viernes, 22 de julio de 2016

Espectadores del dolor ajeno: una imagen no vale más que mil palabras

RESUMEN | Este trabajo pretende ser una revisión actualizada de una de las cuestiones más debatidas en el ámbito de la sociología de la comunicación: la relación existente entre conocimiento mediado y acción social. Tomando como eje la aparente evolución del pensamiento de Susan Sontag al respecto, el artículo reflexiona sobre los límites y las potencialidades de las imágenes, en particular de aquellas transmitidas por los medios de comunicación, para ponernos en el lugar del otro. Se propone una aproximación transdisciplinar recurriendo a análisis y propuestas procedentes de la sociología, las ciencias de la comunicación, la creación artística, entre otras. El artículo finaliza reivindicando el valor de la imagen como ruptura de la normalidad y, por ello, como movilizadora del sentimiento ético.

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sábado, 16 de julio de 2016

Reconocer como iguales a las víctimas de las tierras arrasadas

[I] El domingo 3 de julio publicaba EL PAÍS una entrevista con el lingüista italiano Raffaele Simone, conocido en España por su libro El monstruo amable (Taurus, 2011), del que ya hemos hablado en este blog. En la entrevista, Simone planteaba lo siguiente:

La inmigración puede disolver Europa. El paradigma democrático contiene una ficción fundamental, que yo llamo de inclusión ilimitada: cualquiera se puede presentar a mi puerta, sobre todo si está escapando de la represión, y encontrará hospitalidad. Es un principio sacrosanto, pero se puede aplicar solo a individuos. Aquí tenemos el caso de subcontinentes enteros que se transfieren a Europa. Ese choque es fatal desde el punto de vista económico, porque va a gravar nuestros presupuestos sociales, y cultural, porque la inmensa mayoría son islámicos. Y provienen de países con una cultura del trabajo débil o inexistente; la mayoría son varones que plantearán problemas de acompañamiento sentimental, por decirlo así, y tienen un ritmo de reproducción mucho más alto. Se han inventado mitos, como que, al sufrir Europa una crisis demográfica, los recién llegados van a compensarlo. Pero son islámicos y esa es una diferencia radical. Ante esto, la izquierda ha adoptado la filosofía de “que vengan todos”. Pero eso no es una filosofía, es la renuncia a tomar una decisión. Y ha hecho un regalo monumental a la derecha. De ahí que el futuro de países como Francia, Austria o los escandinavos esté definido por la mala gestión del tema de la inmigración. Y Europa se desplazará hacia la derecha.

Este es un argumento central de su último libro, El hada democrática (Taurus, 2016). Considera Simone que la democracia en Europa afronta un grave riesgo de descomposición causado por los excesos derivados de la "aspiración a la democracia directa" y por el error de que "durante decenios se ha dejado entrar en toda Europa occidental a importantes flujos de inmigración, tanto legal como clandestina, sin ningún filtro ni medida de control eficaz".
El razonamiento no es nuevo, y ha sido planteado hace unos años bajo la fórmula del dilema progresista, entendido como la contradicción intrínseca entre apertura a la diversidad y mantenimiento de la cohesión social. Lo he abordado en el trabajo Confianza ciudadana y capital social en sociedades multiculturales (Ikuspegi, 2010; aquí en euskera).
Simone considera que la "actitud de hospitalidad a cualquier coste [...] producto de la propensión solidaria de las izquierdas y del humanitarismo cristiano católico", ha generado una suerte de "extremismo humanitario" que ha permitido que en algunos países europeos "hasta los inmigrantes técnicamente clandestinos han podido disfrutar gratuitamente de servicios y derechos que los residentes financian con sus impuestos, como los de enviar a sus hijos a la escuela y tener asistencia sanitaria".

