calle), pero a nadie se le ocurrió jamás meter en el aula "sin apagar" a ninguna de estas instancias socializadoras y educadoras. Al contrario, lo que se ha buscado siempre es relacionar, sí, todas estas instancias, pero marcando una evidente distancia entre las mismas y la escuela, un espacio que sólo puede cumplir su función educativa gracias precisamente a esta distancia. Lo expresa perfectamente García Montero cuando escribe: "El camino que conduce de la casa a la escuela es también la distancia obligada entre un espacio privado y un espacio público dispuesto a hacerse respetar. Ninguna educación para los ciudadanos resulta tan eficaz como ese camino que hay que recorrer entre la casa de cada alumno y la escuela, el camino que permite alejarnos un poco de nuestra identidad particular, llegando a la pizarra de todos, la escuela única" (Luis García Montero, Inquietudes bárbaras, Anagrama, Barcelona 2008).

3. El resto de las supuestas ideas no son otra cosa que la expresión de que eso que se debe hacer (digitalizar masivamente la escuela) ya se puede hacer. Pero la cuestión es si se ha justificado suficientemente el debe: yo creo que no. Por cierto, todo el artículo, extenso (ocupaba una página completa del diario), se sustentaba sobre la opinión de un solo informante: el director de Educación de la Fundación Santillana, Mariano Jabonero.

Seguramente, de no haber leído el reciente libro de Roberto Casati, Elogio del papel, el artículo de El País me hubiera parecido poco más que un publireportaje camuflado de información contrastada.
Santillana pertenece a Prisa,editora del diario, y en los últimos tiempos la editorial especializada en material educativo se ha metido de lleno en el terreno del material digital destinado a la educación. Vender libros en papel o vender contenidos digitales, al cabo viene a serlo mismo. Si cuela, cuela.
Pero tras leer el libro de Casati, la cosa me parece mucho más preocupante. No intentaré resumir aquí su contenido: recomiendo su lectura reposada e íntegra. Sólo recogeré aquí tres de sus ideas:

1. El colonialismo digital es una ideología que se resume en un principio tan simple como peligroso: "Si puedes, debes". Si es posible hacer que una cosa o una actividad migren al ámbito digital, entonces debe migrar. Pero esto es más que cuestionable. Como cualquier otra tecnología, la digitalización puede resultar emancipadora en algunos casos, pero no en otros.

2. La lectura está amenazada, nos la roban. El ordenador ha contribuido a erosionar el tiempo de lectura de libros. De la lectura en profundidad, que no surge de manera natural: hay que aprender a practicarla y, una vez aprendida, hay que protegerla. Si leer significa aislarse para profundizar los nuevos dispositivos electronicos, sobrecargados de aplicaciones que nos invitan a bifurcar nuestra atención, no nos ayudan en nada, Esta es la tesis bien fundamentada de Nicholas Carr en Superficiales). El libro de papel presenta ventajas cognitivas: la linealidad facilita la comprensión, su calidad de objeto aislado, de objeto en sí, no conectado, facilita la atención.

3. La escuela presenta la característica de ser un ámbito protegido, en el seno del cual habría que aprender a procesar la información y no contentarse con buscarla o recibirla. Habría que defender este espacio protegido y resistirse a la introducción incondicional de instrumentos que favorecen (casi exigen) el multitasking y el zapping. Ya usan estas tecnologías digitales fuera de la escuela; por eso, debería resultar interesante que los estudiantes fueran al colegio para hacer cosas muy diferentes de las que se hacen habitualmente en la sociedad.

Como conclusión: "La escuela debe, en cierta medida, resistirse a las tecnología distrayentes, precisamente porque ya cuenta por sí misma con la inmensa ventaja de ser un espacio protegido en el cual el zapping está excluido por definición; ventaja que le permitiría no tener que correr tras el cambio tecnológico y, al mismo tiempo, generar, gracias paradójicamente a sus inmensas inercias, el verdadero cambio, que es el desarrollo moral e intelectual de los individuos".

miércoles, 18 de febrero de 2015

En defensa de la palabra contraria

 

El lunes, día de mi visita semanal a mi librería de cabecera, me encontré con la agradable sorpresa de que Javier ya me había reservado el último librito de quien sabe es uno de mis cuatro o cinco narradores favoritos: el napolitano Erri de Luca.
En esta ocasión se trata de un manifiesto público en el que Erri de Luca de a conocer la demanda presentada contra él por la empresa francesa LTF, constructora del tren de alta velocidad Turín-Lyon. El motivo de esta demanda, admitida a trámite por un tribunal de Turín, son unas palabras del escritor pronunciadas en el transcurso de una entrevista concedida al sitio web Huffington Post, en las que comentando las detenciones de dos jóvenes pertenecientes al movimiento NO.-TAV y la relación establecida por el fiscal jefe de Turín entre este movimiento y el terrorismo, decïa:

Huffington Post: Erri de Luca, ¿tiene razón el fiscal jefe de Turín cuando expresa su temor respecto al terrorismo NO-TAV?
Erri de Luca: Caselli exagera.
H.P.: Tal vez exagere, pero los dos chicos detenidos llevaban en el coche cócteles molotv...
E. de L.: [Sonría irónicamente]... Sí, peligroso material de ferretería. Justo lo que normalmente se entiende como dotación de los grupos terroristas. Me explico mejor: el TAV ha de ser saboteado. para eso precisamente servían las cizallas: son muy útiles para cortar las verjas. Nada de terrorismo.

Erri de Luca reivindica el derecho, la necesidad democrática, a pronunciar y argumentar la palabra contraria.
Yo ya he plasmado mi adhesión en la página solidaridad IOSTOCONERRI. Para lo que haga falta, Erri.



Para saber más:

domingo, 15 de febrero de 2015

Canciones de amor a quemarropa





 

Canciones de amor a quemarropa
Nickolas Butler
Traducción de Marta Alcaraz
Libros del Asteroide, Barcelona 2014

Más que un libro es un respiro.
Trata sobre las raíces, sobre todo sentimentales, y sobre el papel que los lugares juegan en su construcción. Concretamente, el papel de una pequeña localidad de Winsconsin en la que cuatro amigos iniciaron su existencia, vieron como sus vidas tomaban caminos muy distintos, para reconocerse al final inexorablemente unidos por sus orígenes.
Ser libres sólo aceptando la atadura a una concreta geografía emocional.

"Cuando no tenía otro lugar adonde ir, siempre volvía a Little Wing. Cuando no tenía nada de nada, volvía a Little Wing. Volvía aquí y, de la nada, hacía algo. Aquí podría vivir sin apenas dinero, no tenía en qué gastarlo ni a quién impresionar. Aquí a la gente sólo le importa tu espíritu de trabajo, tu amabilidad y tu capacidad. Yo volví a Little Wing y aquí descubrí mi voz como quien descubre algo que se le ha caído del bolsillo, somo si fuera un souvenir que llevara tiempo olvidado. Y cada vez que vuelvo aquí me encuentro rodeado de gente que me quiere, que se preocupa por mí, que me protege como si levantara una tienda de calor. Aquí escucho cosas, aquí el mundo tiene un latido distinto, el silencio suena como una cuerda que alguien hubiera rasgado millones de años atrás, música en los álamos y los abetos y los robles, hasta en los campos y en el maíz que sse seca al sol.
¿Cómo le explicas todo eso a alguien? ¿Cómo le explicas eso a alguien a quien quieres? ¿Y si no te entiende?".

Todo lo contrario del actual mundo líquido, fluido, deconstruido, móvil, global, nómada... O no: que este mundo sigue siendo también sólido, estable, localizado.
Como yo soy cada vez más sedentario, como mi ideal es poder vivir "en un metro de bosque", me he identificado mucho con las historias que cuenta Butler



Desde sus primeras páginas [puedes leerlas aquí] me recordó la película Beautiful Girls, estrenada en 1996, dirigida por Ted Demme y con un reparto soberbio: Timothy Hutton, Uma Thurman, Matt Dillon, Mira Sorvino, David Arquette o una fascinante y jovencísima Natalie Portman. En su momento, esta película también me gustó mucho.
La escena en la que cantan "Sweet Caroline" es un buen ejemplo del tono de la película.

jueves, 12 de febrero de 2015

¡Qué guapos y qué listos son!