Y aquí es donde Simone se transmuta en ese Giovanni Sartori que, en su último libro titulado La carrera hacia ningún lugar (Taurus, 2016), propone cosas como una "ciudadanía revocable": junto al ius sanguinis y al ius soli propone (aunque más bien parece que no sería tanto una tercera vía para acceder a la ciudadanía, sino el criterio fundamental para Sartori) "la concesión de la residencia permanente, transferible a los hijos pero siempre revocable, a cualquiera que entre en un país legalmente con los papeles en regla y un puesto de trabajo, no digo asegurado, pero sí prometido o creíble. En espera de descubrir cuántos seremos, si los podremos absorber o no, esta fórmula concede tiempo y no hace daño". De acuerdo en que esta formula nos concede tiempo (otra cosa es lo que ocurre con el tiempo "prestado" a las personas inmigrantes), pero ¿de verdad no hace daño? Una ciudadanía forzosamente temporal y precaria, hasta nuevo aviso, ¿permite de verdad construir una sociedad cohesionada? Pero Simone tan sólo es capaz de ver los problemas que para las sociedades receptoras supone la inmigración:

La masa de inmigrantes -considera una parte de los ciudadanos- no está compuesta sólo por gente que huye de guerras y persecuciones y por trabajadores (indispensables para un continente que envejece), sino también por marginados, ociosos, integristas religiosos, delincuentes y componentes de bandas criminales... [que] aprenden rápidamente a reivindicar derechos a la europea. [...] Crean, además, discriminaciones positivas que no pueden sino indisponer a los nativos: piénsese que la acogida de los inmigrantes recién llegados le cuesta a cada gobierno europeo centenares de millones de euros al año.

Simone recordaba en El monstruo amable que estar en la izquierda exige un arduo y sostenido esfuerzo para sostener un improbable artificio dirigido a modular impulsos, deseos y aspiraciones ("no tenemos sueños baratos") sobre los que se apoya con plena comodidad la derecha. Frente a la "naturalidad de la derecha", con sus postulados de superioridad (yo lo soy todo, tú no eres nadie), de propiedad (lo mío es mío y punto), de libertad (hago lo que me da la gana), de no injerencia (no te metas en mis asuntos) y de superioridad de lo privado sobre lo público, tan similares a las "convicciones que exhibe el niño en sus primeras relaciones con los demás", la "artificialidad de la izquierda", fundada sobre "elaboraciones donde la naturaleza se corrige, se remodela, se refrena, y en parte se niega". Esta aproximación de Simone fue lo que más me interesó de su primer libro: la idea de que "las posiciones de izquierdas son abstractas, laboriosas e inestables", ya que "para estar en la izquierda hace falta haber metido en cintura los impulsos descritos en los postulados de la derecha, con un grado variable de esfuerzo sobre uno mismo, es decir, de renuncia, incluso a costa de negar o limitar sus propios intereses". De ahí "el aspecto al mismo tiempo admirable y demencial de la izquierda (y es lo que la aproxima en ciertos aspectos a algunas formas de devoción religiosa): ¿renunciar cuando uno puede tener? ¿Privarse cuando uno puede acumular? ¿Igualarse cundo uno puede prevalecer?".
¿Por qué cuando se trata de la inmigración, Simone se pliega a los postulados tantas veces dominantes (vienen a quitarnos lo nuestro, no contribuyen, sólo exigen, no se integran...) en lugar de cuestionarlos? Porque, claro que es verdad que muchas personas mantienen las opiniones señaladas por Simone más arriba; y no por ello pueden ser calificadas inmediata y simplistamente de racistas o xenófobas. He abordado estas cuestiones en un artículo titulado "Desamparo, populismo y xenofobia·" (Revista Española del Tercer Sector, 31, 2015). Pero, ¿por qué en este caso Simone no considera necesario "remodelar, refrenar y en parte negar" esas elaboraciones, metiéndolas en cintura y evitando su expresión "natural"?


[II] Hace dos noches terminé la novela de Emiliano Monge Las tierras arrasadas (Penguin Random House, 2016), cuya lectura he tenido que suspender en varias ocasiones simplemente para reponerme de la terrible realidad que presenta. El trasfondo de la novela son las penurias que afrontan las personas que intentan entrar en México desde Centro y Sur América, muchas veces con la intención de continuar hacia Estados Unidos: engañadas por quienes supuestamente han de guiarlas a través de la frontera, vendidas como mera carne o fuerza de trabajo a explotadores sin escrúpulos, asesinadas, desmembradas, violadas, desaparecidas, olvidadas... Sus voces reales, intercaladas entre la ficción magistralmente construida por Monge, suenan familiares:

  • Quiero ir nomás para volver después con mis promesas... le prometí a mi hija una laptop... a mi hijo una chamarra de los Cubs... le prometí a mi esposa traer dinero... por eso voy a ese lado... para volverme con todas mis promesas.
  • Nomás llegue van a estarme allí esperando... mis dos hijos y mi esposo... llevan ellos ahí casi cuatro años... no los he visto en este tiempo... por eso van a tenerme allí una fiesta.
  • Para parirlo allá y que no tenga él que hacerlo luego... quiero que nazca allá para que no tenga que hacer todo este viaje... por eso voy... para sacarme este embarazo.

Estas son, sobre todo, las personas que migran. Ni parásitos ni terroristas; mujeres y hombres que sueñan con atravesar "el muro que divide en dos las tierras arrasadas", y que al intentarlo se encuentran con la pesadilla más atroz e inimaginable.

  • Es la tercera vez que vengo... la segunda fue peor que ésta... nos secuestraron, nos subieron a un vehículo y nos llevaron a una casa... nos pidieron los teléfonos y hablaron a pedir nuestro rescate... a las viejas nos partieron por las piernas... a los hombres les rompieron con su pala las espaldas... para que no pudieran irse... para no tener ni que cuidarlos... ahí en el suelo los dejaban... nada más para usarlos cuando hablaban.
  • Se subieron otra vez... pensé van a empezar todo de nuevo... ni supliqué que no empezaran... para qué... ahora o después pero estarán de nuevo encima... pensé... no tenía fuerzas ni para estar viva... para qué también pensé... habían dejado sus heridas... las de adentro... que duelen para siempre... ¿no?
  • Le pedí a Dios que ayudara... que no dejara que eso nos hicieran... yo rezaba y ellos se reían... luego me sacaron afuera y me tiraron en el lodo... me dijeron síguele rezando a ver qué pasa... y me quedé ahí tirada... en medio de la oscuridad y el olor a podrido... ahora sueño con el olor ese a podrido... y ya no rezo.

Escribe Amos Oz en Contra el fanatismo (Siruela, 2003) que la característica más definitoria de mentalidad fanática es la carencia de imaginación. Añado yo que esta carencia de imaginación es la que permite hacer afirmaciones o proponer actuaciones cuyas consecuencias reales, en el caso de realizarse, jamás son tomadas ne consideración. Algo de esto ocurre con las posiciones que ante la inmigración defienden autores como Sartori o Simone. ¿Son conscientes de las consecuencias que se derivan de su posición ante la inmigración? Exclusiones de la asistencia sanitaria y de las oportunidades educativas, redadas identificatorias, deportaciones masivas... A las personas que mantienen estas opiniones habría que responder como, según cuenta Oz, hizo un amigo suyo a un taxista que se empeñaba en que había que expulsar, cuando no eliminar, a todos los árabes: ¿Y quién cree usted que debería hacerlo?
Consecuencias como el recurso a medios cada vez más peligrosos para poder realizar su viaje migratorio, con los riesgos terribles que  ello supone; riesgos entre los que el de perder la vida en el intento no siempre es es más extremo, especialmente en el caso de las mujeres migrantes.

Leer el libro de Monge es dejarse golpear por "la historia del último holocausto de la especie". Tal vez, también, la única manera de no sucumbir ante los postulados "naturales" de un discurso anti-inmigración que ni siquiera la izquierda en la que se ubica Simone parece capaz de combatir.

viernes, 15 de julio de 2016

Releyendo a Bauman el día después de la matanza de Niza (y escuchando a Zaz)

Un muñeco junto a una de las víctimas.http://elpais.com/elpais/2016/07/15/album/1468534971_972179.html#1468534971_972179_1468538645


¡Qué seguro, confortable, cálido y amigable sería el mundo si fueran los monstruos y sólo los monstruos quienes perpetraran actos monstruosos!
Daños colaterales, Fondo de Cultura Económica, 2011, p. 182.

Europa fue capaz de vivir y aprendió el arte de vivir con los demás. En Europa, como en ningún otro lugar, "el Otro" es el vecino de la puerta de al lado o al otro lado del pasillo, y los europeos, tanto si les gusta como si no, deben negociar los términos de su vecindad a pesar de las diferencias y la alteridad que los separa.
Ceguera moral (con L. Donskis), Paidós, 2015, p. 238.