Dice Strauss-Khan que jamás pensó que las mujeres que participaban en sus orgías lo hicieran por dinero. ¿Por dinero? Un tipo como él, guapo, triunfador, vigoroso, encantador, se lleva a las hembras de calle. Es algo de sobra sabido. Mujeres jóvenes, supongo que muy atractivas, prestándose a prácticas sexuales que algunas han calificado como "carnicería" o "masacre". Pero claro, ¿qué puede haber más fascinante para una mujer que dejarse violentar por un tipo que se da un respiro en una vida tan estresante, dedicado a "salvar al planeta de una de las crisis financieras más graves"? Lo mismo que ocurría con Berlusconi, otro bollycao.

Y de orgía sexual a orgía financiera. El presidente de Kutxabank, Gregorio Villalabeitia, se ha subido un 73% el sueldo para cobrar 800.000 euros al año. Se lo merece, claro. Si el francés es el DSK de la política, el vasco es el CR7 de la economía. ¿Os imagináis que se nos ocurre racanearle el sueldo –digamos que pagarle sólo 400 o 200 mil euros- y que el tío nos abandona y ficha por otra empresa? ¡Qué desgracia, dios mío!
 

Bueno, basta de bromas. Nos hemos alarmado por el ébola cuando la infección que debería preocuparnos es el idiotismo moral. Como escribió Norbert Bilbeny hace unos años, idiota moral es aquella persona que no siente la contradicción, incapaz de distinguir las implicaciones éticas de sus actos y de sus decisiones. El hecho es que tenemos los consejos de administración, los gabinetes de gobierno, los centros de poder, llenos de idiotas morales.
 
Linda McQuaig y Neil Brooks describen perfectamente el apogeo de estos parásitos económicos en su libro El problema de los supermillonarios (Capitán Swing, 2014). Ninguno de ellos –casi siempre son “ellos”- resulta ser especialmente talentoso, ni se significan por espectaculares aportaciones personales. De hecho, se me hace muy difícil pensar que alguien, por sí mismo, pueda hacer una aportación social de tal importancia que merezca retribuciones tan elevadas como las que hoy se conceden directivos como Villalabeitia. Si acaso, de merecerse estos reconocimientos económicos yo pensaría más bien en personas como la religiosa Paciencia Melgar, que tras superar el ébola en un hospital de Monrovia se mostró dispuesta a donar su sangre para elaborar el plasma que pudiera salvar a otras personas enfermas. ¿Cuántos miles de euros podría haber pedido la religiosa a cambio de su sangre sanadora?
 
El libro está lleno de excelentes ejemplos. En 1894 Rockefeller tenía unos ingresos de 1,25 millones de dólares (unos 30 millones en dólares de hoy), 7.000 veces más que el sueldo medio de la época; en 2007, John Paulson, gestor de fondos de alto riesgo, ganaba 3.700 millones de dólares, más de 80.000 veces el sueldo medio de Estados Unidos. ¿Acaso Paulson generó 10 veces más riqueza que Rockefeller? Otro ejemplo. En 1950 el presidente de General Motors, entonces la primera compañía de Estados Unidos, ganó 586.000 dólares (unos 5 millones de dólares actuales); en 2007, General Motors pagó a su presidente 15,7 millones de dólares, a pesar de que la empresa había sufrido pérdidas por valor de 39.000 millones. ¿Cómo se puede pagar tres veces más por una gestión millones de veces peor?
 
McQuaig y Neil Brooks lo tienen claro: “Lo más normal es que obtengan sus gigantescas remuneraciones como resultado de la mera suerte, de una actuación despiadada, de su capacidad para especular, de sus fullerías o simplemente por estar mejor posicionados para dirigir las ganancias hacia ellos mismos o para capitalizar oportunidades generadas por la sociedad y de las que otros podrían -y deberían- haberse beneficiado si ellos no hubieran estado allí”. Y entre estas fullerías el amiguismo de los consejos de administración o las puertas giratorias entre política y empresa juegan un papel fundamental.
 
“Más que la creación de riqueza -concluyen-, su principal logro ha sido conseguir desviar hacia ellos mismos una enorme parte de la riqueza creada, lo que en economía se conoce como rentismo parasitario”. Parásitos, sí. Ladillas o garrapatas, según sobre qué parte del organismo social –el sexo o el dinero- se abalancen para atiborrarse.
 
Publicado en El Diario Norte, 11/02/2015
 

jueves, 5 de febrero de 2015

¿Que por qué decepciona tanto la socialdemocracia? No es por eso.