Y en esta tensión debemos seguir viviendo. Entre la posibilidad de que el monstruo sea la persona que vive en la puerta de al lado y la necesidad ineludible de reconocer y construir la vecindad a pesar de la alteridad. No dejándonos ganar por el miedo que tantas veces nos lleva a convertirnos en el mismo monstruo al que queremos combatir. No renunciando a mejorar en el arte, tan trabajosamente aprendido, de vivir con los demás, y no sólo con los nuestros.


sábado, 9 de julio de 2016

La investidura ya no es importante, lo importante es construir una oposición útil desde las izquierdas

Ahora resulta que el problema fundamental que debe afrontar la izquierda española es el de abstenerse o votar NO en el caso de que Rajoy, único candidato que tras las elecciones de junio tiene posibilidades de conformar gobierno, decida presentarse a la investidura. Sí, hablo de posibilidades, nada más. Dependerá de: a) si el indolente Rajoy se gana el sueldo de presidente en funciones y candidato relativamente más votado y se trabaja los apoyos necesarios para, al menos, no seguir manteniendo al PP en su aislamiento; b) si, en el caso de que el todavía hoy ocupante de la Moncloa despeje su sopor, su aliado más probable, Ciudadanos, le da el sí quiero; o c) si en el PP no impera la convicción de que unas elecciones tripitidas lo elevarán aún más en la estima del electorado español, con más ganas ya de vacaciones que de otra cosa, al tiempo que debilitarán en mayor medida a las izquierdas.

Tras las elecciones de diciembre defendí convencido la posibilidad y la conveniencia de un gobierno de izquierda. Hoy, en cambio, tras el 26-J, creo que tal cosa no es ni posible ni conveniente. No es posible, aunque sólo sea porque desde el PSOE ya han dicho que no; lo ha descartado, según parece, una misteriosa “portavoz oficial” de Pedro Sánchez. "Pedro Sánchez no lo descarta, lo descartan los números", dicen en el entorno del líder socialista. No es verdad, pero tampoco es mentira: los números no descartan la posibilidad de un gobierno alternativo al de Rajoy, pero si la convicción de hacer ese gobierno no es hoy más firme y más seria que la expresada tras las elecciones de diciembre, los números sirven de poco. Y no creo que esa convicción haya mejorado: de ahí la inconveniencia de intentar disputarle la investidura a Rajoy. Hay un millón doscientos mil votantes de izquierda que se han desmovilizado desde diciembre. Hay comunidades autónomas y hay grandes ciudades gobernadas por las izquierdas en las que ha aumentado considerablemente el voto al PP. Hay en Podemos un debate abierto sobre su política de alianzas con Izquierda Unida. Hay en el PSOE un debate abierto sobre el futuro político de Sánchez. En estas circunstancias, declarar que se quiere ser gobierno es un ejercicio de autoengaño, lo que es malo, o de engaño a la sociedad, lo que es mucho peor.

Por supuesto, no es improbable que tras el Comité Federal del sábado los cada vez más diversos y dispersos portavoces del PSOE continúen defendiendo, como si no hubiera contradicción, tanto el NO a Rajoy como el NO a Iglesias, a la vez que el NO a unas terceras elecciones. Tampoco lo es que Unidos Podemos se convierta de pronto en un maravilloso bazar en el que las ofertas al PSOE se multipliquen, cada una más irrechazable que la anterior, del tipo de votar sí a la investidura de Sánchez “sin exigir ningún puesto, quizás alguna reforma”, y luego irse a la oposición. Ofertas de mano tendida que, eso sí, no dejarán de verse acompañadas de declaraciones sobre la naturaleza irremediablemente “castista” de la dirección del PSOE, dedicada a “garantizar los intereses políticos de las élites", por lo que ni está ni se le espera en el bloque progresista. La dispersión y diversión en las portavocías, así como el acostumbramiento a la contradicción permanente, parecen ser características constitutivas de la izquierda. Va a ser que los Monty Python tenían más razón que Zizek.