El pasado día 27 de enero el sociólogo Ignacio Urquizu publicaba en EL PAÍS un artículo titulado "¿Por qué decepciona la socialdemocracia?". En el mismo, proponía el siguiente diagnóstico:

El socialismo ha perdido dos valores que son fundamentales en tiempos de crisis. El primero de ellos es la audacia. Cuando las situaciones son de enorme dificultad, solo los que muestran cierta valentía pueden convertirse en referentes para los demás. Pero una parte de la izquierda, en lugar de abanderar soluciones valientes, parece ir a remolque de los acontecimientos. Y esto es una dificultad puesto que muchos de los problemas económicos, sociales y políticos por los que pasan las sociedades europeas exigen respuestas audaces. Por ejemplo, es más que evidente que el nivel de endeudamiento público y privado de las economías del sur de Europa es un lastre para su recuperación. Pero hasta la fecha, a una parte de la izquierda le cuesta utilizar palabras como “reestructuración”. Poco a poco, los principales economistas ven más que evidente que las economías del sur de Europa están abocadas a emprender esta tarea. De hecho, ya se está haciendo de “tapadillo”. Que el plan Juncker implique que las inversiones en infraestructuras productivas no compute para la deuda y el déficit es un reconocimiento implícito a este hecho.
El segundo de los valores que la socialdemocracia debe recuperar es la creatividad. Necesitamos soluciones imaginativas y distintas. La izquierda mayoritaria lleva mucho tiempo sin ver más allá del realismo. El posibilismo la ha encorsetado tanto que, en muchas ocasiones, al socialismo le cuesta soñar con una sociedad distinta en un mundo distinto. Así, cada vez que alguien sugiere una idea nueva, se invierten más esfuerzos en desmontarla mostrando las dificultades de llevar a cabo esa propuesta, que en intentar pensar cómo se podría realizar. Un ejemplo de esto es la renta básica universal. Nadie duda de la enorme dificultad de implementar una medida de estas características. Pero, ¿realmente es imposible? ¿Acaso no existe una enorme literatura de economistas rigurosos que llevan tiempo debatiendo sobre ello?

Me parece un diagnóstico poco atinado, que no alcanza a plantear la gravedad de la prostración que afacta al PSOE. Audacia y creatividad son, en todo caso, valores instrumentales o virtudes secundarias, vehículos para la expresión o aplicación de otros valores primarios, de carácter fuertememte normativo. Estos otros valores, sustantivos, son los que la socialdemocracia ha ido perdiendo en el transcurso de su larga marcha a través de las instituciones.

Urquizu, que publica habitualmente sus artículos en EL PAÍS, ha sido colaborador de la Fundación Alternativas, y así firmaba sus artículos hasta hace un tiempo; ahora firma como coordinador del seminario de análisis político de Metroscopia. Es, sin duda, un reconocido prescriptor para el socialismo español.

En noviembre de 2012 publicó el libro La crisis de la socialdemocracia: ¿qué crisis?, en el que defiende la tesis de que el cambio ideológico experimentado por la socialdemocracia (SD) europea se ecplica, esencialmente, como un intento de responder de la manera más adecuada a las circunstancias de cada momento. Frente a la idea de que la SD ha "traicionado" con estos cambios sus principios fundamentales, el autor explica lo ocurrido  como capacidad de adaptarse a la realidad de su tiempo, una realidad que también ha contribuido a cambiar. Es un libro interesante, pero hay algo en elplanteamiento del mismo que me parece, además de discutible desde la ciencia social, sumamente preocupante desde una perspectiva política aplicada.
"Si algo define a los principios programáticos de la socialdemocracia es su capacidad de adaptarse a las circunstancias”, escribe Urquizu marcando desde el principio el terreno en el que se va a mover el libro (p. 15).
En su explicación de la situación actual de la SD el autor afirma querer huir tanto del historicismo como de la visión normativa: El historicismo serían narraciones o descripciones ya sea de un determinado momento o de largos proceso históricos, carentes de una teoría general que permita no sólo describir sino, sobre todo, explicar los cambios (p. 20). La visión normativa sería aquella que juzga los cambios: Para entender los cambios y “relativizar los momentos de transformación programática” es preciso “quitar peso a las valoraciones normativas sobre el cambio ideológico de los partidos socialistas, evitando los juicios de valor. Que la izquierda mute no es bueno ni malo, sino producto de un conjunto de factores que, en algunas ocasiones, escapan del control de los dirigentes políticos” (22).
En abstracto es cierto: cambiar no tiene por que ser en sí mismo bueno o malo. Pero despojar el análisis de estos cambios de cualquier juicio normativo condena al autor a mantener una insoportable ambivalencia ante el caso de Rosa Luxemburgo y los Espartaquistas: “El apoyo del SPD alemán a las partidas presupuestarias de la Primera Guerra Mundial fue visto como una traición y una renuncia a la lucha del proletariado” , escribe (p. 26). ¿Es que acaso no lo fue? ¿Puede ventilarse como una simple "adaptación pragmática a las circunstancias"?