Si hubiera que hacer un relato de la preocupante deriva hacia la irrelevancia y la banalidad que parece haberse adueñado de la izquierda en España sólo habría que atender a cuáles han sido las grandes cuestiones sobre las que las fuerzas progresistas han debatido a lo largo del último año. Antes de las elecciones del 20-D PSOE, Podemos e Izquierda Unida discutían sobre si renta o trabajo garantizado, sobre la república, sobre el nivel de reforma que habría que aplicar a la reforma laboral del PP, sobre el derecho a decidir o sobre el TTIP. Tras las elecciones de diciembre, la discusión se limitó a la cuestión de gobernar con quién y con qué distribución de responsabilidades. Mientras nos preparábamos para la repetición de las elecciones, el único debate en el seno de la izquierda fue el del sorpasso. Tras el 25-J, sin sorpasso pero sí con un monumental sopapo, lo único que parece preocupar al PSOE y a Unidos Podemos es pasarle al otro el marrón de cargar con el baldón de haber sido el que, por omisión pasada o por abstención presente, habría llevado a Rajoy a la presidencia del gobierno.

El problema no es que desde las elecciones de diciembre no haya gobierno; el problema es que ya va para siete meses que no tenemos oposición. Aún con gobierno en funciones, la nave va: la nave del deterioro del derecho del trabajo, la nave de la austeridad, la nave de la reforma educativa, la nave de la corrupción… Lo que no va es la posibilidad de modificar el rumbo de esa nave.

Así pues, esta es mi humilde y personal propuesta: que PSOE y Unidos Podemos se recompongan como organizaciones que habitan en el espacio plural de las izquierdas; que establezcan canales de diálogo con ambición estratégica; que acuerden cuanto antes un programa de oposición que revierta las principales contrarreformas del PP y, ya de paso, alguna inaugurada por el PSOE: la laboral, la educativa, la de extranjería, la de la justicia universal… Y despejar, ya desde ahora, la cuestión de la investidura de Rajoy. Que se la trabaje, si es capaz, y que si no lo es no pueda escudarse en nada que no sea su propia incapacidad. PSOE y Unidos Podemos deberían dejar de amenazarse con la acusación de que fue el otro el que, al final, permitió gobernar a Rajoy. En lugar de seguir jugando al “juego del gallina”, probándose para ver quien se acobarda antes y finalmente cede para evitar unas terceras elecciones, dejando a la otra parte como la más firme y coherente, ambos partidos deberían acordar y anunciar públicamente que votarán NO en primera vuelta a Rajoy, y que luego se abstendrán. Abstenerse no por responsabilidad, ni por sentido de Estado, ni por facilitar la gobernabilidad, ni cosas similares. Abstenerse para que de una vez pueda hacerse política institucional desde las izquierdas.

Publicado en EL DIARIO NORTE

lunes, 4 de julio de 2016

Elogio del traidor

Escribe Claudio Magris en El infinito viajar (Anagrama, 2008) que "viajar enseña el desarraigo, a sentirse siempre extranjeros en la vida, incluso en casa, pero sentirse extranjero entre extranjeros acaso sea la única manera de ser verdaderamente hermanos".
Quienes me conocen saben de mi sedentarismo militante. Considero que eso de viajar está sobrevalorado. "Asegúrese de que lleva todo lo superfluo para su viaje innecesario", ironizaba El Roto en una de sus viñetas.
Pero sí aprecio y valoro la experiencia de extrañamiento respecto de lo propio que describe Magris. Experiencia que no siempre encontramos en el viaje, desde luego no en esos viajes normalizados, empaquetados, todo-incluido, que son la mayoría de los viajes. Afortunadamente no es preciso viajar para descubrirse extranjero entre extranjeros. A mí me basta un rincón de mi casa.
Ahí (aquí) me encuentro a diario con autoras y autores que han hecho de la extranjería su arte: el propio Magris, Camus, Simone Weil, Erri de Luca, Thoureau ("Si de forma plenamente consciente hubiera de unirme a las filas de algún partido, escogería aquel que mayor libertad ofrezca para el pensamiento". Cartas a un buscador de sí mismo, Errata Naturae 2012)... Ahí están, en la estantería que queda justo a mi espalda, leyendo sobre mi hombro todo lo que escribo, corrigiéndome.


Y entre ellas y ellos, también está Amos Oz.
No es la primera vez que Amos Oz se hace presente por aquí. En esta su última novela, la figura de Judas, el "traidor" paradigmático en la cultura cristiana, le sirve a Oz para retomar una de sus principales obsesiones: la de lograr la convivencia entre dos estados, Israel y Palestina, imprescindibles para que dos pueblos que no tienen a dónde ir puedan tener un futuro en paz.
La novela nos sitúa al comienzo de la década de los 60, cuando el joven Shmuel Ash, socialista, emotivo e intenso, estudiante con una investigación estancada sobre la figura de Judas y su relación con Jesús, abandonado por su novia -"un oso aturdido al que habían sacado de su hibernación"-, responde a un anuncio en el que se ofrece empleo y alojamiento a un "estudiante soltero de Humanidades, conversador sensible a quien le guste la historia ... a cambio de hacer compañía durante unas cinco horas cada tarde a un inválido de setenta años, un hombre ilustrado, de gran cultura".
Así es como conocerá a Gershom Wald, el anciano, pero sobre todo a una mujer fascinante, Atalia Abravanel, viuda del único hijo de Gershom, muerto en combate durante la guerra de 1948. Atalia, hija de Joaquín Abravanel, hombre ilustrado, crítico con el proyecto de Estado judío independiente impulsado por Ben Gurion, convencido de la necesidad y la posibilidad de encontrar la manera de que árabes y judíos convivieran pacíficamente compartiendo un mismo territorio, pero sin constituirse en estados:

Abravanel, por su parte, no creía en ningún estado. Tampoco en un estado binacional. Tampoco en un estado compartido por árabes y judíos. La idea de un mundo dividido en cientos de estados con pasos fronterizos, alambradas de espino, pasaportes, banderas, ejércitos y sistemas monetarios separados, le parecía una idea desquiciada, arcaica, primitiva, criminal, una idea desfasada y que muy pronto desaparecería del mundo. Él me decía, para qué tenéis que establecer aquí deprisa y corriendo, a sangre y fuego, otro estadito liliputiense, a costa de una guerra sin fin, cuando dentro de muy poco todos los estados del mundo desaparecerán y, en su lugar, habrá comunidades de hablantes de diferentes lenguas que vivan unos al lado de otros y unos en medio de otros sin esos juguetes letales como soberanías, fronteras y armas destructivas de todas clases.
[...] Es mejor que no intentemos fundar aquí ni un Estado árabe ni un Estado judío, afirmaba: vivamos aquí los unos al lado de los otros y los unos en medio de los otros, judíos y árabes, cristianos y musulmanes, drusos y circasianos, ortodoxos, católicos y armenios, un grupo de comunidades vecinas sin fronteras separadoras.

Y por ello acabó sus días aislado, en esa casa-velatorio, con la única compañía de sus libros, una hija viuda y el padre de un hijo muerto.
"Es un orgullo que algunos israelíes me llamen traidor por oponerme a la ocupación", declaraba Amos Oz en una entrevista.
Una novela hermosísima, conmovedora.