“Si los partidos socialistas han ido modificando sus propuestas políticas es porque la realidad ha cambiado”, dice. “La evolución ideológica de la SD no deja de ser una adaptación constante a las circunstancias. Los dirigentes socialistas presentan los proyectos políticos en un contexto determinado. Por ello, una modificación ideológica de la izquierda no puede interpretarse como una crisis” (75). “En todo caso, la socialdemocracia estaría en crisis si no fuese capaz de amoldarse y cambiar según las circunstancias” (75-76). ¿Sin ningún límite normativo?
Urquizu explica básicamente la moderación ideológica de la SD por las exigencias derivadas de su participación en la política institucional (elecciones, parlamentos, gobiernos) y por el heco, más reciente en la historia, de tener que desarrollar su actividad política en el marco de esta Unión Europea.
En cuanto a la primera cuestión, la participación en las instituciones representativas hace que se modere su programa máximo (28). “En la medida en que los partidos socialistas buscaban votos más allá de la clase obrera, renunciaban a su programa máximo. Pero esta renuncia ideológica les llevaba a perder apoyos entre los trabajadores, lo que reforzaba su estrategia de seguir buscando los votos de más clases sociales además de la obrera” (53). “La extensión del sufragio universal, la competición electoral y las posibilidades de gobernar influyeron en su moderación ideológica” (58). “Una vez que el socialismo aceptó la democracia representativa como instrumento político para transformar la sociedad, las preferencias del electorado se convirtieron en una parte importante de la estrategia política de la izquierda. Así, las formaciones socialdemócratas tuvieron que ‘adaptar’ sus propuestas programáticas a las demandas de los votantes” (71). “Cuando mejora la renta de la clase obrera, la SD se modera”(69).
¿Y la hegemonía? ¿Y la moralización de esas preferencias? ¿Qué ha hecho la SD para mantener vivos y activos elementos esenciales de su proyecto también en un contexto de crecimiento económico? Si ahora repasáramos  la hemeroteca encontraríamos demasiadas pruebas de que el PSOE y la SD europea en general no sólo se han adaptado a unas determinadas preferencias del electorado, sino que han sido entusiastas legitimadores de estas: desde el socioliberalismo de Boyer y Solchaga al desembarco de ministros socialistas, presidente González incluido, en consejos de administración de grandes empresas.
En cuanto a la Unión Europea: “Si partimos del supuesto de que el Estado tiene un papel fundamental para el proyecto político de la SD, la unión económica y monetaria supone una seria restricción para la izquierda. Cuando los partidos socialistas acceden al poder en la Eurozona, ya no tienen la misma libertad que antes y, por lo tanto, ya no pueden desarrollar la política económica ni manejar las cuentas públicas como ellos podrían desear” (62). “Los partidos socialdemócratas que tienen que realizar propuestas ideológicas dentro de la unión económica y monetaria son mucho más moderados y están más cerca del centro ideológico que el resto de formaciones socialistas. […] Los corsés que el diseño de la Eurozona impone han hecho que la SD se haya moderado ideológicamente” (66).
De nuevo, la pregunta es la misma: ¿qué Europa ha impulsado la SD? La pregunta esencial no es “¿Qué efectos han tenido las instituciones europeas sobre la izquierda?” (59), la pregunta relevante es otra: ¿qué influencia ha tenido la izquierda sobre la construcción europea? Porquelo que debemos criticar de la SD no es que haya perdido sus batallas, sino que haya renunciado a plantearlas.

En fin. La conclusión no puede ser más tranquilizadora para quienes han dirigido y dirigen el PSOE: “Cada vez que la izquierda modificaba sus propuestas, surgían los ‘guardianes de las esencias’ y acusaban a los ‘renovadores’ de traicionar los principios […] Pero, realmente, no cambiar y no adaptarse a la realidad sí que sería una crisis profunda” (130). Las burocracias de la SD aplauden con las orejas cuando leen esto. Y aún más si a continuación leen: “Calificar esta evolución programática de crisis o traición no es justo” (104). “¿Deberían ser los partidos socialistas sordos ante los cambios sociales, políticos y económicos? Es verdad que, en algunos aspectos, la izquierda tiene margen de maniobra para cambiar las circunstancias, como, por ejemplo, el diseño de la unión económica y monetaria. En cambio, en otro debería congratularse de que la sociedad sea más justa o de que los trabajadores mejoren sus condiciones de vida. Si la izquierda ha cambiado en su visión de la economía no ha sido por una traición o una supuesta conspiración, sino porque ha sido capaz de adaptarse a las circunstancias de su tiempo, unas circunstancias que ha contribuido a cambiar” (105).
Ya está, pues, tranquilidad. Lo hemos escuchado en la Conferencia Autonómica del PSOE"Nosotros no podemos, ya hemos podido”, ha dicho Iceta. Y sí, claro que sí,claro que el PSOE está detrás de la mayoría de los avances en libertades y en derechos que se han producido en la España democrática, pero también está detrás (o al lado, como fiel pactador) de muchos grandes retrocesos.

Tras la derrota del PSOE en las elecciones generales Urquizu aconsejaba "repensar el proyecto socialista en varias de sus dimensiones", pero para nada plantear una "catarsis" o "practicar un haraquiri colectivo".
Dado que nadie entre los dirigentes y responsables políticos del PSOE se mostró particularmente catártico tras la derrota y que lo más parecido a un haraquiri que pudimos ver fue esa muerte dulce por intoxicación con gases que fue el proceso de sustitución de Rubalcaba como secretario general, me temo que consejos como los de Urquizu, seguramente bien fundados y mejor intencionados, sirvieron para construir y afirmar la opinión (tan propia de los aparatos de los partidos) de que la cosa no era para tanto, de que lo mejor era mantener la calma y de que la pregunta por las razones del fracaso electoral había que mantenerla en un perfil bajo.
Son consejos como este los que llevan adormeciendo la conciencia crítica y la capacidad de reacción del socialismo español hasta convertirlo en lo que hoy es: una caricatura de sí mismo.

domingo, 1 de febrero de 2015

Así, este PSOE no tiene solución

No entiendo el empeño del PSOE por cerrar con el Gobierno del PP un pacto contra el terrorismo yihadista. Y digo lo de "empeño" porque a los dirigentes nacionales del PSOE se les ve convencidísimos con el tema. He escuchado las declaraciones de ayer del secretario de Organización, César Luena, y me reafirmo en que algo, y algo grave, falla desde hace tiempo en el seno del socialismo español cuando escoge a sus "número 2".

Pedro Sánchez está cayendo en el mismo error en el que cayó Rubalcaba cuando, en junio de 2013, firmó con Rajoy (en pleno austericidio, en plena corrupción) aquella triste mascarada que fue el pacto sobre política europea. La justtificación de Rubalcaba fue, entonces, esta:  
“Yo pedí la dimisión del presidente del Gobierno por el caso Bárcenas. Mi posición es esa. Y sigue siendo la misma. Pero la suya es distinta. Él cree que no que no tenía que irse. A partir de ahí hay dos opciones, o pasar la legislatura pidiendo el váyase señor Rajoy o buscar acuerdos en un asunto como el de Europa porque es importante para España. Yo he optado por lo segundo”. 
Calcadita ha sido ahora la explicación del nuevo furor pactista perpetrada por César Luena:  
"El terrorismo yihadista es ahora mismo la mayor amenaza que tenemos en relación con el terrorismo y el PSOE lo que va a hacer es garantizar la unidad de todos los demócratas en la lucha contra el terrorismo".
A pesar de que "todos los (demás) demócratas" han dicho ya que no van a firmar dicho pacto. 
¿A pesar del delicadísimo asunto de la prisión permenente revisable?
¡Que esto es muy serio! No quiero ni pensar que el PSOE firme el pacto con el PP escudándose en florituras tales como que el citado pacto deja abierta la puerta a una "eventual derogación de esta medida en el futuro", o en que finalmente el texto no mencione explícitamente esta cuestión, aunque la medida sí se contemple en el articulado.