domingo, 3 de julio de 2016

Escritos sobre Euskadi, hace ya más de dos lustros


Hace ya más de dos lustros publiqué en BABELIA un comentario sobre lo que se escribía por aquel entonces en relación al llamado "conflicto vasco". Empezaba el texto de la siguiente manera: "Euskadi es, en más de un sentido, un género literario. Euskadi como problema, como contencioso, como cuestión, ha generado una floreciente industria ensayística que hace sumamente difícil la tarea de ofrecer en unas pocas líneas un panorama que permita al lector interesado hacerse una idea cabal de los libros que sobre la cuestión vasca tiene a su disposición en las librerías españolas". Libros como los que a continuación se citan;:
  • Secesión y exclusión en el País Vasco. Santiago Abascal. Ikusager, 2004.
  • De Gernika a Nueva York pasando por Berlín. José Antonio Aguirre. Foca, 2004 (en euskera: Erein, 2004).
  • Universales del odio. Creencias, emociones y violencia. Martín Alonso. Bakeaz, 2004.
  • Concordia civil en Euskadi. Estrategias para la paz. Enric Argullol y otros. Icaria, 2004.
  • Historia general del terrorismo. Kepa Aulestia. Aguilar, 2005.
  • Momentum catastrophicum. Pío Baroja. Caro Raggio, 2004.
  • Voces sobre Euskadi. Antoni Batista. Plaza & Janés, 2004.
  • Estatuto, Constitución y libertades cívicas. Ciudadanía y Libertad. Ciudadanía y Libertad-Hiri Libertateak, 2004.
  • Diccionario de terrorismo. José María Benegas. Espasa, 2004.
  • Conflictos, violencia y diálogo. El caso vasco. Galo Bilbao y otros. Universidad de Deusto, 2004.
  • Palabra de vasco. Santiago González. Espasa Calpe, 2004.
  • Terrorismo y posmodernidad. De la banalización del mal en el País Vasco. Raúl González Zorrilla. Editilde, 2004.
  • La crisis vasca. Entre la ruptura y el pacto. Jesús Eguiguren. Cambio, 2004.
  • Federalismo para convivir. Javier Madrazo. Nerea, 2005.
  • Poder y comunidad. Una sociología del nacionalismo. Ricardo de la Encina. Pamiela, 2004.
  • Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos. Pedro Fernández. Áltera, 2004.
  • El siglo de Euskadi. José Luis de la Granja. Tecnos, 2003.
  • Abuztuko gutunak. Adeitasunez, Ibarretxe lehendakariari. Luis Haranburu Altuna. Fundación Fernando Buesa Blanco, 2004.
  • Nacionalismo: razón y pasión. Pedro Ibarra. Ariel, 2005.
  • ELA 1976-2003. Sindicalismo de contrapoder. Francisco Letamendía. Fundación Manu Robles-Arangiz, 2004.
  • Regreso a Etxarri-Aranatz. Javier Marrodán. Fundación Tomás Caballero, 2002.
  • Los españoles que dejaron de serlo. Gregorio Morán. Planeta, 2003.
  • PNV-ETA: historia de una relación imposible. Sagrario Morán. Tecnos, 2004.
  • Testigo privilegiado. Artículos periodísticos (1979-2003). Mario Onaindía.Ediciones B, 2004.
  • El aventurero cuerdo. Memorias (1977-1981). Mario Onaindía. Espasa Calpe, 2004.
  • Los Pagaza. Historia de una familia vasca. Maite Pagazaurtundua. Temas de Hoy, 2004.
  • Crónica desde Guernica. Nicholas Rankin. Siglo XXI, Madrid 2004.
  • Fe de vida. José Ramón Recalde. Tusquets, 2004.
  • Navarra: memoria, política e identidad. José María Sánchez-Prieto / José Luis Nieva. Pamiela, 2004.
  • Sabino Arana. Dios, fueros, rey. ¿Un dios o un loco? Javier Santamaría. Kirikiño, 2004.
  • Pueblo vasco y soberanía. Aproximación histórica y reflexión ética. José María Setién / Francisco Garmendia. Ostoa, 2003.
  • Unidad de España y juicio ético. José María Setién. Erein, 2004.
  • Cómo hemos llegado a esto. José Luis Barbería, Patxo Unzueta. Taurus, 2003.
  • Héroes a su pesar. Crónica de los que luchan por la libertad. José María Calleja. Espasa, 2003.
Eran otros tiempos. Buscando otras cosas, he dado con ello. Lo traigo aquí sólo como curiosidad. Qué gran cosa no estar de moda ni ser demasiado interesantes.

viernes, 1 de julio de 2016

¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?

Imagen de portada

¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Una historia de las mujeres y la economía
Katrine Marçal
Debate-Penguin Random House, Barcelona, 2016, 224 p.