Y mientras tanto, el PP desguazando un poco más la ya muy castigada universidad pública. Y el infame Wert burlándose de las familias cuando dice que con su reforma las familias se ahorrarán dinero.
¿Pactar sobre terrorismo yihadista con este PP que no pacta con nadie, que sólo impone recortes, privatizaciones y desguaces de lo público? ¿Con el PP de la ley mordaza?

Gracias, Denis, por no dejarte llevar y mantener el tipo.
El PSOE busca un acuerdo global contra el yihadismo y recalca que "ni apoya ni asume" la prisión permanente revisable

"El terrorismo yihadista es ahora mismo la mayor amenaza que tenemos en relación con el terrorismo y el PSOE lo que va a hacer es garantizar la unidad de todos los demócratas en la lucha contra el terrorismo"

Leer mas: http://www.europapress.es/nacional/noticia-psoe-busca-acuerdo-global-contra-yihadismo-recalca-apoya-asume-prision-permanente-revisable-20150130133823.html

(c) 2015 Europa Press. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de este contenido sin su previo y expreso consentimiento.

miércoles, 21 de enero de 2015

Dos sueños de libertad




Malabar



Evasión en el Monte Kenia, editado por XPLORA, es la narración autobiográfica de la fuga "temporal" de un campo de prisioneros durante la II Guerra Mundial con el único objetivo de escalar el Monte Kenia.la segunda cima de África, tyras el Kilimanjaro.
El narrador, Felice Benuzzi, prisionero de guerra italiano en el campamento británico de Nanyuki, preparó junto con otros dos compañeros durante meses un elaborado plan -que incluía la adquisición disimulada de prendas y alimentos o la construcción en secretop de crampones, piolets, clavijas y cuerdas- destinado a coronar la cima del Monte Kenia, plantar en lo alto una bandera italiana y regresar después al campo de prisioneros.
¿Huir de una prisión tan sólo para escalar una montaña? ¿No hubiera sido más razonable intentar llegar a Somalia y, desde allí, volver a territorio italiano? Para Benuzzi y sus compañeros la libertad, seguro, estaba en la montaña.

Yo soy Espartaco


Otro sueño de libertad es que nos presentan en Yo soy Espartaco, de la editorial Capitán Swing.Bueno, en realidad son dos sueños. El primero y más obvio, el que tan bellamente se narra en la película Espartaco, dirigida por Stanley Kubrick y estrenada en 1960. Porque el libro nos introduce en el complicadísimo rodaje de esa película, de la mano de su protagonista y a la vez productor, Kirk Douglas.
Y este es el segundo sueño de libertad: el empeño de Douglas por sacar adelante la película que él quería rodar en un contexto tan tóxico para la libertad de expresión como fue la época del post-macarthismo.
En esta lucha Kirk Douglasse muestra como un auténtico Espartaco de carne y hueso: luchando contra el anti-comunismo rampante para que se aceptara como guionista al represaliado Dalton Trumbo o aguantando las presiones de la ultraderechista Legión Americana.
Reproduzco aquí dos hermosas reflexiones del propio Douglas, una de la introducción y otra del epílogo del libro:

"Cuando hablo con mis nietos sobre la producción de Espartaco, a ellos les parece que les relato un cuento fantástico procedente de una época muy lejana: la década de 1950. Tienen razón. Sucedió hace mucho tiempo. Pero en un mundo en el que un hombre en Túnez es capaz de hacer estallar acontecimientos que derroquen al gobierno de Egipto, la historia de Espartaco adquiere hoy tanta relevancia como la que tenía hace cincuenta años... o hace mil años".

"La lucha por la libertad humana más elemental representada por Espartaco persiste en todo el planeta, desde Siria hasta Irán.
Creo que gran parte de las divisiones que hay en el mundo han sido ocasionadas por la religión, incluso en una época como la de Espartaco, en que se rendía culto a muchos dioses. ¿Cuál es la finalidad de la religión? Después de haber pasado noventa y cinco años en este planeta, he llagado a la conclusión de que la religión debería basarse en una única cosa: ayudar a tus congéneres. Si todo el mundo practicara esa religión, la de ayudar a sus congéneres, los ejércitos desaparecerían de la noche a la mañana. Desaparecerían la injusticia, la intolerancia y la inhumanidad. Y jamás se confeccionarían listas negras. Cuán maravilloso sería ese mundo".