Si la pregunta fundamental de la economía es, según Katrine Marçal “¿cómo llegamos a tener nuestra comida en la mesa?”, Adam Smith ha pasado a la historia como la persona que halló la respuesta definitiva.
En sociedades crecientemente complejas como la nuestra, los procesos de producción, elaboración, distribución y apropiación de los bienes y servicios que consumimos a diario constituyen una extensa intrincada red de acciones coordinadas que abarca todo el planeta.¿Qué es lo que cohesiona todos estos procesos? La respuesta de Smith es bien conocida: “No es la benevolencia del carnicero, el cervecero, o el panadero lo que nos procura nuestra cena, sino el cuidado que ponen ellos en su propio beneficio. No nos dirigimos a su humanidad sino a su propio interés, y jamás les hablamos de nuestras necesidades sino de sus ventajas” (La riqueza de las naciones, Alianza, Madrid 2014, p. 46). Es el interés de todas y cada una de las personas que participan de tales procesos el que hace que el conjunto funcione correctamente, sin necesidad de que nadie tenga que planificar el conjunto.
Pero resulta que Smith pasó toda su vida cuidado por su madre viuda, Margaret Douglas, y su prima soltera, Janet Douglas. Dos mujeres dedicadas devotamente a Smith, de manera que este pudiera dedicarse en cuerpo y alma a desarrollar su muy influyente obra. Esa partir de este hecho, conocido y citado en todas las biografías de Smith, pero reducido a anécdota sin mayor trascendencia, que Katrine Marçal enfoca su trabajo y logra su mayor acierto. “Cuando Adam Smith se sentaba a cenar –escribe Marçal-, pensaba que si tenía la comida en la mesa no era porque les cayera bien al carnicero y al panadero, sino porque estos perseguían sus propios intereses por medio del comercio. Era, por tanto, el interés propio el que le servía la cena? Sin embargo, ¿era así realmente? ¿Quién le preparaba, a la hora de la verdad, ese filete a Adam Smith?”. La respuesta de Marçal es esta: “Adam Smith logró responder la pregunta fundamental de la economía sólo a medias. Si tenía asegurada la comida no era sólo porque los comerciantes sirvieran a sus intereses propios por medio del comercio. Adam Smith la tenía también asegurada porque su madre se encargaba de ponérsela en la mesa todos los días”. Considero que la mejor aportación del libro que reseñamos estriba en esta capacidad de partir de un dato biográfico aparentemente irrelevante para revisar críticamente los fundamentos normativos de la disciplina económica.
A partir de este planteamiento, expuesto de manera tan atractiva en el primer capítulo, el libro se despliega en 15 capítulos más, en los que reflexiona sobre las razones culturales del éxito del individuo económico como tipo ideal (caps. 2 y 6), la exclusión de la mujer de este imaginario económico (caps. 3, 5 y 15), las consecuencias negativas, en forma de desigualdad, explotación e irracionalidad, de esta lógica económica (caps. 4, 7, 11 y 16), la importancia y persistencia de los comportamientos y valores “no económicos” (caps. 8, 9 y 10) y la crítica del individuo plenamente competitivo e independiente sobre la que se construye el imaginario económico dominante (caps. 12, 13 y 14).
La mirada a la que nos invita Marçal actúa como marco que desnaturaliza el paradigma económico dominante y desvela sus fundamentos en última instancia imposibles, por reduccionistas, si no es mediante la ocultación de esa “segunda economía” que, al igual que ocurre con el “segundo sexo”, existe y actúa siempre a la sombra de esa “primera” economía -realmente única economía- productiva, mercantil y patriarcal. “Se mire por donde se mire –concluye Marçal-, el mercado se basa siempre en otro tipo de economía. Una economía que rara vez tenemos en cuenta”. Como escribiera Simone de Beauvoir: “Eso es lo que caracteriza fundamentalmente a la mujer: ella es lo Otro en el corazón de una totalidad cuyos dos términos son necesarios el uno para el otro” (El segundo sexo, Siglo Veinte, Buenos Aires, 1969 p. 22). Pero de esta necesidad no se deriva nada que se parezca a un intento de complementariedad, mucho menos a un horizonte de mixticidad que disuelva fronteras casi nunca naturales.
Jefa de opinión del periódico sueco Aftonbladet (La Hoja de la Tarde), el más leído de Suecia, fundado en 1830 y de orientación socialdemócrata, cada capítulo está escrito con un estilo ágil y directo. No es un libro que nos descubra nada que no sepamos ya gracias al trabajo desarrollado desde hace años por investigadoras como María Ángeles Durán, Constanza Tobío, Cristina Carrasco, Capitolina Díaz, Teresa Torns, Mary Nash o Cecilia Castaño, por citar sólo a algunas de las científicas sociales que en el ámbito español han sido esenciales para la reconstrucción de nuestro campo científico con perspectiva de género. Pero el libro de Marçal sí consigue transmitir con claridad una idea: que la economía demediada constituida en modelo dominante es un trampantojo que sólo funciona si nos olvidamos de la madre de Adam Smith.